Vidas Ajenas

Yo por el jurgol, matooo!

– sschuuuuu…. ¡Cuidado dónde pisas!
– Joer! Es que no veo nada…

Ocho y cuarto de la tarde. Los bares empiezan a llenarse. Por las calles, cientos de personas circulan con camisetas de su equipo. Hace calor y no hay bufandas. Algunos se envuelven con la bandera. Todos han quedado con gente igual que ellos. Gente para las que el fútbol es una vida.
Todo está preparado. Las cámaras llenas de cerveza fría. Tapas y bocadillos en sus puestos. Pizzeros, repartidores de hamburguesas y comida rápida posicionan sus ciclomotores. En una hora, empezarán las primeras llamadas. Un cuarto de hora después, con el final de la primera parte, se colapsarán los teléfonos, los hornos no darán abasto y no habrá motos suficientes para llevar los pedidos. La Feria del libro, repleta hasta ahora de gente, empieza a perder miembros en una sangría lenta pero infinita. Las calles, pierden tráfico rodado. La ciudad gana en quietud, de momento. ¡Sólo algunos despistados antisociales hacen vida normal y no se han enterado de que hay futbol!

Han llegado al CPD. Sayf y Karlos preparan los explosivos. En un rato, todo aquello saltará or los aires.

Nueve menos cuarto de la noche. Todo está preparado. Los dos equipos han saltado al campo. La tensión envuelve las aceras frente a los bares que han sacado sus pantallas de televisión a la calle. Desde el televisor, un afamado periodista, comienza la retransmisión. “Señoras y señores, esto está que arde. Sesenta y seis mil gargantas llenan este estadio Nacionaal. El arbitro pita. Arraaanca la final de la ...” pufff. La tele se ha vuelto a negro. El del bar, desesperado, revisa cables y conexiones. Uno que viene de otro establecimiento cercano corriendo, le dice que allí también se ha ido la imagen. Las terrazas de las casas comienzan a mostrar gente cabreada. Los que estaban en los bares empiezan a impacientarse. Los que llevan auriculares y escuchan la radio, se muerden las uñas. Alguien dice que ha habido una explosión en Antena 3 y no podrán ver el partido. El canal 3 y el seis no emite. Todo está negro. Las calles comienzan a caldearse. Algunos, nerviosos, insultan a los que pasan por allí, con su vida normal y sonríen. Un vaso vuela. Una silla emprende viaje de vuelta por los aires. Otra le acompaña en dirección contraria. Puñetazos. Gritos. Comienzan a verse palos, que nadie sabe de dónde han salido. Una gran batalla campal se extiende por toda la ciudad. Las vitrinas de los escaparates, comienzan a crujir. Algunas bombas incendiarias y cócteles molotov arrastran las llamas a locales y aceras. La policía no puede intervenir en todos los conflictos.

Amanece en una ciudad desolada y desconocida. Cientos de cadáveres siembran aceras y parques.
A media mañana, ISIS reivindica un atentado en el CPD de Antena 3.

 

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Vidas ajenas

Comentaba el sábado tarde en la Feria del Libro, Lorenzo Silva que el hecho de que en la tele le dieran mucho mayor importancia al fútbol que a la feria, nos dice todo sobre el tipo de país en el que vivimos. También se quejaba (con razón) de que, en el telediario, sólo dos minutos sean para la Feria y que, en ese tiempo, pongan trozos inconexos de declaraciones de ocho autores, mientras que para estupideces sin fondo ni interés y vaguedades de un tocapelotas, le dedican tres o cuatro minutos completos.

Una noche antes, en una conversación distendida y muy interesante con un periodista destacado de la SER, nos confesaba que el despido de Genma Nierga será por razones de audiencia. Parece que desde los grandes despachos de PRISA, se han dado cuenta de una bajada generalizada de los oyentes.
El mundo que conocemos se desmorona poco a poco y tanto por un lado, como por otro, andamos como zombis sin saber muy bien a qué atenernos.
La manipulación mediática de los medios de incomunicación, es una constante que acabará matándolos. Cada vez hay más gente que ve la realidad de otra forma, sobre todo, porque cada vez hay más personas que lo pasan mal y que sufren esta enfermedad llamada hijoputismo liberal. Una enfermedad que, como decía el otro día Miguel Angel Bustamante en un acertado artículo en Publico , se puede reducir al siguiente lema: “Nos pagan en pesetas y nos cobran en euros”.
Aun así, aun queda mucho insolidario, mucho individualista y muchos que siguen pensando que a ellos, nunca les va a tocar la miseria y que no es comprensible que molestemos su quehacer diario con banalidades como huelgas, protestas o reclamaciones. Porque, para muchos, esas siguen siendo cosas de inadaptados, de cascarrabias o de antisistemas greñudos y sucios. Como vimos en el vídeo de 13TV, cuando el atentado en Mánchester, para esta gente, el fútbol es lo importante y el Real Madrid, más.
Hace unos pocos días, una huelga de limpieza en el Aeropuerto de Ibiza, llenaba de imágenes de suciedad, amontonamientos de basura y papeleras inmundas, los telediarios. La noticia no era que la empresa les debía varias nóminas a los trabajadores, y la paga de NAVIDAD. No. La noticia era que la huelga de unos irresponsables estaba causando graves perjuicios a la imagen turística de Ibiza.
Con el conflicto del personal que recoge los residuos sólidos urbanos en Madrid, (los basureros de toda la vida), y con los conductores de Metro, más de lo mismo. Ambos colectivos han convocado huelga para las fechas en las que debe celebrarse el Word Pride Madrid (conocida como fiesta del Orgullo Gay). Bien, la noticia no son las malas condiciones de trabajo de los basureros, a quiénes la empresa concesionaria paga hasta tres tipos de salario distintos por el mismo trabajo según pertenezcan a un convenio, a otro o no pertenezca. Ni tampoco se centraban en que los maquinistas del Metro quieren que se les reconozca su categoría profesional para poder acreditar enfermedades propias de su puesto ante la Seguridad Social. En ambos casos, las noticias hacían hincapié en la maldad de unos colectivos que ponen en peligro la imagen de Madrid y sobre todo, los sustanciosos beneficios que este colectivo genera durante esos días.
Con el colectivo taxista y sus recientes protestas, más de los mismo. Se incide en su incomprensible cabreo porque tonto Uber como Cabify les hacen la competencia. E ignoran, a conciencia, que esa competencia es desleal porque ambas plataformas (al igual que las grandes compañías de taxis) establecen condiciones laborales próximas al servilismo (los conductores deben hacer 15 horas diarias para poder llevarse 700 euros al mes), además de tener residencia en paraísos fiscales, y ser un peligro para el tráfico rodado y viandantes.
Este hijoputismo liberal ha conseguido acabar con la conciencia social. Con la necesidad de la lucha como forma de conseguir mejoras. Es verdad que los sindicatos mayoritarios (CCOO y UGT) son también culpables por integrar sus enormes maquinarias burocráticas en el sistema y tener que alimentarlas a base de subvenciones del estado y fondos de formación ante la falta de afiliados y un egoísmo sin escrúpulos de sus dirigentes. Pero somos los ciudadanos de a pie los que hemos permitido, con nuestra comodidad y nuestro afán de no perder aquello que nunca hemos llegado a tener, los que hemos dejado que hayan ido decayendo nuestros derechos por nuestra pereza y nuestra inconsciencia en la falta de reclamaciones, protestas y salvaguarda de nuestros derechos. Hoy vemos como para muchos, las huelgas sólo son esas medidas que toman los inconscientes para perjudicar a los ciudadanos. Pocos somos los que defendemos a cualquier colectivo en lucha porque su lucha, es la garantía de nuestra lucha. Si no nos apoyamos, pasa lo que estamos sufriendo. Salarios de limosna, horarios esclavos, derechos laborales inexistentes, miseria, paro, sufrimiento, sentencias incumplidas como en Fuenlabrada, …
Hace unos días tuve que realizar unas encuestas por la calle sobre la sanidad en Madrid. La mayor parte de los entrevistados desconocen las condiciones laborales del personal sanitario. Aún así, indicaban que eran buenas, que el presupuesto para los hospitales públicos es suficiente, que sus instalaciones son inmejorables y que les parece bien que se deriven pacientes a la privada.
Si los hospitales se caen a cachos (el sábado veíamos, además, como corría el agua escaleras abajo en el Hospital Virgen de la Salud de Toledo ), si el personal de sanidad dice que están saturados y que sus contratos son renovados cada tres meses, si las listas de espera se hacen desesperantes es evidente que alguien no se entera de lo que está pasando.
Y aquí, con estos #Vertimedios es imposible que nadie se entere de nada. Claro que también es mucho más cómodo esconder la cabeza bajo tierra, como el avestruz, esperando que pase el chaparrón.
Como decía Lorenzo Silva, está claro en que país vivimos y cuáles son nuestras prioridades. Que ricos, pobres, pedigüeños, medias clases, clases altas, ninis, parados, trabajadores, estudiantes, amas de casa, señores y sirvientes, paralicen el país por un partido de fútbol, que los deportes del telediario duren tanto como el propio noticiario, que los programas de mayor audiencia sean aquellos en los que se cuentan sucesos y vidas ajenas, dice mucho de esta sociedad yonki del morbo y del voyerismo. Dónde lo único que importa es el júrgol o la vida de los famosos, porque pensando en ellos, olvidamos nuestra miseria.

Salud, república y más escuelas.

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