Reforma del sistema electoral

Una de las propuestas que parece tomar cuerpo en el movimiento DRY es la de pedir la reforma de la ley electoral. Una reforma que no por necesaria va a ser fácil de conseguir. Los que habitualmente votamos a partidos minoritarios (IU, ERC, BNG, UPyD, etc) nos quejamos de que nuestro voto, no sólo no es tenido en cuenta, sino que a través del sistema de asignación de escaños que dictamina la LOREG en su artículo 163, acaba siendo fagocitado por el/los partidos con más votos y se da el caso extremo de que votar IU en provincias como Burgos, Soria, Teruel, Cuenca y otras es darle mayor posibilidad de un escaño más al PP (justo lo contrario de lo que queríamos). Además, cuando se hace el recuento nacional de votos, se observa que el PSOE con 11.000.000 de votos le correspondieron 169 escaños, al PP con 10.000.000 de votos le correspondieron 153 y a IU, con 1.000.000 de votos sólo 2 escaños. Se da también la paradoja que mientras IU es la tercera fuerza en número de votos, es la quinta en escaños. Y otra paradoja es que UPyD es la quinta fuerza en número de votos y la novena en escaños (1). Si el reparto de escaños se hubiera realizado a nivel nacional y por un sistema directamente proporcional (regla de tres) IU hubiera obtenido 14 escaños y UPyD 4.

En la siguiente tabla vemos mejor esto (Datos sobre las elecciones generales del 2008):

PARTIDO Nº Votos Escaños
Ley D´Hont
Regla de tres Escaños
PSOE 11.064.524,00 169 159,7 160
PP 10.169.973,00 153 146,72 147
IU 963.040,00 2 13,87 14
CIU 774.317,00 11 11,15 11
PNV 303.246,00 6 4,37 4
ERC 296.473,00 3 4,27 4
BNG 209.042,00 2 3,01 3
CC 164.255,00 2 2,37 2
UPyD 303.535,00 1 4,38 4
NB 62.073,00 1 0,9 1
24.310.478,00 350
Fuente: El País. Fuente: Datos propios

Se hace entonces necesario reformar el sistema para que sea más justo, más cercano a la voluntad pupular y sobre todo, más controlador, puesto que si el reparto es proporcional las mayorías absolutas son francamente difíciles.

Ahora, lo que nos tiene que quedar claro es que este camino va a ser arduo y muy, muy difícil. Primero porque ni a PSOE ni a PP les interesa modificar el sistema (de momento) que tantos réditos les da y segundo porque para modificar el sistema, primero hay que modificar la Constitución que en su artículo 68 punto 2 establece que la circunscripción electoral es la provincia. Si no se modifica esta división da igual cómo repartamos los escaños que el sistema siempre será injusto. Habría 8 provincias con un solo diputado y seis más con solo dos, lo que significa que en 14 provincias mínimo no habría más representación que la de los partidos mayoritarios ( y en 33 más que probable). El artículo 68 de la Constitución fue un gol que los franquistas le metieron a los partidos de izquierda. Porque sabían que había muchas provincias con muy poca población y además en su mayoría rural que constituirían su “granero” de diputados. A este artículo de la Constitución hay que sumarle la reforma de la Ley Orgánica de Régimen Electoral General que establece que en cada provincia hay un mínimo de dos diputados (¡otro gol!) y el reparto (Ley D´Hont).

Para esta reforma hay que proponer cómo. Politólogos como Ramón Cotarelo proponen adoptar directamente el sistema Alemán. A mi (que soy un cualquiera) me gusta mucho más la circunscripción electoral por número de habitantes (1 diputado cada 134.000 habitantes independientemente de provincias, regiones o comarcas), con elección directa y con segunda vuelta si no se consigue más del 50% de los votos. Otra opción sería la de listas abiertas con circunscripción única en todo el estado. Esta es desde luego la más democrática y representativa, pero mientras no se pueda votar de manera electrónica, muy difícil de llevar a cabo puesto que habría que hacer una papeleta enorme para que cupieran todos los candidatos y elegir a dos o tres por persona (saldrían los 350 más votados). Y desde luego, lo primero a eliminar es el límite del 3% para que tus votos sean contabilizados.

Y por último está lo de arreglar el significado del voto en blanco. Una idea sería que si el voto en blanco supera el 20% se declarasen las elecciones nulas y por tanto habría que volver a realizarlas con otros candidatos.

Reparar en qué se hace con la abstención, no es necesario porque para qué esta se tuviera en cuenta, votar debería ser un derecho y un deber (obligatorio), con lo cual ya no habría abstención. Y si votar no es obligatorio, nunca puedes saber cuándo es por desidia o pasotismo y cuando por que nada de lo que se hace en política le interesa y no se vota como protesta.

El sábado, esto será una de las propuestas que haré en la asamblea de mi barrio.

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