Con la muerte en los talones

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Escuchaba ayer tarde en el programa de Julia Otero que el presidente de ADIF dice que un AVE con el actual número de pasajeros es insostenible. Que no se pueden tener unas pérdidas de 231 millones de euros anuales. Dejando de lado la discusión sobre si el AVE es o no un servicio público esencial (que yo creo que si, porque es importante tener un tren rápido que vertebre el país de norte a sur y de este a oeste), lo que piensa este individuo encargado de dirigir de forma “privada” algo que es de todos y que por tanto debiera ser público, es el paradigma del pensamiento que nos están inculcando a cincel y martillo esta banda de psicópatas vividores y ejecutores del hijoputismo más miserable.

Llevan años hablándonos como si el dinero fuera lo más importante del mundo. Años inculcándonos que cualquier servicio, cualquier cosa que hagamos o haga la administración tiene que tener una rentabilidad económica. Una falacia maléfica que ha calado de tal forma que hemos consentido y hasta aplaudido que se haya cercenado hasta la agonía la educación pública, la sanidad pública y hasta el metro, los autobuses urbanos o los servicios prestados por ayuntamientos y/o diputaciones.

Si hiciéramos una encuesta sobre que tipo de colegio es uno concertado, el 95% de la gente contestaría que es público. Ya tienen lo que quieren. El pueblo no sabe ya siquiera lo que es público y lo que es privado (aunque sea sostenido con los impuestos que muchos pagamos, lo que en un plano lógico es infumable, porque si hay necesidad de prestar algo que debe ser “objetivo”, igualitario y libre, entonces nada mejor que la administración para prestarlo). Pero claro, nos empezaron a convencer de que lo privado funciona mejor y además es más barato. Dos mentiras enormes que han calado como axiomas indiscutibles, a base de no presentar cuentas o de mentir en las mismas.

Y así hemos llegado hasta aquí. Ahora hay mucho miedo al contagio del Ebola. Pero algunos siguen sin enterarse de nada. El problema no está en haber traído a dos señores que no han cotizado en España en la puñetera vida, que pertenecían a una congregación multimillonaria, que tiene hospitales, geriátricos y residencias de anciano y que estaban contagiados de una enfermedad de la que los expertos mundiales dicen que es mejor intentar curarla in situ que moverla por el mundo con el peligro de contagio y que es prácticamente incurable. El gran problema es que quién tomó la decisión de traerlos no estaba en condiciones, porque no fue una decisión médica, sino política (hace doce meses, los familiares de una enferma de neumonía atípica, española ella, pero hospitalizada en Argentina, pidieron la repatriación de la enferma. Murió en Argentina habiendo sido denegada la repatriación.) El problema es que quiénes tomaron esa decisión son los mismos que han desmantelado la sanidad pública, concediendo la construcción de hospitales a grandes empresas de construcción y dejando en muchos casos en manos de esas constructoras la gestión sanitaria. Una gestión basada en la ganancia económica y no en la utilidad pública. El problema es que quiénes tomaron la decisión, son los mismos que desmantelaron el Hospital Carlos III para convertirlo en geriátrico. El problema es que quién tomó la decisión política, ni siquiera tuvo la decencia de mejorar las dotaciones económicas pertinentes para formar a los sanitarios, para comprar equipamiento adecuado o para contratar a expertos que diseñaran protocolos de seguridad fiables (esto es consecuencia de lo anterior. Los protocolos no han sido efectivos porque para ello, debería haber material adecuado, salas adecuadas, formación adecuada y personal suficiente. Y cualquier experto les hubiera exigido todo eso antes de diseñar nada).

Pero lo que es normal en muchos lugares del mundo aquí se convierte en quimera. Aquí, como decía un fascista ignorante, analfabeto y matón como Millán Astray somos más de muerte que de inteligencia. Aquí somos más de quedarnos con los superfluo que rascar para enterarnos del verdadero funcionamiento de las cosas. Y claro, con estos mimbres no podemos tener políticos que sean buenos cestos (aunque cestos, ser, son enormemente grandes). Aquí que somos muy dados a echarle la culpa al primero que pasa, nos extraña que unos gañanes vividores, cuyo patrimonio no conocemos pero que suponemos que ha crecido exponencialmente en los últimos años, le echen la culpa del contagio a la pobre Teresa que con mala serte, acabará dejándose la vida por ayudar a los demás, o a la estatura de un médico porque “los españoles, no medimos dos metros”, o llaman estúpidos a los sanitarios porque exigen formación para quitarse un ropaje de cuya eficacia depende su vida, porque “no hay que hacer un máster para ponerse y quitarse un traje” o intentan desviar la atención diciendo que tienen la vida solucionada porque son médicos cuando llevan casi cuarenta años viviendo de lo público.

Y la jeta de esta gentuza es de tal calibre que hasta osan decir que en Europa están tomando apuntes sobre la gestión del Ébola en España porque es ejemplar. Pero si rascas, descubres que el corresponsal del Washington Post alucina en colores cuando se entera de que se condecora a la virgen, cuando se le pide ayuda para recortar el paro o cuando se informa sobre los procedimientos y el material puesto a disposición de los sanitarios para evitar el contagio.

Se están empezando a leer mensajes en Twitter que hablan de plomo, de salidas de emergencia y de ajusticiamientos ciudadanos. Y me temo que como esto se extienda, alguno de estos capullos de los sobres, los sobresueldos y las tarjetas de crédito en B, lo van a pasar muy mal.

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4 comentarios en “Con la muerte en los talones

  1. Cele , el problema esta en traerlos y en quien tomó la decisión de traerlos .
    Decía Aníbal Malvar en Público hace dos dias:
    Aunque a mí me han soplado fuentes militares que cada una de ellas, incluyendo personal, avión medicalizado, coches blindados y tanquetas militares custodiando la ambulancia hasta el Hospital Carlos III, y tal, puede haber rondado los 800.000 euros. Pongamos, por redondear, que traer a morir a España a los dos beatos y admirables ancianos millonarios nos ha costado 1,5 millones de euros.
    Cuanto se podría hacer en Africa con todo ese dinero?
    No se no se puede que el plan de entregar al ejército lo que hasta entonces llevaban en Carlos III y poner en valor lo que hacen los religiosos de las sicav forme parte de otro plan al que quizá no estemos prestando la atención que merece el descalabro a nivel nacional y mundial.
    Es preocupante que el 28,6% quiera seguir votando a corrupptos y el 20,9 voy a poner a semi corruptos.
    Salud y gracias de nuevo gracias x hacerme pensar.

    • No sé dónde leí que cada uno de ellos había costado 600.000 euros. Con ese millón doscientos mil euros se podían haber salvado un montón de desnutridos en África. Pero para más inri, estos señores pertenecen a una congregación multimillonaria. En Madrid, tienen el Hospital de San Rafael. Pero sin embargo, les traen a uno público que, aun desmantelado ofrece más garantías que el privado.
      Todo es un despropósito. Pero no olvidemos que hay un montón de personas que sólo ven la 1, Telemadrid o TV Castilla La Mancha. Y que es muy fácil engañarles. En mi mueblo, los de PODEMOS somos comunistas peligrosos para la gente mayor.

      Salud amiga y gracias por estar ahí.

    • No se puede ser más asqueroso, ni manipulador, ni tener una actitud más hijoputesca.
      De la tele de la Bienpagá, no podemos esperar otra cosa.

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