Voluntad negociadora o la mano que no muerde a quién te da de comer.

Hace unos días leíamos estupefactos como CCOO, en boca de su responsable de la federación de banca, defendía al “amigo” del insufrible gastador de la Botella, Miguel Blesa, y comunicaba a los medios “no entender el encarcelamiento” de ese destinatario del tráfico de influencias, del buque insignia del amiguismo y de lo que el Partido Pacolocaramigos le ha hecho en todo el estado a la banca creada para los pobres como “Montes de Piedad” y finiquitada como “bancos para la financiación de los amigos”. Es verdad que CCOO salió al paso con una tenue nota en la que intentaba poner líneas de por medio con su secretario de Banca.

Este tipo de actuaciones (la del Secretario de Banca de CCOO) son de las que alejan al trabajador de los sindicatos. Nadie puede entender que un sindicato de clase como Comisiones, por mucha voluntad de negociación que tenga (que es lo que me decía a mi cuando estaba afiliado y criticaba sus actuaciones, que Comisiones es un sindicato de voluntad negociadora y no de ruptura), se ponga de parte de quién a expoliado un banco que tradicionalmente venía siendo de muchos madrileños (una gran mayoría) y que los trileros acabaron haciéndolo de unos pocos amigos. Nadie puede entender que un tipo que participó en la estafa legal de las preferentes, sea defendido por quién dice ser representante de los trabajadores.

Luego nos quejamos de la mala fama, de la falta de fuerza y del poco apego que le tienen los trabajadores a las organizaciones sindicales. Ayer, sin ir más lejos, me comentaba, mientras venía en el autobús a comer a casa, un trabajador subsahariano vecino mío, lo lejos que están los representantes sindicales de su trabajo, del resto de los trabajadores. Me comentaba que dedican las horas sindicales a resolver quehaceres particulares e incluso a realizar chapuzas (esto último, al parecer, le costó el puesto a uno de los representantes) en lugar de dedicarlos a resolver conflictos de los trabajadores con la empresa. Y estos comentarios no los habría tenido en cuenta si no fuera porque este muchacho aún no está “maleado” de la cultura española, porque lleva poco tiempo en nuestro país.

Alguna de las causas de esta estafa que estamos sufriendo, tienen su origen en la desidia de la ciudadanía. Los sindicatos han perdido mucha de la fuerza que antes tenían por dos causas: su acomodamiento a un sistema que les subvenciona y que por tanto impide que hagan su trabajo (lo de tener vocación de negociación, que no es otra cosa que vocación de firmar sucesivas rebajas hasta que pasados unos años nos encontramos en la situación actual) y la falta de respaldo de los trabajadores que ven como, cuando acuden a ellos, no resuelven sus problemas (en muchos casos los delegados sindicales ni siquiera atienden a los trabajadores) y acaban dedicando el tiempo que debieran dedicar a resolver esos conflictos, en solucionar temas particulares o en más tiempo libre.

Desde luego no abogo por la desaparición de los sindicatos, ya que sin ellos aún estaríamos mucho peor. Pero si creo que, de seguir así, llegará el día no muy lejano en que su presencia será irrelevante. O cambian de arriba a bajo y se acercan a los trabajadores, o todos acabaremos como pretenden los tratantes: con relaciones laborales de sumisión, sin negociación colectiva, sin derechos y con muchos más deberes y viviendo como lo hacían nuestros tatarabuelos: en el miedo a no tener para sobrevivir y a ser víctima del hambre.

Anuncios

15 comentarios en “Voluntad negociadora o la mano que no muerde a quién te da de comer.

    • ¿podrías explicar más sobre “esas preferentes en plena ebullición”?.
      Ya he firmado la petición de las cárceles de Marruecos.

      Salud y bienvenido.

  1. Pingback: Voluntad negociadora o la mano que no muerde a ...
  2. Cele, amigo, comparto tu desilusión con el ”trabajo” de los sindicatos. Durante dos años y estuve en comisión de servicios (no liberada) en FETE-UGT. Ver la desgana, los arreglos previos con Consellería de Educación, cuando yo veía que iban a firmar contra los profesores, me hizo alejarme de ellos y regresar a mi puesto de trabajo.

    El problema serio de los sindicatos, como bien dices, es que están subvencionados por el gobierno de turno. Montan huelgas, algarabías visibles, pero cuando se trata de negociar los convenios empresariales, poco se preocupan. Entran en los comités de Empresa, con lo que se aseguran su puesto de trabajo.

    Los sindicatos deberían vivir de las cuotas de sus afiliados, pues a ellos se deben y no al poder. Tampoco de ellos podemos prescindir, pero, como todos los elementos de este sistema, se deben reestructurar.

    Bien, ahora saldrán los representantes sindicales de los obispos para exigir la igualdad de la religión con las matemáticas, ¿o será Wert el vertical sindicato de Rouco?

    Un abrazo, amigo.

    • Más bien al contrario. Creo que es Rouco el sindicato “manos sucias” vertical de Wert y los hooligans fascistas opusistas del PP.
      Ahora estoy afiliado a un sindicato minoritario que se gestiona con las cuotas de sus afiliados. Ideológicamente no comparto algunos de sus principios pero ayudo a la causa sindical que creo que es importante.

      Salud amiga

  3. En la empresa para la que trabajé 2 años DHL los comités de empresa estaba elegido por el empresario. Los elegido siempre hacían lo que le mandaban los directores, cuando un chaval necesitaba urgente arreglar un conflicto, estos desaparecían como por arte de magia, cuando nos reuníamos todo, para comentar algo estos decían que los problemas lo solucionaban ellos a puertas cerradas, solo les dejaban hacer, cuando algún amiguete que quería quedarse en la empresa y estaba a punto de cumplir su contrato, lo solucionaban metiéndoles en el comité de empresa así se aseguraba 4 años en la empresa. Pienso que al igual que la política corruota los sindicatos están corrompidos asta la médula, solo les interesan el sueldo y no eprder el lugar a donde están ubicados. Son unos estómagos agradecidos al capital y poco mas. Por eso el país está tan débil y hay tantos miedos

    • Es uno de los males endémicos derivados de nuestra cultura.
      Cuando empecé a trabajar allá por 1984, me presenté voluntario en la sede de CCOO de mi curro a afiliarme. Lo primero que me preguntaron es quién me había mandado (nadie por supuesto). Lo segundo que me dijeron es que la sede sindical sólo estaba abierta al trabajo para los liberados. Es decir, que para poder trabajar para el sindicato y los trabajadores, primero había que liberarse y para eso había “cola”. Yo les dije que mi intención era dedicarle al sindicato las tardes (2, 3 horas) que no trabajaba. Me miraron como un bicho raro. Empezamos mal y acabamos 15 años después peor. Me volví a afiliar hace siete u ocho años porque un viejo conocido del sindicato me lo pidió como favor para intentar echar al actual secretario general. Perdimos y después de la firma de la última reforma de las pensiones me volví a marchar (para siempre). He visto una organización caduca y y salvo algunas honrosas excepciones, muy ligada al poder y a sacar tajada para poder sobrevivir.
      Salud, amiga.

  4. Despues de comprobar en mi juventud, que las dos únicas fuerzas que peleaban contra la dictadura franquista, eran el partido y comisiones obreras, con el riesgo que tal lucha, entonces conllevaba, me entristece sobremanera comprobar la gran diferencia de éstas instituciones en los tiempos que vivimos. Ni por asomo se parecen en nada. Salud amigos.

    • Esa es la desgracia amigo. A CCOO (y supongo que a la UGT) le ha pasado lo mismo que al PSOE. Se han llenado de burócratas chanchulleros cuyo sustento es el salario del sindicato. Y si el sindicato pierde fuerza (por campañas contra él) pierden el trabajo. Y es mejor firmar lo que sea antes que tener que volver a buscar trabajo o tener que volver al sitio de dónde salieron.

      Salud.

  5. Esto no viene de ahora. Los sindicatos no son malos, ni mucho menos el sindicalismo; no debemos picar ese anzuelo que desde el neo-liberalismo nos lanzan. Pero sí es cierto que este modelo sindical es fácilmente corruptible y con esa intención se creó. Me remito a los famosos “Pactos de la Moncloa”.

    Aquello supuso un “borrón y cuenta nueva” en la concepción del sindicalismo, pasando a ser un modelo “delegacional” en lugar de un modelo más participativo. Al olor de la miel de las subvenciones y las prebendas, acudieron y quedaron pegados.

    Una de las trampas que contenía el acuerdo eran las elecciones sindicales y la constitución de los Comités de Empresa (copia de la Organización Corporativa del Trabajo, de Miguel Primo de Rivera), donde se apartaba definitivamente al trabajador/a de la vida sindical en un “vota y calla”. Después de cuatro años y el reparto de algún boli o llavero, se acordarían otra vez de nosotrxs.

    En mi experiencia, de ya bastantes años de trabajo, he conocido dignísimos sindicalistas, pero que han acabado abandonando, o bien uniéndose a la podredumbre de los privilegios.

    Tristemente, los valores sindicales a través de la desinformación y el desarraigo, han llevado a devaluar los valores sindicales, hasta extremos en que muchxs de los trabajadorxs piensan que el sindicalismo es ir a ver a un abogadx cuando tienes problemas en el trabajo. También piensan que los sindicatos no hacen nada por nosotrxs, cuando es el conjunto de todxs nosotrxs, quienes deberíamos formar el sindicalismo.

    ¡Por un sindicalismo participativo y de acción!

    Por cierto Celemín ¿Cuál es ese sindicato al que perteneces y que solo se sustenta de las cuotas de sus afiliadxs?

    Salud.

    • Es evidente, como en todo que hay excepciones. Tu sindicato es uno de los damnificados de los “Partos de la Moncloa”. Y nunca mejor dicho por que le robaron todo el patrimonio que le correspondía.
      Aún hoy, cuando se quiere justificar medidas de seguridad, y ante el cese de la violencia de ETA, se sigue recurriendo al anarquismo.
      Es algo que todos debemos cambiar. Como siempre digo, los mayores ladrones de este país y los mayores asesinos llevan traje y corbata de seda.

      Salud, amigo

  6. Probablemente nunca como en estos momentos sea más pertinente ni se justifique más la existencia del sindicalismo. No es en vano la campaña que desde hace bastantes años se viene haciendo desde el más férreo neoliberalismo y que ahora comienza a dar sus frutos -casi nadie apuesta por los sindicatos- tiene como objetivo desmontar todo cuanto interrumpa su paseo militar encaminado a eliminar cuanto obstáculo se interponga a las grandes empresas y “empresaurios”: sea el abaratamiento del trabajo, o su contribución en términos fiscales.

    Y sin embargo, todo cuanto más arriba aportan los comentarios, a los que me sumo por mi propia experiencia, forma parte de una realidad que se añade, por parte de quienes creemos en el sindicalismo, a su descrédito.

    Comparto con Cele que ese “delegar” en otros, como se ha hecho en política, constituya la cultura endémica a desterrar. Habría que implicarse masivamente como en ésta, para que el vacío que dejamos no haciéndolo, sea llenado por los más impresentables.

    Saludos.

Los comentarios están cerrados.