Miente que siempre queda.

El camello

Un fuerte estruendo le derramó encima el Daikiri que tenía en la mano.

Unos segundos antes, la preciosa rubia que estaba a su lado, (debía de ser su mujer, aunque no podía distinguir su cara), le sonreía como en los anuncios televisivos. El sol brillaba en el horizonte y palmeras y sombrillas de paja se encuadraban en una idílica foto.

  • Policía, quietos todos, policía le estaban ahora taladrando el oído

Tenía todo el pecho mojado y la camiseta del pijama chorreaba. Le habían echado un vaso de agua encima para despertarlo. No entendía nada. ¿Que era todo aquello? ¿Que hacían esos hombres en su casa?¿habían dicho que eran policías? ¿Pero, por qué le habían despertado a las tres de la mañana?

Cuando la realidad le cayó encima y se dio cuenta de la situación, vio a su mujer, morena, tumbada boca abajo en el suelo junto a él, con las manos amordazadas en la espalda. Echó un rápido vistazo alrededor. La puerta de la casa destrozada, la puerta del dormitorio, destrozada, todos los cajones fuera de los armarios, la ropa por el suelo, los libros de la estantería se amontonaban en un rincón con las tapas abiertas de par en par. …

Durante meses, Alberto se había paseado por el barrio con un Mercedes deportivo que estaría debiéndole al banco al menos 12 años y que él sin embargo decía que había saldo de “sus negocios”. Su mujer que no trabajaba, lucía siempre baratijas de las que ella presumía como si fueran oro de 24 quilates. Siempre estaba de compras. A ojos de sus vecinos llevaban un tren de vida que no se correspondía con su situación. Nivel de vida del que, los Arroyo, presumían como si fueran marqueses.

La policía había recibido un soplo de que un narcotraficante se ocultaba allí, en plena Alameda de Osuna. E investigando y atando cabos, habían llegado a la casa de Alberto a las tres de la mañana para destrozársela y sacarle de la cama. No encontraron nada, pero Alberto pasó aquella noche a ser conocido como el Camello.

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Miente que algo queda. Eso dice el refrán y algo de cierto debe de haber en ello. Esta mañana, le eché en cara a Antón Losada que un artículo, crítico con PODEMOS, era una especie de arengo por su candidatura a la Xunta de Galicia por el PSOE. Y claro, era mentira. Leí hace días la supuesta noticia de que Antón Losada había aceptado ser candidato del PSOE a la Xunta y por alguna extraña razón (suelo leer sus artículos y ver su videoblog) me había saltado uno en el que desmentía tajantemente la candidatura y además le ponía al partido en su sitio. Al final, como a mi, habrá muchos a los que les ha quedado la mentira de la candidatura como algo real.

Si hay un tipo mentiroso, cínico y manipulador en la política española, ese es Albert Rivera. Tengo la sensación de que de cada tres palabras que dice, cinco son mentiras. Un tipo al que se le ve a la legua que es un fraude y que su único fin es intentar que la gente crea que las “nuevas opciones” (él y su formación de nuevos tienen poco ya que llevan casi diez años en política) no son distintas del bipartidismo. Este tipo que va de centrista pero que tiene postulados de la extrema derecha, que se comporta como la extrema derecha (salvapatrias, excluyente y dice siempre hablar en nombre de TODOS), se presentó en colación con la extrema derecha, aboga por privatizar los servicios públicos, por la educación privada que paguemos todos, por el copago sanitario y porque los impuestos se recauden básicamente a través del IVA (dónde pagan igual ricos que pobres).

Muchos se preguntan quién puede creer a un tipo así, ya que se le ve venir a la legua. Pero si me ha pasado eso a mi con Antón Losada y no veo la tele, imaginad que es lo que va a creer un abuelo que se pasa todo el día frente a la caja tonta, dónde las mentiras de Falangito, son repetidas una y otra vez, una y otra vez, cadena tras cadena.

Es evidente que a un tipo así le están esperando en todos los recodos de la red. Y cuando sucede lo que podemos ver en este vídeo, pues claro, igual que miente, a él se las dan todas en el mismo carrillo. Es el riesgo que tiene ser un mentiroso, que aunque te den unas monedas a escondidas, todo el mundo piensa que la fama de estar todo el día nariz arriba, nariz abajo, es cierta.

Al final tendrá una clientela residual y no tendrá oportunidad de ganar las elecciones. Pero su trabajo de desprestigio y de cargar de mierda a Unidos Podemos y de hacerle el juego en campaña al PSOE, puede hacer que el Partido Popular siga al frente del desgobierno tras el 26J.