Fe, sufrimiento y abismo

La idea del sufrimiento para conseguir la felicidad eterna es algo que la iglesia católica lleva publicitando desde tiempos inmemoriales. La doctrina católica dice que hay que sufrir en este mundo para poder conseguir el cielo eterno. La prohibición de comer carne en cuaresma, la condena de tener que aguantar a un marido borracho, maltratador o ambas cosas, el recomendar aguante ante las injusticias, son simples formas de inculcar que el sufrimiento nos hará felices en una vida posterior de la que nadie sabe nada, ni siquiera si existe. Y como prueba de la existencia de esa vida siempre dicen lo mismo: fe.

No es de extrañar pues que, alguien que desde pequeño ha estado en los pucheros eclesiásticos, que sabe lo que es llevar el sufrimiento de un armario cerrado y pesado, de tener que actuar para mezclarse entre la mayoría, nos anuncie que este año será muy malo y que los sufrimientos que padecemos y que padeceremos con mayor intensidad después de que las medidas contra la población pobre y parada no afecten al resultado electoral en Andalucía, se verán recompensados en un futuro de crecimiento económico y de vida placentera dónde aunque el trabajo te dure tres días, no tengas derechos y te paguen la voluntad, serás eternamente feliz.

Claro que la iglesia católica siempre ha emitido bulas, que permitieran a quién tenía dinero saltarse la cuaresma o anular matrimonios por no consumación después de que la mujer hubiera parido dos hijos del marido. Cuando los pecadores levantaban la voz contra esas injusticias, siempre se acudía lo mismo: la fe.

Tras no sé cuantas reformas laborales (creo que esta última es la tercera de la época crisiana), tras no sé cuantos rescates bancarios, tras haber convertido la educación y la sanidad pública en corrales dónde se despachan enfermos y se guardan chavales, tras rebajas salariales hasta convertir los salarios en limosnas, tras las subidas de impuestos indirectos, tras haberle echado la culpa de todo a lo público y sobre todo, tras ver que las medidas propuestas solo crean pobreza, paro y miseria, insisten en sus medidas empobrecedoras económica y socialmente pero que a ellos les devuelven el derecho a tener siervos y el de la propiedad sobre las viviendas y las vidas de las personas. Cuando los pecadores que no creemos en esta dictocracia, nos revelamos ante lo que consideramos un timo global, nos dicen siempre lo mismo: fe.

Pero aunque la fe mueve montañas, la injustica las separa y cuando esto sucede y la vida se convierte en un calvario, la única fe que vale es la de la rebelión, la de la protesta y la de la justicia social. Justicia y bienestar no se consiguen con el trabajo de los pobres en condiciones infrahumanas. Justicia y bienestar se consiguen luchando, haciendo que el miedo revierta hacia los señores hasta su desaparición total. Nunca la vida te regala nada y en estos tiempos de individualismo, egoísmo y salvaguardia, mucho menos. El bienestar es solidaridad, comunidad, confianza en los demás y sobre todo igualdad.

MEDITACIÓN PARA HOY

La dictocracia que padecemos tuvo ayer en  el  Congreso de los Diputados un nuevo dislate. Resulta que los representantes de 850.000 votantes no son lo suficientemente “legales”, “responsables” ni  “representantes de primera división”. Y por eso, a esos representantes se les ha negado el acceso a la comisión de secretos. La verdadera razón se esconde en los propios secretos que de conocerse, levantarían más manifestaciones que la justa  indignación de la falta de recursos y calefacción en los colegios valencianos. Este país, cada día tiene más semejanzas con el gobierno de los años sesenta. La democracia es una simple anécdota y la dictocracia nos invade y no nos deja respirar.

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6 comentarios en “Fe, sufrimiento y abismo

  1. Yo soy hombre de poca fe. Al menos de ese tipo de fe que describes con maestría en este pensamiento que expones.
    Tuve algo de fe cuando recién estrenada la adolescencia leía a Jose Luis Martín Vigil. Hasta llegué a pensar que se trataba de un autor preocupado por los problemas sociales que acaecían en aquellos lejanos años cincuenta y sesenta: “Una Chabola en Bilbao”, “Los Curas Comunistas” o “La Vida Sale al Encuentro” con la hermosísima, entonces, playa de Salinas como escenario. Fue un espejismo, ya que enseguida descubrí a otros autores “clandestinos” que me abrieron los ojos. Como en la hoy olvidada canción de un grupo llamado “Los Pasos” de título “Tiempos Felices”, en la que el protagonista también perdió la fe. Yo, ya no la recuperé.

    Y perdí la fe porque se peleaba en las calles con el vigor juvenil de la época estudiantil y cada día te pegaban más duro. Se peleaba en la fábrica y te tapaban la boca los “verticales”. Se fueron consiguiendo logros, sí, pero a base de palos y de perder a muchos por el camino.

    Nos hicimos mayores y no recuperé esa fe al comprobar que el continuismo en la pelea dejó de intersar a las nuevas generaciones. Nadie levantó la voz cuando se constató que el endeudamiento de las familias españolas superaba el endeudamiento del Estado. Se han permitido y se permiten políticas de austeridad presupuestaria que desde que son aplicadas han empeorado los resultados de la economía nacional, disminuye la demanda y el consumo interno y por tanto aumenta el desempleo que ya está en cotas alarmantes. Y España se calló, se sigue callando y vota a “Guatepeor”.

    El aumento del gasto público crea empleo, crea riqueza, estimula el crecimiento y sirve de motor al resto de la economía.Un sindicalismo fuerte y organizado aumenta los salarios y la capacidad adquisitiva de las clases populares y eleva la demanda doméstica. Que se apliquen estas fórmulas, que se dificulte al máximo el desarrollo de prácticas especulativas por parte de la Banca y que se organice una progresividad fiscal llegando hasta un 90% en las rentas de las grandes fortunas y patrimonios, debe de ser la PRIORIDAD absoluta de los gobiernos democráticos.
    Toda la vida he creído en ello y lo seguiré haciendo a pesar de que la Señora Merkel y el señor Rajoy hagan lo imposible por convencerme de lo contrario. Si fueramos muchos, podríamos intentar decirles que NO.
    Y este es el tipo de fe que aún conservo y que he intentado enseñar a mis hijos ; considero y respeto a los que la aprecian como virtud teologal, pero a mí como tal, no me interesa.

    Salud y dignidad.

    • Esa fe que tu expones no es tal fe, es esperanza. La fe es lo que usan los demagogos para explicar lo inexplicable.

      Por lo demás, has descrito el camino de la lucha obrera y el dejadez y apatía del mundo actual.

      Salud, amigo.

  2. Echan mano de la FE, los mentirosos y los que tratan de idiotas al pueblo.

    Fe, en lugar de razón.
    Esperanza, para que no se proteste por el mal trato presente.
    Caridad, en lugar de justicia.

    Saben mucho los sinvergüenzas. Con estas tres virtudes (?), que el pobre ignorante cree son buenas, joden al personal y se reservan el poder y las riquezas para ellos.

    Besos

    • Si Luna, si, la fe se usa para apaciguar a los estúpidos, a los que piensan que la vida es predestinación y que todo es inamobilbe.

      Besos, Luna.

  3. Gran artículo!
    sólo se me ocurre recalcar un aspecto fundamental, la importancia que siempre tuvo la falta de educación de la plebe para apoyar la FE tradicional se está retomando con fuerza ante la caída del poder de los dioses al uso. El objetivo permanece, por un lado mantener el sentimiento de culpa (si no eres “empleable” es por que no te has esforzado lo suficiente, desaparece sin molestar) y por el otro mantener al máximo posible de personas lo más cerca posible de la miseria, asustadas, para que por instinto de supervivencia traguen lo necesario por sus cachorros. Tanto empeño en la “familia tradicional” no es gratis, que los pobres se mantengan unos a otros como puedan, como dios manda!. 😉
    Un abrazo!

  4. Pues si, excéptico. la fe va muy unida al miedo. El miedo es el nexo de unión de la sumisión y la fe lo que explica lo que ni entienden ni se paran a pensar la naturaleza de la situación o decisión. El que más miedo mete es el que se lleva el gato al agua y desde la caída del Muro d Berlín, sólo meten miedo los liberales.

    Salud, amigo.

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