La vida nunca sigue igual

Al sol de media tarde

Sentado al sol de media tarde, Manuel apoya el mentón en sus manos que agarran la cachava que sirve de tentemozo que sostiene su cabeza. Boina calada hasta las cejas, ojos tristes que miran al infinito y mente dios sabe dónde, Manuel pasa los primeros templados días de primavera como un lagarto, al sol. Manuel ya no sueña, sino que recuerda. Los recuerdos son su vida y su gasolina para pasar al sol de media tarde sólo sentado en un escaño de granito donado por la Caja de Ahorros Municipal. Es, como él, un banco de otros tiempos. De los tiempos en los que las Cajas regalaban bancos y contribuían con un fin social. Ahora, los bancos son ellos.

Manuel recuerda su juventud, cuando con un par de vacas, seis hectáreas, cuarenta ovejas, unas gallinas y tres cerdas criaderas, tenía que dar de comer a toda su extensa prole. Diez hijos no se alimentan solos, así que, la mayor parte de ellos acabaron en el seminario o en las monjas. Sólo uno siguió en el pueblo con el oficio de agricultor. Pero él, no tiene cabras, ni ovejas, ni cerdos, ni gallinas. Sólo un par de tractores y un montón de aperos que cuestan más que todo lo que Manuel pudiera haber ganado en toda su vida. Y labra más de 90 hectáreas. Y recibe por ello, del estado, y todos los años, más de veinte millones de las antiguas pesetas, sólo por labrarlas. La cosecha va aparte.

Manuel está preocupado. Su hijo pequeño, que no quiso ir al seminario, ni labrar las tierras, ahora vive con él en el pueblo. La fábrica dónde trabajaba lo despidió con 48 años y lleva séis sin trabajar. No tiene paro. Apenas le dan 350 euros. Su nuera y su nieta pequeña, también viven con él. Sus nietos mayores han tenido que irse al extranjero. Como su vecino Medina en los años sesenta. Pero Medina, no tenía estudios. Sus nietos si. Uno es ingeniero y la otra enfermera. Uno está en Alemania sirviendo hamburguesas y la otra en Londres trabajando en lo suyo, en la enfermería. Su nieta pequeña, la que vive con él y sus padres, ha estudiado una carrera de esas que ayudan a las personas. Estuvo un tiempo trabajando en la Diputación. Allí ayudaba a gente sin trabajo ni recursos. Pero la crisis también le llegó a ella. Ha estado tres años en el paro. Ahora trabaja como camarera en el restaurante que hay en la carretera. 600 Euros. Pero se levanta a las ocho todos los días, salvo los lunes que cierra el restaurante. Y trabaja desde las 9 de la mañana hasta las diez de la noche. Trece horas diarias, aunque su contrato dice que sólo son cuatro. Pero, como dice Rajoy, mejor eso que nada. También él trabajaba de sol a sol y aquí está. Tomando el sol de media tarde.

Su hijo, el agricultor, no se habla con los demás hermanos. Y tiene especial inquina por el que vive con él, porque dice que se está gastando la herencia. Dos de sus hijos son frailes en Argentina. Otro es cura, en un pequeño pueblo del sur de Palencia. Otro es profesor en la Universidad de Barcelona y otro es Maestro en Madrid. De sus hijas una es profesora, la otra trabaja en Hacienda en Zaragoza y la última está de monja misionera en Perú.

Se reúnen poco, y nunca todos porque Rafael, el agricultor, no se habla con los demás. Los que más vienen son los de Madrid, que están cerca y tienen casa en el pueblo, porque su nuera también es de allí. Sus nietos madrileños estuvieron acampados en la Puerta del Sol. Allí con todos los maleantes. Manuel lo lleva mal. Sus nietos son muy políticos y él cree que eso sólo les traerá problemas. Y está preocupado porque ahora le han dicho que son del coletas. Y el cree, que ese, acabará quitándole las tierras a su hijo y la pensión a él. El cree que el coletas, llevará a España de nuevo al 36. Las cosas siempre han sido así y no se porqué se empeñan en decir lo contrario. Siempre ha habido ricos y pobres. Y el mundo no va a cambiar nunca.

*****

Decía una canción de Julio Iglesias que la vida sigue igual. Pero no es cierto. La vida seguiría igual si nunca ningún ser humano se hubiera hecho preguntas. Si nunca a ningún ser humano se le hubiera ocurrido probar cosas distintas. Si nunca a ningún se humano se le hubiera ocurrido trasgredir las normas.

Los díscolos, los discordantes, los valientes, los inquietos, los raros, los trasgresores han sido quiénes han evolucionado nuestras vidas. Los mansos, los correctos, los fieles, los tradicionalistas, los sufridos, los ignorantes y los temerosos de dios y del amo, nunca han evolucionado nada. Más bien, han impedido siempre a los otros que evolucionaran. Y en la mayor parte de las veces con sangre.

Los primeros negros que escaparon de sus amos, en los Estados Unidos, los primeros Gladiadores que escaparon de una muerte segura en el coso de los leones, las primeras mujeres que fueron a la universidad y aguantaron las burlas de sus compañeros machistas, los primeros trabajadores que exigieron que la jornada no fuera de sol a sol, eran personas díscolas, personas que según los tradicionalistas traerían grandes males y que sin embargo, y gracias a su empeño, acabaron haciendo una sociedad más justa. Una sociedad más libre. Una sociedad más evolucionada.

Durante siglos, los supuestos males vendrían del Averno. Las cosas eran así por la gracia de dios (como Franco era Caudillo de España y se les olvidó que dios no tuvo nada que ver en el golpe de estado y mucho menos con la represión de cuarenta años). Y los cambios traerían desgracias y la ira de dios. Hoy en un mundo con poca fe, la mayor parte de la gente ya no cree que las personas tienen el estatus que tienen porque dios lo ha querido. Casi todo el mundo sabe el porqué de la situación de cada quién. Por eso, hay que buscar un nuevo infierno. Caído el Telón de Acero, caída la URSS, el comunismo sólo es malo si viene de Cuba o de Venezuela. El comunismo chino, aunque mate disidentes, aunque oprima a la gente, es bueno porque son amigos y sobre todo tienen nuestra deuda en sus manos. Hoy hay que inventar un nuevo infierno situado en la tierra. El infierno lo llaman Venezuela y para que surja efecto hay que asimilar a los díscolos, a los que no quieren corrupción, a los que no quieren especulación, a los que no quieren que los trabajadores sean explotados, a los que no quieren tratados secretos que nos acabarán convirtiendo en una mercancía más, con ese infierno al que han convertido a Venezuela. Y además, como purgatorio y mal menor hay que ensalzar a los que son iguales que los que están pero traen un nuevo nombre. En lugar de populares, ahora se llaman ciudadanos. Pero ni quieren que las personas sean ciudadanas, ni mucho menos que opinen por su cuenta.

Leña el mono que es de goma. Leña al coletas que ha osado poner en cuestión este sistema corrupto lleno de vividores que sólo viven parasitando a los demás.

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8 comentarios en “La vida nunca sigue igual

  1. Magnífica exposición !!. Realismo del que puede dejar temblando. Me acuesto pensando en los nietos de Manuel, en el coletas y en todos los que habéis levantado mi ánimo . Esos nietos de Manuel representan el futuro no sin riesgos que millones estamos dispuestos a correr pq ahora nada bueno nos espera.
    El problema son los tiempos que necesitan muchos que no suelen coincidir con las necesidades colectivas. Creo q con mas difusión de los casos de gente que solo trabaja una hora en semana la “propaganda” les haría caer mas deprisa.

    Hace dos semanas mas o menos me llamaba una abuela contando que su nieta acaba de firmar un contrato x 8 horas y no se lo acababa de creer.
    Lo importante es hacer piña , mostrar nuestras fortalezas y contar a los incrédulos que el coletero de la Cifu es fruto del populismo mas interesado. Sentí vegüenza verla en la plaza de Móstoles y en la visita al centro de discapacidad.
    Salud y que no decaiga el ánimo y millones de gracias

  2. Es ese contraste permanente entre lo que vemos en un telediario y lo que uno ha digerido previamente de la mano de periodistas auténticos, articulistas sesudos, o de brillantes tuiteros, lo que te hace ver con meridiana claridad que hay dos mundos paralelos condenados a no tocarse a la hora de interpretar la realidad. O de disfrazarla, según cual de ellos sea.
    En la entrevista que le hicieron a Willy Toledo en Telecirco nada de lo que éste decía me resultaba extraño, sino todo lo contrario. Lo sorprendente fue cuando casi al final le dice la presentadora que si no temía que lo tomaran por loco con sus posiciones dibujando la realidad. Aunque a decir verdad, lejos de sorprenderme, también me resultó familiar eso, porque no hace mucho comentaba yo en un artículo de Rosa María Artal a propósito de la manipulación de los medios:

    “¿Qué decir de los medios que no hayamos dicho ya? A veces, me digo ante un titular o un programa en televisión: “A ver quien es el guapo que desmonta esto…” Y me embarga la impotencia de estar ante una lucha tan desigual que todo parece perdido de antemano. Especialmente cuando incluso la gente más cercana a ti sigue calibrándolo todo con los ojos de quien, aún, no se ha caído del guindo. Y sin embargo, hay que seguir insistiendo. A pesar de la sensación, las más de las veces, que uno tiene de parecer un extraterrestre, o alguien tan “extremadamente radical” que no es de recibo hacer un comentario sin que, en el peor de los casos, te traten con condescendencia”

    No, Cele. No quieren ciudadanos. Porque su estatus existencial no se sostiene a la luz de los datos, las cifras, y sobre todo, la razón. Sino que para mantener sus privilegios, han de ahogarnos con el oscurantismo, la ocultación de todo cuanto pueda hacernos ver la claridad meridiana lo que ocurre. Y las tremendas injusticias y desigualdades sobre las que esos privilegios se asientan. De ahí que estorben todos los divergentes. El último, Cintora. Pero… ¿a cuantos han cercenado ya? Van a por todas, como apunta certeramente Rosa. Cualquiera que consiga introducir en el mundo paralelo oficial, el de los medios que se consumen masivamente, un margen o resquicio de realidad, es inmediatamente apartado.
    Y está por ver si ello tiene o no consecuencias.

    Salud.

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