Justicia Social

El conde-nado

Anochecía en la aldea. La oscuridad iba tomando posesión lentamente. Solo el fuego rompía la monótona falta de luz, delimitando almenas y torreones. El castillo ardía en el patio de armas y del mástil que izaba el pontón, colgaban dos cabezas.

Durante años, el conde hacía y deshacía. De su voluntad dependía la vida y la muerte de los desgraciados que malvivían en su territorio. De su voluntad, de la cosecha y de las lluvias, dependía la comida de los siervos y su familia. De la voluntad de la señora y de sus ganas de intimidad con el conde, dependía que cualquier mínima afrenta se convirtiera en una sentencia de muerte.

Los villanos, en su calidad de libres, pobres pero libres, se habían quejado en multitud de ocasiones al Rey. Éste había llamado a la corte en numerosas ocasiones al malvado cortesano. En cada una de éstas, el noble había prometido ser más comprensivo y ejercer justicia adecuadamente. En cada una de las visitas, el rey se conformaba con la palabra de su conde, pero sobre todo con las decenas de faisanes, jabalíes, perdices, torcaces y otros manjares que le acompañaban.

Hartos de promesas, de muertes inútiles, pero sobre todo de cambios de humor y de reglas, esta mañana, tras haber apresado al hombre más bondadoso, justo y querido de la población, detenido y llevado al castillo por dormir junto a los bosques condales y espantar las aves mientras el conde cazaba, condenado a muerte ipso facto, el hijo del detenido, miembro de la guardia del sátrapa miserable, decidió echarse al monte y disparar su ballesta contra sus compañeros. Una cosa llevó a otra y sin saber muy bien cómo, entre la guardia y los campesinos, había suficiente gente como para tomar el castillo, matar al conde, a su mujer y a todos sus partidarios y prender fuego al castillo.

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Durante siglos, la iglesia católica ha seguido una regla no escrita pero que relaja mucho el comportamiento de sus sacerdotes, obispos y cardenales: “Haz lo que te digo, pero no hagas lo que yo hago”.

Los niños son habituales en prometer comportamientos que los mayores esperan y hacer un poco lo que les viene en gana. Hay maridos y esposas que hacen de ese comportamiento, el catecismo de su matrimonio. Dar la razón al contrario y hacer lo que te sale de las narices, suele dar buen resultado en las relaciones humanas porque nuestros malos recuerdos se difuminan en la mente y sólo perviven los buenos, pero sobre todo porque nos encanta que siempre nos den la razón. Es una forma de autodefensa, el olvido de lo malo, que nuestra mente tiene para no acabar matando a todo el vecindario. Os invito a que intentéis acordaros de vuestra vida cuando teníais 15 años y a recordar algo malo de vuestros compañeros de colegio. Salvo raras excepciones (siempre hay algún hijoputa que ya despunta desde niño) no podréis recordar nada malo de ellos.

Esto que está estudiado por sociólogos, psicólogos y psiquiatras, es utilizado por los políticos como forma habitual de comportamiento. Prometer para luego olvidarse de ello, en cuanto uno tiene el cargo, no es sino una variante del dime lo que quieras que yo te daré la razón pero haré lo que me salga del escroto.

Sin embargo, este comportamiento tiene un límite que los políticos están ignorando. Para hacer lo que uno quiere, hay que evitar hacer daño a quién te observa y has prometido hacer aquello para lo que has votado. Si le prometes subir salarios a la gente y se los bajas, pero esa gente come todos los días y tiene recursos suficientes para algún que otro capricho, no pasa nada. Si prometes subir salarios y le quitas el pan, la comida y la casa a la gente, ésta gente se acabará dando cuenta, su mente retendrá la mentira y acabarán dándole una patada en le culo al impostor.

Hemos llegado a un punto sin retorno. Un punto en el que los políticos del mundo ya no pueden disimular su comportamiento y en su aquelarre para hacer lo que les sale de los cojones diciendo lo contrario, ignoran las leyes y convenios internacionales, de tal forma que ya no sólo nos hacen daño, sino que además, intentan convencernos de que esas leyes y acuerdos que fueron negociados y aceptados para que no volvieran a suceder cosas como lo que le están haciendo ahora a los refugiados (Sirios, pero también Libios, Chadianos, Sudaneses, Congoleños, Senegaleses, Iraníes, Libaneses, Iraquíes y todos aquellos que no tengan dinero suficiente como para venir en yate o en primera clase de una linea aérea), ya no son moralmente aceptables.

Nos han metido en la cabeza la globalización. Pero sólo para el capital y las condiciones laborales. Con las personas, se vuelve al sistema arancelario. Si puedes comprar tu residencia en un país o si puedes aportar una sabiduría universitaria, entonces, bienvenido. Sino, las fronteras vuelven a estar de moda.

La convención de Ginebra garantizaba que cualquier persona que pida asilo y provenga de un país destruido por la guerra, tuvieran derecho a su acogimiento y protección. Sin embargo, no sólo no se les concede esa protección sino que se construyen vallas con alambres y concertinas (que vendemos desde España) para que no pasen, para que les masacren, ignorando otro acuerdo internacional de la UE como es Schengen.

La declaración universal de los derechos humanos firmada obligadamente por todos los países que pertenecen a la ONU, se incumple diariamente. Israel bombardea escuelas y hospitales, detiene a niños a los que condena a muerte y asesina impunemente, Estados Unidos participa en cientos de revueltas internacionales, armando a grupos opositores que acaban matando a mujeres y niños, degollando periodistas o poniendo bombas que asesinan a miles de inocentes. La UE expolia la pesca en Somalia, compra Coltán extraído de forma ilegal en el Congo, bombardea Libia o el Chad, vende armas a los rebeldes Sirios, etc.

Ahora nos hacen ver que están preocupados por los refugiados. Mientras estaban contenidos en Turquía, a nadie parecía importarle el millón setecientas mil personas que habían pedido sus casa, su vida, su familia y que allí malvivían en campos de “concentración” (más bien de reunión y sobrevivimiento). ¿Realmente están preocupados por las personas? Lo único que les preocupa es que los millones de personas que salen de sus casas, de sus países, de sus familias, acaben creando cientos de miles de pobres que traigan revueltas que acaben con sus prebendas.

Alemania quiere inmigrantes a la carta. Gente con estudios que les sirva para desarrollar sus políticas liberales. Desgraciadamente las personas del Chad, del Congo o de Senegal, carecen de esa formación habitualmente. Son inmigrantes de segunda o tercera a los que nadie quiere.

Si no tenemos claro que si le robas a alguien la vida, él acabará robándote la tuya, si no tenemos claro que ésto sólo tiene solución con justicia social, dejando de vender armas, de esquilmar recursos naturales y sobre todo impidiendo que sátrapas como los de Arábia Saudí o Qatar, amigos del sistema liberal, financien terroristas como el estado islámico, si no tenemos claro que el haber sido masacrado por los Nazis, no da derecho a los gobernantes israelíes a cometer impunemente genocidio contra los palestinos, si no tenemos claro que no porque lo diga Estados Unidos, Venezuela o Argentina son países dictatoriales, los migrantes del mundo, acabarán tomándose la justicia social por su mano. Aunque sólo sea por egoísmo, pensemos en ello.

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7 comentarios en “Justicia Social

  1. Conocemos la anécdota atribuida a María Antonieta por aquello de las protestas por el pan y lo de los pasteles. Así como lo que vino a continuación: la guillotina y la Revolución. Y lo de un hombre, un voto. Un gran avance puesto en cuestión poco después ante Napoleón por parte de las élites y los poderosos de nuevo cuño. ¿Acaso insinuáis que carecéis de medios para convencer a los pobres de que os voten a los ricos? –contestó éste. Y hasta la fecha.

    Las leyes se hacen para penalizar a la gente normal. Los hechos que perjudican y dañan -por la toma de decisiones- a la gran mayoría de la gente y a países enteros, ni tan siquiera tienen carácter de delito. No existen desde el punto de vista penal. En nuestro caso, el nuevo Código Penal aumenta penas y se endurece para delitos menores. Y a pesar de las críticas procedentes de la misma magistratura –leyes para los “roba-gallinas” exclusivamente- vuelve a no contemplarse ni mencionarse como tal delito a lo que debiera serlo y en justa proporción. Seguimos igual, sino peor.
    Las Constituciones locales, la Declaración de Derechos Humanos, las directrices y acuerdos de organismos internacionales como la ONU, son sistemáticamente incumplidas y obviadas. La realidad se encarga de convertirlo todo en papel mojado.

    Y la información, para ser dosificada y controlada. Pero sobre todo, manipulada. Nada de lo que se hace está motivado por los motivos que aducen, sino por otras razones, por lo general impresentables o poco correctas “políticamente hablando”. Como bien ha demostrado Assange, con la difusión exacta de hechos, datos, notas y correos de embajadas e instituciones. Razón por la que la que su persecución ha sido tan drástica.
    Por eso seguimos pidiendo transparencia, porque no la hay. Por eso se aplaza la revelación exacta de determinados hechos y acontecimientos hasta plazos que se consideran históricos y que ya no puedan provocar la indignación y sus probables consecuencias.

    Y aunque el pensamiento es libre, por razones obvias, la divulgación del mismo ya es otro cantar. Basta leer u oír a Noam Chomsky para comprender por qué hechos del calibre de la Revolución francesa (motivos hay de sobra) parecen impensables en nuestro tiempo en donde la mayoría de la sociedad parece narcotizada. Y en las causas que hacen que esto sea así.

    Termino con esta cita suya:
    “La idea básica que atraviesa la historia moderna y el liberalismo moderno es que el público debe ser marginado. El público en general es visto no más que como excluidos ignorantes que interfieren, como ganado desorientado.”

    Salud.

    (Como siempre, acertado, Cele.)

    • Gracias amigo por tan excelente comentario.
      Esto que dices aclara por que a la SER le ha molestado tanto que Carmena les diga que son un medio más entre los que difunden la mentira, el sistema y la injusticia como algo establecido y por tanto bueno y critican a los que quieren cambiar las cosas llamándoles antisistema.
      No hay libertad sin información y ésta ha desparecido. Solo hay opinión. Pero encima camuflada como información. Como tampoco hay historia. Ahora se inventa conforme a los deseos de uno.

      Salud

      • La Ser, como el País, como el Grupo Prisa, que han sido el referente para la gente que no formamos parte de la “caverna”, hace tiempo que dejaron de serlo.
        Forma parte del tinglado al servicio de quienes nos pastorean.

        Un placer leerte Cele.

          • Carmena, con su comentario no ha hecho más que enunciar la constatación de un hecho: que la Ser no ha actuado de manera diferente a como lo ha hecho la batería mediática de la caverna. Es decir, les ha quitado la máscara.
            Y desenmascarar es una labor sana, conveniente e higienicamente democrática.

            Salud.

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