TRAISICION

Gallina ladradora,…

Anda la granja revuelta. La gallina Kristina, ha puesto un huevo. El ganso Leonardo dice que no lo ha puesto, que se le ha caído. El cerdo Policarpo responde que tampoco es pa tanto. Al fin y al cabo una gallina, es una gallina y que ponga huevos es lo normal.
Pero Kristina es un tanto especial. Aunque ella dice que es una gallina, tiene plumas y parece una gallina, no se comporta como las demás gallinas. No come pienso de gallina. Ella picotea los gránulos del Royal Canin que Felipe, el dueño de la granja, echa de comer a los perros. Cuando los demás animales se ríen, ella les dice que tampoco es que sea nada extraordinario porque tanto el pienso de las aves, como el de los perros, están hechos a base de harinas de varios cereales.
El padre de Kristina, el gallo Celayo, era un apuesto pollo, de cresta tiesa y prominente barbilla roja que todos los días daba el cante a la salida del sol. Su abuelo, un gallo fortachón también, estuvo más de veinte años tocando diana en la granja. La madre de Kristina, la gallina Lina, era una rolliza ponedora, la envidia de las demás gallinas. Ponía huevos de dos yemas y se pasaba el día clocando de aquí para allá.
Lo que hace de Kristina una gallina “anormal” es que no está todo el día escarbando con sus patas entre la hierba y el lodazal, ni buscando lombrices que llevarse a la boca o granos de semillas con los que deleitarse, o clocando sobre el ponedero anunciando su huevo. De hecho, el de esta mañana ha sido el primer huevo de su vida. Ella prefiere ir con los perros a cuidar de las cabras. Por la mañana, en cuanto Felipe se dirige al bardal donde están las chivas, Romario, el mastín más viejo y jefe de la manada, se levanta de su cama entre la arena, se despereza estirándose y acude despacio junto a la verja. Los otros dos mastines le siguen y detrás, siempre va Kristina. Ella se coloca en el lado opuesto en el que el gran mastín observa como las cabras salen, una a una, del corral. Si alguna intenta tomar un camino diferente al que debe, Kristina revolotea con sus alas, levanta una especie de semi-vuelo intimidatorio y le pica a la chiva en la cara para que vuelva al redil. Pero no queda ahí la cosa. Kristina sigue al rebaño y se acuesta junto al pastor, como los demás perros, cuando éste descansa sentado en alguna roca, porque las cabras están entretenidas acabando con los brotes de encinas y robles o lamiendo las piedras en el salegar.
Los habitantes de la alquería se descojonan cuando ven salir a Kristina tras los mastines. Y cuando vuelve del campo junto a las chivas, ya por la tarde, el alboroto, las risas y el cachondeo es general. Luego, mientras las demás gallinas dormitan recostadas en el aseladero, Kristina, posa sus plumas sobre la arena, en un hoyo muy cercano al de Romario. Todos los días, antes de que el gran mastín cierre los ojos, le dice
– Tú crees que soy una gallina, ¿no?
– Claro. – le dice Romario –
Y ambos cierran los ojos y dormitan entre las estrellas.
Hoy, Kristina que ha puesto su primer huevo, se pasea henchida por la majada, junto a la tenada, luciendo orgullosa sus plumas.
Todos los animales de la granja se han quedado perplejos.
Al pasar, junto a Romario, Kristina le ha ladrado con cariño.

 

*****

Traisición

El pasado jueves, se cumplía el cuadragésimo aniversario de aquel 15 de Junio de 1977 en el que se votaba en unas elecciones, que entonces nos vendieron como el principio de un nuevo régimen y que, visto hoy, muchos creemos que solo fue una continuidad del régimen franquista con distinto nombre.
A pesar de lo que hemos podido leer y ver en los #Vertimedios, aquellas no fueron unas elecciones plenamente democráticas. El PCE y el PSUC habían sido legalizados sólo un par de meses antes (9 de abril de 1977) y más de 60 partidos nacionalistas no pudieron presentarse (entre ellos ERC o el Partido Carlista).
Uno ya tiene cierta edad como para ser parte de la historia y sobre todo para poder contrastar con vivencias propias, aquello que nos cuentan y que, como en el Catecismo del Padre Astete, se empeñan en que sea “palabra de dios”.
Aquel 15 de junio de 1977 no pude votar, no tenía edad. Pero si recuerdo cuál era el ambiente general de la gente que me rodeaba. Mis padres, amilanados y condicionados por casi cuarenta años de franquismo, (mi padre era de aquella generación que fue llamada a la guerra con sólo 18 años recién cumplidos, y que se “chupó” casi nueve entre guerra, maquis y mili), aun creían que todo aquello saltaría por los aires en cuanto a los militares les viniera en gana. Yo, en mi adolescencia en la que todo lo sabía, les incitaba a confiar en Suárez, y en aquello que llamaron la Reforma Política que nos traería libertad (era lo que decía la tele). Durante toda mi vida hasta entonces, había oído la cantinela aquella de que “Cuando muera Franco, tendremos otra guerra”. Hasta tal punto llegaba, que muchas noches, mientras me venía el sueño, rezaba para que Franco se muriera lo más tarde posible y para que, cuando eso sucediera, se me hubiera pasado la edad de ir a la guerra. En aquellos años, ni tenía conciencia política, ni sabía nada de las luchas estudiantiles y obreras que se llevaban a cabo en Madrid o en Euskadi y que llevaron a los franquistas a la operación de maquillaje que vinieron a llamar Transición.
Es verdad, por tanto, que el pensamiento franquista tenía cierto peso en las conciencias de los ciudadanos de entonces, sobre todo en el medio rural y en las pequeñas ciudades en las que poco o nada se movía. Pero no lo es menos que si Arias Navarro dejó paso a Suárez fue por el trabajo enorme del PCE (y la ORT, el MCE o la LCR) y Comisiones Obreras en la clandestinidad. Revueltas estudiantiles en las grandes universidades, huelgas, protestas de trabajadores y sucesos como la carnicería que en 1976 acabó en Vitoria con cinco muertos y más de ciento cincuenta heridos de BALA, llevaban día a día, al régimen franquista, hacia su extinción. Por tanto, el régimen hacía aguas por todos los lados y era inminente su disolución.
Visto con la perspectiva que nos han dado estos cuarenta y dos años, nos engañaron como a niños. Nos vendieron la Transición, que según ya decía en 1995 Gustavo Bueno, sólo fue una metamorfosis, una transformación interna, una continuidad del régimen franquista. Una farsa. Una democracia amañada en la que los franquistas impusieron, entre otras muchas cosas, la circunscripción electoral provincial que les beneficiaba y las listas cerradas que impedía que nadie se saliera del tiesto. Nos vendieron que el régimen franquista se había acabado y sin embargo, procuraron que los delitos de torturas y sangre quedaran impunes (hasta eso, a la Ley de Punto Final le llamaron Ley de Amnistía para que el pueblo se equivocara y pensara que los amnistiados eran los republicanos). Se cuidaron mucho de que, los que habían hecho “carrera” durante los cuarenta años del dictador, siguieran siendo los que “partían el bacalao”.
Algunas fuentes señalan que acabaron con una sociedad “roja” que podría haber cambiado el rumbo de las cosas, a base de heroína. Lo cierto es que la droga en los años 80 en España, causó más muertes que cualquier guerra y que su incidencia más letal fue en aquellos lugares donde la confrontación y la rebelión contra el régimen franquista había sido mayor: Madrid, Euskadi, Valencia, Barcelona,… Y dentro de esas zonas, es muy significativo por ejemplo que en Madrid, los focos de drogadicción estaban localizados en los barrios pobres dónde las AAVV y las fuerzas “comunistas” tenían una fuerte implantación. Si analizamos los resultados del 77, el PCE, con solo dos meses de legalidad (y tan sólo a dos años de la muerte de Franco), tuvo casi dos millones de votos. En 1986 había perdido 1 millón de votos y casi toda su influencia social.
Hoy por hoy, en cuanto a libertades estamos más o menos como en el 75. La prensa que entonces era prensa del Movimiento, hoy en su mayoría es prensa del régimen. Hoy como entonces, se dedican a ensalzar delincuentes, cohechadores y corruptos y a tapar aquello que no interesa. La pérfida Albión, ha sido sustituida por la Chavista Venezuela como el ojo donde poner la viga para desviarla del ojo propio. El contubernio jadeo-masónico del franquismo, ha sido sustituido por la confabulación catalana. En cuanto a la libertad de manifestación, entonces pagabas con moretones, descargas eléctricas y otras torturas y hoy con multas desmesuradas y años de cárcel que igualmente acongojan, reprimen y te joden la vida.
Decía también Gustavo Bueno que veinte años después de ese 1995, la gente se daría cuenta del engaño y que sólo entonces habría una verdadera ruptura con el régimen franquista. Igual no contaba con la pobreza intelectual de España, con el poder de la Televisión y con que, aunque por primera vez en la historia de la humanidad, los hijos viven peor que los padres, aquellos se han vuelto dóciles y consumistas y creen que la lucha es molesta y requiere sacrificios en esa dedicación al consumo, que no están dispuestos a realizar. Aunque con ello se metan en una espiral de servilismo y pobreza.
Muchos han querido ver en el 15M y en PODEMOS, esa ruptura. Pero hoy por hoy es imposible luchar con garias contra escopetas de repetición. La política se ha convertido en hooliganismo. Las formaciones políticas mienten, estafan al electorado, crean leyes contra quienes les votan y gobiernan contra sus intereses y sin embargo tienen hordas de feligreses. La política es un tabú. Algo de lo que la mayoría no quiere ni oír hablar desconociendo que casi todo es política. Desde solicitar la jornada de verano en tu empresa, hasta poner una reclamación porque la Sanidad no funciona. Muchos, son especialmente ingenuos creyendo que cualquier cambio de caras es síntoma de un giro hacia lo social. Y no se dan cuenta de que como decía Diógenes, “el movimiento se demuestra andando” y que por mucho de nos empeñemos en decir que somos una gallina, si al final actuamos como perros, acabaremos ladrando. Podrán repetir hasta la saciedad “somos izquierda” pero si se empeñan en votar en contra de acabar con las listas cerradas, si votan a favor del CETA, del TISA, del TTIP, si se abstienen en las mociones de censura contra la corrupción a pesar de que, incluso votando a favor, no saldrían adelante, si votan a favor de rescatar bancos antes que rescatar personas (el famoso 135 de la Constitución), si votan casi siempre con la derecha, si se niegan a ser lo que sus jóvenes proponen e incluso si son partidarios de impedir la democracia con el ejército podrán decir que son los hijos de Marx, pero sólo son cainitas seguidores de este hijoputismo que nos ha traído a esta nueva Edad Media.
Si en estos tiempos han conseguido que vuelva el heliocentrismo, si han conseguido vender pastillas de azúcar como medicamentos a precios astronómicos, si desconfían de la ciencia y piensan que las vacunas son un peligro, si al cambio climático lo llaman olas de calor o si creen que los que roban y acaban con los servicios públicos son mejores gestores, es normal que crean que quiénes votan casi siempre contra los intereses de la sociedad, son socialistas.
Me voy al monte.
Salud, república y más escuelas.

Anuncios