A bandazos con los conductores

Andaba de puente por esas Españas rurales, dónde el teléfono es ya habitual pero la fibra y el internet un artículo de lujo, cuando el viernes escucho en la radio que el Consejo de Ministros ha vuelto, de nuevo,  a cambiar el límite de velocidad en autopistas y autovías a los 120 km/h de hace tres meses.

Nunca le vi razonamiento a la decisión de los 110 km/h. Sin embargo, estaba y estoy a favor de tal medida, porque apenas supone tiempo en grandes viajes (600 km = 20 minutos) y reduce drásticamente la siniestralidad en  las carreteras.

Desde luego, sigo pensando que el ahorro energético es un cuento chino, una milonga que sustentase una medida de cara  a la galería exterior. A la hijaputa y a los mercados les venía bien eso de que España se ahorraba 200 millones de euros diarios en petróleo.

Y digo que no me creo esa escusa barata porque, si hace tres meses se ahorraba y la medida era buena, no entiendo porque ahora la medida ha dejado de serla. Dice el SuperRubalcaba que el petróleo ahora está 20 dólares por debajo de hace tres meses. Pues puede ser pero la gasolina 98, que es la que mi coche debe de usar para que no se me joda, está cuatro céntimos más barata que hace tres meses. Y ahí tenemos la principal causa de la marcha atrás en la medida. El ahorro, que el gobierno dice que se ha producido, básicamente ha sido causado porque la gente ya no puede pagar la gasolina. Porque la gasolina se ha convertido en un artículo de lujo. Ahora suben la velocidad por dos razones. La primera que en los primeros días de julio, un tercio de España sale a la carretera y que el efecto psicológico llevará a apretar el pedal por encima de los 120. Los radares harán su particular agosto y las paupérrimas arcas del estado se llenarán a cuenta de las sanciones. Y la segunda es que, una vez eliminado el efecto psicológico de los 110, el conductor medio volverá a los 140 que solía y por tanto, el consumo aumentará y las arcas del estado también.

Parece que estos cantamañanas del PSOE son Pepe Gotera y Otilio y que encadenan ocurrencia tras ocurrencia. Y luego se preguntan por qué han perdido las elecciones.

Si a esto le sumamos la agonía que sobre el conductor producen las ya escolarianas obras de la A-1 (van ya para dos años y medio) con decenas de kilómetros cortados, por los que no pueden circular los vehículos, pero si los camiones de las obras, por los que se debe circular en un carril por sentido, mientras ves que de las decenas de kilómetros cortados, apenas se trabaja en un centenar, pues te acuerdas del inútil de Pepiño y de la madre que lo parió.

No se puede ser más inepto, ni dar más bandazos, ni dejárselo más a huevo a los del partido patrincar.

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