Based on a true history

Araceli miraba por la ventana del despacho de la sexta planta. Fuera, el calor de un agosto tórrido derretía el asfalto. Eran poco más de las diez y media y en la calle Santa Engracia muy poco tráfico y ningún peatón. A lo lejos un coche de bomberos se acercaba al parque cercano. Araceli observaba mientras reflexionaba. No podía creer lo que acababa de leer. No podía ser cierto. Volvió a coger el sobre y repasó la lectura ahora poniendo mucha más atención. Cuando acabó, su preocupación se acentuó. No había leído mal. Todo lo que le preocupaba estaba escrito en esa carta. Dejó de nuevo el envío sobre el escritorio y se fue a la máquina del café. Debía meditar bien los siguientes pasos porque seguía sin poder creer lo que había leído.

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19 de Diciembre de 2008. Anochecía en la calle Capitán Haya. Mucho barullo en la entrada del Restaurante. Al fondo, mujeres de color ligeras de ropa, paraban a cuantos viandantes caminaban junto a ellas. Araceli departía con Antonio y Conchi, dos de sus compañeros de trabajo. La conversación era una especie de hilo musical que está sin estar y al que no prestas atención. Porque Araceli no estaba. Su vestido rojo bermellón, su elegante e insinuante escote, su chal y sus zapatos a juego posaban frente a Conchi y Ramón. Pero Araceli vivía el tiempo de después, el momento en que Don Ignacio llegaba a la fiesta de navidad de la oficina. Vivía el instante en el que, a solas, le informarba de todo aquello que leyó sin querer en el mes de agosto y que la estaba reconcomiendo porque tres meses después se había cumplido punto por punto. Vivía el momento en el que el partido le daba las gracias por su rectitud y ponía en conocimiento de la fiscalía las conductas corruptas de Belén y Adrián. Y seguro que su denuncia tendría repercusiones. Estaba muy ilusionada y esperanzada con ello. Ella siempre había servido al partido y creía en su ideario. Y no podía tolerar que las manzanas podridas lo contaminasen. Poco a poco fueron llegando todos sus compañeros de trabajo. En la calle, una temperatura de diez grados permitía departir amigablemente en la espera. Pero Don Ignacio no llegaba. Ni llegó.

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Tras haberlo meditado mucho, volvió a coger el sobre que había dejado encima de la mesa. Sacó el contenido e hizo fotocopias de la misiva. Tres. Una para guardar y otras dos para enseñárselas al Presidente de la empresa a fin de hacerle partícipe de la trama para el desvío de los fondos. Volvió a meter la carta original en el sobre, lo cerró como si nunca hubiera sido abierto y lo llevó a la mesa de la secretaria de la Subdirectora. Volvió a su despacho y leyó y releyó de nuevo otras tres veces la carta fotocopiada. Quería estar segura de haber entendido bien la trama del fraude. Cuantas más veces leía la carta, más convencida estaba de que la “cosa” era tan gorda que su jefe, en cuanto lo supiera, pondría de patitas en la calle a la Subdirectora y al Director del Departamento y que a ella, le darían el tan merecido ascenso dentro del partido.  Pero, debería esperar porque el asunto, sólo era una propuesta y debería ejecutarse en los meses siguientes.

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La noche caía sobre los setos. Dos personas, un hombre y una mujer caminaban despacio y en silencio. Se detuvieron a la luz de un farolillo de una puerta con el número 23. A los pocos segundos apareció una señora que les hizo pasar raudos dentro de la finca que rodeaba el chalet. Cruzaron la hierba húmeda y se adentraron dentro de la casa.

–       Usted dirá padre.

–       Es un asunto grave Soledad. No sé por dónde empezar.

–       Quizá el principio sea una buena opción.

–       Bien, entonces que empiece Araceli.

Y Araceli contó que en Agosto, cuando todo el mundo estaba de vacaciones, llegó una carta de Sacyr que había abierto como otras tantas para discernir si su contenido tenía urgencia o no. Y contó el contenido de la carta. Y también que había esperado unos meses hasta que el contrato se adjudicara y que desgraciadamente, todo se había cumplido punto por punto. Y que había esperado poder hablar con Don Ignacio en la fiesta de navidad pero no se presentó. Y que, en un momento del baile después de la cena, había podido hablar a solas con el secretario personal del Don Ignacio a quién le había hecho llegar una copia de la carta y que éste, tras leerla, se había comprometido a hacérsela llegar a su jefe. Incluso contó que se había dirigido a la Jefa de Gabinete del Presidente de la Compañía, y que esta le había contestado que lo iba a investigar. Pero que habían pasado los meses y no había recibido respuesta, ni había habido ceses ni felicitaciones.

–       Bien, padre. Ahora lo más importante es que mantengan esto en secreto. Yo hablaré con Ignacio.

Se despidieron y el cura y Araceli se fueron por dónde habían venido.

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Ignacio estaba radiante. La ceremonia había concluido y todo había salido a pedir de boca. Esperanza le había felicitado y había dado un paso de gigante en su carrera política. Marisol se le acercó por detrás. Ignacio le saludó con dos besos.

–       Ignacio, tengo algo serio que contarte. Es sobre el Canal.

–       Mira Marisol, no sé nada del Canal y tampoco me interesa. Y perdona pero tengo que ir a hablar con la marquesa.

Y Soledad se quedó allí parada más cortada que una papelina de cuarta mano.

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Araceli estaba dispuesta a no perder la ilusión por sacar a la luz la verdad. La esperanza es lo último que se pierde. Manolo Duncan era un buen amigo y además abogado. Con tantas personas con las que había contactado, tuvo que hacer más fotocopias. Una de ellas, se la acababa de pasar a Duncan.

–       ¿Qué pretendes con esto, Araceli?

–       Que la verdad salga a la luz y que los corruptos sean apartados de la empresa y del partido.

–       ¿Y?

–       Pues que había pensado acudir al fiscal porque ninguno de los de arriba parece dispuesto a tomar cartas en el asunto.

–       ¿Y?

–       ¡Joer Manolo! Tu eres amigo mío, podrías echarme una mano.

–       Ni de coña. Tú no sabes dónde te estás metiendo ni con quién te estás jugando los cuartos.

–       Yo creo que el partido…

–       Ni el partido, ni leches. Conmigo no cuentes.

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 Araceli, cansada, acabó mandando dos correos electrónicos a los responsables de Sacyr indicándoles que lo sabía todo y que iba a acudir a la justicia. La despidieron del trabajo y la han acusado de haber inventado la denuncia porque no quisieron meter a un sobrino suyo en la empresa.

Pero la ilusión y la esperanza es lo último que se pierde. Aunque Araceli ya no tiene ilusión por un partido que no ha sabido cortar la corrupción. Su esperanza, no acabar en La Almudena.

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Con esta historia participo en un certamen de relatos. Si te gusta y quieres, puedes votar aquí:

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9 comentarios en “Based on a true history

  1. Excelente relato, Celemín. Te he votado pero no sé si ha funcionado porque me dice que he de hacerme “fan”. Luego investigaré porque no sé cómo funciona esta movida. En cualquier caso, mi felicitación, eres muy agudo. Gracias y saludos!

  2. Un saludo a ti, y muchas gracias. Tampoco se lo del sistema de votación porque el concurso me llego a través de mi amigo Luis (spanjaard).

    Saludos,

  3. Felicidades Celemín, me pasa como a Dany en cuanto al voto.
    Tenemos que deducir, cosa que no me sorprende, que efectivamente ha pasado?
    Esta gentuza razona así: si después de todo lo que hemos trincado hemos salido votados en noviembre con mayoría absoluta….pues podemos hacer lo que nos salga de la….van a tragar con lo que sea.
    Este razonamiento explica todos los desmanes habidos y que sin duda vendrán, y con la justicia que tenemos….pues chungo, muy chungo.
    Un abrazo.

    • Gracias.

      Nunca hay que olvidar que todo lo que hacen es consecuencia de que la gente se lo consiente. Y aquí hay mucha gente ciega, sorda y en la luna de Valencia.

      Salud aamigo, y gracias de nuevo.

  4. Felicidades Celemín!
    Siguen con su atrevimiento ahora es el marido de Sor-Aya y la mujer de Madina los que fichan por telefónica.
    Creo que no dando de comer a las empresas saqueadoras se acabaría este descaro.
    Lo que mas me jode es que Madina entre en su juego!
    Salud disculpas por la rabia
    No puedo más!

  5. Lume, la rabia es buena porque nos hace despertar. Lo que hay que hacer es encauzar esa rabia hacia algo positivo que ayude a desmontar esta dictocracia.

    Salud.

  6. ¡¡Y tan real!!

    Muy bien contado. Te estas haciendo un escritor de primerísima.

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