El pasotismo y la nueva pandemia

Este fin de semana pasado, lo hemos despacho con las noticias sobre el genocidio que los Astados Unidos han permitido, consentido y ejecutado en Irak. Miles de folios sobre sucesos acontecidos desde la invasión que el borracho Bush, acompañado por el estúpido Blair y por el no menos estúpido y además bufón Aznar. Niños que murieron por el grave pecado de estar jugando en la calle, madres que mueren por estar en el lugar equivocado, hombres que mueren por reír delante de los dementes soldados americanos, etc, etc, etc.

Mientras wikileaks sacaba a la luz tan terrible documentación, en Haití, nueve meses después del terremoto, un brote de Cólera está acabando con la población que sobrevivió al cataclismo. El cólera es una enfermedad que se suele propagar allí dónde las condiciones sanitarias son nulas, dónde el agua está contaminada por la muerte y la destrucción y dónde el hambre es el dueño y señor del ser humano.

Por último, ayer domingo, la policía marroquí acabó a tiros con la vida de un muchacho saharaui cuyo único delito era ir montado en coche hacia los campamentos instalados a 18 kilómetros de El Aiún, con más de 2.000 jaimas, en protesta por la represión marroquí en los territorios OCUPADOS del Sahara Occidental.

Estas tres noticias tienen un cordón umbilical común: la maldad del hombre. Los “malos” campan a sus anchas ante la pasividad del resto de los mortales. Bush, Blair y el bufón insufrible, invadieron Irak para quedarse (los americanos) con el petróleo de este país. Inventaron excusas sibilinas para justificar el negocio, mientras el resto del mundo permanecía impasible ante la catástrofe. Si, salimos a la calle durante un tiempo. Protestamos, nos manifestamos, incluso tuvimos que correr delante de la policía. Pero Aznar, sigue campando y escupiendo su bilis, su necedad y su amoralidad por doquier. Blair se ha convertido en asesor de los que están haciendo negocio en la nueva Irak y el borracho Bush vive su anodina vida de alcohol e ignorancia en su rancho tejano. Ninguno ha pagado por ello, ni pagará.

En Haití, tras el terremoto, mandamos a nuestros bomberos, médicos, ats y policías a intentar buscar gente entre los escombros. Vimos a través de la TV como había quedado el país. Nos afligimos con la noticia del derrumbe de un colegio inaugurado meses antes del terremoto y de la muerte de sus alumnos. Pero transcurrido un mes después, les dejamos a su suerte. Dejamos de mandar alimentos. Nos desentendimos de limpiar Haití de escombros, de enterrar cadáveres, de potabilizar agua, de darles semillas y herramientas para que pudieran subsistir. Y nueve meses después, tras un largo embarazo, los haitianos se mueren de cólera retorcidos en el dolor abdominal. Ahora encima cerraremos sus fronteras para que su mal no se extienda.

Marruecos, compró el Sahara a los prebostes del Franquismo. Eso y el pasotismo mundial, con la ayuda inestimable de los Astados Unidos (de nuevo) para los que sus bases militares y su imperio son más importante que el bienestar de todo un pueblo, acabó con Marruecos y su sátrapa rey gobernando un territorio rico en fosfatos y en petróleo. De nada sirvieron las resoluciones de la ONU. De nada sirvió un referéndum nunca celebrado. De nada ha servido que sus habitantes malvivan en el desierto. Marruecos, y su maléfico rey, asesinan sin piedad a cuantos osan tocar los cimientos de la invasión.

El consentimiento por omisión, la comodidad , el pasotismo y la insolidaridad, se han convertido en exponente de este primer mundo, dónde poco a poco nos están matando sin que nos enteremos, por miedo a perder nuestra supercomodidad.

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