Con el culo al aire

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Cada vez que voy al pueblo, sufro un choque cultural. Cada uno, elige a sus amigos y compañía por afinidad y evidentemente no es lo mismo vivir en una ciudad de cuatro millones de habitantes que en un pueblo de 300. Que coste, que el enriquecimiento que me aporta el pueblo es excelente y los amigos de allí me hacen bajar a esa realidad que, a veces, por rodearte de gente que piensa como tu, desconoces y acabas creyendo que el mundo debe de ser como tu quieres.

Pero, aunque mis amigos de allí, son amigos de verdad y me lo demuestran en cada ocasión en la que lo necesito, también es verdad que nuestras diferencias ideológicas son abismales y a veces sientes que tu “mundo” está muy alejado del de ellos.

El sábado por la tarde, con motivo de las fiestas del pueblo, hubo una actuación de un mago. Al acabar el espectáculo, uno de los ayudantes del ilusionista, hizo un truco de magia sencillo pero que repitió en varias ocasiones. En cada una de ellas se desprendía de una prenda hasta quedarse literalmente con el culo al aire, sujetando la “petaca” del micrófono con los glúteos. Todas las primeras filas de alrededor de los magos estaban ocupadas por niños. Niños a los que ni vi salir corriendo, ni que siquiera le dieran mayor importancia a la desnudez del aprendiz de Houdini (siempre hay alguno que intenta escorarse a un lado a ver si puede ver la parte de delante del hombre que enseñaba el culo, pero nada que no sea normal curiosidad infantil, y en este caso muy minoritaria, [tanto que no llegaron ni a tres]). La cosa es que, el hecho de que este chico enseñara el culo en presencia de niños, ocasionó cierto revuelo. Muchos de mis amigos plantearon malestar por esto. La cosa tampoco fue a más porque enseguida zanjé el tema haciéndoles ver que el desnudo de un ser humano no debe suponer nada fuera de la normalidad, que todos tenemos lo mismo y que no debemos darle importancia a lo que, a lo peor, a quiénes molesta es a nosotros y no a los niños que ven las cosas, sin maldad, sin sacarlas de quicio y sin hacer guerra de algo que es trivial.

Y este suceso, que gracias a la tolerancia de todos no llegó a más, me ha hecho pensar en la falsedad del mundo en el que vivimos. Falsedad, hipocresía y cinismo que se agiganta conforme las personas se escoran más a la derecha fascista y se hacen mucho más intolerantes. Se puede hacer un mundo, una guerra intestina y cruel de un suceso inocente como que un hambre o una mejer se queden desnudos delante de un niño y sin embargo se hace “normal” e incluso se fomenta la violencia con los animales, las imágenes de mutilados en las decenas de guerra del mundo, la violencia contra la mujer, o los programas a media tarde dónde la gente grita, se insulta y acaban como el rosario de la aurora. Es sumamente frustrante que el robo, la corrupción, el deterioro de la convivencia, la mentira generalizada, el genocidio, el asesinato y la tortura sean considerados actos habituales nada condenables y que se haga un aquelarre de la homosexualidad, de la lujuria o de un simple desnudo.

Pero lo peor de todo es que sigamos sus consignas, al pie de la letra.

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4 comentarios en “Con el culo al aire

  1. Así es Cele. Dice un refrán: Para el gusano de la manzana, ésta es el mundo entero. (Sin reparar que hay otras manzanas) Tendemos a creer, cuando hablamos con alguien, que éste participa de la misma forma de pensar y sentir que nosotros, y como tal nos pronunciamos. En la creencia que empatiza con todo aquello que manifestamos. Sin percatarnos de que “su mundo” puede estar en las antípodas del nuestro.

    Uno de mis primeros trabajos remunerados fue realizando encuestas. Siguiendo un método regulado para seleccionar la vivienda a la que debía llamar para hacerla. Allí pude comprobar, sin salir de barrio, de calle, y ni tan siquiera de bloque de apartamentos, como a escasos metros, los habitantes de dos hogares podían vivir en mundos que nada tenían en común. Todo está lleno de mundos paralelos.

    En cuanto a eso que llamamos normalidad (que viene de norma, lo que es habitual) tiene bastante que ver con lo que el medio y la educación recibida nos ha determinado. Se cuenta de una señora llevada a Urgencia de noche ante un ataque de ansiedad, el médico le pregunta -¿duerme Ud. con regularidad? Ella contesta que sí, pero el marido que está presente, matiza que se levanta mucho por la noche para ir al baño. A lo que el médico le dice: -señora, usted no hace un sueño regular, sino que lo interrumpe constantemente. Que para usted, eso sea lo habitual, no quiere decir que sea lo correcto. Me explico: si le dan cada día diez latigazos, con el tiempo, eso será “normal”. Pero estará conmigo en que de normal no tiene nada ¿verdad?

    Y es que la normalidad en la que estamos instalados, es tan relativa como los valores que nos han inculcado sin que nos preguntemos por su fundamento. Y va en función del momento y también de la parte de la geografía en la que estemos. Otra anécdota: el pequeño que le pregunta al abuelo que le ha llevado al Circo, ante un paquidermo -¿por qué un animal con tanta fuerza puede quedarse sujeto a una estaca tan pequeña? El abuelo, sonriendo socarronamente le dice: -porque lo atan así desde que era pequeñito, con menos fuerza que ahora. Y se ha acostumbrado. No se ha planteado que ahora la estaca no serviría de nada. Desaprender. Un verbo de gran contenido. Muy recomendable para una sociedad que se pretenda sana.

    Un saludo, amigos.

    • Joer amigo, estoy por quitar el post y poner tu comentario. ¡Que Grande, y que bien lo has explicado!
      No tengo nada más que añadir sino que muy instructivo y entendible.
      GRACIAS

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