Hacia la violencia

El calor que el asfalto irradiaba, calentaba un irrespirable aire en una sofocante noche de verano. Entre los árboles del Paseo de Recoletos, los chorros de agua nebulizada refrescaban hasta convertir ese chiringuito playero del centro de Madrid, en un oasis en medio de un desierto de negro asfalto, luces consumidas e infierno sonoro de sirenas y cláxones.

Un kilómetro más abajo, decenas de lecheras cantaban el peligro azul con sus cegadoras luces. El Congreso hacía semanas que permanecía cerrado y no había nadie dentro, pero el Gobierno se empeñaba en prohibir una y otra vez concentraciones en sus alrededores.

En el pequeño oasis surgido del kiosco-chiringuito, una extensa fauna humana consumía todo tipo de bebidas poco refrescantes. Una pareja de pijos, él con su pelo engominado y su polo Tommy Hilfiger, ella con su blusa de Christian Dior acompañados por un enorme leopardo atado con una cadena, un grupete de trajeados hackers bancarios, unas cuantas chicas vestidas con ropa de ligue, algún que otro famosete y unos cuantos curiosos turistas rellenaban unas cómodas sillas de mimbre junto mesas, también de mimbre, sobre las que descansaban vasos con ginebra de color azul, Coca-Colas, cervezas de importación y algunos mojitos.

En la acera, un todo terreno marca SsangYong, oscuro como la noche, acaba de detenerse lentamente. De pronto, se abren las puertas y bajan tres hombres con caretas de payaso y armas de repetición. Se dirigen rápidamente a los habitantes del oasis, les apuntan con sus armas y les obligan a tirarse al suelo. El leopardo parece ponerse nervioso y tensa la cadena que le asía al suelo. Una bala le entra entre ceja y ceja. El del polo de la banderita se mea en los pantalones. Todos, acaban soltando la cartera a un sombrero mejicano dado la vuelta.

El SsanYong, gira por encima del bordillo, cruza el paseo y desaparece a toda velocidad en el mismo sentido en el que había aparecido, mientras disparan haciendo blanco en las botellas que cubren el techo del kiosco.

Un kilómetro más abajo, la policía permanece empeñada en que nadie se acerque a los alrededores de Neptuno.

 © J. Celemín

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En Alcalá de Guadaira, tres miembros de una familia han muerto por consumir productos caducados. Es la consecuencia de la miseria a la que nos ha llevado este desgobierno compuesto por una banda destinada a vivir de lo público sin exponer absolutamente nada. Nos bombardean todos los días con los recortes. Hachazos que dan en la educación haciendo que niños tengan que estar en clase como piojos en costura, muchas veces sin calefacción, sin poder comprar el material escolar suficiente y viviendo de la caridad e ir a clase sin desayunar. Hachazos que dan en sanidad, regalando lo que es de todos a empresas “amigas” que elevan el coste del servicio y rebajan la prestación de los mismos. Hachazos que dan en subsidios como los de desempleo, haciendo que la gente tenga que rebuscar en la basura para poder comer. Sin embargo si hay dinero para cosas superfluas como un camión para dispersar a manifestantes a base de agua a presión que vale nada más y nada menos que 493.680 euros, casi el coste de 31 becas Erasmus, el coste de los desayunos de todos los niños mal nutridos de España, 6.171 mamograrías, o la mitad del coste de uno de los colegios que necesitamos en Barajas.

Pero este desgobierno de malhechores prefiere mentir, acongojar, gastar el dinero en horas extras para que algunos policías puedan estar contentos y sobre todo crear pobreza, servilismo y terror general para que todo el mundo esté en casa calladito y les deje en paz en su impunidad y su rapiña.

En cualquier país democrático del mundo, un gobierno que miente constantemente no duraría ni dos meses. Aquí mienten un día sí y otro también. Mienten en el Parlamento y al parlamento. Mienten a los españoles, mienten a la Unión (la última para justificar que el de la mafia de los casinos y las putas haya preferido irse a la zona amarilla porque aquí no conseguía la financiación suficiente. Ya se sabe que aquí de robar podemos dar lecciones y por tanto los timadores lo tienen difícil para engañar).

Pretenden hacer de España un país tercermundista, con salarios tercermundistas y libertades tercermundistas. Pero lo que no saben es que, las condiciones no se pueden imponer de un sólo lado. No se puede querer que el estado sea como el de México, con una policía como la de México y que los delincuentes sean como los de Suiza. Si empobrecen a la gente y la policía se comporta de forma violenta y corrupta, habrá quién, visto que a nadie le importa su persona, acabe asumiendo que a él no le importan los demás. Y no van a ir a pegar tiros a San Blas o a Hortaleza. Irán a la Moraleja, a la Castellana o a Puerta de Hierro.

Cuando eso pase, querrán echarle la culpa a los pobres (como siempre) pero aquí los únicos culpables son los que montaron una banda para quedarse con el estado y convertirlo en su cortijo.

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5 comentarios en “Hacia la violencia

  1. El sábado a eso de las diez estuve paseando por el centro de Madrid con un amigo. Había una movilización -cuyas reivindicaciones desconozco- y la sensación era clara: vivimos en un estado policial donde se reprime brutalmente a quienes son conscientes de que nos están saqueando en nuestras narices y quieren salir a la calle a expresarlo y hacérselo saber a los demás ciudadanos. Eran escenas de auténtico estado de excepción.

    • Allí estaba yo amigo con la gente del 15M de Barajas. La reivindicación era clara: “No a la ley Mordaza”. La respuesta también fue clara: pedir DNI, quitar palos de banderas y sancionar por llevarlos y abrirle la cabeza a uno de mis amigos que no llevaba mochila, no llevaba palos, no llevaba armas, no tiró botellas. Sólo estaba y reclamaba con la voz.
      Como dices vivimos en un estado policial.

  2. Hola Cele. Estuve ausente unos dias y no pude entrar a internet. Veo que nada cambió tras mi regreso. Los mismos hijos de perra jodiéndonos a la fuerza. Es lo que tú dices en tu entrada de hoy: Son una banda. Una pandilla de asaltantes, unos bandoleros que se adueñaron del cortijo. Salud.

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