La agonía de la Pachamama

¡Burgos ya no nos deja fríos!

En la puerta de la calle no corre ni una brizna de aire. Es noche cerrada. Sentados en un gran tronco de encina que murió hace más de cien años, apoyando sus espaldas contra la pared, Manuel y su mujer soportan los 32 grados como pueden. María con un gran abanico que apenas puede mover por la artrosis de las manos. Manuel al rebufo. A su edad, no necesitan gran cosa. Poca comida, poca bebida y poco movimiento. Aunque con esta calor, el médico les ha aconsejado que beban agua frecuentemente. Pero el agua es un bien escaso. Antes no. Cuando Manuel iba a la escuela en pantalones cortos, la nieve en invierno le llegaba a las ingles, los sabañones formaban parte de sus dedos igual que las uñas y en verano se llevaba chaqueta, e incluso abrigo. El agua era lo único que sobraba y que nadie apreciaba. La comida entonces era escasa. Pero el agua, ¡uf! En un pueblo que se llama Valdelagua que ahora tengan que ir a buscarla lunes, miércoles y viernes al camión de reparto de la diputación es toda una ironía.

Nadie parece darse cuenta, pero Manuel, si. Siempre fue un hombre combativo. De sus años en Madrid recuerda con añoranza su activismo, su lucha, sus avisos sobre la que se nos avecinaba. Locos, les llamaban. Amigos de los terroristas o antisistema también. Entonces sólo parecía importar el presente. Sólo importaba tener dinero para ir al gimnasio, para tener un móvil de última generación o para lucir un deportivo. Todo lo demás eran monsergas de gentuza. De inadaptados que sólo querían llamar la atención.

En Valdelagua, nunca hubo piscinas porque el agua siempre estaba fría. Ahora, aunque ya les gustaría, no las hay porque el agua no existe. Hace años que ya no se enciende la gloria o la cocina. La olla podrida se ha sustituido por gazpacho y ensalada. La boina por sombrero cordobés. El campo ya no da trigo, ni cebada. Ahora, con agua sacada de las entrañas de la tierra se riegan naranjos, limoneros, melocotoneros y olivos.

Burgos, que siempre tuvo fama por el frío, ahora es conocida por sus altas temperaturas. El mar ya no es lugar para vacaciones. La población de medusas ha infestado el mar y hay que meterse con neopreno. El Ebro y el Duero, que han reducido considerablemente sus caudales, son los nuevos destinos vacacionales. Ya no hay majuelos. Ahora hay enormes plantaciones de frutales en la ribera del Duero.

El aire se mastica como un gran vaso de melaza. Hay tornados y huracanes en Europa, sobre todo en lo que queda de la península Ibérica y la última helada del Moscova fue en el 2025.

Manuel y María, soportan la noche burgalesa en la calle. Duermen al amanecer, al fresco de los adobes y por el día vegetan y se mueven lo menos posible. Nunca pensaron que sus vidas podrían llegar a parecerse tanto a la de las lagartijas.

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El domingo pasado en más de 2800 ciudades del mundo, ciudadanos comprometidos salieron a la calle a llamar la atención sobre el último tren de esperanza de vida tal y como la conocemos. Nos quedan pocos años para poder revertir lo que parece inevitable: que la tierra desaparezca debajo de las aguas y que todo el Mediterráneo y América latina se conviertan en lo que hoy es África. Hambre, muerte y desesperación es lo que les espera a nuestros hijos y nietos como no paremos esto.

Países como USA y China producen más del 50% del CO2 que emitimos a la atmósfera. Y no sólo de la industria pesada. La superproducción de carne de vacuno está afectando al medio ambiente tanto o más que la industria pesada.

El problema es grave. Y lo es porque el efecto invernadero es como un cáncer que nos va comiendo sigilosamente y sin aparentes síntomas, y acabará matándonos igualmente. Los polos cada día tienen menos hielo, los tornados cada vez son más frecuentes en España (por ejemplo), nieva en Jerusalem, hace frío en agosto y calor en diciembre. Todos, son síntomas de un cambio climático que parecemos obviar para ver si se pasa sólo, lo antes posible y sin afectarnos a NOSOTROS.

Y ese es nuestro mayor pecado. Creer que sólo nos afecta lo particular. Y en especial el dinero. Vivimos bajo el tirano régimen de que todo tiene que ser rentable. Los museos, los hospitales, la educación, el autobús urbano, el metro, las bibliotecas, el trabajo, todo está metido en un mismo saco de un mercantilismo atroz que acabará pasándonos factura. ¡Y qué factura!

Mientras esos ciudadanos del mundo salían a la calle concienciados en un problema global, aquí disfrutábamos del fútbol, que es lo importante. ¡Para qué nos vamos a manifestar! ¡Si tenemos un gobierno que niega el cambio climático! ¡Si hemos elegido a un presidente que deja el bienestar de nuestros hijos y nietos en manos de un primo, que como él, es inmensamente tonto! ¿XD, qué podemos esperar?

Están obsesionados con que las cifras del paro les den la razón. Aunque la gente trabaje y no gane ni para pagarse el billete de autobús. Están obsesionados con que los amigos, a los que les regalan un mercado de sanidad y enseñanza creados para ellos, no pierdan ripio. Están obsesionados con lo que estamos nosotros. Porque ellos sólo buscan hacer creer a la gente, lo que la gente quiere creer y tener: trabajo, dinero y suficientes cosas materiales como para acabar con la tierra pero que llenen nuestro ego hasta la coronilla.

Todo es consecuencia de los mismo. La especulación se ha convertido en la nueva religión. El mercado es nuestro nuevo dios vengativo. Y nuestros sacerdotes, elegidos por el rebaño dirigido por el pastor de la televisión, la radio y la prensa, son los nuevos fariseos que utilizan el templo (nuestra tierra, la Pachamama de los incas) como mercado. Todo se debe a la rentabilidad del capital. Pero la tierra, sólo se debe a la rentabilidad del cuidado.

Si hemos sido capaces de elegir a un tipo que no sabe leer, que no entiende su letra, que no sabe como se llama el anterior rey, que Perogrullo a su lado es Rector en Harvard, no me extraña que estemos acabando con la tierra y además muriéndonos de hambre y de asco y que solo nos importe el campo….. de fútbol.

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3 comentarios en “La agonía de la Pachamama

  1. Amen.
    Al final frustrado faraón y amigo de Leguina ya son compas. El que quiso ser presidente y no pudo en 48 horas ya se situó en el Consejo Consultivo de la Comunidad de Madrid a razón 8.500 euros brutos al mes x.
    Salud

  2. Pingback: La agonía de la Pachamama | EL VIL METAL...

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