Daños colaterales universales

Los nazis ascendieron al poder tras el crack del 29. En USA y también en Europa, el paro, la pobreza y el desencanto de una población asfixiada hasta la inanición, hicieron que los cantos de sirena de los extremistas (trabajo, progreso y riqueza) embelesaran a la idiocia hasta hacer que, en Alemania,  el partido de la cruz gamada rozara la mayoría. Muchos de los empresarios de entonces, vieron en las arengas de esa formación xenófoba y nacionalista, una puerta abierta al enriquecimiento desmesurado y al control de los obreros para convertirlos en sumisa y silenciosa mano de obra barata.

A pesar de todas las arengas, de las mentiras, de la manipulación y de la violencia, nunca fueron mayoría (ni siquiera tuvieron mayoría en las elecciones) y obtuvieron el poder único a base de violencia y de forzar situaciones. Y a pesar de todo ello, hubo gente que se opuso a ellos, en Alemania primero y fuera después. Y recordemos que en otros muchos países los nazis cayeron bien antes de que se liaran a invadir media Europa.

Fueron los ciudadanos que se opusieron al régimen nazi los que prendieron las yesca que acabó con ellos. Stalin firmó un pacto de no agresión con Hitler y sólo cuando Alemania invadió Rusia se dieron cuenta de lo que el sargento venido a Fürer pretendía.

Muchas veces hemos comentado aquí que la situación actual se parece bastante, salvando las distancias, a la situación de la Europa de los primeros años treinta del pasado siglo. Y muchas veces hemos dicho que esta estafa es una guerra económica. Una guerra cuya finalidad no es la de anexionar territorios sino la de extender una ideología por el mundo de forma que, cuando la guerra acabe, se hayan acabado las relaciones laborales de igualdad entre empleados y empleadores (haciendo de los primeros sumisos súbditos de una nueva era feudal), se hayan acabado los derechos, la sanidad y la educación universales pasando a una nueva situación mundial (un nuevo orden) en el que cada individuo se “busque la vida” de forma individual. Tendremos vacaciones, seguro médico y educación para nuestros hijos si lo podemos pagar y si no, acabaremos muertos en cualquier callejón y explotados por los que si tienen dinero y poder.

También hemos dicho que el punto de partida de esta guerra económica no ha sido lo que llaman crisis ( y que es una estafa), sino la caída del Muro de Berlín y la llegada al poder de un mal actor y peor presidente en los Astados Unidos y de una borracha egocéntrica y machista en el Reino Unido de la Gran Bretaña. Una vez que éstos dos motores de la economía mundial instauraron esas ideas de muerte a lo universal (que no a lo público pues se enriquecen a través de lo que es de todos y acaba en manos de unos pocos) en ambos países, la recién unificada Alemania y la Europa de los Mercaderes fueron tomando la misma senda hasta llegar a dónde estamos ahora.

Predican la austeridad, pero no dan ejemplo. Mientras le roban los derechos a los trabajadores, mientras les hacen trabajar por apenas 400 euros al mes, ellos cobran salarios indecentes. Mientras maldicen lo que debe ser universal (sanidad, educación y derechos sociales) viven y hacen que sus poderosos amigos se enriquezcan ilícitamente a costa de lo que llaman privatizar y que no es otra cosa que expoliar (es el mismo concepto que usaban los soldados en las guerras medievales de arrasar aquellos poblados conquistados. Aquí se arrasa con todo lo que es de todos y se les da a unos pocos para que se enriquezcan con ello). Mientras maliciosamente ponen a la sociedad contra los que trabajan en lo universal porque no se atienen a sus planes ni se amoldan a sus consignas, mintiendo sobre el coste de sus salarios y sobre el coste laboral de esos trabajadores, nombran secuaces que cobran tres y cuatro veces más y que son diez veces menos efectivos. Mientras engañan a la población con el famoso palo y la zanahoria que cuelga, esperando que un mañana que nunca llega traiga el tan ansiado fin de la estafa, el ciudadano se instala en una espiral que les lleva a la miseria, al hambre, al paro y a la sumisión.

Pero al igual que los nazis no contaban con todos aquellos díscolos que desde dentro del sistema espiaban para que los “aliados” supieran los puntos flacos de ese sistema y sus intenciones, éstos verrones del liberalismo no han contado con los efectos perversos de sus medidas y con la difusión extrema de los mismos a través de una cosa que habían ignorado: la red.

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Así nos enteramos de que ese mañana zanahoria que cuelga del palo que nos han instalado a golpe de deformativo televisivo en nuestro cerebro, está cada día más lejos. Nos prometieron que a mediados del 2013 la Unión Europea empezaría a crecer y acabado el cuarto mes de este año resulta que toda Europa se encuentra en recesión. Incluida la Alemania que exporta el 65% de sus bienes de producción al resto de la Unión y que, ve como la asfixia económica de sus socios no puede comprar sus maravillosos productos conseguidos a base de inteligencia extranjera y de mano de obra a pelo puta. Salvo los cuatro cenutrios que se están enriqueciendo con las medidas instaladas, el resto empiezan a ver las orejas al lobo del liberalismo y las barbas del vecino caerse a ronchones.

Desde Francia Hollande, reclama una revuelta europea que acabe con la tiranía de la Pomfret y de todos los bucaneros liberales.

En el sur de la Unión, se está instaurando ya el modelo chino: trabajar muchas horas por poco salario y sin condiciones ni derechos. Eso, lleva al refrán español de la pescadilla que se muerde la cola. El bajo nivel adquisitivo provoca bajadas estrepitosas de consumo que a su vez provocan ceses de producción, más paro, peores condiciones, economía sumergida, menos ingresos para el estado, más insostenibilidad de lo universal, menos derechos, menos salario y vuelta a empezar este desatinado bucle.

No debemos descansar en reclamar el cambio de estrategia que no puede ser la vuelta al crecimiento inagotable de hace unos años, sino una economía basada en el bien común, en el reparto de los beneficios del trabajo y en evitar a toda costa que los recursos sean maltratados y ese capitalismo desmesurado de comprar bienes sin ton ni son que se aparcan en un rincón y acaban en la basura consumiendo energía y recursos.

Debemos reclamar un reinicio de la humanidad basado en la igualdad y no en la explotación. Porque de no ser así, acabaremos en el final de este camino del que llevamos gran trecho ya recorrido: la nueva edad feudal. Y no olvidemos que esa nueva era no sólo traerá el fin del bienestar, de los derechos y de lo universal sino la explotación de los bienes universales (agua, tierra y bienes de primera necesidad) por unos pocos.

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