Malvenidos al Tercer Mundo de la esquina.

¿Dejaríamos que los asesinos en serie nos dieran recomendaciones y presionaran al gobierno para que legislara sobre asesinatos, permisividad y legalidad de los crímenes? Es posible que algún demente dijera que si, porque de todo hay en esta vida. Pero lo normal, lo ético y lo humanamente responsable es encarcelar a los asesinos y no dejar que den lecciones de moralidad.

Esto que parece algo evidente y que podríamos definir como una chorrada, tiene el fin de poner al lector en antecedentes sobre lo que está pasando. Estamos dejando que delincuentes que se dedican al expolio, a la especulación, al tráfico de influencias y al trilerismo extremo, nos den lecciones de moralidad, presionen a nuestros gobernantes para legislar en su favor, y manipulen a los inocentes a fin de que crean que los malos, los radicales y los antisistema somos todos aquellos que nos oponemos a sus medidas, a su juego y a su legalidad manifiestamente inmoral.

Desde la Unión, dónde mandan aquellos que a través de Goldman Sachs maquillaron, manipularon e hicieron endeudarse a países como Grecia para que parecieran gigantes económicos que se convirtieron en papel de baño de una capa mojado, le dicen al indolente inmovilista cuya participación en el escándalo de los sobres, las comisiones y la financiación ilegal no ha sido aclarada, que debe volver a subir el IVA a aquellos productos que aún permanecen con el reducido (el pan, la leche, los huevos, la fruta, las verduras y los medicamentos) y que debe volver a subir los impuestos a los carburantes (que no sólo son gasolina para los coches. Son gasóleo para la calefacción, son fuerza motriz para transportistas, agricultores y pescadores, y son gas para cocinar y la higiene).

Por otra parte, los talibanes del liberalismo alemán, esos que dicen que Alemania está pagando a los vagos del sur y que no quieren recordar que fueron los ciudadanos de los países periféricos los que sacaron a Alemania de su crisis especial de los años 90, dicen que España debe devaluar su PIB un 30% en los próximos años. Que el registrador indolente debe realizar otra reforma laboral que rebaje los salarios (¿aún más?) que deje los despidos sin ningún tipo de indemnización y que abra las puertas y las ventanas de par en par a los trabajos de 350 euros/mes (por las horas que te toque ya que en la cultura española no está el respetar normas ni horarios).

Las conclusiones son claras y cualquier tuercebotas que no sepa sumar dos y dos puede llegar a ellas. (Cualquier tuercebotas que no se dedique al trilerismo hijoputiano). Si suben los impuestos de los productos básicos desde el 4 al 21% estarán haciendo que muchos trabajadores ni siquiera puedan acceder a la alimentación básica. Si suben los impuestos de los carburantes, estarán haciendo que muchas personas que ya no pueden calentarse, tampoco puedan cocinar o ducharse. Si rebajan los salarios aún más y se establecen salarios de 350 euros con jornadas interminables, estarán obligando a la gente a vivir hacinados, o en el propio trabajo, sin apenas comer (sólo arroz y judías secas), sin condiciones higiénicas de ningún tipo y sin ocio ni tiempo libre. ¿Todavía no os suena? ¿Y si nos ponen los ojos rasgados y un sombrero redondo y acabado en punta? La chinalización de los países del sur de Europa va viento en popa.

Mientras, como en China, cada vez, los multimillonarios tienen más y los más pobres, lo son también mucho más. Malvenido sea el nuevo tercer mundo al que nos dirigimos. Un nuevo tercer mundo, con internet, con móvil, televisión y centros comerciales, pero sin comida, sin vivienda, sin tiempo libre y sin dinero con el que poder “disfrutar” de todas esas cosas del primer mundo a las que no podremos acceder.

Mientras, un 50 % de la población aún está en Babia y cree que la solución pasa por cambiar el voto de los del partido de los negocios a los del partido del liberalismo camuflado y de éste de nuevo a los otros y así hasta el infinito y más allá.

Todo, desde el desmantelamiento de la educación pública, hasta la destrucción del estado tal y como lo conocemos pasando por la privatización de los servicios públicos y por tanto la exclusión de los mismos a la mayor parte de los ciudadanos, todo, va dirigido en el mismo camino. Hacer que unos pocos sigan viviendo por encima de nuestras posibilidades a costa de nuestro sufrimiento, de nuestro maltrato y de convertirnos en nuevos esclavos. Todo con el fin de prepararse para la siguiente crisis que ya no será capital sino medioambiental.

 

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