Sociedad Fallida

La Ranita engreída

En la charca, la rana Lita tiene todo lo que un batracio puede desear. Hay cientos de jugosos y ricos mosquitos con los que alimentarse. Hay agua transparente que cubre cantos y alimenta juncos en los que esconderse y riega el fango en el que poner huevos. Hay sol, mucho sol. Y un pequeño reguero que discurre a través de la llanura, que alimenta la charca y renueva el agua. La rana Lita es muy engreída e independiente y no admite a nadie más en sus dominios. No le importan los demás anfibios. Ella es feliz allí entre el fango y los cínifes.
La llanura es un lugar hostil. Todo es aridez, desde la hierba seca del chortal a la falta de moscas que sobrevuelen la zona. Un único regato apenas lleva un hilo de agua a la acequia. En su recorrido, unos pocos juncos pueden dar cobijo a unas cuantas ranas y sapos que comparten los escasos mosquitos que sobrevuelan el reguero. No pueden ni acercarse a la poza porque la rana Lita se ha hecho rodear de unos cuantos sapos purulentos que contagian y revientan a todo aquel que ose introducirse en el charco.
Las ranas, andan preocupadas estos días porque, además de que hace tiempo que no llueve, una manada de conejos está acercándose en demasía al arroyuelo, horadando la campiña con consistencia y desafuero.
Han intentado convencer a la rana Lita para que les ayude a espantar a los roedores con sus sapos purulentos, pero Lita no les ha dejado ni explicarse. Ella dice que no es su problema. Tiene una buena vida allí en su cacho de fango, con su agua limpia, sus mosquitos, sus juncos y sus sapos que, acomodados en su papel de blasonadores, comen todo aquello que desean y no tienen que esforzarse en nada más.
Muchas de las ranas del chortal desecado, lo están pasando mal. Escasea la comida y apenas hay agua con el que mantener la piel hidratada. Alguna ya ha fallecido víctima del sol justiciero y la aridez. Pero Lita insiste en que eso no va con ella. Ella tiene lo suficiente para ser feliz y no quiere complicarse la vida con los problemas de los demás.
Hoy, hay nubes negras en el horizonte. Cientos de señales luminosas adelantan la tormenta en la campiña. Los truenos cambian de chicharrera a estruendo la monótona melodía de cigarras y grillos. El viento amenaza con arrancar juncos y mueve la arena seca. Una gran gota de agua, moja la hierba mustia. Luego otra, y otra. Llueve intensamente. Las ranas están de enhorabuena. Por fin agua que regará juncos y alimentará los huevos de los mosquitos ocultos entre el barro seco. En diez minutos, el reguero ha rebosado. El agua circula entre la agrietada arcilla y los pompones de raíces de junco. Ahora, orada la arena y comunica el antiguo cauce con una de las madrigueras de los conejos. Dos minutos más tarde, el sol remplaza a las nubes y los grillos y cigarras vuelven a tocar su hastiada sintonía de una tarde de calor.

Un runrún recorre el chortal. La tormenta ha desviado el cauce del regato. Ya no alimenta la charca. Ahora el agua discurre por uno de los túneles horadados por los conejos, desapareciendo bajo tierra. La charca dónde vive Lita, se ha vaciado. El agua ha rebosado, y se ha llevado por delante el dique. Ya no hay charco. Además tampoco tiene suministro. Hogaño, el agua discurre por debajo del chortal. Lita, ha reunido a la comunidad de ranas. Pesarosa, constrictiva y con amargura, ahora dice que hay que expulsar a los conejos de la zona. Y que necesita ayuda de los demás batracios.

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Sociedad Fallida

Hace muchos, muchos años que no entiendo eso del nacionalismo. Cuando era muy joven, convencido de que Castilla no tenía nada que ver con el antiguo reino de León, un amigo bastante más viajado y experimentado me hizo la siguiente pregunta. ¿En qué se diferencia un tío de la comarca zamorana de Tierra de Pan, de otro que viva en la comarca burgalesa del Arlanza? La respuesta es que ambos se parecen bastante más de lo que se diferencian.
Con los años, he llegado a la conclusión de que el sentimiento de nación es como el de la religión, un sentimiento egocéntrico y primitivo. Durante decenas de años se ha utilizado como pegamento de una amalgama de intereses comunes. Que se lo digan a los habitantes de Alsacia o Lorena que han sido alemanes o franceses dependiendo de quién ganara o perdiera una guerra. Hoy por hoy, el nacionalismo, aquí en España, sirve como embudo que abre tragaderas y como agente evasor y difusor de problemas y recortes.
España, hoy por hoy es un estado fallido. Tenemos un desgobierno perteneciente a un partido implicado en cientos de casos de corrupción, y acusado de formar una banda asociada para la corrupción. El mismo Presidente del Gobierno, debe pasar por el juzgado, en un hecho sin precedentes. Su partido, ha jugado con ventaja empleando cientos de miles de euros irregulares en campañas electorales, lo que les ha llevado a ganar con trampas. Además han creado una red clientelar de medios de incomunicación (#Vertimedios) que difunden la posverdad, que engañan al ciudadano con opiniones camufladas como noticias, censurando lo que no es conveniente y aumentando e incidiendo en aquello que incidirá a su favor en los votantes. Un estado fallido dónde se nombra fiscal anticorrupción a un tipo que tiene una sociedad of-shore en Panamá (uno de los delitos a perseguir). Un estado en el que, el fiscal General del estado, es acusado por la UPF y la APIF de partidista y dónde tanto el Ministro de Justicia como el propio Fiscal General del Estado, han sido reprobados por el Congreso de los Diputados. Dónde la separación de poderes es una quimera, porque todo es un totum revolutum en el que hasta el Presidente del CGPJ y del TC tiene o ha tenido carnet del partido acusado de banda corrupta. Un estado en el que Jueces que han sido apartados de resolver en casos por tener contrastada “simpatía” hacia el partido de la corrupción, son nombrados para ocupar presidencias de salas como la de lo Penal en la Audiencia Nacional en la que se deberán ver los más “importantes” procedimientos contra la corrupción o contra delitos económicos en los que los de la gaviota son también expertos.
España es un estado fallido. Los trabajadores de la multinacional americana en Fuenlabrada, habiendo ganado una sentencia que declara el ERE nulo y la readmisión de todos sus trabajadores en las mismas condiciones laborales anteriores al despido declarado nulo, siguen a la espera de la ejecución de esa sentencia, sin que ninguno de los poderes del estado haga nada en consonancia.
España es un estado fallido en el que, a pesar de que, cinco años después, el Tribunal Constitucional haya declarado nula una de las mayores amnistías de impuestos llevadas a cabo por el gobierno de la Gürtel, y Lezo, todos aquellos que, a través de la legalización de la evasión, lograron repatriar cuantiosos capitales ahorrándose cientos de millones de euros en impuestos, no tendrán que pasar por caja y no serán juzgados por los delitos de evasión fiscal.

En este este panorama, sobrevive el español que se cree clase media, que se autoconvence metiendo la cabeza en el fútbol, tomándose un par de cañas en la terraza del bar de la esquina, de estar a salvo. Porque necesita creer. Necesita convencerse de que España es una gran nación y de que las decisiones las toman los ciudadanos con sus votos cuando toca. No saben nada, porque no quieren saber de Blackrock. Ese fondo de inversiones que sería la cuarta potencia del mundo si fuera un país, que controla 21 de las 35 compañías del Ibex a través de sus 18.500 millones de euros en participaciones. Que por supuesto presiona, maneja y manipula las políticas económicas de los gobiernos para ganar más. Ajustes y más ajustes son el resumen de sus recomendaciones. No saben nada del TTIP, del CETA, ni del TISA. Autoconvencidos como están de creerse a salvo. Ignoran que con la firma del CETA entre Canadá y la UE, los países de la Unión ceden su soberanía a las multinacionales, porque ya no se atendrán a la justicia de cada país sino a unos tribunales creados por ellos (por supuesto según sus intereses). Ya no tendrán que atenerse a la legislación laboral de cada país ni someterse a los controles de seguridad alimentaria y a favor de los consumidores. En definitiva, se pasarán por el arco de triunfo la soberanía nacional.

Ellos siguen creyendo que España es un gran país. La envida del mundo como decía el asqueroso sátrapa de Ferrol, ídolo de los gavioteros vestidos de charranes. Siguen creyendo que Amancio Ortega es un gran mecenas que regala 320 millones de Euros porque sí, porque es un español de bien. Y no quieren saber que si pagara el mismo porcentaje de impuestos que pago yo, debería triplicar esa cantidad en el pago de impuestos. No quieren saber nada de que los 320 millones son un regalo envenenado porque este desgobierno está desahuciando a la sanidad pública y esos equipos no tendrán especialistas que los manejen. Es decir, esa donación realmente no le sirve de nada a la sanidad pública porque no habrá medios, ni materiales ni humanos, para poder hacer uso de esa maquinaria donada.

Siempre ha habido quién, incluso en las situaciones más denigrantes de la humanidad, aplaudía aduciendo medias verdades, falsedades y maniqueísmo. Y en esta nueva Edad Media en la que los señores ya no son feudales, sino globales, los hay que creen estar exentos de sus maquinaciones porque pueden salir un par de viernes al mes a cenar en un chino o con sus retoños al Burger King, ver un partido de fútbol de la Champions in situ, o cambiar de coche cada 15 años, endeudándose durante otros cinco. Se creen a salvo de una lluvia torrencial que desvíe el curso de su sustento. Entonces y sólo entonces, cuando ya no están a salvo, se creen con el derecho de decirnos a los demás que la vida es injusta y que necesitan nuestro apoyo.

Salud, república y más escuelas.