El Bartido Bobular y el País del nunca jamás

Madrid, me mata.

Desde el cielo, las luces de Madrid describían un cambio. Luces y las sombras hacían desparecer las carreteras en la oscuridad de la noche. Pablo, llegaba de Ecuador. Tres años sin visitar España eran muchos, sobre todo para su novia Lucía que había aguantado. ¿Estaría esperándole en la puerta de salida?

Pero su novia Lucía no estaba en la puerta de desembarque. Ni en la terminal. La había llamado dos veces y no cogía el teléfono. Así que Pablo, maleta en mano, se dirigió a la puerta de salida. Antes de llegar,  ya le habían ofrecido hasta en cinco ocasiones llevarle al centro por 18 euros. Eran los famosos taxis piratas. No se fiaba mucho y decidió montar en uno legal. Curiosamente, el conductor era un ecuatoriano dicharachero que le preguntó de dónde venía. Cuando Pablo le contó que se había marchado hacía tres años harto de estar en el paro, harto de servir hamburguesas a quinientos euros al mes, a pesar de su dos carreras y sus dos másteres, Wilson, el taxista, le dijo que ahora ni siquiera llegaban a los 500 euros. Que su hijo servía hamburguesas por 350 euros al mes. Wilson también le explicó que su taxi era de una gran compañía que le obligaba a dejar cinco euros diarios antes de coger el vehículo. Que él pagaba el gasoil, los cambios de aceite y las reparaciones del taxi y que únicamente se quedaba con el 60% de la recaudación y que ésta no podía ser inferior a los 1os 300 euros diarios. Si bajaba una semana de esa recaudación se iría a la calle.

Nada más bajarse del Taxi, Pablo observó que las calles estaban muy sucias. Preguntó si había huelga de barrenderos y le contestaron que lo que no había eran barrenderos. Madrid estaba extremadamente sucia. Hojas secas, cartones, papeles, plásticos, deposiciones de perros, cubrían aceras y los escasos jardines cuya hierba estaba seca y mustia. Los setos estaban sin podar y las tuberías del riego automático desenterradas. Las aceras tenían grandes desconchones y socavones y el asfalto estaba sembrado de baches. Y contempló lo que ya había observado desde el avión, que muchos tramos de la autovía que circunvalaba la ciudad, estaba con las farolas apagadas.

Llegó a casa de su novia, llamó, esperó y nadie contestó. Tras un rato de indecisión, volvió a llamarla y siguió sin contestar. Decidió ver si había una llave en la maceta de la ventana del baño. Levantó la maceta y ¡Bingo! Abrió la puerta, dejó la maleta y se sentó en el sofá a esperarla.

Le despertó un beso en los labios. Su novia estaba sentada a su lado, con lágrimas en los ojos. Le contó que no había podido ir a recibirle porque su jefe no la había dejado. Trabajaba de camarera desde las dos de la tarde hasta el cierre del restaurante. Muchos días como hoy le daban las dos de la mañana. El salario, apenas llegaba a los novecientos euros y las propinas cada vez eran más escasas. Estaba tan cansada que se quedó dormida mientras hacían el amor.

Unos tremendos golpes despertaron a la pareja. Se oían gritos, lloros, súplicas, correrías de aquí para allá. Pablo abrió la puerta y le recibió un porrazo en hombro. Cerró la puerta y preguntó a Lucía qué coño pasaba. Un desahucio, le respondió su novia. Están echando de su casa a Maribel, Nelson y a sus dos hijos. Uno de ellos de apenas tres meses.

-¿Pero, éstas casas no eran de protección oficial?

-Si. Pero La Botella se las ha vendido a un fondo buitre para maquillar el enorme agujero que Gallardón le hizo al Ayuntamiento y en dos años nos han subido doscientos euros al mes el alquiler. Si estás en el paro como Nelson, te vas a la puta calle porque no puedes pagar los 700 que cuesta el arriendo.

-¿Y la policía ayuda?

-La policía, como ves, sirve al fondo buitre. Asómate a la ventana.

Pablo vio con estupor que en la calle había diez lecheras aparcadas cortando el tráfico de la calle. Como una centena de antidisturbios retenían a unas cuantas personas en la intersección de la avenida. Vio también cómo sacaban a porrazos a otros cuantos activistas del portal.

Tenía la boca seca. No esperaba esta España. Abrió el grifo y vio con sorpresa que el agua salía de color amarillo.

-¿Y esto? Preguntó Pablo a su novia.

-No sabemos. Hay días que sale clara, otros roja y otros amarilla. Hemos llamado al Canal y no nos dan respuesta. Pero hace unos días estuvieron desaguando cientos de miles de litros de agua a las alcantarillas. Pero no nos dicen por qué.

Cuando acabó el desahucio, Pablo se dio una vuelta por su antiguo Barrio. Una enorme cola salía de los bajos donde Cáritas tenía su almacén de comida. Observó que la familia de Nelson estaban entre ellos. Pablo no podía creer lo que veía. Había mucha gente en la cola. Unas trescientas personas.

Compró el periódico. En él hablaban de una nueva bronca en la Asamblea de Madrid a consecuencia de la negativa del PP de abrir los colegios en navidades. También se hablaba de que los asesores del Ayuntamiento de Madrid, habían aumentado un 20% sus ingresos y de que eran más que nunca.

Volvió a casa y puso la tele. Allí hablaban de la recuperación, de que España navegaba viento en popa y de un vídeo promocional de Madrid en el que un argentino volvía a un país dónde todo era de color rosa.

Y lloró.

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8 comentarios en “El Bartido Bobular y el País del nunca jamás

  1. Perfecta descripción. Ojalá no fuera producto de la realidad.
    Del Madrid irrespirable ambiental ( incluida aguas de colores)y psicologicamente y agónico hablas. . Como siempre realismo irresistible para miles y miles e inapreciable para la mayoría de los que tienen trabajo y solo piensan en si mismos . Aún hoy demasiadas personas en Madrid siguen sin querer enterarse de lo que está pasando. Siguen con el pan y circo y el ande yo caliente…
    Demasiado grave lo que pasa como para encima tengamos que aguantar de la bruja mala del relato que cuando muchos nos hemos agarrado a la esperanza para no morir, la hidep se despida con una pagina web y sea capaz de gastarse parte del dinero de nuestros impuestos (debe pensar que no sabemos que damos dinero a su partido) diciendo adios hablando de cuentas “equilibradas”. Abre las carnes cada día ver como los carroñeros han vendido a los buitres las casas con la gente dentro para “maquillar el enorme agujero que Gallardón”.
    Una vez mas gracias x acordarte de los que buscar ver el amanecer cada dia.
    Muy de acuerdo en lo que dices rafamilder. Si se puede aunque ahora con el ejemplo que ha dado el pueblo griego nos tocará oir de todo para volver a oscurecer la esperanza.
    Que cabreo ayer cuendo leí al Schz en tuiter que ellos son la esperanza; joer joer estos son capaces de simular la ceguera x seguir sentados eternamente. Lo malo que que solo se me ocurrió ? si tenía fiebre. Q asco x favor. Como se ve que dicen lo que dicen desde la abundancia.
    Salud

    • Lo de Grecia es importante porque intentarán derrocar la voluntad popular a través del manejo del BCE y la Troika. Se demostrará entonces, que la democracia es una ilusión y que sólo podemos vencer revirtiendo la situación y no poniendo parches.
      Muchos ya no tienen nada que perder. La troika, los liberales y la mafia han conseguido que se unan.

      Salud

  2. Podría ser un corto tu relato. Pero literariamente, no deja de ser una magnífica forma de denunciar lo que ocurre. Lo que está pasando ante nuestras narices.

    A veces uno se pregunta cómo es posible que la gente -mucha gente aún, demasiada-, no tenga las cosas claras. Con lo clarita que es la situación…!! Pero ahí está el raca-raca de cada día en el que tienes que salir al paso de cualquier enunciado que alguien de tu entorno suelta sin discernimiento.

    Hoy leía que la derecha de Samaras, el PP griego, a pesar de su responsabilidad en la situación helena y el plus en el austericidio, sigue cosechando votos que se traducen en una nada despreciable representación parlamentaria. Allí como aquí, la derecha “ficha”, no vota.

    Muy bueno, Cele. Un saludo.

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