Listas ($$)

Malospelos

Con su pelo por debajo de los hombros, camiseta negra, sin mangas, con la cara de Rosendo impresa en el dorso, pantalón negro y estrecho y botas con tachuelas, Fortu presidía la mesa de votación.
No lo había elegido, le había tocado por sorteo y por su conciencia anarquista, había intentando por todos los medios librarse de ese marrón. Pero Valdorros es un pueblo pequeño y allí todo el mundo se conoce y no es fácil inventar una excusa convincente.

La verdad es que cuando sacaron su número de un bombo de jugar a la lotería casera y vieron a quién le correspondía, el propio alcalde del PP había puesto muchos más reparos en el nombramiento, que el propio Fortu. Pero la oposición estaba allí, y aunque tampoco les caía bien, basta que el alcalde pusiera reparos, para que ellos apoyaran la legalidad del sorteo. Así que a la secretaria del ayuntamiento, no le quedó otro remedio que apuntarlo como Presidente de la mesa electoral.

Fortu era un amante del rock (y de otras muchas músicas). Un tipo bonachón que ayudaba siempre en todo lo que estuviera en su mano. No había fumado un porro en su vida, no había visto la coca ni de lejos y lo más cerca que había estado de la heroína había sido cuando fue a ver la película “El Pico”. Ni siquiera en la mili se había acercado al hachís, y eso que allí si había aprendido a beber whisky a palo seco y calentito. Sin embargo, tenía fama, en el pueblo, de drogadicto, de macarra, de mala persona y de problemático, porque a su estilismo nada convencional para un pueblo de cien habitantes, se unía el hecho haber quemado la bandera franquista (en los primeros años ochenta) y tapado con cemento la placa conmemorativa de la inauguración de la escuela por el entonces canalla franquista Delegado Provincial del Movimiento. Renegaba de las inauguraciones de obras civiles por el cura del pueblo y pedíale cuentas por el arreglo de la iglesia. Obras que, habían sido pagadas con dinero aportado por el ayuntamiento, los vecinos y por la venta de unas fincas propiedad de la parroquia.

Esas cosas, le habían hecho ganar fama como peligroso entre las gentes “de bien” del pueblo y entre los abuelos que, aunque ya pasados quince años de la muerte del dictador, seguían pensando que esas cosas que decía y hacía Fortu, sólo podían traerles problemas.

Sin embargo, a la hora de pedirle un favor, no lo dudaban y Fortu, jamás se había negado si estaba en sus manos.

Fortu era consciente de que ese día habría problemas. Las elecciones estaban calentitas y Alcalde y oposición andaban a la gresca, juzgados de por medio. Fortu era vecino de un matrimonio de mayores. Ellos le adoraban y él también a ellos. En el pueblo, en las elecciones, era habitual que la mujer, o el hombre, si alguno de ellos estaba enfermo o inválido, llevaran su voto y el del cónyuge. Siempre se había hecho así y nunca había pasado nada. Pero Fortu sabía que eso podría traerle problemas y le dijo a su vecina que si Aniceto, su marido, quería votar, debería ser él quién se acercara a la escuela que hacía de colegio electoral. Los apoderados del PP y del PSOE que allí estaban le preguntaron a Fortu por qué, y Fortu les respondió que porque no quería problemas. Ambos dijeron que no lo entendían y conminaron a Esther, la vecina, a bajar su voto y el de su marido, como siempre había hecho.

Así que, pasada media hora, Esther se acercó con los dos sobres en la mano dispuesta a emitir, su voto y el de su marido. Para entonces, el apoderado del PSOE se había ausentado y había dejado en su lugar a otro. Así que Esther entregó su carnet, su voto, votó y luego entregó el carnet de su marido y su voto. Y votó. Pero el representante del PSOE, preguntó entonces cuantos votantes llevaban. Tanto los dos compañeros de mesa de Fortu, como el apoderado del PP le dijeron que 37. Éste dijo que 36. No 37. No 36. No 37 porque Esther ha bajado su voto y el de Aniceto. Entonces el representante del PSOE, que no había puesto ninguna objeción a que Esther presentara el carnet y el voto de su marido, se levantó muy digno y dijo “quedan impugnadas las elecciones”.

La trifulca estaba montada. Empezaron las voces, después los insultos. El tono violento fue subiendo hasta que el concejal que quería impugnar las elecciones acabó dándole un puñetazo al candidato a alcalde. Separados por algunos vecinos y por el propio Fortu, el alcalde salió a la calle, y el candidato del PSOE se quedó en el colegio redactando el acta de impugnación.

Fortu estaba asustado. Le podían acusar de fraude electoral y con “sus pintas” y su fama, podría acabar en la cárcel. Entonces se jugó una baza que los musaris denominan farol. Se dirigió al tipo huraño del PSOE y le dijo que o rompía el acta de impugnación o él llamaría a la Guardia Civil y redactaría otro acta explicando que había agredido dentro del colegio electoral al candidato contrincante.

El huraño cantamañanas, sopesó unos segundos las opciones, miró alrededor e hizo pedazos el acta y salió mascullando del colegio. Las elecciones siguieron con normalidad .

A partir de aquel día, Fortu pasó a formar parte del invisible listado de gentes “normales” del pueblo. Pasó de indeseable a excéntrico en diez minutos. De peligroso a conciliador y, de macarra a extravagante.

*****

Oigo en la radio que la UE ha decidido sacar del listado de organizaciones terroristas a Hamás. Por la tarde, el blanco negro decide sacar a Cuba del listado de los países que apoyan y financian el terrorismo. En la tele, se sigue hablando de terrorismo islamista para designar la matanza de unos descerebrados hijos de puta, en una escuela en Paquistán. Incluso se sigue asignando con ese nombre de terrorismo islámico al demente que se encerró en una cafetería en Sydney y que finalizó como el Rosario de la Aurora, por otra parte, cosa lógica cuando la policía actúa en la misma consonancia que el terrorismo y decide no pensar, ni tener claro que deben estar para salvaguardar a los ciudadanos y no para matarlos a tiros.

¿Quién decide qué es terrorismo y qué no los es? ¿Quién decide que un país apoya el terrorismo, sin ninguna prueba y sin fundamento real? Es evidente que terrorismo es aquello que provoca terror. Terrorismo es asaltar una escuela en Pakistán y asesinar fríamente a 148 personas, en su mayoría niños. Terrorismo es poner un coche bomba en tres trenes y matar a 190 personas. Terrorismo es asesinar impunemente a un tipo con un tiro en la cabeza, porque no piensa como tu. Ahora bien, ¿bombardear un hospital y matar a más de 10 personas, niños para más señas, es terrorismo? ¿SI? Es que si lo hace Israel dicen que es defensa propia. ¿Israel creó terror en Gaza en los últimos meses? ¿Puede un estado actuar como una vulgar banda de asesinos?

¿Es terrorismo mantener encarcelados a 150 personas, sin juicio, sin garantías procesales, sin acusación legal, y practicarles torturas? ¿SI? Es que si lo hace Estados Unidos algunos dicen que es justamente lucha antiterrorista. ¿Es terrorismo invadir un país alegando que tiene armas nucleares, cuando no las tiene y provocar millón y medio de muertos? ¿SI? Es que si lo hace Estados Unidos se llama justicia infinita.

¿Es terrorismo mantener en la cárcel a un ciudadano que no tiene delitos de sangre, que no pertenece a ningún grupo terrorista y que ha apoyado la negociación para lograr la paz entre terroristas y estado? Si el ciudadano se llama Arnaldo Otegui, el gobierno del PP dice que se llama justicia.

Está claro, que, una vez más, la justicia, lo moral, lo legal y lo humano está supeditado a lo que diga quién tiene el poder. Hamás es una organización que provoca terror, y no sólo a los ciudadanos israelítas, sino principalmente al pueblo a quién dice representar. La UE, quiere marcarse un tango y empezar a bailar en el mundo de la política exterior y para intentar la paz en Oriente Medio, no se le ha ocurrido otra cosa que “legalizar” los desmanes de Hamás y quizá poder legalizar así los del Gobierno Israelí.

Está claro que cuando uno roba y es del PP no se dice que éste es un partido ladrón (aunque los ladrones sean un número inconmensurable dentro del partido). Ahora si roba un ciudadano de Rumanía, entonces la delincuencia es rumana. Si lo hace una persona de raza gitana, entonces la delincuencia es gitana, si lo hace un inmigrante, entonces la delincuencia es negra, hispana o marroquí. Incluso hace unos días que un ciudadano de color se encontró una cartera con dinero, el mamarracho de Rojo tituló en se panfleto “Un inmigrante se encuentra una cartera con 2.700 euros, y la devuelve a su dueño”, como si eso fuera extraño en un inmigrante. Os imagináis un titular así: “Un Ministro del Partido Popular saca a concurso una obra, y no se lleva comisión”.

Los Mayas pronosticaron el fin del mundo y creo que no se equivocaron. Se ha acabado la decencia, la moral, el civismo, la humanidad y hemos entrado en el todo vale, en la hipocresía, en la inmoralidad y en el tanto tienes, tanta razón llevas.

¡Feliz hipocresía!

Anuncios