Los servicios públicos no son gratis. Son nuestros.

Uno de los pilares de manipulación más importante del economista libero fascista (neoliberal o medieval), es hacer creer a la gente que los servicios públicos son una especie de beneficencia que concede el rey, dios o los propios señores del dinero. Nos hacen ver que son gratis y que por tanto es algo que se nos da porque los políticos son generosos y que, la mayor parte de nosotros, cogemos con el ansia de los pobres, para malgastarlos.

El otro día, en el programa del Follonero, salía un tal Pedro Schwartz (economista neoliberal dónde los haya) que ponía el ejemplo de un puesto de legumbres que fuera propiedad del estado. Las legumbres se pagarían de nuestros impuestos y por tanto “serían gratis” (eso decía él). Por tanto, cuando fuéramos al mercado, en lugar de pedir el medio kilo de garbanzos que necesitamos para el cocido del día siguiente, cogeríamos cuatro o cinco kilos porque es gratis aunque se echaran a perder.

Claro que este supuesto parte de varios errores. Si se paga con nuestros impuestos, no es gratis. Y además, no sé porqué los liberales piensan que la gente hace uso indebido de lo que es de todos. Quizá sea por esa afición suya a llevarse lo que no es de ellos, a apropiarse de lo que es de todos y a hacer negocio con lo público.

Quizá alguien podría pensar que al igual que los abuelos hacen colas interminables para recoger una lechuga o dos kilos de patatas cuando los agricultores las regalan como protesta en cualquier calle de Madrid, van al médico todos los días por el simple hecho de que el servicio no les cuesta nada. Yo no creo que nadie vaya al médico por gusto. Y si es verdad que algunos de nuestros mayores se sienten tan solos que aprovechan cualquier ocasión para contarle sus penas al primero que se ponga por delante, también lo es que, en las ocasiones en las que he ido a un ambulatorio de la SS, no hay más personas mayores que de mediana edad.

Otra de las medias verdades que se cuentan es que los ancianos hacen un uso masivo e indebido de las medicinas porque son gratis. Quizá hay o ha habido algo de cierto en ello. Pero no es causa de la gratuidad sino de la mala gestión. Los ambulatorios están saturados, los médicos ven más pacientes de los que deberían y en muchos ambulatorios se hacen recetas sin ver al paciente para que así no colapse las consultas. Son los llamados buzones de crónicos dónde el anciano o un familiar echan una fotocopia del historial con las medicinas que necesitan.

Pero, anécdotas aparte, la realidad es que nadie va Urgencias a pasar la tarde (como pretenden hacernos creer por ejemplo los del 4% en Cataluña o Doña Rancia en Madrid) y TODAS las prácticas abusivas finalizarían si los ambulatorios estuvieran dotados del personal suficiente y si existieran más asistentes sociales que se ocuparan de nuestros mayores, más plazas en Centros de Día y en residencias públicas. Poco a poco se han ido cargando todos esos servicios y ahora van a por el REPAGO, y lo que es peor y es su finalidad: la sanidad privada. Quién tenga dinero tendrá sanidad y quién no, pues a la beneficencia.

Mucho más cuidado hay que tener si hablamos de educación, gratuidad y servicio público. Ayer comentaba aquí Apolíneo que quién no estudia y aprovecha lo que la sociedad le concede, no debe tener la oportunidad seguir disfrutando de la gratuidad y de la educación. Quién así opina, se olvida de que la educación no sólo es un servicio público sino un derecho. Un derecho que debemos de prestarle aunque no quiera. Primero porque eso le hará mejor persona y segundo porque evitará costes al estado en el futuro. La educación  es el pilar sobre el que se fundamenta la libertad del hombre. El saber nos hace libres. La ignorancia, sin embargo, nos hace dependientes, temerosos, supersticiosos y poco juiciosos. Por eso es importante que la educación sea OBLIGATORIA, GRATUITA y UNIVERSAL para nosotros y todo lo contrario para quién se dedica a la extorsión a través de la política.

Por último, quiero recordar que, quién proclama que la empresa privada gestiona mejor, no sólo está mintiendo, sino que está maquillando la verdad. Los servicios públicos no deberían tener como objetivo la rentabilidad sino el bienestar de las personas. Y algunos recordamos todavía el servicio que daba Telefónica cuando era pública y el nefasto que da ahora o, cómo era el trato y los servicios de la extinta Caja Postal y los que ahora nos cobra el BBVA.

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11 comentarios en “Los servicios públicos no son gratis. Son nuestros.

  1. Tu post explicativo resalta el hecho de que hay que informar a los deformados, hacer ver a los manipulados, que el engaño, la manipulación, vienen con la TDT, a través de las ondas y con el papel prensa.
    Una ciudadanía formada, podría tener su propio criterio tras analizar las deformaciones que le presentan y aplicar un poco de materia gris para formar su opinión. No la que le regalan los “todólogos”.
    Lo que parece claro es que estamos a punto de que se concluya un plan que lleva una década ejecutándose.
    La educación (instrucción) de las personas produce ciudadanos. La ignorancia, súbditos.

  2. Me molesta, y no sabes cuanto, que hayas escrito esto. Parece que me lo has robao del disco duro.
    Cabrón.

    En serio, muy bueno, Celemín. Redondo. De principio al fin.

    Salud, República y más pan.

  3. Osea: Eso justamente es lo que vengo recalcando, la educación hace pensar y quién piensa se pregunta qué es lo que está bien y qué está mal. Los borregos aceptan lo que les “echan” como los cerdos la comida. Y aquí no se habla de si lo bueno es una cosa o la otra. Se habla del voto sin sentido, sin reflexión y por el mero hecho de que lo dice la TV.

    Salud y gracias por leer y comentar.

  4. Antoñito: Gracias. Ya se que a los amigos les perece bien. Pero desearía que también les pareciera a los que no piensan como nosotros, que sirviera de reflexión y sobre todo para “despertar” a esa masa narcotizada y parada.

    Salud y gracias, amigo.

  5. Mucho me temo que este pais en que las masas todavia arrastran un analfabetismo cronico ,la mayoria tan solo hojean los diarios deportivos con el aborregamiento consiguiente ,este pais volvera a gritar VIVAN LAS CAENAS
    Ni republica ni escuelas Otra vez por el imperio hacia dios

  6. Ese personaje que vimos con el follonero, y que soltó tantas sandeces, es hermano de Fernando Schwarzt; estuvo presentando hace algunos años un programa de primera hora de la tarde en Canal+ junto a Ana Sineriz. Bien, pues mis años me permiten recordar que en la primera expropiación de Rumasa por parte del Gobierno de Felipe González aparecía (Fernando) en primera plana del ABC del día siguiente diciendo que la única explicación que tenía que dar el gobierno a la expropiación era la dimisión en pleno del mismo.
    Tendríamos que empezar a pedir cuentas a toda esta casta de impresentables que tan poco rubor tienen en defender sus privilegios con argumentos insostenibles.
    Salud y gracias de nuevo.

    • Ese dato, Enrique, lo he omitido (el ser hermano de Fernando Schwarzt,) porque, sobre Fernando no tengo datos objetivos (aparte de ser presentado de “Lo más Plus” y escritor del que he leído un par de novelas flojas pero entretenidas.

      Lo que si me pareción es que este señor era bastante estúpido y poco consistente en sus posiciones. De hecho, cuando la señora a la que Jordi presentó después, le puso sobre las cuerdas, acabó diciendo que no quería discutir y que tenía que irse.

      Y ya que hablamos de TV, ayer salió en el hormiguero otro impresentable noeliberal contando el cuento de caperucita. ¡Es que hasta en los programas de entretenimiento manipulan a la gente!

      Salud.

  7. Ni entonces ni ahora compraba ese panfleto, pero aquel era un día para mirar todas las portadas.
    Sería maravilloso bucear en las hemerotecas y resaltar la cantidad de estupideces que han soltado a lo largo de los tiempos recientes toda esta panda de adoradores del dios dinero y poder restregárselas y ridiculizarlos, aunque sospecho que con la caradura que tienen ni se ruborizarían.
    Salud.

  8. Estimado Celemín:
    Por alusiones, y tras leer los nuevos artículos publicados (que por cierto me parecen interesantes a la par que intelectualmente estimulantes), me gustaría de nuevo discrepar contigo en el uso de los recursos.
    Nadie mejor que los que partiendo de cero nos hemos labrado un porvenir poco a poco con la única ayuda de la educación para exigir que la educación sea pública y por supuesto gratuita. Ahora bien, obligatoria sí, pero con límites.
    Y es que no puedo por menos que sentir ira y repudio cuando pienso en que la obligatoriedad de la educación para algunos vagos y diletantes podría haber supuesto el lastre y posible fracaso intelectual de la generación a la que pertenezco.
    Que sea obligatorio, lo entiendo, pues hay que dar la oportunidad de acceder a la cultura y libertad hasta al que no la demanda, probablemente por desconocer la relación entre ambos términos; pero que sea obligatoria hasta el punto de tener que salvar al que insiste en saltar por la borda una y otra vez… no señor!
    No hay argumento más capitalista y menos social que lastrar la educación como se ha hecho en los últimos 15 años, con insuficientes recursos, reducciones de personal, y alumnos en exceso, negando la posibilidad de progreso a aquellos cuyo afán de superación les impulsa a luchar por ello.
    Por este motivo el que quiera saltar del barco repetidas veces debe poder hacerlo, para que los que quieran permanecer a flote también puedan.
    Este argumento (que a tenor de tus textos me consta no te convence en absoluto) no afecta a los “señoritos” de todas ideologías, cuyos papás abonarán el importe completo de su educación en centros alejados de tales problemáticas.
    Si de verdad el pueblo quiere luchar por una salida al problema, el que reme en contra deberá dejar de remar, o saltar del barco. No se puede ganar una carrera contra un barco a motor con una barca pequeña, con pocos marinos a la que encima lastremos sobremanera.
    Como conclusión: educación pública, gratuita, y obligatoria, pero con un límite, como ocurría antiguamente, cuando los suspensos eran suspensos y los que los tenían se estancaban en un curso.
    Cuando seamos capaces de tener el doble de personal docente, el doble de colegios y escuelas públicas, y el doble de recursos que ahora mismo, a lo mejor nos podemos permitir habilitar espacios para que la gente sin interés se dedique a “no aprender” sin afectar a los deseosos de educarse. Por ahora la solución menos mala es ayudar a los que quieren, que bastante difícil lo tienen ya para competir con los que tienen.

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