Velocidad y tocino

Hace unos días circuló por Facebook la noticia del cura de Beniarrés (Alicante) que le ha pasado a sus feligreses un cuestionario divido en 10 apartados (uno por cada mandamiento) y en el que les pregunta cosas como si se practica zoofilia, si se desea a la mujer del vecino, se ven películas porno, se desea el mal a los jefes o si se promueve el terrorismo, la tortura o la eutanasia.

Yo, que no creo ni en dios, ni en la magia y que estoy convencido de que las religiones y los dioses fueron creados para meter miedo y tener controlados a otros seres humanos, no voy a rasgarme las vestiduras como hizo la gente en Facebook. Entre otras cosas, porque no entro a valorar las “normas” de un club al que no pertenezco. Por mi, como si el cura les pregunta a sus vecinos si se la machacan todos los días y cuántas veces. Es un problema del cura, sus superiores y de sus feligreses.

Pero si me llama poderosamente la atención, la necesidad del pueblo español en mezclar la velocidad y el tocino. La iglesia, que intenta gobernar nuestras vidas (con éxito bajo mi punto de vista), seamos o no creyentes, y desde los Reyes Católicos, ha conseguido que creamos que las cosas de la religión católica son cosas de todos y que no se distinga entre los actos puramente civiles de los actos que deberían ser puramente espirituales. No me gusta la iglesia. No me gustan la mayor parte de los curas, obispos, prelados, cardenales y meapilas en general. Y no me gustan justamente porque intentan mezclar la vida cotidiana con la religión (Eso es lo que hacen los talibanes y no solo del Islán). Los prebostes católicos llevan jodiéndonos la vida desde el siglo XV (para ser justos, también fueron los causantes de la expansión de la cultura). Por eso, no creo que debamos opinar sobre algo estrictamente concerniente a los miembros de ese club que es la iglesia católica. Por eso, me revuelvo contra quiénes levantan la voz fuera de la iglesia porque ésta les exige pago o cursos por casarse o para hacer la comunión o adoctrinamiento a la hora de bautizar a un hijo. Si uno no quiere acatar las normas de aquel grupo al que pertenece por voluntad propia, lo que debe hacer es luchar para cambiarlas, pero dentro del club y sino, claramente abandonar el grupo.

Y es esa mentalidad de pensar como quieren los curas, la que nos lleva a ser como somos: sumisos, hipócritas, correveidiles, zascandiles, espumosos, caraduras y bobos en general. Es esa mentalidad de asumir todo como inevitable, levantando la voz dónde no corresponde y callando ante el poderoso, la que nos está llevando de vuelta a la edad media. Es esa actitud de payaso juglar, la que nos lleva a tomarnos a broma todo para poder soportar la vuelta a la servidumbre, la falta de libertad, la impunidad de los poderosos, que cosas que ya parecían superadas como el aborto o el divorcio se vuelvan a poner en duda, que mientras en Uruguay y en Colorado y hasta en Nueva York se legaliza el uso de la marihuana, aquí se vuelva a tiempos pretéritos castigando donde más duele: la cartera. Es esa actitud de constante letanía y miedo la que ha sumido a este país de nuevo en el gris más negro, dónde la fiscalía hace lo imposible por defender a los egregios, los emigrantes acaban perdiendo hasta el derecho a la sanidad o que la Ministra de Fomento se comprometa a respaldar económicamente a una empresa que se comporta como los corsarios que surcaban los mares del Caribe y todos acabamos escondiendo la cabeza debajo del culo para evitar que nos salpique. Es esa actitud de que hagas lo que hagas conseguirás el paraíso si te arrepientes antes de exhalar el último halo, el que nos lleva a defraudar, a saltarnos las colas, a no respetar a los ancianos o a los minusválidos y sin embargo a exigir descaradamente y de malos modos lo que nosotros no respetamos. Es esa actitud de sumisión y letargo la que nos lleva a creer que lo que ha pasado en Francia con los directivos de Goodyear es secuestro mientras que allí, que hace dos siglos cortaron 15.000 cabezas y acabaron con toda esa morralla que aquí nos controla y nos domina, se ve dentro de la normalidad del ejercicio sindical.

En general es esa actitud de acudir a misa a redimirse mientras se piensa en la siguiente putada a realizar en cuanto se salga de allí, la que nos lleva a mezclar lo divino y lo humano, como si ambas cosas formaran parte de todos y cada uno de los seres humanos. Nadie vería normal que yo no pagara la comunidad, el IBI y que además el resto de vecinos me dieran dos mil euros al año para mis gastos, pero si es normal que la iglesia no pague IBI, IVA, ni impuesto de transmisiones y además reciba de todos nosotros más de diez mil millones de euros al año.

Eso si, hacemos un chistecillo sobre ello y nos reímos hasta perder la noción de la realidad.

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7 comentarios en “Velocidad y tocino

  1. Uno puede no querer entrar a valorar las normas de un club al que no pertenece. El problema aparece cuando esas normas de ese club se cuelan por alguna puerta hasta determinar de alguna manera tu existencia. Y ahí, solo caben dos actitudes. La que todos conocemos por consabida, o la beligerancia.

    Yo suelo ser muy beligerante con la Iglesia. Especialmente con sus representantes aquí. Porque es el mayor grupo de presión existente en este puñetero país como tu bien dices desde los Reyes Católicos (origen de toda nuestra idiosincrasia nacional posterior). Pero no sólo por razones históricas.
    Que, actualmente, grupos como el Opus Dei están metidos hasta el último de los rincones de las instituciones del Estado no es algo que carezca de importancia. Es la mano que mece la cuna para que sus numerarios, alcanzado el B.O.E., nos hagan comulgar con ruedas de molino (nunca mejor dicho) -a todos- lo que no es más que el pensamiento talibán y como no, económico, de unos pocos.

    No deja de ser alucinante que anden algunos, como energúmenos, debatiendo mantras de que se acaba la hucha de las pensiones (sin preguntarnos del por qué de ello) y a nadie se le ocurra que al igual que hay “presupuesto” para subvencionar a la Iglesia Católica con más de 10.000 millones de euros, no lo haya para cubrir las pensiones de quienes han estado trabajando toda su vida.

    No deja tampoco de ser alucinante que estos cuenta-cuentos consigan seguir metiendo las garras no sólo en todo cuanto concierne a la Educación sino que consigan tumbar algo tan emblemático como Educación para la Ciudadanía.

    Llama la atención que griten y jaleen en las calles contra el aborto o la homosexualidad –y consigan retrotraernos a tiempos que creíamos superados- , y en cambio callen ante lo que está ocurriendo. O su elocuente silencio durante el 23-F, haciendo otro inciso histórico reciente.

    ¿Hay algún día en que no salga en las televisiones el asunto de la pederastia en conexión con Internet pero jamás relacionado con las sacristías? ¿Ni que no sea noticia la petición de perdón y el resarcimiento económico a sus abundantes víctimas por el abuso sexual de menores de prelados de toda graduación en todos los países… menos en el nuestro? ¿Acaso esto no forma parte del “silencio informativo” de la #MarcaEspaña?

    Me temo que hay muchas, muchísimas razones, para ser beligerantes con este “Club”. Y tenerlo siempre en el punto de mira.

    Como haces habitualmente, pones el foco en lo que es importante iluminar en el panorama de nuestra realidad.

    Salud, Cele. Y contertulios.

    • Yo estoy de acuerdo. Hay que ser beligerantes cuando se meten en lo que no deberían como es el estado y su funcionamiento. Lo que quiero hacer ver es que, además nos mentemos a criticar acciones que sólo se dirigen a sus fieles o seguidores y, cuando lo hacemos, caemos en su trampa de mezclarlo todo como si todo fuera lo mismo.

      Salud amigo.

  2. Además de todo lo que exponéis Celemin y Narbona en cuyos contenidos estoy de acuerdo, en éste pais se discrimina a los demás clubs. Aquí las prebendas para la iglesia católica apostólica y ro…. No es que yo desee que subvencionen al resto, sino que veo que seria tan sencillo decir o a todas o a ninguna. Pero éstos privilegiados pederastas mantienen sus prebendas desde como decís, los Reyes Católicos. Aqui aplicaria yo algunas de esas 15.000 guillotinadas. Salú patós.

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