Una reforma torticera y unas explicaciones para estúpidos.

Apenas han pasado dos días desde que el PPSOE  mancilló en el Congreso de los DiPUTAdos, la Constitución Española de 1978, convirtiéndola (como en otras muchas ocasiones a lo largo de la historia de España) en una ley de unos contra los otros. Apenas han pasado dos días y el PSOE ya ha sacado a su artillería pesada a través de la radio del grupo de las PRISAS. El viernes noche, tuve que escuchar a un Padre putativo constitucional que no sé si por vejez o porque es así, quiso convencer a la audiencia radiofónica de que esta reforma es una nimiedad como la de 1992, (en la que se reformó el artículo 13.2 añadiendo “y pasiva”). Ese mismo Padre Putativo llamado Gregorio Peces Barba, quiso convencer también a los escuchantes de que, en esa Constitución no se le dio el papel primordial a la figura del Referendum porque en la época franquista hubo varios de ellos en los que, en algún caso, se tuvo una participación del 120%. Que es como si hubiera dicho que, la nueva ley electoral que discrimina la participación en las elecciones de cualquier formación política que no tenga ya diputados o senadores a no ser que presente un aval de firmas de un 0,1% del electorado, es debido a que Franco también hacía elecciones y manipulaba los resultados.

El domingo por la mañana, el democristiano Isidoro, salió a la palestra en la misma radio a explicar el porqué de la reforma y la necesidad imperiosa de la misma, porque, según él, el pago de los intereses de la deuda pública supone tanto como el gasto sanitario o educativo. Podríamos empezar diciéndole a Isidoro que la educación o la sanidad no es gasto sino inversión. Pero lo peor no es eso. Lo peor es hacerle creer a la población que no hay otra posibilidad. Lo peor es contarle a la población que la deuda pública es la única solución para financiar el déficit. Lo peor es hacerle creer a los tontos que el déficit sólo es posible financiarlo a través de deuda pública.

Decía Isidoro que no es posible que un país viva por encima de sus posibilidades (igual que lo dice El Babas). Y como ya he comentado, decía que el coste de los intereses de la deuda, supone lo mismo que el coste de la sanidad o de la educación. Pero no cuentan que es posible hacer que no haya déficit y que es posible hacer que no haya deuda pública. Y tampoco cuentan que en esta ecuación de Déficit=Gasto>Ingresos, se puede convertir en Déficit=0=Gasto=Ingresos subiendo los ingresos via impuestos. Ni tampoco cuentan que en España, los Impuestos directos han caído de forma estrepitosa hasta hacer que los que más tienen, apenas los paguen. Pero si dicen (como el atontado del meapilas Bono,) que bajar impuestos crea riqueza y puestos de trabajo. Pero no dicen que, cuando una renta de 300.000 euros pagaba casi un 50% de IRPF, había un 10% de parados y ahora hay un 20%. El PIB estaba entre los 10 primeros del mundo y ahora somos el 17. Eso es lo que no cuentan y son hechos.

Y siguiendo con el ejemplo que ponen de una familia, lo que han hecho con este cambio constitucional es lo siguiente: Si España es una familia, le han obligado por ley a que, para llegar a fin de mes, en lugar de buscar más ingresos vía salarios, préstamos de la familia o amigos, tenga que acudir a Cofidis o a la mafia siciliana. Y si España es una familia, las políticas de la Rancia, de Miss Feria Albacete y de todos los neoliberales, llevan obligando a vender sus muebles y a los negocios de los que la familia vive, para poder obtener un maquillaje puntual en las cuentas familiares.

Esta reforma Constitucional, no es una nimiedad como nos quieren hacer ver, sino un ataque al “Estado social, democrático y de derecho”. Un ataque al estado social porque vienen finiquitando ayudas y pensiones y porque nos están dejando sin sanidad y sin educación pública. Un ataque al estado democrático porque torticeramente se han puesto de acuerdo los dos grupos cuya política esencial es la misma olvidando al resto de ciudadanos y al pueblo en general. Y un ataque al estado de derecho porque los ciudadanos nos vemos impotentes ante la injusticia, ante el tejemaneje de los políticos y ante las canalladas.

Día a día se hace más latente y se demuestra aquello que cantábamos el 15M (que yo me resistía a cantar, pero que hoy me sale de dentro) “que no, que no, que no nos representan, que no.”

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