El cuarto poder de la injusticia

España sufre de injusticia. Escuchaba el sábado pasado en la radio a dos abogados defender la independencia del poder judicial y asegurar que en el día a día la justicia no es tan mala como el ciudadano cree y que lo peor de los jueces es que pensamos que están politizados. También aseguraban que según las encuestas, quienes han pasado por el juzgado valoran mejor a la justicia que quiénes nunca lo han pisado.

Sólo he tenido una experiencia como testigo de la Comunidad de Propietarios y la verdad es que, a pesar de que nuestro abogado no era el que habíamos contratado sino un socio que no sabía de qué iba la demanda contra la comunidad, que se llevó la charla del Juez por no tener anotadas las páginas de las pruebas en un sumario de casi mil hojas, y que no tenía ni idea de lo que estaba pasando, a pesar de eso, la Comunidad ganó tanto el juicio como la apelación. Pero es que el demandante era tan estúpido que el mismo declaró contra lo que reclamaba en el propio juicio. Por tanto, no había dudas sobre lo que era justo.

Tuve una experiencia extrajudicial con un juez, que me quiso acusar de desacato y eso que él estaba en su casa y yo trabajando. Pero el buen señor, parece que no estaba acostumbrado a que le llevasen la contraria. Al final, parece que me libré de la condena, porque el tipo estaba muy “ocupado” en otros asuntos y se le debió olvidar llamar a mi empresa para preguntar por mis datos.

El caso es que, a pesar de ser uno de los que ha ganado el único juicio al que ha asistido, no tengo buen concepto de la justicia en este país. Y no tengo buen concepto, porque a lo largo de mi vida profesional he conocido varios jueces a cada cual más facha, más arrogante y más intransigente. Personas acostumbradas a que les sirvieran y que se hiciera lo que ordenaban y que no admitían un no por respuesta. Y si bien es verdad que han pasado ya varios años desde esas experiencias, los últimos sucesos acaecidos en este país, me hacen refrendarme en la opinión de que la judicatura es un gueto de personajes acomodados, añorantes muchos de ellos de tiempos pasados que están acostumbrados a que nadie ose toserles encima. También creo que en los casos cotidianos entre personas normales y de similar estatus, quién se lleva el gato al agua es el que contrata al abogado que más conoce al juez.

Pero no creo que haya justicia cuando un juez “ayuda” a redactar una demanda para que sea admitida a trámite. No creo que haya justicia cuando se procesa a un juez por prevaricación, alegando que los hechos denunciados son de interés general y que hay muchos perjudicados y se omite que, lo que ese juez quería investigar, era precisamente los miles de asesinatos cometidos por personas con la misma ideología que los demandantes.

Tampoco creo que haya justicia cuando se absuelve a dos policías por abusar de su condición de agente de la ley y escudarse en su uniforme para asestar varios golpes a personas indefensas e inocentes. Y más cuando hay imágenes que demuestran claramente lo sucedido. Golpes que de haberlos propinado un civil, habrían sido condenados a varios días de arresto domiciliario y a multas de varios cientos de euros.

Tampoco creo que sea un veredicto imparcial que quién quebranta la ley sea absuelto aunque sea policía. Y los policías que no van identificados como manda la legalidad vigente, están quebrantando la ley.

Por último, y aunque en este caso nada tiene que ver con el poder judicial, si es un caso de injusticia, el que a una persona que participa en una asamblea del 15M y que nada más empezar dice que habla en su nombre y sólo en su nombre y a título particular y que, aunque anuncia su condición de policía, no hace ni dice nada punible conforme al reglamento, se le condene a cinco días de empleo y sueldo y encima se quiera hacer ver que han sido indulgentes porque le podían haber suspendido seis meses. Claro que la mayor parte de la prensa ha omitido que esta falta grave le va a suponer no cobrar el plus al que debería tener derecho por haber cumplido veinticinco años como policía.

España, sufre una ola de fascismo. Los que tenemos edad para recordar lo que pasaba en los años setenta, nos sentimos como si hubiéramos viajado al pasado. Como si Franco continuara muerto, pero caliente. Como si la “clandestinidad” siguiera candente y ahora en lugar de en casa de amigos uno se reuniera ilegalmente en internet. Las crisis son abono para los movimientos fascistas y en un país como este, donde la iglesia tiene un poder que para sí quisieran los laicos, donde la televisión es la única ventana a una realidad inexistente para cientos de miles de ciudadanos que se creen todo lo que allí ven y que encima está copada por varias decenas de canales cuyas directrices ideológicas serían ilegales en media Europa, dónde el intento de democracia pasó por una transición de seguimiento con lo establecido en lugar de la ruptura, no podemos esperar que el pueblo piense por sí mismo ni que sea capaz de ver lo que le están haciendo.

La justicia, no sé si debe de ser justa, pero al menos debería ser imparcial y estar despolitizada.

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4 comentarios en “El cuarto poder de la injusticia

  1. Me parece que fue ayer y han pasado muchos años. Cayó en mis manos la obra de Lewis Carroll “Alicia en el pais de las maravillas” y recuerdo que cuando alguno de los personajes osaba no acatar los caprichos u órdenes de la malvada REINA DE CORAZONES , ella gritaba fuera de sí: “¡¡Que le corten la cabeza!!”.

    Los aconteceres que a diario nos “sorprenden” y que describes en tu escrito de hoy, me retrotraen a esas imágenes que para una mente apenas adolescente eran difíciles de asimilar. Eran la maldad llevada a límites insospechados.

    Hoy, casi estoy curado de esa candidez y para ello he caminado en el desamparo, ignorado muchas calamidades humanas e intentado salvar los muros y precipicios impuestos por la conciencia. Aún así, me duele el alma al contemplar cómo las instituciones, entre ellas los poderes judiciales, siguen impregnados del desagradable y apestoso tufo emanado por esos salvapatrias recalcitrantes que exhiben sus “argumentos disuasorios” cada vez que alguien se atreve a ordenar los estantes.
    De esta manera, la Justicia nunca puede comportarse de forma imparcial.

    Salud y dignidad.

  2. Es evidente amigo, que el tufillo nos llega de igual forma. Y no somos los únicos, aunque haya gente “apolítica” que pase de todas estas formas de injusticia.

    Es un placer, amigo. Salud y gracias por participar.

  3. España, país adormecido y aborregado, que se traga cada día programas del hígado ( no, el corazón es mucho más hermoso que esa mierda que ponen en las sobremesas ) y partidos de fútbol, que no sale a la calle si no es por una victoria del equipo local o de la selección, con siglos de dirigentes inútiles y crueles, desconecedor de su historia y por tanto condenado a repetirla… ese es nuestro país, nuestra España.

    • Tal cual, Agustín, tal cual. Y ahora, hasta volverán a adoctrinar en las escuelas. ¿Que no quieres religión? no te preocupes que le meteremos a tu hijo nuestras ideas a base de la educación cívica. (Que incluso se llama igual que cuando franco).

      Salud, borregos y televisión

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