Igualdad, solidaridad,…, izquierda en general

Últimamente, algunos periodistas están preguntándose el porqué del derrumbamiento de la Izquierda, dando por sentado que el P$%€ es uno de los partidos de esa izquierda.

Como todos los que aquí entráis habitualmente sabéis, no creo que el P$%€ sea un partido de izquierdas. Particularmente creo que desde el congreso de Suresnes, dónde el cristiano demócrata González se hizo con la Secretaría General, el partido se fue posicionando cada vez más a la derecha hasta llegar a la posición actual (En la mitad superior de la esfera de un reloj, si las 12 es el centro, el P$%€ estaría en el 7).

A lo que iba. El porqué del abandono de los ciudadanos a los partidos de izquierda. En general, el capitalismo basa su expansión en uno de los pecados capitales del ser humano: la codicia. La cultura cristiana está llena de referencias a este pecado: Caín mató a Abel por codicia. Eva engañó a Adán por codicia y hasta el demonio dejó a dios por codicia. Total que la ambición del hombre es más vieja que mear y eso, quienes han estado manejando los hilos del capitalismo lo saben y lo han administrado de forma fabulosa (para ellos).

Históricamente la historia del hombre tiene muchos más espacios de pobreza que de riqueza. A lo largo de la historia ha habido y hay más personas pobres en el mundo que ricos. Entonces, ¿porqué las personas soñamos con la riqueza? ¿Por qué vota la gente a quiénes no se parecen en nada a ellos y nunca harán nada por sacarles de la pobreza? Es lo que los americanos llaman el gran sueño americano: convertirse en multimillonario de la nada con un golpe de suerte. No hace mucho que algunos lo consiguieron. No ha mucho que veíamos verdaderos tarugos humanos, sin ningún estudio ni educación, sacando fajos de billetes de los bolsillos. Ese es el sueño de todo ser humano. Nadar en la abundancia.

El problema que tiene eso de ser rico es que los valores de la humanidad: solidaridad, igualdad, libertad, generosidad, respeto y tolerancia, generalmente quedan en la cuneta del camino. En el camino de consecución de nuestro bienestar, nos olvidamos de los demás y estamos dispuestos a pisar a quién sea en la consecución del objetivo. Es el yo por encima del nosotros.

El otro día veía en el programa del Follonero dedicado a Israel, como entrevistaba a un judío argentino(o uruguayo) que vivía en uno de los últimos Kibutz cercano a la raya del conflicto con Hamás. Los Kibutzs eran socialismo puro y son uno de los últimos reductos socialistas del mundo. También allí en Israel han fracasado por lo que contaba el señor argentino (no recuerdo el nombre), los jóvenes no quieren compartir salario ni obligaciones. Prefieren probar fortuna fuera de la comuna (otra vez la codicia). El domingo siguiente, vi al Follonero en Marinaleda, el último municipio (o el primero) comunista de España. Casas a 15 euros de “hipoteca” al mes, salarios igualitarios para todos los que trabajan en la cooperativa, etc. Puro socialismo también. Un agricultor comentaba que los jóvenes no quieren ese sistema. Prefieren “arriesgarse” al paro para tener su propio patrimonio. Pero lo que no se dan cuenta es que se arriesgan a tener patrimonio propio y que el paro es seguro. Quiero decir que en aquella situación es más probable que nunca encuentren un trabajo fijo y bien remunerado con el que tener cosas, que acabar siendo no ya multimillonario, sino suficientemente rico como para vivir sin estrecheces.

La codicia del ser humano nos ha llevado a tener hipoteca para comprar la casa que habitamos. Préstamo para pagar el coche que conducimos e incluso préstamo para pagarnos la semana en la playa de vacaciones. Y es el miedo a perder esas deudas (que nos llevarían a perder nuestro patrimonio) lo que nos aleja de los partidos de izquierda (a quiénes la prensa describe como revolucionarios, creadores de guerra e inestabilidad) y nos hace echarnos en manos de los que predican el neoliberalismo que nos hace más esclavos del sistema y menos libres.

Sólo cuando el hombre no tiene nada, la propia codicia le hace luchar para tener algo, para repartir lo que tienen los ricos y poderosos. Entonces el hombre es capaz de quemarse a lo bonzo, de prenderle fuego al estado o de liarse a palos con quién de siempre le ha estado explotando sin que lo hubiera percibido hasta que lo perdió todo.

Para más INRI, en épocas de crisis sucumbe la solidaridad y la comunidad. Todo el mundo empieza a pensar más en sí mismo. No quieren pagar impuestos, ni aportar al sostenimiento del estado. Sin embargo se quejan del mal funcionamiento de la sanidad o la educación, sin pararse a pensar que sin SOLIDARIDAD y BIEN COMÚN no existe la comunidad, ni mucho menos los servicios.

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