¡Justicia!

Le sudaban las manos, la cara y la camiseta se le pegaba al pecho. Si le descubrían, pasaría varios años entre rejas además de fallarle a su amigo Rosendo. En uno de los sacos de cemento, envuelto entre plástico la había camuflado. Ahora sólo faltaba que la grúa la subiera hasta el tejado, de dónde , una vez recuperada pasaría a su bolsillo y de allí al falso techo del baño de hombres situado junto a la entrada al salón de plenos para visitantes.

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Hacía casi quince años que Rosendo había comprado aquella casa. No era gran cosa, ni estaba situada en uno de esos lujosos barrios crecidos al calor de la burbuja inmobiliaria. Era una casa antigüa, de apenas cuarenta metros cuadrados, pero estaba en su barrio de toda la vida. ¡Y era su casa! El hogar dónde había pasado los mejores años. Allí habían concebido y criado a Jose Ginés y a Rocío, sus hijos. Allí, él y Palmira, su mujer, se habían querido, soñado, peleado, discutido y reconciliado. ¡Palmira!, su compañera desde los 17 años. Allí había sufrido la muerte de su padre. Allí había dejado esfuerzos, preocupaciones, ansias, remordimientos, miles de euros y últimamente, muchas horas de sueño y muchas pesadillas. No podía irse sin luchar. ¡No podía!

Fuera, dieciséis lecheras de la madera esperaban la orden de cargar. Muchos vecinos entre el portal y la calle, impedían el paso policial. Algunos activistas, que junto a Rosendo, Palmira y José Gines, se atrincheraban dentro de casa. La puerta reforzada con una cómoda y la mesa del salón. Las ventanas, con colchones y paneles de DM que habían sacado de la carpintería de su vecino Luis. Las angostas y estrechas escaleras llenas de vecinos que, sentados en las mismas, también querían impedir el desahucio. Cientos de personas que no querían que el banco le robara aquella casa a la familia de Rosendo.

El primer bote de humo, les pilló desprevenidos. El primer porrazo en la cabeza, intentando no ahogarse con el humo. Poco a poco, la policía en formación de escuadra romana, llegó hasta el portal del edificio. Allí, uno de ellos les dio, a través de un megáfono, diez minutos para abandonar la escalera. No habían pasado ocho cuando empezaron a pedir DNIs y a sacar a la gente arrastras hacia las lecheras, mientras, decenas de uniformados bravucones con los ojos vidriosos, impedían que los que habían sido disueltos con el humo y los palos, ocuparan de nuevo su posición anterior. No tardaron en llegar a la puerta. Allí, ni siquiera dieron la opción de salir. El ariete que sujetaban entre cuatro robocops retumbó como una bomba atómica. Al segundo envite parte de la puerta se había convertido en serrín. Al cuarto, ya no se distinguía ni la cómoda. Todos los que estaban dentro, menos José Gines que era menor, acabaron en la comisaría de Moratalaz acusados de desobediencia y resistencia a la autoridad.

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Era una mañana fría de principios de diciembre. Hacía años que la nieve no llegaba tan temprano a la ciudad. Los carámbanos colgaban de los tejados aledaños al Congreso de los Diputados. Rosendo aguardaba paciente en la cola. Había sido invitado a asistir al Pleno por ser miembro destacado de la Plataforma de Parados de Larga Duración. Un Pleno que aprobará, desoyendo las críticas de todos los sectores, salvo el de la patronal, la segunda reforma laboral de la legislatura. Una reforma en la que desaparecerá el salario mínimo, la indemnización por despido y que implantará la jornada flexible y con la obligación de acudir a trabajar cuando te llame la empresa, no cobrando el tiempo de la espera. Mientras se acerca lentamente a la puerta dónde dos guardias civiles hacen pasar a los invitados de dos en dos, Rosendo repasa su plan y hace cábalas sobre las posibilidades. Eso, le está poniendo muy nervioso. Tanto, que empieza a recordar porqué está allí y quién son los responsables de haberles jodido la vida. Recerda con mucho dolor cómo empezó todo. El primer ERE negociado con los delegados sindicales en el que se les redujo la jornada a la mitad (la jornada y el salario). Meses de desesperación en los que tuvo que pedir prestado a familiares y amigos para poder sobrevivir porque el paro tardó más de seis meses en empezar a acoquinar la parte del salario que el ERE había dinamitado. El segundo ERE, les dejó en la calle y con la mitad del periodo del paro consumido y sin indemnización porque la empresa se declaró insolvente. Las primeras letras de la hipoteca impagadas. El banco que no le da tregua. La denuncia. El desalojo. Las discusiones con su hijo adolescente que había pasado del sobresaliente al suspenso en un abrir y cerrar de ojos. Las noches en vela oyendo llorar a su hija. Las pastillas. El mal humor. El ambiente irrespirable en casa y fuera. Las colas en Cáritas. La enfermedad. El desasosiego de las noches y de las mañanas. El frío de las tardes. La destrucción de la familia. La desaparición de la vida. Cuatro vidas metidas en el fango por culpa de una puta ley que les dejó en la calle y les jodió la vida. ¡Y encima todavía quieren más!

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Rajoy busca sus papeles en la tribuna. Como siempre, quiere hacer gracia de su habitual torpeza mental. Un estruendo retumba en el hemiciclo. Unas gotas de sangre junto a la ceja derecha del Presidente que se balancea y cae por las escaleras de la tribuna. El personal del Congreso que acude en ayuda del caído. Revuelo, voces, gritos, llantos. ¡Asesino!. Incredulidad, pasmo, quietud, pasos, … alguien que le agarra la pistola que pende de su índice… Ya es tarde para ambos. Un magnicidio consumado y dos personas que descansan.

Relato corto © J. Celemin 2013

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A Pablo.

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6 comentarios en “¡Justicia!

  1. Te superas cada día Cele. Me ha encantado este elocuente relato. Es más que probable que quienes deciden, y ejecutan con determinación y sin que les duelan prendas las consecuencias de las mismas en las personas, sepan, conozcan, de la parálisis y el miedo que provocan en las masas con tales decisiones. La Psicología y la Sociología dispone de suficientes conocimientos a estas alturas como para poder hacer “trabajos de campo” de sociología aplicada al servicio, como no, de quienes están decididos a modificar las estructuras y las relaciones de poder en nuestras sociedades de la peor forma posible para las mayorías, para sus derechos y para su libertad.

    Pero con todo, no todo se puede controlar siempre y en todo momento. Si el primer suicidio bajo un árbol en una céntrica plaza de Atenas protagonizado por un anciano jubilado al que su dignidad impedía buscar comida en los contenedores de basura, en lugar de dirigir la pistola a sí mismo lo hubiese hecho hacia un tercero, algunos se hubiesen escandalizado como no lo hicieron ni con este ni con los demás casos que siguieron, que siguen.

    Están jugando con fuego. Y quien con fuego anda, lo probable es que se pueda quemar.

    Salud, amigos. Estupendo, Cele.

    • Tarde o temprano, quién juega, como dices, con fuego, quién siembra odio, acaba recogiendo tempestades. Luego se escandalizarán de que suceda algo como lo que yo aquí relato. Pero cuando una decisión política te jode la vida de forma repentina, cuando pasas de tener una vida más o menos normal a no tener nada, muchos acaban claudicando pero otros, acaban vengándose.
      Sólo espero que cuando llegue la venganza no pague encima alguien inocente.

      Salud, amigo

  2. Ay si la NSA leyera nuestros pensamientos…..
    Claro y cristalino.. lo destruyeron y pasó lo que buscaron de forma consciente
    Y como en el himno …
    Todo lo vil a eliminar.
    Pueblo viril, ¡Luchar, Luchar!
    Felicitarte y que nunca te falle la inspiración
    Salud para todos

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