Cuento de navidad

Anochecía en un Madrid de un frío infernal. El cielo, limpio como una patena, gastaba las últimas gamas de azules. Al fondo, el rojo se fundía con el blanco. Los grises se iban imponiendo en el horizonte. El amarillo de unas sórdidas farolas empezaba a resplandecer en la altura como una enorme bombilla.

Marcial, acurrucado en el hueco de uno de los setos de la Plaza de Oriente, sorprendía al frío a base de un mal vino contenido en un peor envase. El sopor de los efluvios alcohólicos respondía a los apenas dos grados de la calle. Poco a poco se le iban cerrando los párpados.

La calle arenal rompió su extraño bullicio. Un lejano zumbido que cada vez era más cercano e intenso, se iba alojando en la mente de Marcíal y en el de todos aquellos extraños seres de ojos rasgados que, cámara en mano, retrataban una y otra vez la iglesia más fea salida de la imaginación de algún gañán vestido con sotana. Marcial se levantó de su escondrijo. Cientos de personas unidos por los brazos, bajaban Arenal abajo hacía el Palacio Real. Algunas lecheras con decenas de maderos vestidos de gala para la extorsión, aparcaban violentamente junto al túnel de la calle Bailén. Otros cientos de personas que habían bajado desde Sol por la Calle Mayor, rodearon a los robocops. Acojonados, se metieron en las lecheras cerrando muy deprisa las puertas. Algunos chavales empezaron a balancear los camiones azules. Poco a poco y una tras otra, todas las lecheras fueron volcadas. Algunas fueron prendidas fuego con los policías dentro. Otras, abolladas hasta obligar a los policías a salir por las ventanas. La masa parecía muy, muy cabreada y violenta. Abandonaron el Palacio Real y todos juntos convertidos en una gran marabunta, emprendieron camino hacia la Plaza de España. De ahí, por la estrecha calle de los Reyes, salieron hacia San Bernardo. En la Glorieta del mismo nombre, giraron por Carranza, desde dónde accedieron a Sagasta, Alonso Martínez y Génova. Allí, la cueva de Alí Babá, era rodeada por cientos de miles de ciudadanos. Algunos empezaron a tirar piedras contra los cristales. Otros, empezaron a levantar adoquines que sirvieron de munición. Pronto, unas cuadrillas de vehementes hordas entraron en el edificio y fueron buscando piso por piso, puerta por puerta. En la quinta planta, localizaron a Rajoy, Cospedal, Gallardón, Wert y Soraya que, enterados de los sucesos acaecidos, habían acudido en sus coches oficiales para intentar apaciguar a los manifestantes. Pero ya era tarde. Fueron sacados en volandas hasta la calle. Alguien gritó, “a la horca con ellos”. Y sin saber de dónde habían salido se improvisaron cinco sogas con cinco cuerdas de escalada.

Los cuerpos del gobierno de piratas permanecían colgados de las farolas. La gente, en lugar de calmarse, parecía más y más excitada. De nuevo alguien gritó: “A la Zarzuela” y como hormigas hambrientas todos giraron en dirección de nuevo hacía Alonso Martínez. En el giro, y dado el tumulto, la gente empezó a caer. Algunos ayudaban a levantarse a los caídos, pero otros, rojos de ira, empezaron a dar patadas para que se levantasen.

Marcial, que había seguido a la muchedumbre cabreada, era uno de los que tirados en el suelo, recibían patadas para que se levantase. Sentía como le daban en el estómago. Primero no muy fuerte, luego con mayor contundencia y después con cierta violencia que le provocaba dolor. Las patadas se sucedían y oía como le decían, ¡levántate coño!

Marcial, abrió los ojos, unas botas militares a las que seguían un uniforme azul, eran las que le golpeaban. A su alrededor, cientos de personas montaban algarabía. El policía seguía dándole con la bota en el estómago y le exigía que se levantase. La gente necesitaba el sitio dónde pernoctaba Marcial. Hacían cola para entrar, ocho horas más tarde al Teatro Real, dónde se celebraría el sorteo de la Lotería.

Todo había sido un sueño.

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11 comentarios en “Cuento de navidad

  1. Sigamos soñando, sigamos tratando de hacer ver a los que no quieren ver … y si lo conseguimos será el primer éxito para nosotros , nuestros hijos nietos , padres y madres que no acaban de creer lo que está pasando pq creen que es una pesadilla sin fin.
    Feliz invierno!!
    Salud y que mejora de nuestro presente y futuro
    Un abrazo

  2. Cele, ésta mañana hice un comentario, pero parece que no lo hice3 correctamente, pues no aparece.
    Mis mejores deseos para tí y para todos los que pasamos por aquí.

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