Cambio pura sangre por un burro con asma y me lo quitan de las manos.

En un pequeño chortal junto al camino que separa la playa, vivían una centena de felices caracoles. Siempre con su casa a cuestas eran capaces de sobrevivir a los ataques de las decenas de chorlitos que por allí revoloteaban.

Un día llegó al humedal una babosa gigante. Su labia era patética y su inteligencia parecida a la de los chorlitos que vivían al otro lado del camino. Sin embargo, su envergadura anormalmente grande y los kilos de babas que dejaba a su paso, le hicieron pasar de ser el hazmerreír de su colonia al mandamás de esta nueva, dónde se había instalado a base de promesas y engaños sobre cómo lograr un cuerpo más grande y una baba mucho más densa. Durante siglos, los caracoles se habían protegido de sus depredadores escondiendo su frágil cuerpo dentro de su carcasa de nácar. La babosa, les enseñaba día a día dónde comer, en un rincón alejado del chortal dónde las aguas eran amarillentas y los juncos estaban secos. Allí donde sus amigos sin escrúpulos vertían desechos sin control. Poco a poco, su caparazón se hacía mucho más frágil y su cuerpo no sólo no ganaba en tamaño y cantidad de baba sino que se hacía más débil y enjuto. Muchos empezaron a sentirse mal y murieron y otros, los más fuertes y afortunados iban cambiando un cascarón opaco y fuerte con vivos colores rojos, blancos y azulados por otro cada vez más traslúcido, con apagados colores grises y cuerpos flácidos y sin fuerzas. A pesar de todo, la babosa insistía en que todo estaba bajo control y que el esfuerzo, la debilidad y el cascarón frágil y amarillento pronto daría sus frutos dejando de ser un obstáculo (handicap) para el gran crecimiento del cuerpo y la adecuada segregación de baba.

Pasaban los meses y cada vez había menos caracoles. Unos sucumbían al veneno del agua y otros al pico de los chorlitos. Pero los caracoles seguían firmes en el intento de parecerse a la gran babosa. Poco a poco la colonia se fue reduciendo. En el pequeño juncal ya sólo vivían una gran babosa y una decena de escuálidos caracoles de los cuales seis tenían un frágil cascarón transparente y otro séis ya no llevaban nada a cuestas. Su cuerpo seguía débil, enjuto y seco.

El primer día que cayó un pequeño aguacero y salió el sol, los caracoles salieron como siempre a pastar en los verdes juncos del humedal. Una pareja de chorlitos y una picaza hambrienta, acabaron en un santiamén con la colonia de gasterópodos.

© J. Celemín

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Nadie en su sano juicio cambiaría en plena autovía un Mercedes por una carreta arrastrada por asnos. Nadie, salvo que seas español, te creas más listo que los demás y estés horas y horas viendo una cosa tonta que emite imágenes y que te encallece el cerebro.

España tenía uno de los tres mejores sistemas sanitarios del mundo. Un sistema envidiado por muchos y elogiado por todos los organismos que entienden de sanidad del planeta. Sin embargo, a pesar de, como los caracoles, tener algo casi inmejorable, algo que funcionaba perfectamente y que estaba diseñado para atender al mayor número de seres humanos posible con un gasto adecuado e inferior al de otros países con un sistema que sólo atiende a quién paga, llegaron unos listillos zoquetes dónde los haya (o no tan zoquetes si tomamos como referencia sus aumentos de patrimonio a diez años vista después de dejar sus puestos en la administración) que cambian un pura sangre en pleno ejercicio y en carrera, por un asno emborricado que no anda ni con la zanahoria delante de los ojos.

No contentos con privatizar los hospitales, aumentar el coste, devaluar el servicio y empeorarlo hasta llevarlo a la cola de los países de nuestro entorno, no contentos con el repago, el tripago y las listas de espera que han aumentado hasta llegar al año y disminuido, por primera vez en la historia, la esperanza de vida de los españoles, ahora quieren acabar con la estabilidad profesional del personal médico y de enfermería, como castigo a su empeño en echar por tierra todos los planes privatizadores de estos indigentes de la democracia, fascistas, trileros, mentirosos, gañanes y egregios sinvergüenzas. No lo hacen por una cuestión de eficacia como dicen. Entre otras cosas porque en las empresas privadas hay tanto gañán, tantos vagos y tanta gente que se pasa el día viendo las musarañas volar como en la administración. Porque ese tipo de comportamientos no son cuestión de cualidad sino de la cantidad de elementos humanos que se concentren en una dependencia, fábrica u oficina y que, por tanto, faciliten el escaqueo. La principal causa por la que quieren que los médicos y enfermeras (y enfermeros) dejen de ser funcionarios es porque siéndolo no pueden castigarlos cuando osan llevar a los tribunales los planes de negocio de los políticos de turno, no pueden ordenar a sus amigos gerentes que automáticamente despidan a los díscolos ni pueden obligarles a trabajar en convocatorias de huelga bajo la espada del miedo al despido.

Los zotes del liberalismo están contra todo lo que no pueden controlar o contra lo que les puede suponer una grieta a su oscurantismo y a su cruce de la línea de la legalidad. Acostumbrados como están a controlar todo, desde los órganos de decisión y gobierno judicial, hasta los que lavan la ropa de los hospitales, no pueden consentir que unos tipos que deberían estar con ellos por ideología y patrimonio, se les revelen, planten cara y consigan el apoyo de miles de ciudadanos que dan la murga todos los meses en las mareas blancas y cada día en las puertas del hospital.

Están acostumbrados a que sus asesores nombrados a dedo, por unos salarios que no hay funcionario que cobre ni en varias anualidades, no sólo bailen al son que tocan, sino que ayuden a traspasar la línea de no retorno. Están acostumbrados a que amigos para los que nombran en cargos a dedo, sin ningún merito o capacidad, ayuden en sus diferentes negocios montados con o alrededor de lo público. Por eso les molestan los funcionarios. Porque son incontrolables, intocables e impresionables. Porque si bien es verdad que como en el resto de la sociedad la mayor parte pertenece enjaulado en el redil que ellos quieren, siempre hay quién levanta la liebre y acaba sacando a la luz chanchullos, ilegalidades, cohechos y tráficos de influencias. Además de extraños e inexplicables aumentos de patrimonio.

Eso si, España va bien y aunque la gente se muera por no poder pagar la luz, seguimos imperturbables mientras el incendio no sea en nuestra casa.

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5 comentarios en “Cambio pura sangre por un burro con asma y me lo quitan de las manos.

  1. Una vez más felicidades, querido Cele. Magnífico el artículo con el doblete del cuento del que se saca muy fácilmente la moraleja.

    Y bien dices de la estupidez de los españoles que hemos dejado que nos arrebaten una sanidad pública, admirada en tantos países, por un mercadeo en quien no paga no puede acudir a sanar. El aumento de la pobreza de morir es cada día mayor. Ingentes los indigentes, mientras unos cuantos sinvergüenzas se están aprovechando de lo nuestro a la vez que desmantelan todos los servicios públicos.
    Coincido en tu análisis acerca de los funcionarios. Al hablar de “funcionario” entiendo por aquél que ha ganado una oposición en una lid justa, en igualdad de oportunidades con otros y tras haber estudiado las materias propias con su personal esfuerzo.
    No son para mí “funcionarios” aquellos electos o nombrados a dedo para ejercitarse en el servicio de lo público.
    El funcionario, tras haber ganado por oposición su plaza, es propietario de la misma, no depende de la veleidad del mandamás. Por ello mismo dices que son los funcionarios un cuerpo no deseado ni bien visto por el poder. Es debido a su independencia por lo que pueden plantar cara a través de movilizaciones y/o huelgas contra los abusos del ‘jefe’.
    Estos que nos cayeron el 20 de noviembre de 2011 solo se sienten cómodos con “sus” esclavos, a los que manejan con un dedo. Este tipo de gente dócil y tirachaquetas es lo que necesitan. Son mezquinos y mediocres; a su lado quieren solo gente de esta ralea.

    Mala es la situación. Excesivo miedo y pasotismo. Demasiada mayoría silenciosa. Sin embargo, cada vuelta de tuerca es un motivo de cabreo incluso para los más ‘tranquilos’. Quiero, deseo pensar que entre unos y otros de los que nada tememos consigamos ir convenciendo al resto hasta lograr una inmensa mayoría que grite en las calles de España entera, hasta lograr que en la próximas elecciones dé esto un vuelco y el malhadado bipartidismo se vaya al carajo de una vez por todas.

    Enhorabuena, querido amigo.

    • Gracias amiga. Ya te he dicho alguna vez que viniendo de alguien como tu que se dedica a la enseñanza de la literatura en uno de nuestros idiomas, tus palabras de aliento son algo más que un alago.
      POr lo demás, todo esta bien explicaod en tu comentario. Sólo quieren seres débiles y serviles, llenos de miedo que les atenace y que impida que enseñen al mundo su corrupción y su ralea.

      Salud

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