Un cesto con indeseables mimbres

Según los expertos en estadísticas, dos de cada tres españoles piensan que no se deben producir recortes en educación y que las medidas llevadas a cabo por los gobiernos de Doña Rancia y su MISERABLE Consejera de la escuela privada, y por otras autonomías gobernadas por la banda de los trileros, provocarán un descenso en los niveles educativos y una mayor desatención a los alumnos.

Esos mismos expertos, dicen que cuatro de cada cinco españoles creen que la sanidad actual carece de medios suficientes para una prestación de calidad, sobre todo en atención primaria y a la hora de reducir listas de espera.

Sin embargo, dos de cada tres españoles no quieren ni oír hablar de una subida de impuestos para poder atender como es debido los sistemas públicos de educación o salud.

Este es un país con el mayor número de indeseables por metro cuadrado. Un país donde el deporte nacional es el pillaje y el Lazarillo de Tormes el héroe por antonomasia, no puede llegar a menos (¡o si!). Un país con un 24% de fraude fiscal y casi un 40 % de economía sumergida, dónde el IVA lo pagan los tontos, todo el mundo conoce a alguien que cobra el paro de forma irregular o la heroína (no la droga, sino la cuadrúpeda humana) es una analfabeta integral, (una choni, que llaman ahora los jóvenes) con el mérito cum lauden de haberse acostado con un torero que casi no sabe leer, hablar como un carretero y contar su vida por TV. (Esta tiparraca, por ejemplo, dijo el otro día en esa cadena con los telediarios del “Caso” es decir, telemierda, ante la acusación de que su marido cobraba el paro de forma irregular que, todo lo que la ley permita, hay que cogerlo. Da igual si es moralmente aceptable o si se hace con trampa. Pero lo peor es que el 90% de la población apoya esas actitudes).

Como dirían en mi pueblo, con esos mimbres, no se pueden hacer mejores cestos. Si el país dónde más libros se imprimen, resulta ser uno de los que menos leen. Si la gente compra libros por colores para usarlos como decoración, si la media de horas de TV supera las cuatro al día, si el interés por la política es nulo, si, por el contrario el fútbol, la F1 o todo aquello dónde actúe un compatriota provoca actitudes agresivas contra los que disienten, si la envidia es el gen más característico de nuestro pueblo, si los ladrones, trileros, corruptos, prevaricadores y comisionistas son los ídolos a imitar, no es extraño que personajes como Doña Rancia, El Babas, el Curilla y toda su banda puedan ganar una elecciones.

Por eso, no me extraña lo más mínimo que alguien con la inteligencia de una gallina, la cara de una tortilla de tranquimazin, y los morros de la Lewinski, haya llegado a ser Consejera. Ni tampoco me extraña que, quién se parece a la sobrina del cura del pueblo, tema que, quienes somos cívicos ciudadanos, nos comportemos como la hacía su señor padre en la catequesis.

Por eso, no me extraña que haya quién, siendo un parado, sin nada que perder (salvo su propia vida), quién ha estado cobrando el paro y todos los subsidios hasta agotarlos, quién se acoge a las ayudas que PAGAMOS TODOS A COSTA DE NUESTROS IMPUESTOS, crea que, quiénes declaran rentas que la mayor parte de los mortales no llegaremos a tener ni en tres vidas que pudiéramos vivir, vayan a gobernar pensando en ellos y en contra de quienes les han llevado a esa situación.

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5 comentarios en “Un cesto con indeseables mimbres

  1. Estos mimbres que refieres no votan a favor de nadie sino en contra de quien creen causante de sus desdichas. Si los votos fueran dardos y las urnas monigotes representativos de las figuras de nuestros próceres, podríamos comprobar quien recibe más pinchazos.
    Estos mimbres no se paran a reflexionar que la causa final es el sistema y eso es lo que hay que cambiar si no queremos ser esclavos. Falta un Espartaco que aglutine descontentos.

  2. No me fio yo mucho de caudillos que torticean la voluntad popular y la convierten en la suya propia. Pero si es cierto que hace falta despertar culturalmente a quienes sólo creen lo que dice la tele.

    Salud.

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