La banda de Melitón

Privilegios

Asunción lleva parada cuatro años. No cobra subsidio y tiene dos hijos a su cargo. Sobrevive porque la casa es de sus suegros. Éstos la dejan vivir allí por sus nietos, a pesar de que está separada. Comen en un centro de Cáritas y malviven con lo que les da el banco de alimentos del instituto de su hijo menor. Su marido, Julián, no les pasa ni un céntimo de pensión porque también está en el paro, tampoco tiene subsidio y tiene que vivir en casa de sus padres y a su costa, como cuando era un adolescente. Asunción tiene 45 años y su marido 53. Son lo que las estadísticas llaman parados de larga duración.

Alfonso tiene 28 años. Hasta el pasado 16 de noviembre trabajaba en la fábrica incendiada de Campofrío. Está casado y sin hijos. Su mujer Cándida, también trabajaba en la misma factoría. Ambos llevaban cinco años trabajando allí. Son vecinos de Asunción. Se acaban de comprar el piso de segunda mano y, hasta ahora, no han tenido problemas económicos. A Alfonso le han recolocado en la factoría que el grupo Antolín, tiene en Valdorros. Debe de hacer dieciocho kilómetros diarios para ir a trabajar y otros dieciocho para volver. Su puesto de trabajo es consecuencia de la negociación que las autoridades han realizado con los empresarios burgaleses para dar prioridad a los trabajadores que se han quedado en el paro como consecuencia del incendio de la cárnica. Cándida también ha sido recolocada en una industria del sector en una población cercana a Burgos. Ninguno de los dos sabe si volverán a trabajar en la nueva factoría de Campofrío en Burgos. Eso, a pesar de que en un principio se dijo que todos sus trabajadores volverían a ser empleados de la multinacional china, y a pesar de que desde el Gobierno de España se ha obtenido inversión para la nueva fábrica de embutidos desde los fondos de garantía de la Unión Europea.

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España no es un país, es una banda, asincrónica, delirante e impulsiva. Aquí todo se hace a golpe de TV, de prensa o de “impacto social”. Que se quema una fábrica de la que vive una pequeña parte de una ciudad, pero con mucho nombre, pues hacemos todo lo posible para que esos trabajadores no tengan problemas de trabajo, aunque haya otros muriéndose de hambre y con peores condiciones y durante más tiempo.

Que un tipo con problemas psicológicos, al que deberían haber jubilado por incapacidad, se tira a los leones, ponemos patasarriba todo el sistema de seguridad de los Zoos para que sea imposible que nadie vuelva a hacerlo (lo cual es también imposible).

Que unos malnacidos van a buscar camorra un domingo por la mañana y acaban asesinando a un hincha de otro equipo, pues sacamos a todos los hinchas “extremistas” de los estadios sean o no violentos, sean o no racistas, sean o no xenófobos, sean o no fascistas. Es más, a través de los medios de incomunicación, manipulación y adoctrinamiento, convirtamos en delincuencia cual quier falta de respeto, de educación o de mal gusto. Pero, de educar en la tolerancia, en el respeto y en la libertad, nada de nada.

Eso si, como hay que guardar lo “habitual” aunque sea chorizismo, casposismo, delincuencia de seda y putas de alto standing, nos intentan convencer de que los que proponen un cambio de timón, son y están con los terroristas aunque lo único que digan es que la ley debe de ser igual para todos, asesinos a sangre fría o princesas que dicen no saber nada.

Y siguen afirmando que los sobres, las autovías que no llevan coches, los AVES en cada pueblo, los aeropuertos sin aviones, los circuitos sin uso de F1, los salarios de miseria, el IVA que arruina la cultura, los impuestos que sólo pagan los asalariados, la economía sumergida del 25%, el hambre, la pobreza, la sanidad para ricos, la educación masificada, las matrículas universitarias impagables, el paro, los tráficos de influencia, los presidentes de tribunales con carnet de partido, la impunidad, la justicia injusta, la justicia para ricos, la de los pobres, las tasas judiciales, los enchufes, la proliferación de altos cargos en la administración, las televisiones capciosas y de uso partidista, … todo eso, es el buen camino y no se debería cambiar.

No somos un país, sino una banda que además desafina.

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