Ni orgullo, ni satisfacción, …

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Escuchaba el viernes pasado en la radio anuncio del grupo de las Prisas (ahora,en navidades ya no es radioanuncio sino directamente radiotienda) una entrevista que pretendió ser una encerrona al Juez Elpidio José Silva, y de la que éste salió indemne mientras estuvo allí porque dejó las cosas claras diciéndole en la cara al Jefe de Tribunales de la Cadena Anuncio, que no tenía ni idea de derecho y que no decía la verdad. Luego, cuando acabó la entrevista, ya se cuidaron de ponerle a caldo. El principal argumento de los paniaguados que aún trabajan para el grupo de ese vividor que se puso un sueldo mensual de más de un millón de euros, era que no se puede poner en duda la calidad democrática de este estado [desgobernado por una banda de vividores trileros] ni las actuaciones judiciales ni que España sea un estado de derecho. Decían bien que un estado democrático se basa en la división de poderes, pero a continuación acusaban al Juez de no respetar esa división de poderes. Y todo porque, este Juez, (como muchos ciudadanos) cree que aquí no hay justicia y que acabará acudiendo al tribunal de Estrasburgo para tener garantías de independencia. Estos paniaguados de la radio anuncio, obviaron que los órganos que deben regir a los jueces están nombrados directamente por el Parlamento (es decir por el PP y el PSOE) y lo que es peor, ya ni disimulan y nombran directamente para esos cargos a afiliados del partido tripero.

Llegados a este punto, creo que he encontrado el punto de inflexión por el que se podrían cambiar las cosas. El ser humano es conservador por naturaleza. Y no me refiero a que sea de derechas, sino a que le dan miedo los cambios. Todo el mundo tenemos cierta reticencia a los cambios. No da miedo lo desconocido. Tenemos pánico y por tanto huimos de aquello de lo que no conocemos las consecuencias. Sólo los más inquietos (los investigadores, los rebeldes y los reflexivos) nos aventuramos a dar pasos distintos a los demás. ¿Nos equivocamos? Por supuesto. Pero en la prueba, error está el avance de la humanidad.

Siempre me he preguntado dónde estaban el 15 de Junio de 1977 todos aquellos que el 1 de Octubre de 1975 habían estado aclamando a Franco en la Plaza de Oriente. (Según los medios de entonces casi un millón de personas de una población de poco más de tres millones en Madrid y unos 35 millones en toda España). Es evidente que habían cambiado. Y para que se produjera ese cambio hubo dos causas fundamentales: la prensa y un dirigente franquista que aseguraba que lo nuevo no era malo, sino todo lo contrario (aparte claro del apoyo a la nueva mentira de los Astados Unidos, la CIA, y los grupos que dirigen el mundo como los socios del Biderberg).

Muchos tenemos claro que la actual situación es crítica y que la única salida que tenemos es un proceso constituyente en el que la democracia sea de verdad, es decir directa y no representativa ( o con una representación de toda la sociedad y no sólo de una parte de ella). Ya he dicho aquí alguna vez que mi opción política en las últimas generales obtuvo casi cuatrocientos mil votos y sólo un diputado. Pero eso, que se cambien las reglas del juego, a la gente le da miedo. Principalmente porque los que ahora viven del cuento y del sistema no quieren perder sus privilegios y hacen lo posible para que una situación de cambio se vea como insegura, caos y desorden. Por no hablar de los que, en cualquier otro lugar del mundo, estarían siendo juzgados como peligrosos delincuentes y aquí nos subyagan y permanecen altaneros e impunes.

Entonces, la salida es convencer al pueblo de que el futuro no podemos asegurarlo pero que nada puede ser peor que esto. Hay un artículo de Pascual Serrano para Eldiario.es que resume claramente lo que quiero decir. Se llama, “menos mal que no votamos a los comunistas” y en él se relatan muchos de los mantras con los que los fascistas trileros meten el miedo a la gente engañándoles con las consecuencias de votar a los comunistas y que sin embargo, son realidades no cometidas por los comunistas sino por el desgobierno de la nación.

Muchos (un 70% según las encuestas) están a favor de que la Iglesia católica se autofinancie. ¿Cuántos estarían dispuestos a pagar por bodas, bautizos, comuniones y funerales por el rito católico? Muchos dicen estar a favor de la igualdad y de la justicia social, pero ¿Cuántos están dispuestos a que sus hijos compartan aula con gitanos o inmigrantes?

Lo que quiero decir es que, no podemos actuar como un elefante en una cacharrería. Y que para cambiar las cosas hay que ofrecer seguridad. Seguridad de que todo lo malo que se puedan imaginar, ya lo están sufriendo con estos trileros indecentes. Ellos hablan de los comunistas y de los anarquistas como el caos. Pero quién no cree en el estado, quién no cree en la democracia, ni en cualquier institución que controle y les impida acabar con lo público, manipular para amañar subastas, tribunales independientes, etc., son los del partido patrincar. Quién nos quitan nuestras casas, nuestros derechos y nuestras propiedades son los asquerosos del trile.

Hoy he visto una encuesta de intención de voto. Predecía un 57,6% de abstención. Y eso, sólo beneficia al PP y al PSOE. Porque la abstención hace que no cambie nada. A ellos les vale con que voten diez y les voten a ellos. Les da igual que la abstención sea del 60% o del 80% mientras obtengan la mayor parte de los votos.

Si queremos cambiar las cosas, habrá que votar. A cualquiera que no sea ni el PP ni el PSOE. Pero votar. Y si a quién votemos, no hace lo que nos promete, será cuestión de volver a intentarlo con otros. Hasta que encontremos a quién buscamos. Dejémonos de sueños inútiles. Si no somos capaces de inculcar a catorce millones de españoles que el PP y el PSOE son los causantes de su desgracia, de la pobreza que nos invade, de la pérdida de derechos y de que el salario haya pasado a ser una limosna, no podemos pretender que triunfe una revolución. El caballo de Troya es el mejor ejemplo a seguir y la única forma de introducir un caballo dentro de este sistema podrido es siguiendo sus normas electorales hasta que podamos cambiarlas.

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2 comentarios en “Ni orgullo, ni satisfacción, …

  1. Buenas noches amigo Celemín !
    Unos problemas de salud me han tenido apartado de tu espacio. Tan Sólo entrar para comentar que tu post de hoy me parece lo más cuerdo y reflexivo y real que he leído en mucho,mucho,tiempo. El momento que vivimos es tan claro para algunos como expones y denso para otros que no desean o no quieren o no pueden ver la cara de este país destrozado… Y Si el cambio siempre da miedo,como el movimiento,pero es la única forma de arreglar esto…
    Seguiremos intentàndolo aunque sólo sean las bases de algo que seguramente no veremos.

    Salud! y un combativo 2014 a tod@s!
    Siempre he creído que moverse es vivir… Y en eso estaremos!

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