Catecismo LATRON

Confianza

Fermín estaba calentando la gloria. Fuera, el Cierzo del mes de mayo, enfriaba las ideas y congestionaba los músculos. Alguna gota, bastante fría, se colaba entre los flácidos rayos del difuminado sol de la primavera castellana. La chisquera chisporroteaba dentro del cañón de la Gloria. La paja le había cedido el turno a una dura champa de raíz de encina. El postigo superior de la puerta de la calle, abierto, dejaba entrar la claridad y el frio.
Fermín oyó el sonido de la aldaba y giró la cabeza mientras de rodillas, en el suelo del portal, atizaba la lumbre.
– Que se te ofrece Segismundo – le dijo Fermín a quien llamaba a la puerta.
– Verá Señor Fermín, usted sabe que somos muchos de familia, que la situación es precaria en casa y que mis hijos tienen hambre. Si me pudiera adelantar unas fanegas de trigo para ir al molino y hacer pan,…
– Ea! Ea! No se hable más. No tienes que explicarme nada. Aguarda un segundo que acabo de echar estos dos troncos de encina al fuego y vamos a la troje.
Segismundo era un tipo peculiar. No era muy querido en el pueblo. No se juntaba con los demás en el corro anterior a la misa ni frecuentaba la cantina. Tenía cinco hijos y poca tierra de labor. De ahí que no quisiera gastar los pocos cuartos que sacaba en vino. Era una persona poco habladora y no le gustaba que le vinieran con chismes. Decía: “yo a lo mío y tu deberías hacer lo mismo”. No participaba en disputas parcelarias, y tomaba siempre partido por aquello que consideraba justo, aunque a quién se lo dijera, no le gustara. Por lo demás era un tipo normal. Usaba boina como los demás. Traje de pana en invierno y pantalón de algodón, chaleco corto y jubón de lino en verano. Y siempre estaba dispuesto a echar una mano a quién se lo pidiera, incluso dejando sus quehaceres para más adelante.
No era la primera vez que Segismundo le pedía ayuda a Fermín. Aquella, la primera, Fermín no las había tenido todas consigo y temió que el grano prestado, no le fuera devuelto. Pero para su tranquilidad, no sólo le devolvió lo prestado, sino que se empeñó en acompañarle al monte a cortar leña. Fermín no quería, pero al final, tuvo que acceder. Segismundo taló y podó como si fuera para él. Así que, cada vez que Segismundo le pedía trigo, Fermín se lo daba con la mayor tranquilidad y pensando que daba igual si se lo devolvía o no, porque Segismundo era un hombre de palabra y de alguna forma pagaría lo prestado. Pero era el único.
A los vecinos, Segismundo, no les gustaba. Un tipo arisco que no entra en discusión y que no te dice lo que quieres oír, no suele agradar al personal.
Antes de ir a casa del señor Fermín a pedir crédito cereal, Segismundo había recorrido medio pueblo. Todos le habían dicho no tener suficiente grano en el silo y por tanto, imposible acceder al préstamo. Sólo uno, Saturio el más rico del pueblo y el que por tanto no podía poner la excusa de la inexistencia de reservas, había accedido al préstamo. Pero había salido mal parado. Segismundo, con el primer beldeo de la nueva cosecha, le había devuelto, en la propia era, las fanegas recibidas. Sin embargo, llegado el mes de octubre, Saturio se presentó en casa del pedigüeño a reclamarle la devolución de lo prestado. Cuando Segismundo le habló de la era y de la devolución, Saturio le sacó la libreta en la que tenía apuntado el préstamo diciéndole que allí figuraba como moroso. Y que si en su libreta figuraba como tal, algo a lo que él había accedido estampando su firma, es que no se lo había devuelto. El pobre Segismundo le imploró por sus hijos. Intentó que entrara en razón. Si le tenía que devolver de nuevo el cereal, pasarían hambre. Le pidió que hiciera memoria, que en agosto, en la era, se lo había devuelto y que el propio Saturio le dijo que no se preocupara, que cuando llegara a casa, rompería la hoja de la libreta. Pero Saturio no sólo no se ablandó sino que con voz tajante le cortó:
– Está bien. Si no puedes devolver el grano, puedes pagarme dándome la escritura de la huerta del diablo.
– Pero Don Saturio – le dijo Segismundo – si hago eso, mis hijos no podrán comer patatas, ni tendremos tomates en verano, ni cebollas para la matanza, ni ajos…
– Pues haberlo pensado antes – contestó Saturio.
Así pues, Segismundo entregó la huerta al rico estafador, para no tener que ir a la justicia. Finalizó más pobre y con la lección aprendida. Jamás volver a pedir al que más tiene.
Saturio, se pasaba el día llamando moroso a Segismundo y regañando a Fermín por prestar a quién no era de fiar.

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Catecismo latrón

Hace unos ocho meses, publiqué en este diario un artículo titulado “una persona normal”. Me equivocaba. No somos personas normales. Aquellos que luchamos contra el cinismo y la hijoputez, somos mejores seres humanos que todos esos que bailan al son que tocan los indecentes rufianes que trasiegan en el Partido Popular.
No somos personas normales, si entendemos como normalidad agachar la cabeza y pasar por alto las hijoputeces de algunos que, relacionados con cientos de casos de corrupción, con muertes por inasistencia o por negación de medicamentos, o por desidia, como en el caso de los asesinatos machistas, encima pretenden darnos lecciones de moralidad, de honradez, de civismo y de ciudadanía.
No somos personas normales y no vamos a aguantar lecciones de democracia, honradez y moralidad de un tipo que dejó Madrid en la quiebra, que regaló al menos 12,7 millones de euros públicos a las constructoras de la M-30. No vamos a aguantar lecciones de libertad y democracia del hijo de un franquista, del yerno de un fascista al que le cantan el Cara al Sol en su funeral, y de un tipo que defiende al angelito ultra responsable de la detención ilegal de un Ministro de Justica venezolano, de la muerte de decenas de personas y de la instigación y participación en un golpe de estado. Las cosas por su nombre. Leopoldo López no es un libertario de Venezuela ni un demócrata, sino un golpista ultra con decenas de muertos en su avaricia de poder. Su abogado no es un demócrata de prestigio. Es un tipo inmerso en la caverna del franquismo. Un tipo investigado por malversación de caudales públicos, prevaricación y falseamiento de cuentas. Es el responsable de que se pagaran un millón y medio de euros por el mantenimiento de una estación meteorológica que costaba setecientos euros.
No somos personas normales porque no aceptamos imposiciones ni lecciones de democracia, de unos presuntos maleantes investigados por más de 70 casos de corrupción con más de novecientos imputados. No aceptamos tener que homenajear obligatoriamente a quiénes nos dicen cuando, se han servido de Miguel Ángel Blanco para financiarse ilegalmente. No aceptamos que nos den lecciones de civismo y humanidad a quienes maquearon su sede de Bilbao con fondos de la lucha antiterrorista. No aceptamos que nos hablen de “sus muertos” cuando tienen la indecencia de, además de haber puesto todas las trabas posibles para la exhumación de Timoteo Mendieta (y de otros), fusilado por los ancestros de estos cavernícolas del choriceo, a quién hubo que sacar de una fosa común por mandato de una jueza argentina y con los fondos de un sindicato noruego de la electricidad, gestionados por la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, encima le pidan a su hija, que con siete años, vio como sacaban a su padre a la fuerza de su casa como castigo por ser el Secretario General de la UGT en Sacedón y que ha pasado toda su vida buscando el cadáver de su padre, 2057 € en concepto de impuestos, por trabajos que el Ayuntamiento de Guadalajara no sólo no ha realizado, sino que, además, ni siquiera han intervenido. No aceptamos lecciones de moralidad de quiénes tienen la desvergüenza de ordenar que el resto de cadáveres vuelvan a la misma fosa común de la misma cuneta.
Quienes tienen en su conciencia (si la tuvieran) las muertes de decenas de enfermos de hepatitis C a los que se les negó el tratamiento con Sovaldi porque era caro, quienes llevan a cuestas la muerte de decenas de mujeres a manos de machistas porque pasan olímpicamente de hacer políticas para el freno de esta lacra, quienes tienen en su haber 62 muertes por haber contratado un avión de mierda con un presupuesto de 177.000 € del que sólo utilizaron 37.000 (con la meritoria hijoputez de lo que hicieron con los otros 140.000), ¿nos van a dar lecciones y permiso para categorizar la importancia de los muertos? Siempre han manejado a su antojo y conveniencia el terrorismo. ¿Alguien del PP se acuerda de un señor que estuvo 532 días bajo una fresadora en Mondragón? ¿O es que como ya no pertenece al PP, ya no renta políticamente?
Los sinvergüenzas que desviaron a paraísos fiscales de 25,5 millones de Euros PÚBLICOS en el caso Lezo, que hicieron desaparecer 500 millones de euros PÚBLICOS en la Púnica y 863 millones de Euros PÚBLICOS en la Gürtel, no van a darnos lecciones de honradez ni carnets de ciudadanos de bien. Quienes le han provocado un agujero al estado de 75.000 millones de euros para tapar los desmanes que sus amiguetes provocaron, no nos van a dar lecciones de honestidad, de civismo ni de gestión.
Quienes se han financiado ilegalmente a través de los capos de la droga capos que provocaron miles de zombis andantes y de muertos en Galicia, no van a venir a indicarnos el camino del bien ni a darnos lecciones de ética y probidad.
Quién lleva la sirvengozonería por montera, quién mintió con las armas de destrucción masiva y al que un extesorero acusa de ser el organizador de la Caja B del PP puede dejar las cátedras sobre integridad, dignidad y decencia para intentar convencer a Belcebú.
Parafraseando a Facu Diaz, lo mejor que puede hacer el PP es entregar sus “actas” y disolverse.

La mafia, además de ser ilegal, no debería poder ejercer sin control. Quién cela y ampara a un ladrón, debería ser repudiado con indignación.
Salud, república y más escuelas.

Naufragio

Abadejo

El chunda chunda fluye por los bafles del coche. Arremolinado junto a otros, con las puertas abiertas de par en par, la estrambótica melodía, es el celofán que envuelve a una pandilla de chavales que trasiegan cubalibres mientras se mueven como zombis artríticos al son del estruendo con dos compases.
Llevan así desde las cuatro de la mañana que cerraron la discoteca. Son cerca de las nueve y continúan en el aparcamiento. Muchos de ellos vencidos ya por el cansancio y el sueño, aguantan estoicamente. Otros, han tomado suficiente coca y psicofármacos como para mantenerse despiertos hasta el lunes a mediodía. No hay plan preestablecido, sólo el objetivo de estar de fiesta el máximo tiempo posible y consumir el fin de semana como el adicto al tabaco que enciende un cigarro tras otro, sin gusto ni pasión, sólo por la sensación de no estar perdiendo el tiempo, porque durmiendo, se escapa la vida y la juventud.
Muchos de los que se mecen, con el vaso en la mano, al son de la estridencia del coche, son jóvenes parados, sin oficio, ni pasión por encontrarlo. Otros, los menos, tienen trabajos no especializados, de esos en los que consigues seiscientos euros al mes por jornadas laborales de diez horas haciendo canalones, pintando paredes, cambiando aceites a los coches o manejando un toro en una empresa de servicios. Viven en casa de sus padres como el que vive en un hotel en unas eternas vacaciones. Sin obligaciones ni compromisos, con la libertad de entrar y salir sin tener que dar explicaciones y sabiendo que su cama, siempre estará allí para acoger sus cuerpos abatidos y que en la nevera, siempre habrá un plato de macarrones, listos para calentar, porque cuando llegan, el hambre les azuza. El sueldo les da para la letra del coche y los vicios. No piden más.
Su vida es pasar de puntillas los días entre el lunes y el jueves, esperando ese fin de semana en el que lo dan todo, en el que dormir es una palabra que no existe y cuyo único plan es escanciar cola y ron en unos vasos de plástico y si se tercia y se da bien, echar un polvete en el coche, en el suelo del descampado dónde el chunda, chunda arrecia, o en el reservado de la discoteca.
Jonathan, conduce velozmente su Seat León rojo por las calles del polígono. Intenta no salir a la carretera. Sólo le quedan tres puntos del carnet y sabe que si le pillan en un control, volverá a dar positivo en drogas y alcohol y acabará sin permiso de conducir, lo que es una gran putada porque si le pillaran nuevamente habiéndole retirado el carnet y con exceso de alcohol y coca, probablemente acabaría en el talego. Son las seis de la tarde del domingo. Lleva desde el viernes tarde sin aparecer por casa, algo que sus padres ya tienen asumido. Desea llegar cuanto antes, meterse los macarrones rápidamente en el estómago y acostarse que mañana lunes hay que ir al taller a seguir cambiando aceites y valvulinas.
Jonathan, trabaja con su padre, el Licar (de Policarpo) que es mecánico y jardinero. Al taller entran a las siete de la mañana hasta la una y vuelven a las tres, hasta las cinco y media o seis. Cuando salen, tienen que segar la hierba, recogerla y adecentar los setos de varias urbanizaciones. Y sacar la basura que los vecinos dejan en las puertas, meterla en el contenedor y dejar los cubos dispuestos para cuando llegue el camión. Ninguno de los dos llega a los doce mil euros con los que la declaración de la renta sería obligatoria. Aun así, todos los años tienen que hacerla porque tienen dos pagadores. Y todos los años les da positiva. Todos los años tienen que pagar. El Licar unos doscientos euros. Jonathan casi seiscientos.
Es jueves tarde. Jonathan y su padre, descansan en el sofá mientras Cristal, la madre, fríe unos boquerones en la cocina. En la tele, Vicente Vallés adorna con florituras el nuevo acuerdo entre Ciudadanos y el Partido Popular para elevar el mínimo exento de la renta hasta los catorce mil euros. El Licar comenta recolocando su culo en el sofá: “ya era hora de que se preocuparan de nosotros, los que somos pobres”. Jonathan ni siquiera sabe de lo que está hablando.

 

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El Naufragio de la UE

Hace unos cuantos días, nos enterábamos de que el premio Princesa de Asturias de la Concordia se lo habían regalado a la UE “por haber contribuido de forma ejemplar y relevante al entendimiento y a la convivencia en paz entre los hombres, a la lucha contra la injusticia, la pobreza, la enfermedad, la ignorancia y a la defensa de la libertad y la SOLIDARIDAD”. Apenas quince días más tarde, el Ministro de Interior español, haciendo gala de su “solidaridad, justicia social y defensa de la libertad”, se sube al tren del melón que abrió Italia acusando a las ONGs que ayudan a los emigrantes en el Mediterráneo, de causar un “efecto llamada” que hace de la inmigración un torrente sin fin.
Se calcula que más de 2.200 inmigrantes han perdido la vida en el Mare Nostrum de los romanos en este 2017. Eso, a pesar de la inestimable ayuda de, quiénes desinteresadamente, dedican sus vacaciones, tiempo libre y su vida, a intentar salvar a esos seres que lo único que tienen es ganas de dejar atrás la muerte. ¿Cuántos ahogados más habría que contabilizar sin su ayuda?
El cafre cofrade Zoilo y la premiada UE , ese establishment paradigma del nuevo fascismo en el que sobrevivimos, deberían saber que el único efecto llamada que hay en el mal llamado tercer mundo, es el expolio continuo de sus recursos, como el petróleo, el coltán, los diamantes o los fosfatos de los que la UE, entre otros, es responsable directo. El efecto llamada es la hambruna en Somalia que ha dejado sin vida a miles de personas y que amenaza con dejar morir a otros tres millones más sin que hayamos movido ni un solo dedo para intentar solucionarlo. El efecto llamada son las injerencias en Libia, Siria y otros países para beneficio de unos pocos, que ha causado guerras, sufrimiento y muerte de la que las personas huyen despavoridos. El efecto llamada son las condiciones laborales inhumanas y los salarios de esclavitud que existen en esos países y que les llevan a pasar hambre y miseria mientras las grandes multinacionales de la ropa y el calzado venden sus productos cientos de veces más caros que lo que les cuesta producirlos en ese tercer mundo.
La Unión Europea, con la Señora Merkel a la cabeza, se ha convertido en un nido de fascistas apoltronados que sólo se representan a ellos mismos y a todos los colegas que pagan sus lujos. Grandes lobbies manejan las instituciones en contra de los ciudadanos, en contra del interés general. De esas presiones, surgen tratados como el TTIP, el CETA y el TISA, negociados en secreto, a espaldas de los consumidores y sin consulta para su aprobación. Esas presiones acaban siendo puestas en común en reuniones como el G-8, el G-20 y el club Bilderberg, donde se juegan a las cartas nuestras vidas y frustran nuestro futuro y nuestra integridad como seres humanos.
Veíamos el viernes pasado como ardía Hamburgo ante la reunión del G-20 y cómo la Merkel prohibía manifestarse en un radio de cuarenta kilómetros a la redonda (en la Europa de las libertades). Veíamos cómo se reunía previamente con el Pocero de Nueva York para consensuar el reparto de Siriacon la connivencia y el interés de Israel, que pierde un enemigo más para poder seguir expansionándose a placer y masacrado a todo aquel que se ponga en su camino. Veíamos como justo después del Pocero, se reunía con el Sátrapa Erdogán en el mismo momento que éste detenía en Turquía a la directora de Amnistía internacional y once activistas más cuando colaboraban en un taller sobre ciberseguridad. (Al cierre de este artículo leo en Publico que tras la multitudinaria manifestación, el sátrapa turco ha detenido a otros 72 funcionarios)
Europa ha naufragado. Ya no representa ni se sostiene en los principios de libertad, solidaridad, justicia social y Derechos Humanos. Todos se han dejado a un lado. Ahora se aboga por el mercantilismo, los derechos de las multinacionales, el neocolonialismo, el cierre de fronteras para el tráfico humano y el abandono de los exiliados políticos y emigrantes de la pobreza y del terror, a los que dejan morir, sin el menor pudor, en el Mediterráneo o en Campos de Concentración en Turquía.

En esta coyuntura, España no iba a ser menos. Leemos en este diario como los poderes públicos han permitido la conspiración que acabó con el Popular .
Se lamentaba el otro día un arquitecto, experto en rehabilitaciones, sobre la delgadez de la administración, de la que él mismo decía que casi había desparecido. Recordaba los tiempos en los que los ciudadanos podían rehabilitar sus viviendas con generosas ayudas y sobre todo con préstamos sin interés. Hoy es muy complicado. Y aunque él me lo negaba, lo cierto es que toda esta desaparición del estado, tiene su base en este hijoputismo en el que nos han metido dónde todos los servicios públicos que son rentables económicamente se han privatizado, (como la telefonía, la electricidad o el agua) y los que no, también los privatizan en diferido (lo llaman externalización de la gestión) haciéndolos rentables a base de aplicar cánones que pagamos con nuestros impuestos y que multiplican el coste por dos o por tres, revertiendo encima a lo estrictamente público aquello que es de difícil solución o de imposible rentabilidad.
La administración regida por indeseables, no sólo conchaba para repartirse el pastel de lo público o legislando el destino de los recursos, que salen de nuestros impuestos, para tapar los desmanes de los poderes económicos (rescate de bancos, el Castor y ahora 3.700 millones para las autopistas de peaje), sino que, además, permite y coopera en la especulación desmesurada permitiendo que se construya y especule con terrenos en los que jamás debería haberse permitido edificar. Un desgraciado ejemplo lo tenemos en el Barrio del Aeropuerto de Madrid, dónde los sucesivos mandatos del Partido Popular permitieron la construcción en el cauce del Arroyo de Rejas del Parque Empresarial Eisenhower y, en especial, de un edifico dónde tiene su sede la UCO de la Guardia Civil. En ese edificio, edificado en plena salida natural del agua, se permitió castrar el curso del arroyo con un muro de hormigón de dos metros y revestir de medidas de seguridad el colector, que con la suciedad, acaba sirviendo de tapón, según los sufridos vecinos, y contribuyen a las frecuentes inundaciones que tiene el Barrio en los últimos años. En tres años, llevan dos inundaciones, con el consiguiente desperfecto de sus muebles, sus casas y sus coches aparcados en la vecindad. Ninguna administración parece enterarse de que el muro hace de pantano. Nadie quiere solucionar un evidente problema. La Comunidad de Madrid, gobernada por el PP y apoyada por Ciudadanos se inhibe y tira balones fuera contra el Ayuntamiento de Madrid. No quieren agrandar el colector de aguas, cuya gestión depende del Canal de Isabel II o ceder la M22 para la construcción de uno nuevo.
Vean y juzguen ustedes. Lo que se ve al final del vídeo a la izquierda, es el muro.

Europa ha naufragado y España, que ni siquiera ha llegado a navegar en eso de la solidaridad y la justicia social en los últimos ochenta y un años, está totalmente hundida. Claro que, si preguntas, seguro que hay muchos como El Licar que te dirán que las medidas propagandísticas de este desgobierno y sus compinches de Rivera, son medidas pensadas para los pobres. Y otros muchos que como Jonathan ni siquiera saben de qué les estás hablando porque no les preocupa. Otros simplemente despotrican contra aquellos que son los únicos que en nuestra historia reciente buscan soluciones. No se dan cuenta de que una gran parte de esos que cobran en “A” menos de 18.000€, para subsistir, tienen dos trabajos, lo que le obliga a realizar declaración, si o si y que el principal beneficiario de esas medidas son las familias numerosas a las que no hace falta que les ayuden porque hoy, para tener prole, hay que tener recursos.

Salud, república y más escuelas. Y un colector nuevo.

Los Mansos heredarán las deudas

Hipocresía

Siempre había sido un niño muy cariñoso y zalamero. Pendiente de su vestimenta, invariablemente impoluto, jamás jugaba al fútbol. A él le gustaban mucho más los juegos creativos, como cuando se inventaba que la pilastra del lavadero, a la que le ponía unos bornizos de mimbraza asidos por los agujeros de los ladrillos, era la escotilla de un submarino a través de la que se introducían los monstruos.
Para su padre, sólo era un zangolotino, un crío pequeño que no iba a madurar jamás.
En el Instituto, no tenía amigos y siempre se le veía acompañado de unas cuantas compañeras con las que compartía gustos y aficiones. En muchos sentidos, era la envidia de los petulantes adanes que le miraban por encima del hombro y que deseaban estar en compañía de aquellas con las que él reía, caminaba, compartía y charlaba amistosamente.
Con la edad, el vehemente amaneramiento en su forma de andar y de hablar, su manera de vestir, siempre conjuntado y hecho un pincel, y su predilección por las cosas emotivas, hacían “sospechar” a sus amistades.
Al final de su etapa de estudiante bachiller, ya había tenido algunos problemas con aquellos envidiosos que creían que a las mujeres hay que tratarlas a palos, y que comportarse como un auténtico orangután, es el mejor camino para acabar ligando con la chica que te gusta. No le perdonaban que siempre estuviera rodeado de mozas y que a ellos, no les hicieran ni caso.
Cuando le llegó la llamada a filas, comenzó su auténtico calvario en el pueblo. Su renuncia a servir a la patria y su declaración de objeción de conciencia, puso en boca de todos, aquella maldita palabra que habían estado reprimiendo durante años: maricón.
Ricardo, comenzó un auténtico calvario de burlas y acoso. Sus antes amigos, no querían que les tocase. Era como si hubiera contraído la lepra o una enfermedad que te condena a la muerte con el sólo roce de la piel. Los cobardes, no se atrevían a insultarle a la cara, pero él veía como su pobre madre lloraba angustiada cuando se inventaban historias de revolcones inexistentes, cuando reían en grupos mientras hacían bromas a su paso, pegando el culo a la pared, o cuando en las empajadas, la puerta de su casa estaba unida a la del cura, cuya leyenda de bujarrón había llegado al pueblo a través de un franciscano compañero de seminario.
Mauricio, el gañán por excelencia que hay en todos los pueblos, era el más incisivo en los insultos. El más mordaz en los comentarios y el más siniestro en su forma de actuar. Era el único al que no parecía importarle que Ricardo le contagiara aquello que le hacía distinto, hasta el punto que, cuando éste volvía al pueblo de vacaciones, siempre le saludaba con una colleja en el cogote para a continuación asirle con su brazo por el cuello y mientras le masajeaba la tonsura con el puño, le decía, ¡qué pasa bujarra! Siempre era lo mismo. Luego, se separaba y soltaba unas estruendosas carcajadas que avergonzaban a Ricardo y eran siempre aplaudidas y recibidas con entusiasmo por el resto de mozos del lugar. Llegó un punto en el que decidió no volver a la casa que le había visto nacer. Su padre se avergonzaba de él y su madre lloraba desconsolada, no porque su hijo fuera distinto, sino por el sufrimiento que esto le causaba.

….

La charanga acompasa el bullicioso caminar de los mozos. Valdorros está en fiestas y, como es tradición, las dianas levantan a rezagados y alegran a los madrugadores. Letras picantonas, música popular, bullicio, alcohol, cohetes, y los “para fulano y su esposa que viva, que viva,…” llenan de jolgorio y buen humor las engalanadas calles.
Han llegado a la puerta de Socorro y Miguel. Desde hace años, se largaban del pueblo cuando llegaban las fiestas. Este año, se han quedado. El afamado director de cine Charín García, ha sido el pregonero y dará una conferencia tras la emisión de su última película de estreno, en primicia, en el Centro Cívico. El alcalde, Mauricio, ha hecho lo imposible porque el conocido director volviera a su pueblo. Al lugar que le vio nacer. Todos presumen de él a la menor ocasión. Para la villa, es un honor tener un artista consagrado en Hollywood ganador de un Oscar. La charanga toca una melodía menos picantona de lo normal. El mozo de turno, vitorea a Socorro y Miguel. Ahora, los músicos reciben la orden de tocar otra. Esta vez los vitoreados serán Ricardo y su esposo Ake, con el deseo de que sean felices.
Ricardo, el famoso Charín García, observa desde el zaguán, abrazando a su marido.

 

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Clase amansada

“Todos los presentes me conocen y saben que soy incapaz de seguir callado. Hay ocasiones en que callar es mentir, porque el silencio puede interpretarse como aquiescencia. … Vosotros sois los que profanáis sus sagrados recintos: Venceréis porque tenéis la fuerza bruta, pero no convenceréis, porque para convencer tendríais que persuadir, y para persuadir no tenéis lo que hace falta: la razón y el derecho.”
Don Miguel de Unamuno.

Estas palabras de Unamuno el 12 de octubre del 36, ya no tienen vigencia. Ahora, la razón y el derecho ya no son la fuerza que convence. Ahora saben que, para persuadir, sólo hay que insistir en repetir una y otra vez la misma mentira en todos los medios de intoxicación. Para eso los controlan, para ahormar a sus intereses. Los que el 17 de julio de ese mismo año, se levantaron en armas contra la II República, han aparcado la utilización de su poderío para casos ocasionales y hoy, recurren a las modernas técnicas del marketing para la sugestión, adoctrinamiento y convencimiento de la idiocia en general. Hoy no les hace falta la fuerza bruta, salvo para dispersar rivales y contendientes en manifestaciones en las que además de arengar a sus baladrones, se las han apañado para que la legalidad, además, caiga sobre los díscolos con multas que dañan la cartera, mucho más efectivas que la represión.

Hace unos días, unas quince personas, asistimos a una asamblea de CGT en mi centro de trabajo, con más de mil asalariados. Y no es que no haya problemas a resolver, ni confrontación laboral. Pero, por lo visto, a la nueva clase amansada, le parece mucho más importante el cafecito y los churros en el bar de la esquina, que interesarse por la situación actual de un convenio vencido y la negativa perspectiva de uno nuevo, lo que nos depara un negro futuro en el que ya estamos inmersos. Es verdad que nuestra problemática no se parece a la realidad coyuntural. Aquí no hay salarios de cuatrocientos euros por diez horas de trabajo, ni jornadas alargadas hasta la extenuación, ni cambios vacacionales comunicados por whatsapp a última hora y con amenaza de despido. Pero si hay abusos, como denegar permisos para asistir a consulta médica con hijos pequeños o con padres muy mayores. O salarios discriminatorios en función del tipo de contrato. O negación de los derechos como la conciliación laboral o la pareja de hecho. O una promoción fuera de los cánones de competencia y capacidad.

Ese mismo día, a través de un mensaje directo de Twitter, un amigo me enseñaba una imagen en el que se podía leer lo siguiente:

“Soy celiaca y últimamente mis amigas al salir de fiesta están tomando cocaína, y yo también quiero tomar, pero tengo miedo de que tenga gluten y me dañe la salud. ¿Lleva gluten? ¿Toda? ¿Sabéis si existe cocaína sin gluten y si me será más cara…?”

Es evidente que ésta y otras preguntas existenciales que circulan por la red, particularmente en el sorprendente chat de forocoches sólo son una excepción porque no soy capaz de asimilar que la estupidez humana y la muerte cultural, de la que presumía el patán Millán Astray, haya calado hasta ese extremo. Pero sí demuestra, la capacidad de la gente para abstraerse en su burbuja, en la que lo más importante es la preocupación por lo superfluo e inmediato, ignorando el todo que te deja en la penuria vital (es el gluten el que te puede matar, no la coca).
En esta España (desconozco si es general) en la que el pueblo es capaz de incendiar una ciudad porque su equipo de fútbol es descendido por deudas a la Seguridad Social, o en la que se puede iniciar una recogida de firmas para que un futbolista acusado de evadir catorce millones de euros, sea perdonado con tal de que no abandone su equipo, o alentar a Ayuntamiento y Diputación de Burgos para que gasten 3 millones de euros de dinero público para que el equipo de la capital (que ni siquiera lleva el nombre de Burgos) pueda jugar en la ACB o de bloquear un servidor cuando, por una noticia de relevancia, le quitan su programa preferido de TV, parece estar claro que lo importante no es aquello que te acaba jodiendo la vida, dejándote sin derechos y en la indigencia social y económica, sino los estímulos que te evaden de esa realidad.
En esta España hipócrita que rechaza negros, gitanos, homosexuales e islamitas, salvo que sean ilustres portadores de goles, famosos directores de cine, personal habitual de la telebasura o tengan aparcado el yate en Puerto Banús, lo importante es Venezuela, un país del que el 80% no sabrían localizar en el mapa, o la indivisibilidad de España. Porque para ellos España (¡PAÑA!) es el país en el que Adán y Eva tenían su paraíso y en el que, hasta mi paisano Miguelón, paseaba la bandera rojigualda por la Sierra de Atapuerca.
Otros, los menos, pasamos el día denunciando derivaciones sanitarias que engordan el gasto público y disminuyen la calidad de la sanidad. El engrosamiento premeditado de las listas de espera, con el fin de que el personal acabe abrazando esas derivaciones como solución inmediata, insistiendo en los sobrecostes que conlleva y la caja que hacen los amigos de quiénes promocionan ese sistema. Insistimos hasta el aburrimiento en el insufrible sobrecoste existente tanto en la construcción, como en la gestión de los nuevos hospitales. Nos desgañitamos hasta aburrir al personal, para que al final, lo importante para el común de la clase amansada, sea si lo suyo se soluciona o no, y si podemos ayudarle cuando, aquello que ignora y no se cree, lo sufre en primera persona.
Pasamos el día clamando contra la masificación y la dejadez en la escuela pública. Contra los conciertos que, además de sobrecargar el presupuesto en educación, adoctrina, discrimina y amansa a nuestros hijos. Pasamos el día denunciando la extinción de la formación no obligatoria, como bachillero o formación profesional, dónde lo público carece de ofertas y plazas suficientes y dónde lo privado es financiado con dinero público sin que para su acceso, respete la igualdad de oportunidades.
Y todo, ¿para qué? Todo para que el pueblo sumiso, el que nunca saca los pies del tiesto, el adoctrinado y reconducido por los caciques de siempre, disfrazados de liberalismo, establezca que en la balanza, pesa lo mismo la corrupción endémica y sistemática de un partido con más de novecientas causas por enriquecimiento ilícito, que la simulación de un delito en el que el denunciante sólo quiere distraer y el denunciado hacer evidente que desde 2001 la cantidad que los madrileños pagan por los “derechos de sede” y los “derechos de publicidad y promoción” del Mutua Madrid Open, se hayan multiplicado por diez sin que sepamos ver cuáles son las mejoras para la ciudad que apoyan tales pagos.
Todo para que quién nos ha dejado sin derechos laborales y ha llevado a las puertas de la miseria a casi la mitad de los niños de España, para quién ha demostrado con creces que allí dónde ha gobernado la deuda de las administraciones ha engordado en la misma forma que sus cuentas en Suiza, siga cortando el bacalao a su antojo y le sigan votando. Todo para que quién ha demostrado que se puede reducir deuda sin recortar derechos ni presupuesto social, sean tratados como lo hacían con los quincalleros acusados injustamente de comerse las gallinas en los pueblos.
La hipocresía, la ignorancia y el analfabetismo cultural es el pienso nuestro de cada día.

Los hombres de más saber político reconocen que así no se puede seguir, y forcejean dentro de la red que ellos mismos han tejido, y que les entorpece para toda obra grande de reforma. Pero ninguno se decide a romperla con arte, destruyendo siquiera alguna malla por donde sacar un dedo, después una mano, y llegar por sucesivas rupturas de hilos a la libertad de esta desgraciada nación, esclava de lo que aquí llamamos caciquismo, tristísima repetición de los tiempos feudales y de las demasías de unos cuantos señores, árbitros de los derechos y de los intereses de los ciudadanos.”

Parece que un siglo después de que Pérez Galdós escribiera esto, España sigue varada en el hijoputismo señorial y amollada por los mismos mayorales de los caciques.

Salud, república y más escuelas.

Plan Oculto

Justicia ciega

En Tasmania, había sucedido algo horrible. El nido de la señora Cucaburra estaba vacío. Sus huevos, recién puestecitos, habían desaparecido. Sólo un emú que andaba por ahí tenía alguna pista sobre el pajarraco que se había llevado los huevos. Él había visto un pico que asía los huevos y unas patas que escarbaban la tierra contra el nido. Estaba detrás de una roca y sólo pudo ver eso.
A la Jueza, una Gaviota engolada y ampulosa, le habían presentado cinco posibles candidatos: una Petirroja joven, una Cacatúa parlanchina, un Charrán escurridizo, un Ornitorrinco mayor y un Pingüino azul muy torpón.
Doña Gaviota, empezó la investigación. Por Don Emú sabía que quién se había llevado los huevos tenía pico. No era una gran pista porque todos los presuntos culpables lo tenían. Por tanto podía haber sido cualquiera. También sabía que unas patas habían escarbado detrás de la piedra tirando la tierra encima del nido. Eso podría descartar a Don Ornitorrinco y a Don Pingüino, pero la Jueza pensaba que igual era una jugada para despistar.
El Charrán tenía fama de ladrón de huevos, pero Doña Gaviota dijo que no se puede acusar a cualquiera y que nadie podría demostrar que el afamado exterminador de huevos, hubiera sido el culpable.
La señorita Petirroja, una pajarita bien parecida, dijo doña Gaviota que estaba totalmente descartada porque alguien de su posición y clase no iba a inmiscuirse en un acto así.
Doña Cacatúa estaba nerviosa ante el interrogatorio de Doña Gaviota. Y por eso empezó a desvariar, a emitir graznidos ininteligibles que sacaron de quicio a la Lárido que mandó encerrarla en una jaula.
Don Ornitorrinco tenía pico, si. Pero el suyo es mucho más ancho que el de cualquiera de los otros candidatos. No tiene patas con las que escarbar. Sin embargo, en una ocasión, se le vio comiendo huevecillos de Trucha. Eso pareció gustar a Doña Gaviota.
Por último Don Pingüino Azul, que tampoco escarba. De su actitud pausada y su sosiego dijo no fiarse nada Doña Gaviota.
Así que, una vez escuchados todos los presuntos culpables, la Lárido, comentó que, La Petirroja estaba descartada por su procedencia. La Cacatúa porque estaba loca. Don Charrán era posible que fuera el culpable pero no había pruebas contundentes que lo demostraran. El culpable tenía pico y todos los tenían y escarbaba y todos podrían escarbar, unos lo hacían habitualmente y otros podrían hacerlo, aunque con dificultad, para disimular. Así pues, el culpable saldría de los candidatos Pingüino azul u Ornitorrinco. Y dado que este último había quedado demostrado que en, al menos una ocasión, ya había comido huevos (aunque fueran de pez) estaba claro quién era el malhechor. Además, su aspecto poco habitual, más parecido a un monstruo que a un animal, le hacía parecer delincuente con total seguridad.
Así pues, el Ornitorrinco fue desterrado fuera del territorio por cinco meses. Lo que le llevaría a una muerte casi segura por falta de agua y alimento.
Don Charrán y doña Gaviota, se fueron, un poco más tarde, a disfrutar de los huevos recién puestos de Doña Cacaburra.

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Plan Oculto

Hoy, pensaba hacer una reflexión sobre el funcionamiento del Ayuntamiento de Madrid y la actitud de algunos de sus funcionarios, casualmente incorporados por el Partido Popular entre sus prosélitos durante la eternidad de sus más de veinte años de mandato, a cuenta de la llamada a declarar de Sánchez Matos y Celia Meyer por intentar sacar a la luz otra de las corruptelas del partido de las naves de Mercamadrid, la M-30 o la venta de la vivienda social a fondos buitre relacionados con el hijo de la anterior alcaldesa.
Y es que, a parte de lo que cuenta aquí David Boyero, conozco varios casos en los que los Técnicos Municipales andan por libre sin que nadie les tosa. Sirva un ejemplo. En un Distrito de Madrid, se le ordena a un funcionario que vaya a hacer una medición sobre el ruido que provocaban los altavoces de una iglesia que todos los días llama a misa a los vecinos del barrio con una grabación de tañido de campanas. El ínclito, redacta un informe de cuatro folios sobre la historia de las iglesias y la tradición de sus campanarios, pero sin indicar lo que se le había pedido, que no era otra cosa que dijera en una línea, los decibelios a los que salía la música, su cadencia y si la denuncia de ruido molesto, que habían interpuesto los vecinos, tenía o no fundamento.
Sin embargo, la actualidad y la gravedad de los hechos, me ha llevado a intentar explicar lo que cada día, con más fuerza, ha pasado de ser una simple teoría a una constatación. La impresión de que todo lo que pasa, está maquinado con anterioridad y que nos lleva a lo de siempre: nos manipulan y tratan como lo que somos, verdaderos imbéciles.
Todo parte de este inadvertido artículo de Isaac Rosa en el diario.es en él que se pone de manifiesto una de las teorías de la conspiración, que, cuando se publicó el 26 de mayo, me pareció un poquito extravagante y según voy atando cabos, cada día me parece más acertada y ajustada a veracidad.
Según ese artículo, que Pedro Sánchez fuera vilipendiado en aquel Comité Federal de octubre de 2016, formaba parte del auto sacramental ideado por “La Trama” para que, pareciendo que en el PSOE tomaban las riendas sus afiliados, todo siguiera igual.
Los hechos nos están demostrado que esto tiene muchas papeletas para ser verdad. “Somos Izquierda” sólo es un slogan. No participan de la Moción de Censura alegando que no se ha consensuado, pero, antes, se han negado a negociar. Una vez derrotada la Moción, insisten en el diálogo, pero forzando la misma lógica que tras las elecciones de diciembre del 2015. Hay que meter a Ciudadanos. Un partido de extrema derecha cuyos posicionamientos son a la izquierda, lo que a Cristo dos pistolas. Sabiendo que Podemos se negará siempre a negociar medidas del hijoputismo liberal que los de la marca Blanca del PP quieren imponer, sabiendo justamente que son incompatibles con cualquier posicionamiento mínimamente social.
Luego nombran portavoz en el Congreso a Margarita Robles. Una persona de oscuro pasado, afín a los planteamientos de los Barones y la vieja guardia. Concomitante con aquellos que dejaron la pana por Emidio Tucci y el dos caballos por los yates de lujo y que fue, por ejemplo, quién encargó al ominoso Villarejo el informe que acabó con el juez Garzón. Recordemos que este Juez no investigaba la corrupción del PSOE, sino la del PP.
Después viene lo del CETA. Que no es un cambio de postura. Uno no está contra algo si se abstiene. Cuando uno vota en blanco o no vota, es porque le da igual o porque sabe que su posición no irá en contra de sus intereses.
Pero con esta postura, se han ganado para la #PrensaTrols o #Vertimedios, la etiqueta de peligrosos izquierdistas. Que no es otra cosa que una cortina de humo para que aquellos que sólo saben lo que dice la tele, se convenzan de que el PSOE ha virado a la izquierda, cuando en realidad mantienen el volante tieso en el planteamiento del hijoputismo liberal.
Y digo que las pruebas apuntan a ello, porque, dada la coyuntura actual, es normal que La Razón o el ABC, o Antena3 o TVE, enfoquen la estrategia del abstencionismo que nada cambia, en un giro a la izquierda para que el PSOE gane votos de quién, sabiendo que todo es una maniobra, votaría a PODEMOS. Pero que El País, el periódico que ha puesto a caldo a Pedro Sánchez siga esa misma estrategia, hace evidente el circo.
En la otra parte de este juego cansino del despiste, están los de la vieja guardia y hasta el mismo Comisario Europeo de Economía que entraba en el juego, diciendo que el CETA es el tratado más progresista que ha firmado la UE y que ser socialista es estar a favor del tratado.
Como bien dice aquí Beatriz Talegón, ser de izquierdas implica el NO al CETA y no una timorata abstención. Porque, según la definición del felón Moscovici, ¿qué implica ser de izquierdas en la coyuntura actual de la socialdemocracia europea? Si apoyar este tratado redactado en la oscuridad, con amenazas de sanciones a los diputados que lo hicieran público, es de izquierdas, entonces lo es que prevalezca el mercantilismo sobre los derechos humanos. Lo es justificar, arengar y emprender guerras y linchamientos como en Libia o Siria. Lo es apoyar a estados medievales de los que parte la financiación de ISIS y en los que una mujer tiene menos derechos que un camello. Lo es trabajar para que los refugiados no puedan llegar a Europa negándoles hasta el socorro en caso de naufragio como pasó en aguas italianas. Lo es estar a favor de la explotación de cientos de niños y mujeres como hacen multinacionales de la ropa o del deporte en Pakistán, la India o Bangladesh. Lo es estar a favor de la explotación de los trabajadores y en contra de los derechos laborales. Lo es estar en contra del medio ambiente. Lo es estar en contra de la salud de los ciudadanos al dejar fuera los controles sanitarios de la agricultura y los productos transgénicos. Lo es estar a favor de que las multinacionales tengan su propia jurisdicción y que no se sometan a la del país de la Unión en el que residen.
Esa es la verdadera ideología de la socialdemocracia actual europea. De los que prefieren los buenos yantares, la vida de los palcos y de los yates de lujo, a la lucha de clases. Los que defienden a quiénes siempre hemos definido como extrema derecha antes que a los trabajadores. Los que protegen a ricos y multinacionales antes que a los consumidores, trabajadores y pequeños empresarios. Los que están infectados por la corrupción y no quieren que nada cambie. Los que hacen juegos malabares para que las bases del partido que les ha llevado al lujo y a la ostentación, sigan creyendo eternamente que el cambio es posible.
Yo, no soy de su izquierda monsieur Moscovicci. Yo no soy de su izquierda señora Robles, señor Isidoro. Yo soy de la izquierda que cree en la justicia social, en los derechos laborales y en la igualdad de oportunidades. Y ustedes y los que son como ustedes, son lo que tradicionalmente hemos llamado vividores. Vividores que protegen y son protegidos por los fascistas.
Hay rebajas en cortinas de humo en Ferraz. De todos los colores y tamizados.
En Génova 13, disfrutan de huevos frescos de Cacaburra.
Salud, república y más escuelas.

TRAISICION

Gallina ladradora,…

Anda la granja revuelta. La gallina Kristina, ha puesto un huevo. El ganso Leonardo dice que no lo ha puesto, que se le ha caído. El cerdo Policarpo responde que tampoco es pa tanto. Al fin y al cabo una gallina, es una gallina y que ponga huevos es lo normal.
Pero Kristina es un tanto especial. Aunque ella dice que es una gallina, tiene plumas y parece una gallina, no se comporta como las demás gallinas. No come pienso de gallina. Ella picotea los gránulos del Royal Canin que Felipe, el dueño de la granja, echa de comer a los perros. Cuando los demás animales se ríen, ella les dice que tampoco es que sea nada extraordinario porque tanto el pienso de las aves, como el de los perros, están hechos a base de harinas de varios cereales.
El padre de Kristina, el gallo Celayo, era un apuesto pollo, de cresta tiesa y prominente barbilla roja que todos los días daba el cante a la salida del sol. Su abuelo, un gallo fortachón también, estuvo más de veinte años tocando diana en la granja. La madre de Kristina, la gallina Lina, era una rolliza ponedora, la envidia de las demás gallinas. Ponía huevos de dos yemas y se pasaba el día clocando de aquí para allá.
Lo que hace de Kristina una gallina “anormal” es que no está todo el día escarbando con sus patas entre la hierba y el lodazal, ni buscando lombrices que llevarse a la boca o granos de semillas con los que deleitarse, o clocando sobre el ponedero anunciando su huevo. De hecho, el de esta mañana ha sido el primer huevo de su vida. Ella prefiere ir con los perros a cuidar de las cabras. Por la mañana, en cuanto Felipe se dirige al bardal donde están las chivas, Romario, el mastín más viejo y jefe de la manada, se levanta de su cama entre la arena, se despereza estirándose y acude despacio junto a la verja. Los otros dos mastines le siguen y detrás, siempre va Kristina. Ella se coloca en el lado opuesto en el que el gran mastín observa como las cabras salen, una a una, del corral. Si alguna intenta tomar un camino diferente al que debe, Kristina revolotea con sus alas, levanta una especie de semi-vuelo intimidatorio y le pica a la chiva en la cara para que vuelva al redil. Pero no queda ahí la cosa. Kristina sigue al rebaño y se acuesta junto al pastor, como los demás perros, cuando éste descansa sentado en alguna roca, porque las cabras están entretenidas acabando con los brotes de encinas y robles o lamiendo las piedras en el salegar.
Los habitantes de la alquería se descojonan cuando ven salir a Kristina tras los mastines. Y cuando vuelve del campo junto a las chivas, ya por la tarde, el alboroto, las risas y el cachondeo es general. Luego, mientras las demás gallinas dormitan recostadas en el aseladero, Kristina, posa sus plumas sobre la arena, en un hoyo muy cercano al de Romario. Todos los días, antes de que el gran mastín cierre los ojos, le dice
– Tú crees que soy una gallina, ¿no?
– Claro. – le dice Romario –
Y ambos cierran los ojos y dormitan entre las estrellas.
Hoy, Kristina que ha puesto su primer huevo, se pasea henchida por la majada, junto a la tenada, luciendo orgullosa sus plumas.
Todos los animales de la granja se han quedado perplejos.
Al pasar, junto a Romario, Kristina le ha ladrado con cariño.

 

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Traisición

El pasado jueves, se cumplía el cuadragésimo aniversario de aquel 15 de Junio de 1977 en el que se votaba en unas elecciones, que entonces nos vendieron como el principio de un nuevo régimen y que, visto hoy, muchos creemos que solo fue una continuidad del régimen franquista con distinto nombre.
A pesar de lo que hemos podido leer y ver en los #Vertimedios, aquellas no fueron unas elecciones plenamente democráticas. El PCE y el PSUC habían sido legalizados sólo un par de meses antes (9 de abril de 1977) y más de 60 partidos nacionalistas no pudieron presentarse (entre ellos ERC o el Partido Carlista).
Uno ya tiene cierta edad como para ser parte de la historia y sobre todo para poder contrastar con vivencias propias, aquello que nos cuentan y que, como en el Catecismo del Padre Astete, se empeñan en que sea “palabra de dios”.
Aquel 15 de junio de 1977 no pude votar, no tenía edad. Pero si recuerdo cuál era el ambiente general de la gente que me rodeaba. Mis padres, amilanados y condicionados por casi cuarenta años de franquismo, (mi padre era de aquella generación que fue llamada a la guerra con sólo 18 años recién cumplidos, y que se “chupó” casi nueve entre guerra, maquis y mili), aun creían que todo aquello saltaría por los aires en cuanto a los militares les viniera en gana. Yo, en mi adolescencia en la que todo lo sabía, les incitaba a confiar en Suárez, y en aquello que llamaron la Reforma Política que nos traería libertad (era lo que decía la tele). Durante toda mi vida hasta entonces, había oído la cantinela aquella de que “Cuando muera Franco, tendremos otra guerra”. Hasta tal punto llegaba, que muchas noches, mientras me venía el sueño, rezaba para que Franco se muriera lo más tarde posible y para que, cuando eso sucediera, se me hubiera pasado la edad de ir a la guerra. En aquellos años, ni tenía conciencia política, ni sabía nada de las luchas estudiantiles y obreras que se llevaban a cabo en Madrid o en Euskadi y que llevaron a los franquistas a la operación de maquillaje que vinieron a llamar Transición.
Es verdad, por tanto, que el pensamiento franquista tenía cierto peso en las conciencias de los ciudadanos de entonces, sobre todo en el medio rural y en las pequeñas ciudades en las que poco o nada se movía. Pero no lo es menos que si Arias Navarro dejó paso a Suárez fue por el trabajo enorme del PCE (y la ORT, el MCE o la LCR) y Comisiones Obreras en la clandestinidad. Revueltas estudiantiles en las grandes universidades, huelgas, protestas de trabajadores y sucesos como la carnicería que en 1976 acabó en Vitoria con cinco muertos y más de ciento cincuenta heridos de BALA, llevaban día a día, al régimen franquista, hacia su extinción. Por tanto, el régimen hacía aguas por todos los lados y era inminente su disolución.
Visto con la perspectiva que nos han dado estos cuarenta y dos años, nos engañaron como a niños. Nos vendieron la Transición, que según ya decía en 1995 Gustavo Bueno, sólo fue una metamorfosis, una transformación interna, una continuidad del régimen franquista. Una farsa. Una democracia amañada en la que los franquistas impusieron, entre otras muchas cosas, la circunscripción electoral provincial que les beneficiaba y las listas cerradas que impedía que nadie se saliera del tiesto. Nos vendieron que el régimen franquista se había acabado y sin embargo, procuraron que los delitos de torturas y sangre quedaran impunes (hasta eso, a la Ley de Punto Final le llamaron Ley de Amnistía para que el pueblo se equivocara y pensara que los amnistiados eran los republicanos). Se cuidaron mucho de que, los que habían hecho “carrera” durante los cuarenta años del dictador, siguieran siendo los que “partían el bacalao”.
Algunas fuentes señalan que acabaron con una sociedad “roja” que podría haber cambiado el rumbo de las cosas, a base de heroína. Lo cierto es que la droga en los años 80 en España, causó más muertes que cualquier guerra y que su incidencia más letal fue en aquellos lugares donde la confrontación y la rebelión contra el régimen franquista había sido mayor: Madrid, Euskadi, Valencia, Barcelona,… Y dentro de esas zonas, es muy significativo por ejemplo que en Madrid, los focos de drogadicción estaban localizados en los barrios pobres dónde las AAVV y las fuerzas “comunistas” tenían una fuerte implantación. Si analizamos los resultados del 77, el PCE, con solo dos meses de legalidad (y tan sólo a dos años de la muerte de Franco), tuvo casi dos millones de votos. En 1986 había perdido 1 millón de votos y casi toda su influencia social.
Hoy por hoy, en cuanto a libertades estamos más o menos como en el 75. La prensa que entonces era prensa del Movimiento, hoy en su mayoría es prensa del régimen. Hoy como entonces, se dedican a ensalzar delincuentes, cohechadores y corruptos y a tapar aquello que no interesa. La pérfida Albión, ha sido sustituida por la Chavista Venezuela como el ojo donde poner la viga para desviarla del ojo propio. El contubernio jadeo-masónico del franquismo, ha sido sustituido por la confabulación catalana. En cuanto a la libertad de manifestación, entonces pagabas con moretones, descargas eléctricas y otras torturas y hoy con multas desmesuradas y años de cárcel que igualmente acongojan, reprimen y te joden la vida.
Decía también Gustavo Bueno que veinte años después de ese 1995, la gente se daría cuenta del engaño y que sólo entonces habría una verdadera ruptura con el régimen franquista. Igual no contaba con la pobreza intelectual de España, con el poder de la Televisión y con que, aunque por primera vez en la historia de la humanidad, los hijos viven peor que los padres, aquellos se han vuelto dóciles y consumistas y creen que la lucha es molesta y requiere sacrificios en esa dedicación al consumo, que no están dispuestos a realizar. Aunque con ello se metan en una espiral de servilismo y pobreza.
Muchos han querido ver en el 15M y en PODEMOS, esa ruptura. Pero hoy por hoy es imposible luchar con garias contra escopetas de repetición. La política se ha convertido en hooliganismo. Las formaciones políticas mienten, estafan al electorado, crean leyes contra quienes les votan y gobiernan contra sus intereses y sin embargo tienen hordas de feligreses. La política es un tabú. Algo de lo que la mayoría no quiere ni oír hablar desconociendo que casi todo es política. Desde solicitar la jornada de verano en tu empresa, hasta poner una reclamación porque la Sanidad no funciona. Muchos, son especialmente ingenuos creyendo que cualquier cambio de caras es síntoma de un giro hacia lo social. Y no se dan cuenta de que como decía Diógenes, “el movimiento se demuestra andando” y que por mucho de nos empeñemos en decir que somos una gallina, si al final actuamos como perros, acabaremos ladrando. Podrán repetir hasta la saciedad “somos izquierda” pero si se empeñan en votar en contra de acabar con las listas cerradas, si votan a favor del CETA, del TISA, del TTIP, si se abstienen en las mociones de censura contra la corrupción a pesar de que, incluso votando a favor, no saldrían adelante, si votan a favor de rescatar bancos antes que rescatar personas (el famoso 135 de la Constitución), si votan casi siempre con la derecha, si se niegan a ser lo que sus jóvenes proponen e incluso si son partidarios de impedir la democracia con el ejército podrán decir que son los hijos de Marx, pero sólo son cainitas seguidores de este hijoputismo que nos ha traído a esta nueva Edad Media.
Si en estos tiempos han conseguido que vuelva el heliocentrismo, si han conseguido vender pastillas de azúcar como medicamentos a precios astronómicos, si desconfían de la ciencia y piensan que las vacunas son un peligro, si al cambio climático lo llaman olas de calor o si creen que los que roban y acaban con los servicios públicos son mejores gestores, es normal que crean que quiénes votan casi siempre contra los intereses de la sociedad, son socialistas.
Me voy al monte.
Salud, república y más escuelas.

Sociedad Fallida

La Ranita engreída

En la charca, la rana Lita tiene todo lo que un batracio puede desear. Hay cientos de jugosos y ricos mosquitos con los que alimentarse. Hay agua transparente que cubre cantos y alimenta juncos en los que esconderse y riega el fango en el que poner huevos. Hay sol, mucho sol. Y un pequeño reguero que discurre a través de la llanura, que alimenta la charca y renueva el agua. La rana Lita es muy engreída e independiente y no admite a nadie más en sus dominios. No le importan los demás anfibios. Ella es feliz allí entre el fango y los cínifes.
La llanura es un lugar hostil. Todo es aridez, desde la hierba seca del chortal a la falta de moscas que sobrevuelen la zona. Un único regato apenas lleva un hilo de agua a la acequia. En su recorrido, unos pocos juncos pueden dar cobijo a unas cuantas ranas y sapos que comparten los escasos mosquitos que sobrevuelan el reguero. No pueden ni acercarse a la poza porque la rana Lita se ha hecho rodear de unos cuantos sapos purulentos que contagian y revientan a todo aquel que ose introducirse en el charco.
Las ranas, andan preocupadas estos días porque, además de que hace tiempo que no llueve, una manada de conejos está acercándose en demasía al arroyuelo, horadando la campiña con consistencia y desafuero.
Han intentado convencer a la rana Lita para que les ayude a espantar a los roedores con sus sapos purulentos, pero Lita no les ha dejado ni explicarse. Ella dice que no es su problema. Tiene una buena vida allí en su cacho de fango, con su agua limpia, sus mosquitos, sus juncos y sus sapos que, acomodados en su papel de blasonadores, comen todo aquello que desean y no tienen que esforzarse en nada más.
Muchas de las ranas del chortal desecado, lo están pasando mal. Escasea la comida y apenas hay agua con el que mantener la piel hidratada. Alguna ya ha fallecido víctima del sol justiciero y la aridez. Pero Lita insiste en que eso no va con ella. Ella tiene lo suficiente para ser feliz y no quiere complicarse la vida con los problemas de los demás.
Hoy, hay nubes negras en el horizonte. Cientos de señales luminosas adelantan la tormenta en la campiña. Los truenos cambian de chicharrera a estruendo la monótona melodía de cigarras y grillos. El viento amenaza con arrancar juncos y mueve la arena seca. Una gran gota de agua, moja la hierba mustia. Luego otra, y otra. Llueve intensamente. Las ranas están de enhorabuena. Por fin agua que regará juncos y alimentará los huevos de los mosquitos ocultos entre el barro seco. En diez minutos, el reguero ha rebosado. El agua circula entre la agrietada arcilla y los pompones de raíces de junco. Ahora, orada la arena y comunica el antiguo cauce con una de las madrigueras de los conejos. Dos minutos más tarde, el sol remplaza a las nubes y los grillos y cigarras vuelven a tocar su hastiada sintonía de una tarde de calor.

Un runrún recorre el chortal. La tormenta ha desviado el cauce del regato. Ya no alimenta la charca. Ahora el agua discurre por uno de los túneles horadados por los conejos, desapareciendo bajo tierra. La charca dónde vive Lita, se ha vaciado. El agua ha rebosado, y se ha llevado por delante el dique. Ya no hay charco. Además tampoco tiene suministro. Hogaño, el agua discurre por debajo del chortal. Lita, ha reunido a la comunidad de ranas. Pesarosa, constrictiva y con amargura, ahora dice que hay que expulsar a los conejos de la zona. Y que necesita ayuda de los demás batracios.

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Sociedad Fallida

Hace muchos, muchos años que no entiendo eso del nacionalismo. Cuando era muy joven, convencido de que Castilla no tenía nada que ver con el antiguo reino de León, un amigo bastante más viajado y experimentado me hizo la siguiente pregunta. ¿En qué se diferencia un tío de la comarca zamorana de Tierra de Pan, de otro que viva en la comarca burgalesa del Arlanza? La respuesta es que ambos se parecen bastante más de lo que se diferencian.
Con los años, he llegado a la conclusión de que el sentimiento de nación es como el de la religión, un sentimiento egocéntrico y primitivo. Durante decenas de años se ha utilizado como pegamento de una amalgama de intereses comunes. Que se lo digan a los habitantes de Alsacia o Lorena que han sido alemanes o franceses dependiendo de quién ganara o perdiera una guerra. Hoy por hoy, el nacionalismo, aquí en España, sirve como embudo que abre tragaderas y como agente evasor y difusor de problemas y recortes.
España, hoy por hoy es un estado fallido. Tenemos un desgobierno perteneciente a un partido implicado en cientos de casos de corrupción, y acusado de formar una banda asociada para la corrupción. El mismo Presidente del Gobierno, debe pasar por el juzgado, en un hecho sin precedentes. Su partido, ha jugado con ventaja empleando cientos de miles de euros irregulares en campañas electorales, lo que les ha llevado a ganar con trampas. Además han creado una red clientelar de medios de incomunicación (#Vertimedios) que difunden la posverdad, que engañan al ciudadano con opiniones camufladas como noticias, censurando lo que no es conveniente y aumentando e incidiendo en aquello que incidirá a su favor en los votantes. Un estado fallido dónde se nombra fiscal anticorrupción a un tipo que tiene una sociedad of-shore en Panamá (uno de los delitos a perseguir). Un estado en el que, el fiscal General del estado, es acusado por la UPF y la APIF de partidista y dónde tanto el Ministro de Justicia como el propio Fiscal General del Estado, han sido reprobados por el Congreso de los Diputados. Dónde la separación de poderes es una quimera, porque todo es un totum revolutum en el que hasta el Presidente del CGPJ y del TC tiene o ha tenido carnet del partido acusado de banda corrupta. Un estado en el que Jueces que han sido apartados de resolver en casos por tener contrastada “simpatía” hacia el partido de la corrupción, son nombrados para ocupar presidencias de salas como la de lo Penal en la Audiencia Nacional en la que se deberán ver los más “importantes” procedimientos contra la corrupción o contra delitos económicos en los que los de la gaviota son también expertos.
España es un estado fallido. Los trabajadores de la multinacional americana en Fuenlabrada, habiendo ganado una sentencia que declara el ERE nulo y la readmisión de todos sus trabajadores en las mismas condiciones laborales anteriores al despido declarado nulo, siguen a la espera de la ejecución de esa sentencia, sin que ninguno de los poderes del estado haga nada en consonancia.
España es un estado fallido en el que, a pesar de que, cinco años después, el Tribunal Constitucional haya declarado nula una de las mayores amnistías de impuestos llevadas a cabo por el gobierno de la Gürtel, y Lezo, todos aquellos que, a través de la legalización de la evasión, lograron repatriar cuantiosos capitales ahorrándose cientos de millones de euros en impuestos, no tendrán que pasar por caja y no serán juzgados por los delitos de evasión fiscal.

En este este panorama, sobrevive el español que se cree clase media, que se autoconvence metiendo la cabeza en el fútbol, tomándose un par de cañas en la terraza del bar de la esquina, de estar a salvo. Porque necesita creer. Necesita convencerse de que España es una gran nación y de que las decisiones las toman los ciudadanos con sus votos cuando toca. No saben nada, porque no quieren saber de Blackrock. Ese fondo de inversiones que sería la cuarta potencia del mundo si fuera un país, que controla 21 de las 35 compañías del Ibex a través de sus 18.500 millones de euros en participaciones. Que por supuesto presiona, maneja y manipula las políticas económicas de los gobiernos para ganar más. Ajustes y más ajustes son el resumen de sus recomendaciones. No saben nada del TTIP, del CETA, ni del TISA. Autoconvencidos como están de creerse a salvo. Ignoran que con la firma del CETA entre Canadá y la UE, los países de la Unión ceden su soberanía a las multinacionales, porque ya no se atendrán a la justicia de cada país sino a unos tribunales creados por ellos (por supuesto según sus intereses). Ya no tendrán que atenerse a la legislación laboral de cada país ni someterse a los controles de seguridad alimentaria y a favor de los consumidores. En definitiva, se pasarán por el arco de triunfo la soberanía nacional.

Ellos siguen creyendo que España es un gran país. La envida del mundo como decía el asqueroso sátrapa de Ferrol, ídolo de los gavioteros vestidos de charranes. Siguen creyendo que Amancio Ortega es un gran mecenas que regala 320 millones de Euros porque sí, porque es un español de bien. Y no quieren saber que si pagara el mismo porcentaje de impuestos que pago yo, debería triplicar esa cantidad en el pago de impuestos. No quieren saber nada de que los 320 millones son un regalo envenenado porque este desgobierno está desahuciando a la sanidad pública y esos equipos no tendrán especialistas que los manejen. Es decir, esa donación realmente no le sirve de nada a la sanidad pública porque no habrá medios, ni materiales ni humanos, para poder hacer uso de esa maquinaria donada.

Siempre ha habido quién, incluso en las situaciones más denigrantes de la humanidad, aplaudía aduciendo medias verdades, falsedades y maniqueísmo. Y en esta nueva Edad Media en la que los señores ya no son feudales, sino globales, los hay que creen estar exentos de sus maquinaciones porque pueden salir un par de viernes al mes a cenar en un chino o con sus retoños al Burger King, ver un partido de fútbol de la Champions in situ, o cambiar de coche cada 15 años, endeudándose durante otros cinco. Se creen a salvo de una lluvia torrencial que desvíe el curso de su sustento. Entonces y sólo entonces, cuando ya no están a salvo, se creen con el derecho de decirnos a los demás que la vida es injusta y que necesitan nuestro apoyo.

Salud, república y más escuelas.

Vidas Ajenas

Yo por el jurgol, matooo!

– sschuuuuu…. ¡Cuidado dónde pisas!
– Joer! Es que no veo nada…

Ocho y cuarto de la tarde. Los bares empiezan a llenarse. Por las calles, cientos de personas circulan con camisetas de su equipo. Hace calor y no hay bufandas. Algunos se envuelven con la bandera. Todos han quedado con gente igual que ellos. Gente para las que el fútbol es una vida.
Todo está preparado. Las cámaras llenas de cerveza fría. Tapas y bocadillos en sus puestos. Pizzeros, repartidores de hamburguesas y comida rápida posicionan sus ciclomotores. En una hora, empezarán las primeras llamadas. Un cuarto de hora después, con el final de la primera parte, se colapsarán los teléfonos, los hornos no darán abasto y no habrá motos suficientes para llevar los pedidos. La Feria del libro, repleta hasta ahora de gente, empieza a perder miembros en una sangría lenta pero infinita. Las calles, pierden tráfico rodado. La ciudad gana en quietud, de momento. ¡Sólo algunos despistados antisociales hacen vida normal y no se han enterado de que hay futbol!

Han llegado al CPD. Sayf y Karlos preparan los explosivos. En un rato, todo aquello saltará or los aires.

Nueve menos cuarto de la noche. Todo está preparado. Los dos equipos han saltado al campo. La tensión envuelve las aceras frente a los bares que han sacado sus pantallas de televisión a la calle. Desde el televisor, un afamado periodista, comienza la retransmisión. “Señoras y señores, esto está que arde. Sesenta y seis mil gargantas llenan este estadio Nacionaal. El arbitro pita. Arraaanca la final de la ...” pufff. La tele se ha vuelto a negro. El del bar, desesperado, revisa cables y conexiones. Uno que viene de otro establecimiento cercano corriendo, le dice que allí también se ha ido la imagen. Las terrazas de las casas comienzan a mostrar gente cabreada. Los que estaban en los bares empiezan a impacientarse. Los que llevan auriculares y escuchan la radio, se muerden las uñas. Alguien dice que ha habido una explosión en Antena 3 y no podrán ver el partido. El canal 3 y el seis no emite. Todo está negro. Las calles comienzan a caldearse. Algunos, nerviosos, insultan a los que pasan por allí, con su vida normal y sonríen. Un vaso vuela. Una silla emprende viaje de vuelta por los aires. Otra le acompaña en dirección contraria. Puñetazos. Gritos. Comienzan a verse palos, que nadie sabe de dónde han salido. Una gran batalla campal se extiende por toda la ciudad. Las vitrinas de los escaparates, comienzan a crujir. Algunas bombas incendiarias y cócteles molotov arrastran las llamas a locales y aceras. La policía no puede intervenir en todos los conflictos.

Amanece en una ciudad desolada y desconocida. Cientos de cadáveres siembran aceras y parques.
A media mañana, ISIS reivindica un atentado en el CPD de Antena 3.

 

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Vidas ajenas

Comentaba el sábado tarde en la Feria del Libro, Lorenzo Silva que el hecho de que en la tele le dieran mucho mayor importancia al fútbol que a la feria, nos dice todo sobre el tipo de país en el que vivimos. También se quejaba (con razón) de que, en el telediario, sólo dos minutos sean para la Feria y que, en ese tiempo, pongan trozos inconexos de declaraciones de ocho autores, mientras que para estupideces sin fondo ni interés y vaguedades de un tocapelotas, le dedican tres o cuatro minutos completos.

Una noche antes, en una conversación distendida y muy interesante con un periodista destacado de la SER, nos confesaba que el despido de Genma Nierga será por razones de audiencia. Parece que desde los grandes despachos de PRISA, se han dado cuenta de una bajada generalizada de los oyentes.
El mundo que conocemos se desmorona poco a poco y tanto por un lado, como por otro, andamos como zombis sin saber muy bien a qué atenernos.
La manipulación mediática de los medios de incomunicación, es una constante que acabará matándolos. Cada vez hay más gente que ve la realidad de otra forma, sobre todo, porque cada vez hay más personas que lo pasan mal y que sufren esta enfermedad llamada hijoputismo liberal. Una enfermedad que, como decía el otro día Miguel Angel Bustamante en un acertado artículo en Publico , se puede reducir al siguiente lema: “Nos pagan en pesetas y nos cobran en euros”.
Aun así, aun queda mucho insolidario, mucho individualista y muchos que siguen pensando que a ellos, nunca les va a tocar la miseria y que no es comprensible que molestemos su quehacer diario con banalidades como huelgas, protestas o reclamaciones. Porque, para muchos, esas siguen siendo cosas de inadaptados, de cascarrabias o de antisistemas greñudos y sucios. Como vimos en el vídeo de 13TV, cuando el atentado en Mánchester, para esta gente, el fútbol es lo importante y el Real Madrid, más.
Hace unos pocos días, una huelga de limpieza en el Aeropuerto de Ibiza, llenaba de imágenes de suciedad, amontonamientos de basura y papeleras inmundas, los telediarios. La noticia no era que la empresa les debía varias nóminas a los trabajadores, y la paga de NAVIDAD. No. La noticia era que la huelga de unos irresponsables estaba causando graves perjuicios a la imagen turística de Ibiza.
Con el conflicto del personal que recoge los residuos sólidos urbanos en Madrid, (los basureros de toda la vida), y con los conductores de Metro, más de lo mismo. Ambos colectivos han convocado huelga para las fechas en las que debe celebrarse el Word Pride Madrid (conocida como fiesta del Orgullo Gay). Bien, la noticia no son las malas condiciones de trabajo de los basureros, a quiénes la empresa concesionaria paga hasta tres tipos de salario distintos por el mismo trabajo según pertenezcan a un convenio, a otro o no pertenezca. Ni tampoco se centraban en que los maquinistas del Metro quieren que se les reconozca su categoría profesional para poder acreditar enfermedades propias de su puesto ante la Seguridad Social. En ambos casos, las noticias hacían hincapié en la maldad de unos colectivos que ponen en peligro la imagen de Madrid y sobre todo, los sustanciosos beneficios que este colectivo genera durante esos días.
Con el colectivo taxista y sus recientes protestas, más de los mismo. Se incide en su incomprensible cabreo porque tonto Uber como Cabify les hacen la competencia. E ignoran, a conciencia, que esa competencia es desleal porque ambas plataformas (al igual que las grandes compañías de taxis) establecen condiciones laborales próximas al servilismo (los conductores deben hacer 15 horas diarias para poder llevarse 700 euros al mes), además de tener residencia en paraísos fiscales, y ser un peligro para el tráfico rodado y viandantes.
Este hijoputismo liberal ha conseguido acabar con la conciencia social. Con la necesidad de la lucha como forma de conseguir mejoras. Es verdad que los sindicatos mayoritarios (CCOO y UGT) son también culpables por integrar sus enormes maquinarias burocráticas en el sistema y tener que alimentarlas a base de subvenciones del estado y fondos de formación ante la falta de afiliados y un egoísmo sin escrúpulos de sus dirigentes. Pero somos los ciudadanos de a pie los que hemos permitido, con nuestra comodidad y nuestro afán de no perder aquello que nunca hemos llegado a tener, los que hemos dejado que hayan ido decayendo nuestros derechos por nuestra pereza y nuestra inconsciencia en la falta de reclamaciones, protestas y salvaguarda de nuestros derechos. Hoy vemos como para muchos, las huelgas sólo son esas medidas que toman los inconscientes para perjudicar a los ciudadanos. Pocos somos los que defendemos a cualquier colectivo en lucha porque su lucha, es la garantía de nuestra lucha. Si no nos apoyamos, pasa lo que estamos sufriendo. Salarios de limosna, horarios esclavos, derechos laborales inexistentes, miseria, paro, sufrimiento, sentencias incumplidas como en Fuenlabrada, …
Hace unos días tuve que realizar unas encuestas por la calle sobre la sanidad en Madrid. La mayor parte de los entrevistados desconocen las condiciones laborales del personal sanitario. Aún así, indicaban que eran buenas, que el presupuesto para los hospitales públicos es suficiente, que sus instalaciones son inmejorables y que les parece bien que se deriven pacientes a la privada.
Si los hospitales se caen a cachos (el sábado veíamos, además, como corría el agua escaleras abajo en el Hospital Virgen de la Salud de Toledo ), si el personal de sanidad dice que están saturados y que sus contratos son renovados cada tres meses, si las listas de espera se hacen desesperantes es evidente que alguien no se entera de lo que está pasando.
Y aquí, con estos #Vertimedios es imposible que nadie se entere de nada. Claro que también es mucho más cómodo esconder la cabeza bajo tierra, como el avestruz, esperando que pase el chaparrón.
Como decía Lorenzo Silva, está claro en que país vivimos y cuáles son nuestras prioridades. Que ricos, pobres, pedigüeños, medias clases, clases altas, ninis, parados, trabajadores, estudiantes, amas de casa, señores y sirvientes, paralicen el país por un partido de fútbol, que los deportes del telediario duren tanto como el propio noticiario, que los programas de mayor audiencia sean aquellos en los que se cuentan sucesos y vidas ajenas, dice mucho de esta sociedad yonki del morbo y del voyerismo. Dónde lo único que importa es el júrgol o la vida de los famosos, porque pensando en ellos, olvidamos nuestra miseria.

Salud, república y más escuelas.