Vividores

Viaje a la libertad

Jimmy Brown se atusaba el pelo frente al espejo. Le temblaba la mano y le temblaba el peine. No había visto ningún cartel que le prohibiera entrar, pero él sabía de sobra que aquel era un baño para blancos. Aún no habían llegado a la profunda Alabama, pero estaban cerca.

Jimmy, había leído toda la biografía de Mahatma Gandhi y había sido adiestrado para resistir pacíficamente a los potenciales ataques de los blancos que no querían perder privilegios ante una sociedad donde la gente de color, poco a poco iba ganando derechos, puestos de trabajo y consideración de personas. Hacía muchos años que la esclavitud había sido abolida, pero en los estados del sur, las personas de color eran tratados como animales. Sus trabajos eran los que los blancos no querían y los salarios inexistentes. No había abogados de color negro, ni periodistas, ni mucho menos policías o políticos en Alabama. Los negros eran mano de obra barata y como tal, los blancos no querían perder ese privilegio.

Seguidor del Movimiento por los derechos Civiles, Jimmy Brown se había enrolado sin pensarlo dos veces en aquel autobús que viajaba rumbo a Alabama y que había salido seis días antes de Washington D.C.. Aquel era un mayo frío y el cristal del baño se empañaba con su respiración. No había entrado nadie tras de él y creyó no haber visto a nadie cuando accedió a aquel servicio de carretera en el que había que entrar, no porque tuviera necesidad, sino por dejar constancia que no tenían miedo y que no aceptaban aquella segregación infame. Sin embargo, entre el bao, atisbó a ver una cara delgada con los ojos muy juntos, nariz aguileña y dos paletas de dientes enormes. Era un tipo muy feo y tenía cara de pocos amigos. Y eso que era un escuálido. De pronto, Jimmy vio como alzaba lo que adivinó como un mango de unos cincuenta centímetros muy pulido al que le habían quitado la cabeza de acero del martillo al que pertenecía. Sus instrucciones eran resistir pacíficamente pero Jimmy no estaba dispuesto a que un renacuajo endeble, feo y con malas pulgas le abriera la cabeza. Así que se apartó justo al tiempo en el que el atacante cejijunto bajaba con fuerza el palo en dirección a su nuca. El muchacho escuálido, que no esperaba la reacción, acabó golpeando el lavabo que se hizo añicos. Aprovechando el fuerte dolor que el golpe le había transmitido al agresor, Jimmy le pegó un empujón que acabó sentando de culo en un retrete al de los dientes de rata.

En ese instante, un ayudante del Sheriff blanco también, por supuesto, entró en el recinto. Jimmy se dirigió a él exigiéndole que detuviera al agresor.

-Chico, le dijo, yo sólo he visto como la emprendías a golpes con el pobre Danny. Él no te ha hecho nada y tu has roto un lavabo y has agredido a un pacífico ciudadano de Chatanoogga. Así que no te resistas porque será peor. Quedas detenido.

Unas horas después, la caravana de la libertad había llegado a Birmingham sin Jimmy, que había sido puesto en libertad a última hora de la tarde y colgado de un árbol a los diez minutos de haber abandonado la celda por unos misteriosos tipos vestidos de Nazarenos.

*****

Escuchaba el otro día al bausán Alfonso Alonso decir que Las Cortes no son un colegio y que por tanto los diputados, que ya son mayores de edad, deben ser responsables de sus actuaciones. Y me pregunto que tipo de responsabilidad se le han pedido a Monago, cuáles les han pedido a Matas, Granados, Aznar, González o al propio presidente que aún no ha explicado porqué, durante años siguió cobrando como registrador sin haber pisado el registro en su vida.

Confundir la delincuencia con la voluntad responsable de cada cual, es como haberle dicho al descuartizador de Boston que fuera responsable con el cuchillo (después de haber matado), o como pedirle a todos aquellos que en los Estados Unidos empuñan un arma y se cargan a treinta adolescentes en un colegio, que hay que ser responsable y que ellos sabrán como usan las armas.

El concepto que sus señorías tienen sobre el abuso de lo que no es suyo, tronca con el estado mental de impunidad en el que viven. Creen que por ser parte de “los elegidos” tienen todos los derechos y ninguna obligación. Y debiera ser todo lo contrario.

Cuando un funcionario de carrera, (de los que se han preparado una oposición y ha luchado contra 30.000 oponentes para ganarse un puesto) sale de viaje por trabajo, se le asigna un hotel al que debe acudir si o si, se le paga una dieta, (que desgraciadamente también tiene una parte de prebenda porque al parecer, uno del Grupo A, necesita comer mejor que uno del Grupo E), por manutención (desde los 28 euros del grupo 3 a los 53 del grupo 1, la mitad de esos importes si sólo se come o se cena) y una vez de vuelta, deben justificar a través de los recibos correspondientes que deberán presentar junto con un impreso de dietas.

Si nuestros vividores de la patria ya cobran 1.823,86 euros si su escaño no ha sido elegido en Madrid (870,56 en este caso) no entiendo que además se les pague por ir y venir a su casa. Cientos de miles de españoles viven en Madrid y son de fuera y nadie les paga nada y no cobran los 5.245 euros mensuales como si lo cobran sus señorías.

Cuando un tipo como Posada dice que a un político se le debe pagar el viaje aunque vaya a un mitin porque está haciendo política, está haciendo uso de su desconocimiento de la sociedad a la que dice representar, de un cinismo insoportable y de una impunidad que irrita. ¡Imaginan ustedes que le digo a mi Jefe que me tiene que pagar un viaje a Bilbao porque voy a ver a unos colegas que dan una comida y todos ellos trabajan en lo mismo que yo!

Pero, como digo, esta actitud altanera de sus señorías, entronca claramente en ese status en el que viven (lo que Pablo Iglesias llamaría Casta). No entiendo que quién dice ser representante del pueblo tenga que reunirse en secreto con nadie. Y menos viendo el resultado. No entiendo las cosas que se “hacen por nuestro bien” y que acaban siendo perjudiciales para nosotros. No entiendo que haya gente quedándose sin casa, que uno de cada cuatro españoles esté en riesgo de exclusión social, que haya niños que pasan hambre (tantos como casi tres millones) y que estos caraduras cobren dietas por representar a gente de otro lugar a pesar, como en algunos casos de que tienen varias casas en Madrid.

No hay que controlar los gastos de esta gente. Hay que dárselo hecho. Si tienen que hacer un viaje justificado y por motivos de trabajo, hotel asignado, y comida pagada con presentación de factura y con límite. Si son diputados por Burgos y tienen que vivir en Madrid tres días a la semana, hotel asignado y restaurante asignado o piso alquilado asignado y 100 euros semanales para comida (que no lo gasta cualquier familia). Todo lo demás es fomentar el dinero negro, fomentar salarios a-legales y fuera de control y fomento de la corrupción.

Y, por último y para todos aquellos que critican a PODEMOS, que se pregunten si este tipo de actuaciones se hubieran siquiera planteado de no haber irrumpido esta formación como lo ha hecho y si sus perspectivas de voto fueran las que son.

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5 comentarios en “Vividores

    • ¿Un compañero médico? Hombre por díos. La referencia “al coletas” y las estadísticas, en las que no da cuenta por ejemplo que la esperanza d vida ha bajado en España dos años gracias a los recortes del PP, dejan claro quién es este mal nacido. Un bobo que se escuda en el anonimato.
      Si la enfermedad de Teresa ha costado dos millones de euros será gracias a la decisión de traer aquí a dos tipos que serán españoles pero que ni han cotizado nunca en España, ni residían en España. Y además miembros de una orden religiosa multimillonaria.
      Más les valía dar los medicamentos que necesitan los enfermos de Hepatitis B, en lugar de tanto sobre, tanto viaje, tanto sobresueldo y tanta hostia.
      Esta gentuza no tiene límites y están cabreando sobremanera a mucha gente. Ya veremos si alguno no se lleva la sorpresa de que alguien hasta la coronilla de tanto hijoputismo se tome la justicia por su mano.
      ¡Menudo regalito, amiga Lume nos has traído!

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