Yonquis de la bazofia

Una partida de Pádel

Cansado, sudoroso y estresado, Juan Carlos se seca el sudor con la toalla que lleva en el cuello. El Pádel debería servirle como relajante. Pero a Juan Carlos, no le gusta perder ni a los chinos, cuando se juegan la segunda ronda de cervezas en el bar. La primera, la paga quién ha perdido el partido. Ahora, toca ducha y aguantar al fantasma de Garrigues, que para una vez que gana y además gracias a Oriol, que ha sustituido a su compañero Guzmán que tiene una ciática de caballo, estará el resto de la tarde restregándole por la cara el resultado.

A Juan Carlos no le gusta Oriol. Es catalán. Y no es que tenga nada contra los catalanes, según dice, ni tampoco conoce a nadie más que sea de allí. Y no es que Oriol sea un mal tipo, prepotente, ruin, trepa o mala persona, no. Más bien es un tipo encantador, servicial, un poco malhumorado pero amable, cariñoso y extrovertido. Deseoso de ayudar en cuanto se lo piden. Pero a Juan Carlos no le gusta. Porque es catalán.

Juan Carlos, Borja, Garrigues, Guzmán y Oriol, son compañeros de trabajo. En realidad no son nada más porque, salvo el edificio en el que trabajan, tienen poco más en común. Borja es el Jefe inmediato de Juan Carlos, y éste empezó a jugar con él por peloteo, para intentar que no le jodiera la vida. Borja es un niño de papá al que todo se lo han dado hecho, incluso el puesto en la empresa. Y además de no saber, o precisamente por eso, es un mal jefe: déspota, desconfiado, que no delega, nada comprensivo, de los que se cree que por estar reunido diez horas a la semana con sus subordinados, reuniones en las que mayoritariamente habla él y de casi todo, menos de trabajo, ya ha cumplido con su cometido. No permite que ninguno de sus trabajadores asista a consulta médica con sus hijos pequeños o que asistan al colegio a reuniones con los maestros y nadie puede irse a casa antes de las siete de la tarde. Eso sí, esas reglas no valen para él que llega todos los días dos horas después que los demás, se va a comer a casa a las dos y vuelve a las seis, y disfruta del tiempo que le viene en gana para “sus cosas”.

Garrigues es un sufridor nato. Es el tipo que les cuenta su vida a los demás sin que nadie le pregunte. El que siempre que vas a tomar café, ya está en la máquina o si vas al baño te lo encuentras siempre allí. Nadie de sus compañeros sabe exactamente a qué se dedica en la empresa, pero está muy bien considerado por sus Jefes. Sobre todo porque nunca crea conflictos y avisa de los de los demás.

Guzmán es tipo al que, si un día no viene al trabajo, te das cuenta dos días después, cuando tienes que pedirle un informe.

Oriol, es un tipo extrovertido al que todo el mundo recurre cuando hay un problema que los demás no saben arreglar, porque nunca le niega nada a nadie. Está afiliado a la CGT y es también a quién los demás recurren cuando necesitan aclarar disputas laborales con la empresa. En esos momentos a nadie le importa que sea catalán y anarquista.

Todos juegan al Pádel. Algunos como Oriol porque no sabe decir que no. Otros como Juan Carlos por necesidad de desestresarse, aunque si pierde, como hoy, se carga aún más. Garrigues porque necesita estar en todas partes como dios y enterarse de todo. Guzmán por gusto. Simplemente porque disfruta. Y Borja, porque si no fuera con los de la empresa, no le aguantarían en ningún otro grupo.

Si exceptuamos a Oriol y a Guzmán, ninguno de ellos lee, a no ser que aceptemos como lectura los titulares del Marca o del As. Ninguno de ellos está al día en redes sociales aunque todos tienen perfil de Facebook en el que los amigos agregados son los hermanos, cuñadas, vecinos y conocidos. Sólo lo utilizan para colgar fotos de sus vacaciones y chascarrillos y chistes que sacan del Whatsapps. Oriol es un twitero activo. Los demás han oído hablar de Twitter pero no saben bien como funciona e Instagram o Snapchap son nombres que les suenan a aperitivos de Matutano. Borja tiene perfil en Linkedin que rellena con decenas de cursos que realiza en el trabajo cuando no está reunido. (Desde cocina creativa hasta el impacto de la mosca del vinagre en la fruta). Oriol es productor mediante crowdfunding de CTxT o Carne Cruda. Los demás creen que Diario16 o Público son periódicos en papel del pasado. Todos salvo Oriol, tienen TV de pago por el Fútbol, pero no saben lo que es Netflix o HBO. Por supuesto el telediario que más les gusta es el de Telecinco seguido del de Antena3, aunque Borja se cree informado principalmente por Telemadrid y la 1 de TVE.

Después de la ducha, han llegado al bar El Segoviano, dónde dos hermanas cercanas a la jubilación sirven patatas fritas y sardinas de lata junto con la cerveza. A Oriol no le hace mucha gracia el bar, porque tiene colgada una enorme bandera española con el águila de los Reyes Católicos y es frecuentada con asiduidad por políticos locales del PP.

Fíjate, que cabrones los estibadores. Con lo que ganan, les ofrecen la jubilación a los cincuenta y pasan. ¡Lo que nos va a costar la multa de Europa por su culpa!
Y qué me dices de los Podemitas, ¿eh? Con los problemas que hay y se dedican a la chorrada esa de llevar al Congreso una ley para impedir que les corten el rabo a los perros. ¡Y a quitarle la misa a los abuelos por la tele!

Oriol, da las buenas noches, se disculpa y se va.

Y, a este, ¿Qué le pasa? Pregunta Borja

Nada, que es catalán y comunista, dice Garrigues.

 

Yonquis de la bazofia

Si hay algo que me da repelús es el pasotismo, la desinformación y esa mezcla pastosa de sucesos y opiniones sesgadas que nos dan de comer como información en la tele y en la mayor parte de la prensa escrita. Me recuerda mucho a la bazofia que le echaba mi madre a los cerdos cuando yo era pequeño. Los pobres animales, que comían de todo, acudían como posesos a la duerna donde se había mezclado el agua, la harina, el salvado, los trozos de remolacha, las cáscaras de las patatas y hasta los fideos de las sopas si habían sobrado. Y ellos acudían desesperados como si les ofrecieran caviar.

Hace algunos años, cuando aún no desgobernaba el indeseable tramposo que acabó purgando de la cadena pública a todos aquellos periodistas que osaban comunicar lo que les daba la gana, Toni Garrido, en sus “Asuntos Propios” tenía una pequeña charla semanal con la periodista de la casa, Ana Pastor. En una de esas tardes, había huelga de conductores de metro y esta periodista dejó caer que ir en metro es un derecho y además contrapuesto al derecho de huelga.

Ahora, con la misa y la proposición de Podemos, está ocurriendo algo parecido. Hasta el “resistente” Fernando Berlín, hablaba el otro día en su programa “La Cafetera” del servicio público que supone la retransmisión de la misa.

Parece que, en este totum revolutum de la desinformación, lo que se pretende es reducir al absurdo todo para obtener un pasotismo general. El derecho a ir en metro, en autobús, en burro o en avión, no existe. No puede ser un derecho algo que no afecta a todos por igual. Existen los servicios públicos que son un derecho. Pero entre poder ir al trabajo a precio razonable y el derecho de huelga de los trabajadores hay un gran abismo. La misa, ni siquiera es un servicio público puesto que España es un país aconfesional según, la tan manida Constitución. Además, se da la paradoja de que la TDT cubre el 99% del territorio español y 13TV, la cadena de los obispos, también da la misa y por tanto, aquellos que necesiten reconfortar su espíritu con ella, pueden hacerlo a través de este canal sin necesidad de que sea la TV pública la que gaste el dinero de los contribuyentes en algo que debiera ser personal e intimo.

A buen seguro que a alguno de mis lectores les pareceré monótono, repetitivo y pesado. Pero la manipulación informativa es de tal calibre que afecta directamente a nuestras vidas e influye en la decisión de los que creen que la TV es palabra de dios. Y esas malas decisiones, después, nos afectan a todos.

¿Cuántas personas saben que los estibadores NO son funcionarios y que ya trabajan para empresas privadas? ¿Cuántos saben que, en realidad, lo que se pretende es que las ETT se hagan cargo de los trabajos portuarios precarizando un trabajo que necesita mucha especialización y una atención y condiciones físicas y mentales a pleno rendimiento? ¿Cuántos se han creído eso de que allí sólo entran a trabajar familiares? ¿Cuántos saben que la supuesta multa “de Europa”, no es nada más que una posibilidad y que ya los alemanes lograron que no se cumpliera la amenaza?

¿Cuántos de los españolitos que ven la tele, saben que el Supremo acaba de mandar al cubo de la basura el artículo 28.2 de la Constitución y el derecho de huelga al sentenciar que es legal subcontratar para eludir una huelga?

En este país existe un apagón informativo que nos vuelve ciegos, sordos y estúpidos. El pensamiento único está convirtiendo esta sociedad en un mundo de zombis dónde no hace falta estar muerto para no sentir, ni padecer, ni tampoco que el pastor utilice perros para llevar el rebaño al corral, porque los borregos se dirigen solos hacia el precipicio.

Que una persona que vive del momio, del papel cuché dónde, sobre todo, se pagan infidelidades, engaños, amoríos y vida disoluta, acabe recogiendo firmas en Change.org para que no quiten la misa en la tele pública o que otro individuo solicite a través del mismo portal que se repita el partido de fútbol entre el Barcelona y el PSG y que acudan a firmar más de 263.000 personas, lo dice todo de este país de gañanes y catetos en el que el fútbol provoca puñetazos y guerras familiares llevando al extremo lo superfluo, y lo que nos impide vivir en paz y cómodamente (derechos, desmantelamiento de los servicios públicos, ensañamiento laboral, solidaridad, igualdad social …) es considerado política y propio de inadaptados, intransigentes, antisistema y ahora, populistas. Ahora además están con el encargo de insistir en que el fascismo ya no es fascismo, sino populismo. Por aquello de la asociación de ideas.

Menos mal que yo no ruedo películas, sino ya me veo en una campaña de whatsapp pidiendo que nadie acuda a ver mi producción como le ha pasado a la actriz Miren Gaztañaga y sus “catetos” del programa de la ETB que el 99% ni ha visto ni sabe de qué va.

Aquí, tratándose de vascos y catalanes ya hay bazofia suficiente para alimentar a toda una serie de indocumentados que creen que un país que les deja morir de hambre, que les lleva a la pobreza y que les deja sin derechos, hay que defenderlo a muerte. Porque los catalanes, de toda la vida de dios han sido ruines, tacaños, huraños e insolidarios y , como dice El Reno Renardo en “Todo Seta” , “Los vascos son Eta, que llevan metralleta y se cagan en dios jugando al mus”.

Para el resto, Venezuela está en Cibeles.

Palabra de dios y evangelio de San Florentino.

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