Alemania, el motor de la pobreza

Ayer nuevamente desde el Banco de España, se despachaban a gusto para que el gobierno vuelva a rebajar las condiciones laborales de los trabajadores.

Por la mañana, conocíamos el dato del empleo en Alemania que había caído por debajo de los tres millones. Claro que los alemanes no dicen toda la verdad. En la encuesta de población activa (que es la única que le vale a la Unión) no figuran los desempleados alemanes que están haciendo cursos para cambiar de empleo (¿Alguien se acuerda de la polémica creada este verano por lo mismo?). Tampoco figuran los que llevan más de dos años parados y que no cobran ningún tipo de prestación. Ni los que, están en lo que aquí llamamos ERE, es decir que trabajan menos horas de las debidas y que el 80% de esas horas se las pagan desde el fondo de compensación del empleo. Ni los inmigrantes que estando de forma legal sólo han tenido un empleo y ahora se encuentran en el paro.

Otra de las cosas que no se dice en la encuesta de población activa alemana, es que hay más de 200.000 personas trabajando a un euro la hora y que por tanto están trabajando por salarios inferiores a los 450 euros al mes. Éstos tampoco figuran como parados.

Por tanto no todo es como lo pintan y aunque los datos son mejores que los de España (se acaba de dar el dato del empleo en el tercer trimestre con 70800 parados menos, pero seguimos por encima de 20%), podemos sacar dos conclusiones lamentables y preocupantes. La tendencia a la salida de la crisis es trabajar por salarios de subsidio y con contratos no ya precarios sino de acuerdo con la necesidad o querencia del empresario.

Así pues, eso que decía el inútil del expresidente de la CEOE de trabajar más y ganar menos, es el camino que nos muestra Alemania y sus gobernantes derechistas. Vengo ya tiempo atrás alarmando que, como no le pongamos fin a esto, acabaremos trabajando por la comida y poco más. Y parece que, desgraciadamente no voy desencaminado.

Los noticiarios dan como primicia que en Cáritas, Cruz Roja y otras organizaciones dedicadas a ayudar a los más desfavorecidos, han aumentado los “clientes” de una forma alarmante. Y no se dan cuenta que ese es el nuevo mundo que pretenden establecer. En lugar de derechos, favores. En lugar de ayudas oficiales, limosnas de las ONG’s. En lugar de que el estado proteja a sus administrados, que sean los propios administrados más conscientes y menos precarios los que ayuden a sus semejantes.

Mientras, los cuatro de siempre y otros dos que sin ningún tipo de pudor o vergüenza han sabido hacer dinero a costa del río revuelto, ganando más y más y se llevan el dinero a paraísos fiscales. Ya está claro que la situación actual no es sólo una crisis económica sino una de valores y de derechos.

El mundo que conocíamos se está desmontando a pasos agigantados mientras permanecemos impávidos e impasibles viendo como nos cambia las paredes de piedra o ladrillo por papel de fumar o como a los menos favorecidos les dejan simplemente al raso.

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