Delincuentes pro-sistema

Dice el dicho popular que la democracia es el menos malo de los sistemas políticos. Claro que para que esto se acercara siquiera a la realidad deberíamos definir primero que es democracia (que desde luego no es pulpo como animal de compañía) y que es un sistema político.

Decía anteayer Iñaki Gabilondo a una pregunta de Thais Villas en “El Intermedio” que en este país hay algunos que tienen tan claro, desde hace tiempo, todo (estado, religión, modelo educativo, libertad, etc), que en su soberbia no admiten el cambio ni siquiera de una coma y que por supuesto no sólo no se preguntan si están equivocados sino que aseguran estar en posesión absoluta de la verdad.

El maestro Iñaki en su bondad absoluta y en la ingenuidad del que aun cree que este sistema es válido y que sólo hace falta quitar unas cuantas manzanas podridas, decía que son pocos y además minoría.

No estoy por contradecir al maestro que además conoce mucho mejor esta feria en la que se ha convertido el estado, que este pobre aprendiz de escritor. Lo que yo creo es que no son tan pocos y además están rodeados de una banda de seres ruines, maestros del hijoputismo, soberbios, hipócritas, mentirosos, cínicos y egoístas cuya única misión en este mundo es amasar la mayor cantidad de bienes, explotar a los que consideran inferiores e imponer sus criterios a costa de lo que sea.

Uno de esos seres ruines, malos y zafios es la Hija de Belcebú, más conocida en este blog por Doña Rancia. Una funcionaria “modelo” que presume de estar siempre dentro del sistema y que sin embargo a mi, que no tengo tiempo ni para ir a mear, me gustaría tener el mismo convenio por el que ella se rige. Porque entre conferencias, ruedas de prensa, asistencia a memeces varias del Partido Pacolocarfamiliares, presentaciones de libros y alguna que otra salida para el café, ¿Cuándo asiste a lo que se supone es su puesto de trabajo en la función pública por el que cobra su salario mensual? ¿Se fijó en ella y en todos los asesores que tiene el Partido Pasusnegocios ese cafre que se supone que es el guardián y protector de los trabajadores públicos para diagnosticar que “los funcionarios deberían olvidarse el cafelito y de leer el periódico? ¿O quizá estaba pensando en aquellos tres especímenes de su partido que veían vídeos porno en el pleno de la Asamblea de Madrid en 2002?

Y es que el sistema es como aceptar el pulpo como animal de compañía. Para unos ser pro sistema consiste en “amañar” contratos públicos para que los amigos monten empresas de la nada y lleguen a ser multimillonarios. Para otros consiste en desviar fondos públicos en comisiones para financiar a su familia y de paso al partido que les colocó en “el sistema”. O puede que sea contratar las basuras con un colega y pagar por el peso de las mismas (y que cuando te pillan ese peso se reduzca drásticamente hasta un 33% del anterior). Para una minoría puede que consista en comparar la voluntad de dos diputados a fin de que desaparezcan el día en que se reúne el pleno y que tus enemigos políticos no puedan llegar a gobernar. O tal vez el sistema sea presentarse a las elecciones con unos cuantos eslóganes, y si ganas, hacer todo lo que habías dicho que no ibas a hacer. O quizá sea asustar a la gente que se reúne para protestar mandándoles citaciones de a 600 euros cada una de ellas, eso si, con unos cargos inventados. Puede que estar dentro del sistema consista en regalar prebendas, adecuar las leyes, o bajar impuestos a mafiosos que quieren instalarse aquí y que a cambio, soló quien da y quién recibe sabe lo que hay por medio. Quizá ser pro-sistema consista en regalar terrenos públicos para que sectas afines puedan construir colegios a los que después se les da dinero público para que puedan “adoctrinar” a los hijos de los suyos. O a lo peor consiste en mentir, excluir o divagar sobre lo cara que es la sanidad pública sin presentar un sólo documento que demuestre lo que se dice pretender, para que los maridos de alguna egregia cantamañanas pueda hacer negocio. Quizá ser pro-sistema es dejar que los bancos expulsen a la gente de sus casas, y se queden con ella y con el derecho intacto al pago de la deuda, mientras se cobran hasta tres salarios, alguno de ellos de forma nada clara. O hasta es posible que ser pro sistema sea mandar a la policía a que abuse de sus trajes de robocop y sus porras y que muelan a palos a todos aquellos que hagan fotos o saquen vídeos de sus tropelías.

Si todo eso que acabo de contar y con lo que no estoy de acuerdo, es parte de este sistema, Doña Rancia, yo me declaro anti sistema. Y es más creo, con la ley en la mano, todo eso que he descrito es delito, aunque al parecer algunos no lo creen así.

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9 comentarios en “Delincuentes pro-sistema

  1. La ilustración de cabecera lo describe muy bien.

    Son una horda.

    La amiga Artal, ayer en el Periscopio, da una buena pista del camino a seguir.

    Denunciar sus “Decretos de mayoría absoluta”

    Que responda el Constitucional.

    Y mientras tanto.

    Tenemos que estar en la Calle.

    Celemín.
    Eres un maestro, no un aprendiz.

  2. Amigo Celemín, sin dejar de estar de acuerdo absolutamente en todo lo que dices, vamos a darle la vuelta; el sistema es anti-nosotros, como dicen los indignados.

    El sistema ha caído e manos de unos pocos sinvergüenzas que lo están enmerdado
    todo. Han extraído de él los elementos que garantizan una redistribución de la riqueza
    que procuraba un camino hacia la igualdad de oportunidades y se los están apropiando. Ni que decir tiene que estos elementos han sido desarrollados por todos, democráticamente, y cuando hemos conseguido capitalizarlos y convertirlos en fuente de riqueza que se distribuye equitativamente y garantizan los mínimos sociales para la dignidad de las personas aparecen cuatro listos “emprendedores” y se los apropian por todo el morrazo.

    Siempre es la misma historia. El pueblo que es muy sabio, pero también ingenuo por ser confiado y bondadoso, cuando siente que tiene asegurada su subsistencia se relaja, se dedica a vivir y pierde la noción de que lo público es de su propiedad. Lo fía a unos administradores y estos abusando de su confianza hacen el desfalco; pervierten el sistema y lo vuelven contra nosotros.

    Como sistema que es, el todo es de una naturaleza diferente a la de sus partes. Hay una parte que proporciona energía para que el sistema funcione, el pueblo. Si el sistema funciona como debiera esa energía retorna al pueblo en forma de bienestar, es decir esa energía está bien canalizada. Pero cuando esa energía mediante ciertos bye-pass se desvía hacia determinados elementos del sistema generando desequilibrios hay otros elementos que acusan un déficit de energía y el sistema se descompensa y puede griparse.

    Pero la fuente de energía sigue ahí, produciendo, y cuando detecta que hay fugas empieza a canalizar la energía hacia otros lugares creando otros nuevos bye-pass que permitirán generar nuevos elementos que reemplacen a los que se están necropsiando. Si no lo hace el elemento llamado Justicia Formal, este será reemplazado por otro que se llama Justicia Social, directamente alimentado por la energía del pueblo; la legitimidad.

    El sistema esta en fase de reajuste, se está empezando a “ressetear”. Para mí cada vez se evidencia más en la calle y la clave está en ese elemento que llamo Justicia Formal. Parece que el inefable ministro de justicia ha conseguido colapsarlo por completo, pero no me fío; un elevado porcentaje de sus miembros son conservadores y muchos del Opus Dei, no reaccionaron como al pueblo le hubiera gustado cuando atropellaron al Juez Garzón.

    El juez Garzón ha demostrado ser un luchador incansable, ha constituido una fundacion (www.fibgar.org) y no estaría nada mal que la gente empezáramos a canalizar energías hacia este nuevo elemento. Su espíritu regenerador entiendo que es incuestionable y esta dentro de lo que necesita el sistema para recuperar su función social.

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  5. También yo, Cele, me declaro anti-sistema si el sistema es lo que nos están imponiendo.

    En cualquier caso, todos los que por aquí andamos creo que somos conscientes de que las Instituciones no sólo no funcionan, sino que están a fecha de hoy absolutamente divorciadas del sentir y del corazón de las calles. Y cuando éstas no representan a quienes dicen representar sólo se representan a si mismas y a quienes las controlan y manipulan.

    Red ha dejado un par de enlaces que recomiendo para quien no haya entrado en ellos. El segundo, es una elocuente y sobre todo esperanzadora visión de cuanto está ocurriendo. Una entrevista al sociologo Manuel Castells.

    Salud, amigos.

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