Saturado de tanta anormalidad

Lo más normal en el mundo es que una mujer que viva en Toledo y crea que su marido le engaña, es irse a Barcelona a buscar a una agencia de detectives para que le sigan.

Lo más normal en este país es que un gobierno que entra nuevo y tiene constancia de que han desparecido unos cuantos discos duros de varios ordenadores oficiales, en lugar de irse al juzgado a denunciarlo es ir a buscar un bufete de detectives a 730 kilómetros de distancia y que “casualmente es el mismo que está implicado en una oscura trama de escuchas de la que han salido noticias para “cambiar” el voto.

Lo normal en este país es que, cuando te despiden, de indemnización en lugar de una cantidad fija, que por otra parte es lo que marca la ley, te sigan pagando durante dos años el salario y cotizando por ti en la Seguridad Social (a pesar de que el Estatuto de los Trabajadores es muy claro y la extinción del contrato de trabajo es automática desde el momento en que se produce el despido y de que el Reglamento del Régimen General de la Seguridad Social fija en 6 días el plazo máximo para cursar la baja del trabajador una vez extinguida la relación laboral y no cabe cotización a la Seguridad Social alguna, después de un despido aunque el pago de la indemnización sea aplazado).

Lo más normal en el mundo es que, cuando un presidente del desgobierno de España sea registrador de la propiedad y su hermano y su hermana y la nuera del Ministro de Justicia también lo sean, se les asigne a los registradores la función de llevar el registro civil, pasando así de ser gratuito a que los administrados tengan que pagar por una partida de nacimiento o por inscribir un matrimonio o un nacimiento.

Lo más normal en el mundo es que uno llegue a su banco o corredor de bolsa y sin apenas capital le diga que compre acciones de tal o cual empresa y que en un par de horitas haya ganado DIEZ millones de Euros. Y para colmo de la normalidad, te los llevas a Suiza sin que nadie se entere no vaya a ser que Hacienda te pida algo.

Lo más normal en el mundo es llamar golpistas a los ciudadanos que, hartos de sufrir recortes, de que les bajen los salarios, de que les dejen en el paro y de morirse por falta de servicios médicos de calidad y de que sus hijos no aprendan por la masificación de la escuela pública o de que no puedan estudiar por la indecente subida de tasas universitarias, se manifiestan en la calle.

Lo más normal del mundo es en una democracia, ponerle toque de queda a las manifestaciones y a partir de ese momento liarse a mamporros con los manifestantes, detenerlos, acusarlos de desobediencia a la autoridad y soplarles 300 euros por disturbios.

Lo más normal del mundo es que, cuando vas a la comisaría a “presionar” para que suelten a los detenidos un policía te diga que “cada grito que dais un puñetazo que se llevan los de dentro” y que la fiscalía ni siquiera lo investigue.

Lo más normal del mundo es que, cuando se llega al gobierno se intente vender todo aquello que es público: sanidad, educación o los montes propiedad de todos los ciudadanos.

Lo más normal del mundo es que desde que empezamos a tener conciencia de esta gran estafa allá por el 15 de mayo de 2011, haya habido 1.689 detenidos en las manifestaciones de protesta, alrededor de 10.000 multas por desobediencia (que a 300 euros son 3.000.000 [TRES MILLONES]) y 2.891 manifestantes heridos.

Lo más normal del mundo dentro de toda esta anormalidad es que la gente saliera a la calle de forma permanente ya que el desgobierno de turno se siente inmune. Pero en un país dónde todo se explica generalizando, acusando a los demás de lo mismo que te acusan a ti a modo de defensa, y dónde nadie conoce el significado práctico de la palabra DIMITIR, lo normal es quedarse en casa porque los que protestamos somos unos excéntricos o románticos que nunca vamos a conseguir nada.

Mientras, los de siempre siguen campando a sus anchas, inventando historias que no son capaces siquiera de argumentar lógicamente y amenazando con acudir a los tribunales.

Empiezo a estar saturado de tanta anormalidad.

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15 comentarios en “Saturado de tanta anormalidad

  1. Añado, Celemin un nuevo “lo mas normal del mundo” a tu excelente entrada de hoy.Lo mas normal del mundo… seria, que el pueblo de una puñetera vez tomase conciencia de la tomadura de pelo de la que es objeto y explotase, porque, ¿Hasta dónde se puede aguantar sin decir ni pio?.

  2. La anormalidad por su abundancia es lo normal. Como apuntaba el otro día el amigo Narbona, parece que las redes sociales virtuales actúan como válvula de escape de la agresividad popular; se expresa la protesta o se sueltan cuatro improperios en la red, se queda uno aliviado y ya se siente uno demócrata de primera y ciudadano cumplidor.

    Esta claro que por la red circulan ideas, críticas y reflexiones que permiten pensar en un elevado nivel de cultura política, como si fuéramos capaces de poner en marcha una democracia asamblearia y si no esto no tiene solución. La realidad es que somos incapaces de organizar democráticamente ni siquiera una comunidad de vecinos. Y no digo ya una agrupación local de un partido o de un sindicato.

    Eso sí, vemos muy normal y de mucho nivel decir “no nos representan” o los “políticos son todos unos chorizos”, pero a la hora mojarse de verdad aquí nadie se remanga. Los movimientos sociales se caracterizan por negar el protagonismo a un líder o una organización política, bien, puede ser normal porque no quieren una representación que les termine por desvirtuar. Del movimiento social se pasa al grupo de presión. Efectivamente ya hay plataformas organizadas que han surjido de esos movimientos capaces de plantearse objetivos y orientarse hacia su consecución, pero los resultados son nimios en comparación al esfuerzo invertido. Las instituciones siguen siendo estructuras muy fuertes y muy difíciles de cambiar.

    Están los partidos políticos. Estructuras consolidadas y que han degenerado en autenticas oligarquías mantenidas por el propio Estado. Aquí es donde está el muro contra el que nos estrellamos continuamente ¿Por qué? Por que decimos que no nos representa y me temo que en buena medida esto no es así; representan la poca cultura política, democrática, que el pueblo tiene, esa de votar cada cuatro años y dejarlo todo en sus manos como el que les da un cheque en blanco para que pongan el precio que ellos quieran a costa de nuestro bolsillo. Entonces, sí nos representan: somos un pueblo de ingenuos acomodados que pensamos que los políticos se autoregulan. Si los partidos y sindicatos son lo que son, en buena medida es porque se lo hemos permitido; no nos afiliamos, no vamos a sus asambleas y no intervenimos en sus decisiones. Pero les damos el poder con el voto y al no controlarlos se nos han vuelto en contra.

    Para más inri, aparecen voces regeneradoras dentro de los partidos y las machacamos. Pero nadie machacó a un ministro de Franco que llegó a Presidente de una comunidad autónoma, ni a un partido que no condena ni el fascismo ni la dictadura. La Transición se nos dió la vuelta y nos ha parecido muy normal hasta que ha venido la crisis.

    Ahora parece normal que Cospedal se haga una paja mental con la “simulación” y lo “diferido” para que un contrato laboral parezca un despido. Y es normal que su parroquia se lo crea.

    No puede ser normal que se rían de nosotros.

    SCRyD

    • Amigo Red, me gustaria poseer esa facilidad que tienes para explicar las cosas. Nos lo has envuelto en papel altamente comprensible. Gracias por tus contribuciones que enriquecen éste foro y nuestras mentes, al menos la mia. Salud amigo..

      • ;). El culpable es el amigo Cele que no hace más que tirarme de la lengua y gente como tu que participáis en esta gran casa, que hace que uno tenga ganas de practicar la libertad de expresión bien entendida. También Narbona, brillante escritor, otro referente que me hace intentar ser más cuidadoso con mi expresión escrita y alimenta el intelecto.

        Un abrazo a todos y mi más sincero reconocimiento al trabajo de Celemín. Es un placer frecuentar este sitio.

  3. Como tu Celemín, nos sentimos la inmensa mayoría; tengo una vecina que el otro día me decía que si se pudiera meter por el televisor se les comía. En mi pequeña ciudad el 23F eramos unos 2000, algo impensable hasta no hace mucho. Salud y gracias.

    • Por algo se empieza. Dos mil es según que ciudades es todo un triunfo.

      Salud y bienvenida. Y perdón por haber tardado tanto en aprobar el comentario.

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  5. Podemos morir de oscuridad o morir de compromiso; y como al fin y a la postre nos van a matar…. me temo que la gente elige la opción más confortable.
    Creo no obstante que hemos de tener presente que un número muy importante (ojo!! con derecho a voto) de las personas que te cruzas a diario no saben ni lo que es el ADSL; y otros muchos de los que si lo saben no pueden pagarselo.
    Perdonad mi pesimismo.

    Salud.

    • Nada hay que perdonar, Enrique. Tienes derecho a tenerlo. Como razón de peso cuando señalas que el porcentaje de personas que se nutren “des-informativamente” hablando lo hace a través de los medios habituales, sobre todo TV. En donde la manipulación es tan harto frecuente que parece normal. Y donde difícilmente se alcanza a ir más allá de un cortísimo titular que hace que hasta los 140 caracteres de un tuit lleguen a lograr colarse en aquellos medios e incluso muchas veces a marcar agenda política y obligar a pronunciamientos.

      Las mejores de las reflexiones suelen llegar a través de la palabra escrita junto con el sosiego para engullirlas. Pero no te quepa dudas que las redes -esta capacidad de recibir y proporcionar información de forma transversal y no como sucedía hasta ahora, de arriba hacia abajo-, de alguna manera están trastocándolo todo.

      Saludos con dosis de esperanza.

  6. Permitidme una ultima noticia:
    Arias Cañete dará una explicación sobre la carne de caballo en los alimentos que deberían contener sólo ternera.
    En la línea Groucho-pepera y para sus forofos va a explicar que algunos caballos se suicidaban tirandose a las picadoras de carne donde procesaban las terneras. Se va a nombrar un comité de investigación para delimitar responsablidades de los dueños de los caballos por no haberles tratado la depresión.

    Podeis apostar a que más de uno de sus votantes le creería.

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