Avaricia, caradura y deshonestidad.

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Hace muchos años que me pregunto el por qué de una “casual” curiosidad que no es otra que el 90% de los presidentes de fútbol son constructores. Imagino que el lavado del dinero negro tendrá mucho que ver en este asunto. Eso y la pátina de impunidad que les da el fútbol. Ayer mismo, veía en la caja para idiotas que en Sevilla, andan recogiendo firmas para que a un tal Del Nido, condenado por delitos de malversación, prevaricación y fraude, el desgobierno de la nación le conceda uno de esos indultos a los que nos acostumbra. Lo curioso del caso es que a la mayoría les daba igual que el tipo fuera o no prevaricador, malversador y estafador, porque lo importante era el Sevilla FC. Algunos, los menos, firmaban con la nariz tapada y aunque decían tener sentimientos de asco por los delitos, firmaban porque había sido un buen presidente para el club de fútbol.

Pero no es de fútbol de lo que quiero escribir hoy, sino de constructoras y en especial de una cuyos propietarios están ligados al partido que nos desgobierna y que “casualmente” se lleva muchos de los contratos del estado (un total de 377 entre el 2002 y el 2012 por la nada despreciable cifra de 4.786.840.000,00 €).

De siempre, los contratos se firmaban para cumplirlos. Porque se supone que es un acuerdo entre dos. Un acuerdo al que ambos han llegado conscientes de las particularidades y beneficios para las dos partes. Antes, un apretón de manos y la palabra eran suficientes para respetar lo acordado. Pero llegaron los tahúres truhanes y, bajo las leyes promovidas por ellos, empezaron a no respetar los acuerdos si no estaban escritos y firmados. Pero mira tu por donde, que ya ni siquiera sirve lo firmado. Los jugadores de fútbol amenazan con “negociar” con otros equipos si no les dan lo que quieren aunque acaben de firmar un nuevo contrato hace tres meses. Y las constructoras como Sacyr, presionan a todo un país como Panamá a fin de que les paguen un “sobrecoste” de 1.600.000.000,00 de euros no demostrados y además con el delito de haber acudido a un concurso público, haber aceptado los pliegos de condiciones técnicas y haberlo ganado, entre otras cosas, por ser el más económico en ejecutar la obra.

Claro que con todo este embrollo, nos hemos enterado de que el Tribunal de Cuentas asegura que, el aval de 160.000.000,00 $ con el que CESCE (Compañía Española de Seguros de Crédito a la Exportación con un 50,25 del capital en poder del estado y un 45,58 en manos de los bancos) “apoyó” a Sacyr para lograr el contrato del Canal de Panamá, no estaba conforme con las condiciones generales de la compañía.

En este conflicto además, hay muchas más patas por asir. ¿Que coño pinta la Ministra de Fomento en Panamá, si como ella misma ha dicho el “conflicto” es entre una empresa privada y el gobierno Panameño? ¿No predica el PP que lo privado es lo mejor, que lo público no sabe resolver nada? ¿O es que la señora Pastor es el brazo ejecutor de Sacyr? ¿Por qué no anduvo tan lista con el millón y medio de firmas que algunos españoles le dimos a la PAH?

Las oscuras relaciones entre este desgobierno, las empresas que se comportan como verdaderos capos de la mafia, el fútbol, los bancos y sobre todo la ruptura de las reglas del juego, cuando creen está el partido empezado y el contrario tienen todas las de perder, son gravísimas muestras de nuestra coyuntura.

Coyuntura que no dejamos de absorber y enseñar a nuestros hijos. Anteayer, estuve en una de esas miles de procesiones que llaman cabalgatas. Aprovecho estas ocasiones para hacerle un psicoanálisis a la sociedad española. Empujones, codazos, paraguas abiertos y boca arriba para coger cientos de caramelos que acabarán poniéndose rancios y sobre todo, la primera ley de los españoles: las colas son para los idiotas.

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