El secreto de los del trinque

Muchas veces nos preguntamos cómo es posible que un partido de, para y por el trinque pueda sacar mayorías absolutas. Cómo es posible que un partido que corrompe todo aquello que toca y que empeora los servicios públicos de forma dramática pueda gobernar en ningún ayuntamiento o comunidad (incluso de vecinos).

El secreto está en la forma de ser de los españoles en general. Al “¿qué hay de lo mío?” tan general en este país, debemos añadir el paletismo español. Si los franceses tienen fama de chovinistas, nosotros somos mucho más nacionalistas, mucho más catetos que nadie. Aquí, algunos son nacionalistas españoles (muy peligrosos), otros nacionalistas vascos, catalanes, andaluces o murcianos (bastante peligrosos), pero todos, o casi todos somos nacionalistas de nuestro pueblo, ciudad o región. Podemos simpatizar con el partido Comunista o con el partido Patrincar, pero si alguien de fuera se mete con nuestro pueblo, hay hijo mío, que dios le coja confesado porque nos arrancamos directos a la yugular.

Sólo así se puede llegar a entender que alguien con el dinero de todos, que aquí llamamos “pólvora del rey” (como si pagara él), pueda construir un aeropuerto sabiendo que no se va poder utilizar porque no hay permisos y porque, cuando los consigan, no habrá pasajeros suficientes. Total 150 millones de euros. Una cuarta parte de lo que hubiera costado subir las pensiones a nuestros abuelos un 3%. Sólo así podemos entender que ciudades como Burgos, León, Lérida, Valladolid, Ciudad Real y otras muchas, puedan “gozar” de un saco sin fondo de los dineros públicos para sostener unos aeropuertos que soportan vuelos que van semivacíos y que las compañías mantienen a base de dinero público. Ciudades que están a menos de dos horas de un aeropuerto internacional y con AVE entre sus calles o con la posibilidad de tenerlo en unos cuantos meses. Otros casi dos mil millones del ala (sólo el de Ciudad Real ha costado 1.100 millones de dinero privado que ahora, como no tiene salida, pagaremos entre todos). El ahorro del 5% de rebaja salarial de los funcionarios.

Pero no sólo queda ahí la cosa. La Rancia y el Faraón  se vanaglorian de haber construido más de 200 kilómetros de metro en sus dieciséis años de desgobierno. Lo que estaría muy bien si su construcción hubiera sido “racional” (es decir por número de usuarios) y no para pagar votos. Pero es que además, lo que el ciudadano no se da cuenta es que esos kilómetros no se han acometido por amor al servicio público, sino porque en la obra está la ganancia. Las comisiones, pelotazos y gürteles vienen de ahí, de las obras públicas. Pero el caso más exasperante es el del soterramiento de la M-30 Madrileña. Una obra faraónica que no ha acabado con los atascos, que hace que juegues a la ruleta rusa cuando entras por primera vez y que sólo ha servido para que el Ayuntamiento de Madrid, deba él solito el 30% de la deuda de todos los ayuntamientos. Una deuda que tendrán que seguir pagando los nietos de nuestros nietos pero que, además impedirá que el ayuntamiento pueda emprender proyectos sociales o de otros servicios en muchos años.

Un dispendio y un derroche de la famosa pólvora del rey que colma de lo suyo a cada uno de nosotros, paletos todos que competimos en estupidez con los de la ciudad de al lado, con los del barrio de enfrente y con la comunidad más rival.

Pero claro, la pólvora nunca es del rey sino de todos nosotros. Y llega Paco con las rebajas. Nos alegramos cuando el político de turno nos equipara al de la ciudad más importante de la región al construirnos un aeropuerto que utilizarán tres de trescientos mil. Nos sentimos henchidos de gozo cuando pasemos por dónde antes había coches. Pero, luego sale el Ministro de Trabajo a decirnos que nos volverán a bajar el salario o que no nos lo subirán en lustros (si, en lustros, ha dicho el Valeriano) y nos acordamos de su madre y de la de Zapatero (en lugar de acordarnos también de la del curilla nopagatrajes, de La Rancia, del Faraón o del mafias del clembuterol).

Y qué decir cuando el mayor culpable de la crisis en España, un tal MAFO (Miguel Ángel Fernández Ordóñez), nos hecha la charla por no haber pagado con nuestros impuestos los desmanes de las Cajas (muchas de ellas inversoras en esos aeropuertos) cuando las vacas eran gordas (cuando él, que es el máximo poder en el control de las entidades bancarias no dijo ni esta boca es mía, y además arengaba a esas entidades a darnos el dinero a espuertas). Pues cuando sale este sinvergüenza a la palestra, yo, al menos me acuerdo de todos sus antepasados (y de su dentista que no le sujeta bien la dentadura).

Pero aunque nos acordamos de todas las madres de estos impresentables, no hacemos nada para que dejen de serlo o para que, al menos, lo sean entre rejas. Parece como si la boina nos la enroscaran al nacer y la sellaran con minio y esparto para que sea imposible quitarnos de encima ese catetismo que nos está matando.

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8 comentarios en “El secreto de los del trinque

  1. Este es el país del todo vale con la complacencia ciudadana.¿Cóm o es posible que quienes se lo llevan crudo sigan obteniendo holgadas mayorías absolutas en sus pueblos o en los Parlamentos?

    Y es que somos tan egoistas que tenemos la clase política que nos merecemos por falta de conciencia ciudadana.

  2. Amén.
    Una vez más, en las próximas elecciones, votaré a los que nunca ganan, a los que creo más honestos.
    Se echa de menos un Emile Zola que fime un YO ACUSO que haga temblar los cimientos de tanta miseria.
    Salud y menos anteojeras.

  3. Felipe:
    Nosotros somos los culpables por inmovilismo. Ninguno nos movemos, nadie hace nada por evitar toda esta panda de mamarrachos que están para su engorde.
    No votarlos, es el primer paso y la calle el segundo.

    Salud,

  4. Celemín, pensaba hacerme abstencionista, pero al final me conozco y sé que iré a votar. Al menos aprovechar esa única ocasión en la que nos dejan sentirnos como que decidimos algo ( ilusos).
    A decir verdad, estoy tan confuso, que ya no sé ni lo que soy , ni lo que era ni nada de nada.
    Creo que me voy a exiliar a otro planeta 🙂
    Salud y menos anteojeras

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