Injusticia

El miedo es el medio en el que se propaga el adormecimiento de las masas. Las mentiras son la forma en el que se manipula la opinión pública creando pensamientos favorables a los manipuladores. La radio, la prensa y sobre todo, la televisión es la forma de propagar esas mentiras y de crear opinión. Pero siempre, en toda sociedad hay quién se da cuenta de todo eso y se convierte en díscolo. Cuando ese díscolo es desconocido y está solo, se le deja que diga lo que quiera como prueba de “libertad democrática”. Si ese díscolo se asocia con otras “moscas cojoneras” y sobre todo si se vuelven peligrosos contra el manipulador, entonces, se vuelve a utilizar el miedo como manera de amedrentar en forma de porras, multas, maderos vestidos de robocop, y asociación de imágenes, de tal forma que están inculcando en el subconsciente del resto de la sociedad mediante la manipulación visual y la adición de conceptos que se visten así porque los ciudadanos cabreados no son tales ciudadanos, sino terroristas muy peligrosos.

Cuando el díscolo pasa a tener notoriedad y un cierto número de seguidores y se vuelve peligroso, entonces se utilizan los medios legales manejados por los proclives al manipulador, como forma de quitarlo de en medio. Todo se hace de manera que la interpretación de la ley, sea favorable a quién manipula. Hay miles de artimañas: retardo de los procedimientos hasta su prescripción, jurados populares escogidos entre los de una comunidad con mayorías de pensamiento afín al manipulador y en último caso, mediante personas afines colocadas estratégicamente en aquellos puestos de decisión sobre las conductas de los díscolos. Fijaos que una de las cosas que dice la sentencia contra Garzón es que utilizaba las mismas tácticas que utilizan las dictaduras para obtener las pruebas. ¡Hombre, los que le han juzgado conocen bien las estrategias de los dictadores, pero es el colmo acusar a quién quiso juzgar al enano asesino y a sus adláteres por crímenes contra la humanidad de usar sus mismos métodos!

Durante ocho años, el Partido Patrincar no ha tenido ninguna prisa en la renovación de los cargos del Tribunal Constitucional, del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder Judicial. Y no lo tenía porque estaba en minoría. Sólo cuando el partido mayoritario aceptó los candidatos propuestos por los trincosos (que por supuesto le eran afines) se pudo renovar parte de esas instituciones. Ahora, en mayoría absoluta, tiene prisa por nombrar a los suyos.

El sentido común es algo en boca diaria del Babas y sus secuaces, aunque ellos no tengan nada de sentido y menos de común y sobre todo cuando éste gira en torno a la idea del enriquecimiento y del negocio. Pues bien, las sentencias pueden ser favorables o desfavorables, pueden estar bien redactadas o mal redactadas pero una sentencia no puede ir en contra del sentido común.

Los que están a favor de la sentencia del Supremo contra Garzón (que casualmente se autodefinen como apolíticos pero votan a la derecha) y no son Hooligans, dicen que ésta es justa porque la sentencia argumenta  que nadie puede usar medios ilegales para obtener pruebas contra los culpables, por muy culpables que sean. Pero olvidan que las escuchas se produjeron porque tanto los encarcelados como los abogados estaban siendo investigados y que ambos formaban presuntamente parte de la trama Gürtel. Y olvidan lo más importante, que no hay ninguna jurisprudencia española que impida a un Juez ordenar una escucha, ya sea en la cárcel, en el juzgado o en el despacho del abogado.  Por tanto, admitiendo que Garzón es un mal juez instructor porque sus sumarios se han deshecho como castillos de naipes, no puedo estar de acuerdo con una sentencia dictada por jueces que además de jueces son personas que han demostrado sobradamente estar ideológicamente junto al manipulador. No puedo acatar una sentencia que va contra el sentido común de la mayoría de las personas de bien. Es más, incluso la propia sentencia machaca los propios argumentos por el que se le ha inhabilitado. Nadie puede usar cualquier medio, ni siquiera los jueces, para encontrar culpable de prevaricación a quién ha negado la misma y no ha podido demostrar lo contrario. Porque eso mancilla la presunción de inocencia. A Garzón se le ha condenado sin pruebas, mientras que, por ejemplo al de los trajes se le ha dejado libre por la misma razón.

Pero lo peor de todo viene cuando, apoyándose en estas estratagemas inaceptables, encima se vienen arriba y arrasan con su hedor verborreico y proclaman su inocencia (cuando no ha quedado demostrada) como en el caso del Curilla o proclaman su tremenda alegría y comienzan a reírse del opositor como ayer tarde hizo la hija de Belcebú, Doña Rancia. Cuando se escondía detrás de unos calcetines medio raídos dejando en peligro a sus asesores en un tiroteo en la India, rezumaba compasión y piedad. Cuando salía pálida como la nieve del helicóptero estrellado, aparecía compungida y llena de miedo. Cuando hacía el paripé con una mierda de bulto diciendo que tenía cáncer y para ello se saltó todas las listas de espera y semicerró media planta de un hospital público para que le extirparan el quiste, solicitaba solidaridad. Quién no sabe dar, no puede esperar recibir y varemos cuanto ríe el día que la horma de su zapato le apriete su mala baba hasta reventarla. Sólo los cobardes se sirven de sus matones para amedrentar a sus enemigos.

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2 comentarios en “Injusticia

  1. Estamos como una rebaño de ovejas, asustadas y metidas una contra otras, con los lobos rondando y los mastines sin enterarse.
    O nos hacemos fuertes y somos como búfalos o esto a va a ser una auténtica carnicería.

    Sigo con la convicción de que podemos con ellos. Somos más y tenemos razón.
    Salud y fuerza para vencer.

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