Hidalgos

La Isla del Tesoro

Por la calle anda sin criterio ni destino. Pantalones de pana gorda beis, camisa de franela de tintes verdosos con rayas rojas y azules, zapatillas de paño marrones y una boina calada casi hasta los ojos, se mueven despacio en los treinta y cinco grados de un sol del mes de julio en Madrid, entre los cubos de basura y las papeleras. La mirada apagada como los ojos de un chicharro apostado en el mostrador de la pescadería unos cuantos días. No busca comida en los contenedores. Busca tesoros de los que esta sociedad de consumo se acaba deshaciendo como un cubito de hielo al sol del mediodía. El asa de una cazuela, el mango de una sartén, la lámpara desvencijada que ya no da luz, un periódico de hace dos meses, unos cuantos tirafondos sueltos, un alicate al que le falta uno de los brazos, unas láminas imitación de algunos cuadros de Goya manchadas por el aceite y la grasa, unas zapatillas de deporte llenas de agujeros y sin cordones, unas latas viejas de conserva que ya no conservan nada salvo el óxido de sus paredes interiores, una ajofaina de plástico con agujeros en la que algún vecino daba de beber a su perro, unas agujas de tejer colchones de lana, … cualquier chisme u objeto que pueda servir, dios sabe cuándo y para qué, es un tesoro para Tomás. Y precisamente por eso, los recoge, porque pueden servir para algo y por si acaso.

Pero Tomás no se da ni cuenta de que no vive en el campo dónde pueda almacenar todos esos tesoros en un gran descampado. Tomás vive en la calle Gaztambide, en pleno centro de Madrid. A cincuenta escasos metros de ese gran centro comercial de la Calle Princesa. Y tiene su piso lleno de tesoros. Y también de los animales que han encontrado cobijo entre ellos. Cucarachas, ratas, hormigas y moscas conviven con Tomás,… y sus tesoros. Y con sus vecinos también. Vecinos que hartos de malos olores y de insectos asquerosos han acabado llamando a la Policía. Éstos, a su vez han llamado a los servicios sociales del Ayuntamiento. Y éstos a los dos hijos de Tomás que no entienden nada, que hace años que no saben nada ni quieren saber de su padre. Que les importa un carajo qué le pasa a su padre y que como explicación de la imposibilidad de la Isla del Tesoro en la que Tomás malvive, sólo saben decirles a los asistentes sociales del ayuntamiento que su padre es Médico. O que lo fue, porque a sus ochenta y dos años y en su estado, hace años que no ejerce. Pero insisten: “¡Oiga Usted, que mi padre es médico!”

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¡España es un gran país y sus gentes son la leche! Eso al menos es lo que dicen todos aquellos que sienten por la patria, ese ardor guerrero que yo sólo siento por mi familia y ni siquiera por toda. España siempre ha estado llena de hidalgos muertos de hambre que vivían sin pegar un palo al agua sólo por el hecho de ser quién eran: hijos de grandes de España sin oficio ni beneficio y sobre todo sin herencia que tenían que buscarse la vida como espadachines, escuderos o salteadores de caminos. Ellos, vivían del apellido, de la historia de algún antepasado que había sabido ganarse los favores del rey. Eran sus antepasados y no ellos. Pero era más fácil vivir de la historia (del cuento que diría Calleja) que ponerse a trabajar. Eso era cosa de la plebe.

Curiosamente ayer, hablando con mi cuñado, un histórico del PSOE de toda la vida (su padre militó desde los años de la república) me acordé de los hidalgos y de vivir del pasado. Él, que ha votado a Podemos en diciembre y creo que ahora lo hará el próximo 26, tiene una gran pelea con sus hermanos porque ellos siguen hablando del PSOE de la clandestinidad. Siguen hablando del PSOE socialista, que lucha por la igualdad, contra las injusticias sociales y por la lucha de clases. Pero no les hables de que el PSOE fue el gran introductor de la escuela concertada en los años ochenta del pasado siglo, ni de la forma en la que entramos en la OTAN, ni de los GAL, ni de las puertas giratorias, ni de los ERES, ni de las eléctricas, ni de las tres reformas laborales y las dos de pensiones, ni de la desmantelación del tejido industrial de este país, ni de ni del artículo 135, ni del TTIP (que no saben ni lo que es). Porque su respuesta siempre es la misma: Venezuela. O su variante: Pablo Iglesias es un prepotente. Están convencidos de que fue Pablo Iglesias y Podemos quiénes no quisieron pactar con el PSOE, eso a pesar de reconocer que el partido de Falangito Rivera, (Cuñagramos como le llama un amigo mío), es un partido de extrema derecha y que es indecente e inexplicable que un partido socialista pacte con la extrema derecha.

Llevo diciendo un tiempo que en el PSOE ya no quedan militantes sino hooligans. Sólo un hooligan defiende a capa y espada su equipo u organización a sabiendas de que está defendiendo lo indefendible. Me repatea ver como en Twitter se machaca a personas como Jose Antonio Tapias, Eduardo Sotillos o Beatriz Talegón, y les acaban llamando traidores los propios hooligans del PSOE. Y sólo porque están llamando la atención sobre lo que no debe de ser un partido que se dice Socialista. En el caso de Tapias, es aun más grave porque sigue militando en ese partido.

Nunca me he sentido identificado al 100% con ninguna organización en las que he militado. Y cuando las cosas han llegado al punto de que la organización ya no me representa y va en contra de mis principios, he acabado abandonando. Así pasé del PCE y así abandoné CC.OO (esta por dos veces). Soy militante (si así se puede decir, porque no hay cuotas ni carnets) de PODEMOS. Pero no me gusta Pablo Iglesias. Eso no quiere decir que no le respete y que ahora mismo, esté en su proyecto. Porque creo que es más importante que en este país dónde hemos llegado a cosas tan graves como que un partido sea imputado por su financiación ilegal a base de mordidas, o que una empresa dirigida desde el Ministerio de Agricultura cuyo ministro es de ese mismo partido, llegara a planear echar ACIDO CLORHÍDRICO al Ebro para que FCC tuviera más beneficios, como digo, es más importante acabar con toda esta podredumbre que nos rodea que las diferencias personales. No nos podemos permitir más estar bajo el yugo de estos sinvergüenzas que han acabado con el trabajo, que nos han traído la miseria económica y la deuda, que han rebajado nuestros derechos hasta la irrisoriedad, que con nuestros impuestos han rescatado bancos mientras han dejado morir a enfermos de Hepatitis C por no comprar el medicamento que podía salvarles, que se han cepillado en cinco años las tres cuartas partes de la hucha de las pensiones, que han elevado la deuda a niveles no conocidos desde la pérdida de las colonias, que se han forrado y han forrado a sus amigos, que están implicados en cientos de casos de corrupción, que le dieron 3.000 millones a Florentino por el Castor y que han permitido que la luz subiera un 500% . Acabar con todo eso es mucho más importante que si Iglesias es un irreverente o un bocazas.

A no ser claro que a lo que juegue el PSOE sea a salvar los negocios de alguno de sus barones (oscuros negocios que de ser investigados podrían llevarles a la cárcel). A no ser que a lo que esté jugando el PSOE sea a salvaguardar las puertas giratorias, los desfalcos en formación y los sillones de aquellos que, de no estar en política ni tener puerta giratoria de la que comer, acabarían pidiendo en la calle.

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