A true story

Sentado frente a la ventana, pitillo colgando de unos pálidos labios, barba de tres días, mirada perdida, ojos tristes, manos temblorosas que balancean una escuálida naranja sacada del cubo de basura del AhorraMás, Mariano mira sin ver, piensa sin sentir, oye sin escuchar el ruido de fondo de la televisión en la que sus tres nietos ven las peripecias de una esponja amarilla que habla debajo del agua, que cocina debajo del agua y que tiene como amigo y jefe a un calamar grosero, gruñón, explotador y tacaño.

Mariano, desde que un ERE se llevó, trabajo, capacidad económica y una vida llena de ilusiones, vegeta junto a la ventana. A sus 58 años ya no le quedan ganas de luchar. Durante años, treinta exactamente, tuvo un trabajo que le gustaba, un sueldo que le daba para comer, para tener coche, vacaciones y algún que otro capricho y una vida cuya preocupación más grande era aguantar a los madridistas los lunes por la mañana. Nunca se pronunció políticamente. Era correcto con todo el mundo y rehuía las conversaciones cuando se tornaban políticamente incómodas. Siempre se llevó bien con los ejecutivos de la empresa dónde trabajaba, nunca rechazó hacer una hora extraordinaria, incluso sin cobrarla y siempre estuvo bien dispuesto a ceder ante las peticiones, a veces caprichosas, que le hacían. Pero la vida es perra. La vida, siempre azota. La vida es un gran pozo de ingratitud y de olvido. Por eso, cuando su empresa, una multinacional que ganaba (y gana) dinero con la explotación del papel reciclado, decidió echar el cierre aprovechando la reforma laboral del Gobierno y despedir a sus 560 trabajadores y llevarse la producción a un país con menos exigencias laborales, Mariano quedó en Shock. Un Shock del que nunca ha salido porque no logra entender los motivos. A sus cincuenta y seis años y, tras casi cuarenta trabajando, se vio en la calle, sin posibilidad de volver a hacerlo, con dos años de paro que ya ha rebasado y con dos de sus hijos, una nuera y tres nietos, de vuelta al hogar porque también se quedaron sin trabajo, sin casa y sin futuro.

Para colmo, los ahorros de toda su vida y la indemnización del despido se lo llevó el sumidero de Caja Madrid y sus preferentes.

Jose Juan era albañil. Dejó el instituto con diecisiete años, se fue voluntario a la mili y al volver, encontró rápidamente trabajo en una obra. Pronto ascendió a a maestro. Durante diez años, vivió en una nube de dinero, lujo y derroche. Se casó de penalti, tuvo dos hijos sin casi darse cuenta, cambió dos veces de casa y le quitaron la última, también sin darse cuenta. Igual que ganaban, gastaban. Se metieron en un chalet con una hipoteca de 2000 euros al mes. Con la crisis del ladrillo, vino su particular viacrucis económico y existencial. Pronto se le acabó el paro. Pronto las prestaciones. Más pronto llegó la guardia civil y les desalojó de su casa. Volvieron a casa de su padre, Mariano, con tan mala suerte que a los diez meses, éste se quedó en la calle.

Abigail estudió empresariales. Hizo un máster en dirección de empresas y habla castellano, inglés y francés. Durante seis meses, trabajó en una consultora como becaria. Allí conoció a su marido, Alberto. Se casó, tuvo un hijo y se separó todo casi al mismo tiempo. Como su marido no le pasa pensión y le quitaron la casa por falta de pago, se volvió con su hijo a casa de sus padres. Su padre, Mariano, nunca llevó bien lo de la separación. Ahora, Abigail, llora a escondidas cuando ve a su padre con la mirada perdida en el horizonte. Si no fuera por su hijo, ya habría emigrado a Londres o a Hamburgo. Pero no puede hacerle eso, ni a su madre ni a su hijo.

Abigail ha encontrado trabajo hace diez días. Un puesto de cajera en un supermercado por el que le pagan 750 euros mensuales que, de durar, no le permitirían volver a independizarse y que, además debe aportar a los gastos de la casa de sus padres dónde no es fácil dar de comer a ocho personas con un subsidio para mayores de 45 años que aporta 350 euros y una ayuda familiar de 426. En los últimos tres años Abigail ha sido camarera, cajera, agente comercial, dependienta y empleada del hogar. Ningún puesto acorde a su formación y valía. Incluso ha tenido un contrato de cuatro horas por el que cobraba 500 euros mensuales y cuyo horario sobrepasaba las nueve horas diarias. Todos los contratos acabaron a los pocos meses. Éste, el de cajera, es por un mes. Hoy le han echo una entrevista en la tele por ser una de las 1.949 personas que han encontrado trabajo en el mes de Febrero. Uno más para Abigail.

José Juan, lleva seis años en el paro. No ha encontrado trabajo legal ni siquiera un solo día en los últimos seis años. Hace chapuzas que ayudan a la economía familiar. Cada vez menos porque cada vez hay menos gente que se lo pueda permitir. En una ocasión, un antiguo Jefe le ofreció trabajo en la renovación de un chalet de lujo. Le pagaba 600 euros al mes y debía darse de alta en autónomos. Evidentemente no podía trabajar por 350 euros al mes. Un albañil rumano ocupó la oferta que él había rechazado. Sin estudios y sin formación, en la oficina de empleo le han dicho que a sus treinta y tres años, será difícil encontrarle un trabajo. Le aconsejan que intente que sus conocidos o allegados se lo den o le enchufen. Pero entre sus conocidos, amigos, vecinos y allegados lo que más abunda son los parados.

© J. Celemin. Marzo del 2014.

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9 comentarios en “A true story

  1. Con una realidad tan demoledora como la que se cuece a nuestro alrededor, no hace falta, para contar historias, el recurso a la ficción. Una cámara podría ir pasando de un personaje a otro -con el que le una alguna relación- y tras hacernos asomar al devenir de su situación, contemplar la pendiente generalizada por la que se está echando a rodar a una abrumadora parte de su capital humano.

    Que un personaje como Marie Le Pen afirmara en la entrevista del domingo en TV estar alucinada con la capacidad de aguante de los españoles con lo que les están haciendo y echando encima cada día, es para reflexionar, al menos quien no lo haya hecho aún.
    Por qué no ocurre algo -como respuesta y en justa proporción a ello- es algo que se debate, al menos por estos lares, desde el minuto uno en que comenzaron las “reformas”.

    Entre las explicaciones, recordar el último artículo de Carlos Elordi en Eldiario.es, en el que viene a decir que todo este asunto de la “recuperación” es el último gran engaño de un gobierno que, lejos de gobernar, sólo hace propaganda. Y en la que, a pesar de conocer las mentiras y sospechar la manipulación de los datos, cuenta con la cobertura mediática absoluta como para hacer que la lucha a contracorriente llegue a ser tan desesperanzadora que den ganas de tirar la toalla y rendirse.

    Goebbels se aplica ante nuestras narices cada día. Y con no poco éxito.

    Muy elocuente tu relato, Cele.

    • El relato, inventado, muestra una realidad no inventada. Muestra la dureza de muchos de los hogares de este país, dónde los abuelos dan de comer con su pensión, o su prestación social, porque se les acabó el paro. a hijos y nietos. Muestra la realidad de quiénes encuentran trabajo, que debido a la situación y la legalidad que se han montado, soportan trabajar muchas horas gratis y encima con un salario de miseria. Cuenta la situación de los cientos de miles de contratos por días (incluso horas) para no pagar sábados, domingos o vacaciones.
      Cuenta la realidad de las mujeres que siguen teniendo que soportar el peso de los hogares, aunque estén preparadas para trabajos mucho más intelectuales, como trabajadoras del hogar de ricos y tuercebotas, como cajeras de supermercado o como camareras.
      Esa es la realidad de la salida a esto que ellos llaman crisis y que no ha sido otra cosa que una gran estafa con una involuición a finales del XVIII (en pleno inicio de la revolución industrial).
      Lo demás como tu dices propaganda. Algo que estos hijos de satanás utilizan constantemente. Propaganda y medios de transmisión de la misma. Nada más.
      Salud

  2. Nos ofreces realismo sangrante y estado de shock que podría durar unas semanas en una situación coyuntural se convierte en permanente pq con el/ella ha fracasado el proyecto de vida en una sociedad poco o nada empática educada en el individualismo mas brutal que sigue poniendo la etiqueta de vago o poco formado y en la que si bien es cierto que los mejor formados tienen mas posibilidades tb es que hay mucha gente que está muy bien formada y se encuentran en el mismo estado de shock y ya no te digo cuando algunos de estos dos grupos han salido fuera de España con mucha euforia y han tenido q volver con otro fracaso que ahora sí puede ser irreversible .Viven el paro mas como un fracaso personal que social.
    Creo que como sociedad en el caso de Mariano no hemos estado a la altura. La calle tenía q ser un clamor ante semejante ESTAFA y encima algún que otro todavía prefiere guardar las formas cuando los preferentistas estafados dan golpes al coche del caradura al protagonista del blesazo.
    Salud y lucha

  3. Antonio, enfermo crónico al que el gobierno de Madrid desahució a finales enero.
    A Yelin por defenderlo lo detienen en su casa
    Ada Colau en rueda de prensa antes de entrar en el Ateneo
    Muchas gracias al pueblo de Madrid
    En Madrid el nivel de represión es mucho mas dura que en el resto del Estado

    • Siempre van a por los más débiles. A por aquellos que saben que difundirán el miedo. El estado de derecho no existe. Existe el estado de “lo que a mi me sale de los cojones”. Ni siquiera es fascismo. Es mucho peor. Es pastorismo. Es cinismo. Es la ley del intocable.
      Salud

  4. Lo que hoy traes en tu entrada, aunque sea una ficción sacada de tu rama literaria, es pura realidad en cientos de miles de hogares de éste pais. Has sabido contarlo con toda la crudeza, realismo y tragedia en que se viven esas situaciones. Mis felicitaciones para ti, pero mi tristeza para cuantos son protagonistas de historias similares. A Goebbels lo tenemos instalado en nuestras habitaciones queramoslo o no, de inquilino forzoso. Salud y lucha amigos.

    • Goebbels sale dia a día, hora a hora y minuto a minuto por la tele y por la radio. Y no digo por la prensa porque aquí, leer sólo se lee el AS y el Hola.

      Salud

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