¡Manos arriba, esto es un atraco!

¡Tres navíos en el mar…!

Amanecía en el horizonte. El mar tornaba calma. El cielo, oscuro aún, enseñaba oscuros nubarrones en el horizonte. Diecisiete barcos despertaban al alba tras un temporal que había diezmado las tripulaciones y reducido considerablemente los víveres y el agua potable. Muchos de ellos sin mástiles y con las velas seriamente dañadas, apenas se movían al son de las corrientes.

El San Jorge, un galeón de gran tamaño, fue el primero en entrar en la tormenta aunque debido a su gran peso y lentitud, había soportado mejor que las demás embarcaciones la secuela del mal tiempo. La tripulación había sido diezmada, si, pero llevaba en sus bodegas el 90% de las reservas de agua de la flota y casi la totalidad de los víveres. El capitán del San Jorge y el contramaestre, antiguos piratas, robaban al imperio cuanto podían y escondían en islas perdidas lo robado. Por su parte, el almirante que mandaba la armada, era también un caradura que no dudaba en quedarse con una buena parte del oro que traían de América y que escondía en una sobrebodega mandada hacer en la corbeta La Española y que sólo él y su lugarteniente conocían. No dudaba en echar a los tiburones a quién intentara entrometerse en su robo.

La flota llevaba muchos días de travesía y el ambiente, tras los efectos del huracán, se había enrarecido. En el Galeón, San Jorge, la tripulación, empezaba a estar harta de tener que restringirse el agua y la comida y de compartir las vituallas que sus bodegas guardaban. En la corbeta la Española y en el resto de navíos, corbetas, bergantines y goletas la situación no era mucho mejor. El hambre y la desesperación provocaba constantes reyertas con resultado de muerte en muchas ocasiones. El runrún de un motín se respiraba en el ambiente de todos los barcos, especialmente en el San Jorge, dónde varios marineros habían montado una especie de mando en la sombra para hacerse con el barco. Enterados el Capitán y el contramaestre decidieron dar un ultimátum al almirante, quién agobiado por los problemas y reyertas de la tripulación y por las insatisfacciones del resto de capitanes, decidió amenazar con hundir el San Jorge si éste no se avenía a seguir repartiendo víveres y agua a todos los demás barcos.

Josep, el capitán del San Jorge, decidió encabezar el motín y hacerse con las riendas del mismo. Tenía mucho que ganar, pues en el Galeón había varios cientos de lingotes de oro, además del que, junto con el contramaestre ya tenían apartado para su propio beneficio. Don Mariano, el Almirante, por su parte decidió que debería continuar con sus amenazas de hundimiento mandando cargar los cañones y acorralar, con los barcos que aún tenían velas, al San Jorge.

Ninguno de ellos se dio cuenta que el el corsario Von Ulrich acechaba en el horizonte.

El San Jorge, se negó a repartir los víveres y el agua con el resto de la armada y se proclamó barco pirata. La Española abrió fuego. Los cientos de barriles de agua saltaron por los aires. La bodega donde estaban los víveres de inundó de agua inutilizando los mismos. Los marineros empezaron a sentir los rigores del hambre y la sed. Las reyertas empezaron a ser la principal causa de muerte. Unos días más tarde, el corsario Van Ulrich recogía al almirante Don Mariano, a los capitanes supervivientes de la flota y al Capitán y contramaestre del San Jorge. A cambio, traspasaron los cientos de lingotes de oro de la armada al Selva Negra. El resto de marineros no entraban en el trato y fueron abandonados a su suerte.

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Decía esta mañana Almudena Grandes, en la presentación de su libro “Los Besos en el pan”, que esto es una guerra y la estamos perdiendo.

No es una idea original, esta de Almudena, porque muchos ya hemos venido advirtiendo desde hace algún tiempo, que estamos en el IV Reich, en el que Alemania ha conquistado Europa sin pegar un solo tiro, pero con los mismos efectos que en las dos guerras anteriores: hambre, destrucción social, pobreza y creación de cientos de miles de refugiados que servirán de mano de obra barata para goce y disfrute de la economía capitalista.

Pero si hay algo de original en la idea de Almudena. Porque no es sólo Alemania la que nos ha metido en esta guerra económica. En realidad, es el fascismo el que ha creado esta situación y el que está siendo beneficiado de las consecuencias.

La globalización sólo lo ha sido del tráfico de mercancías. Las personas siguen sin poder moverse y el trabajo ha sido localizado en aquella parte del mundo que no respeta los derechos humanos, que no respeta ni a niños, ni a mujeres. El trabajo no ha sido globalizado, sino que muy al contrario, ha sido localizado.

Con esta situación en la que han creado millones de pobres, han conseguido que haya muchos súbditos. Súbditos que creen que el culpable es el dedo y no la luna. Súbditos que han creído que la situación tiene solución en el nacionalismo, el fascismo desmedido, la insolidaridad y el egoísmo.

España no se ha librado de ello, como es natural y andamos metidos en un embrollo al que los medios de incomunicación dan prioridad absoluta y una importancia que tal vez, no tenga en el grado dado.

Hablan del gran golpe a la democracia española, la decisión votada esta mañana en el parlamento catalán, y se empeñan en decir que la mayoría de los diputados no representan la mayoría de los votantes. Mientras CIU ganaba elecciones con un sistema electoral torticero que no representa la realidad social catalana (ni del resto del estado) y ayudaba a González o al insufrible caradura gastador de la Botella, a desgobernar España, todo era correcto. Cuando ese mismo sistema lleva al Parlamento Catalán a empezar el proceso independentista, entonces, los diputados no representan al pueblo. Mientras el PP o el PSOE han estado obteniendo diputados a 45.000 votos mientras a otros partidos les cuesta 200.000, la cosa ha sido correcta y democrática. Si ese mismo sistema, lleva a Carmena o Ada Colau a las instituciones, entonces el sistema no es representativo.

Nos están haciendo darle importancia a lo que no la tiene y a lo que ellos quieren. Ni los catalanes van a despertar libres de recortes y pobreza al día siguiente de la independencia (si la consiguieran), ni los españoles vamos a tener que sufrir más por ese 15% del PIB que se ira por el fregadero. Porque en esta guerra, quiénes salen ganando son los que producen en India, Bangladesh o Taiwan a euro al día, haciendo trabajar a niños y mujeres y los que especulan con el trabajo, las materias primas, la indecencia y el robo de lo público. Y quienes salimos perdiendo, siempre, siempre, somos los que ponemos nuestro trabajo a precios de miseria, los que nos matamos por conseguirlo rebajando nuestra dignidad y nuestros derechos y los que, con nuestros impuestos (sobre todo IVA, y otros indirectos) ponemos el capital para que todos estos indeseables del hijoputismo, vivan a nuestra costa a base de cobrarnos bien cobrados por unos servicios públicos que son nuestros, pero que ellos gestionan como si fueran suyos.

Quizá Catalunya nunca llegue a ser un estado independiente, o quizá estén pasando por alto algo que no debieran y lo consigan. En cualquiera de los dos casos, la gente de a pie, a este y al otro lado del Ebro, deberá seguir madrugando, trabajando sin derechos y a precios de esclavitud, seguirá teniendo que pagar dos veces por ir al médico y por llevar a sus hijos a la escuela, mientras que los Pujol o los Bárcenas guardan a buen recaudo lo que no les pertenece en Suiza o las Caimán y mientras los amigos de los Mas o de los Babas, hacen el agosto a nuestra cuenta.

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4 comentarios en “¡Manos arriba, esto es un atraco!

  1. Tal vez en ese “Nos están haciendo darle importancia a lo que no la tiene y a lo que ellos quieren” radique uno de los elementos clave de todo cuanto señalas. Nos torean. Nos diatraen (quien se deje, claro) con batallitas y banderitas que, para colmo, les beneficia electoralmente ante una ciudadanía que no lo es porque a la fuerza la “subditolizan” a base de la desinformación como norma habitual. Y lo hacen con otro elemento tan importante como el anterior: “una educación empecinada en disuadir el pensamiento crítico” por decirlo con palabras de Rosa María Artal.

    Un placer leerte, Cele. Estupendo, como siempre.

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