Camino Mórdian

Cuatreros

–    Estoy harto. ¡Haaartoooo!
–   ¡Chssssss,… que te van a oír!
–    ¡Que me oigan! Ya está bien. ¿Nos están robando a manos llenas y encima no podemos decir nada?
–    ¿Tienes pruebas de que son ellos? No, ¿Verdad? Pues entonces cállate porque si te oyen, encima tendremos problemas.

En Valdorros, la situación estaba empezando a ser crítica. Desaparecían ovejas recién paridas con sus corderitos, cerdos que herbajaban en la dehesa, gallinas que escarbaban libres por las eras, vacas que pastaban en las glaucas praderas junto al páramo y hasta tomates de las huertas, melocotones, peras, … Incluso le habían robado el burro al tío Constancio. ¡Que hay que ser muy burro para robar a un pobre inválido que tiene al onagro como única forma de ir al campo! Todo apostaba al marqués y a sus caporales. Venancio, antiguo trabajador del marquesado, había visto ovejas con la marca verde de su cuñado dentro de la finca propiedad del marqués. Y también cómo la mujer de uno de los caporales llevaba huevos marrones. ¡Y sólo las gallinas del tío Guindilla ponían huevos pardos! Además, en al menos tres ocasiones, al verse descubiertos, los compinches del marqués habían devuelto cuatro vacas y un par de mulos, asegurando que habían saltado la empalizada de la finca y que se habían introducido allí solitos. Pero era la palabra de unos pobres grullos contra la de un boato noble. Así que, ante la denuncia de Venancio en el cuartelillo, la Guardia Civil aseveraba que había revisado la propiedad y que no habían encontrado ningún animal que no tuviera la marca, a fuego, de la collera y la garia, símbolos del marquesado de los Monroy. ¡Pero era imposible que dos guardias civiles hubiesen revisado las 200 hectáreas de la finca! Era muy fácil cambiar los animales de sitio mientras inspeccionaban. Así que, a Venancio, la denuncia le había costado una demanda por falsedad y cuatrocientos duros de indemnización por calumnias. Ahora, nadie se atrevía siquiera a insinuar que el puñetero marqués era un ladrón.

Claro que no todos los aldeaniegos creían a Venancio. ¿Cómo iba el marqués a robar? ¡Por dios, que era el marqués! Estos vecinos creían más la versión de los mayorales del noble, quienes aseguraban que, en un pequeño núcleo de gitanos que se dedicaban a la hojalata y la quincalla y que acampaban en un reducido islote de apenas dos celemines formado en un antiguo meandro del río, estaban los responsables de los robos. Pero, los gitanos tenían un diminuto bote con el que accedían a la isla y todo alrededor eran alfalfales y campos de remolacha, ¿Cómo iban a llevar las ovejas, los corderos, las vacas y el burro del tío Constancio a la isla? Y si no estaban allí, cosa evidente a simple vista ya que sólo contaban con la compañía de un par de galgos, ¿dónde podían guardar tantos animales?
Siempre es más fácil echarle la culpa al distinto sobre todo si es pobre, tiene mala reputación, es débil y no hay peligro de que se revuelva, así que la animadversión de estos coterráneos del saqueador hacia los hojalateros fue en aumento. Primero les apedrearon desde la orilla del río por la noche. Después, hundieron el bote para que no pudieran salir del islote. Pero en el farallón no había comida y necesitaban de la rocalla y la hojalata para subsistir. Así que construyeron una balsa con tres tablas y unos cubos de chapa que, cerrados herméticamente hacían de flotadores, y, para evitar la corriente, la asieron a una soga que habían atado, en uno de sus extremos, a una de las pocas chopas que crecían en la ribera y en el otro al único árbol que había en el islote, un enorme castaño.
Los robos seguían produciéndose y a pesar de que era del todo imposible que en la balsa pudiera entrar una vaca, los zafios aldeanos seguían insistiendo en la culpabilidad de los mercachifles. La Guardia Civil no sólo no intentaba poner paz, sino que registraba una y otra vez las chabolas de los hojalateros, aunque allí nunca había ningún animal.
Una noche, los galgos comenzaron a ladrar insistentemente. Los gitanos, acostumbrados al jaleo de los últimos tiempos en la orilla del río, no le dieron mayor importancia. De pronto, las toses comenzaron. Primero en los niños pequeños y luego en los adultos. Algunos, los menos, lograron salir de las chabolas mientras veían como el fuego calcinaba todas sus pertenencias y acababa con la vida de sus compañeros.

Habían pasado ocho meses desde la muerte de los barateros. Ya no había gitanos en noventa kilómetros a la redonda. Pero al volver el pastor con las ovejas, el tío Nochebuena echó en falta tres de sus ovejas recién paridas y sus corderos.

*****

Camino Mordian

Con motivo del 60 cumpleaños de la UE, el sábado 25, La Vanguardia entrevistaba a Frans Timmermans, primer vicepresidente UE, quién aseguraba que la gente, cuando mira a la UE, ve más peligro que protección. Y aunque, a lo largo  de la entrevista se declara optimista y cree que la UE tiene futuro, se le olvidó que el Brexit, el ascenso de los fascistas como Le Pen (Francia), Heimat (Austria), Kaczynski (Polonia), Nuttall (Reino Unido) o Meuthen (Alemania) tienen mucho que ver con las políticas de austericidio y que la creación de grandes bolsas de pobreza en todos los países de Europa se debe a este sistema fascista, insolidario y servil que es el liberalismo y la globalización de los mercados (aunque no de los derechos laborales). Se le olvidó que la Europa de las personas nada tiene que ver con esta Europa mercantilista en la que para salvar a los ricos (Bancos alemanes) se ha destrozado a la población, griega sobre todo, pero también española o portuguesa. Que la Europa social nada tiene que ver con construir muros en Hungría, o vallas llenas de concertinas en Melilla, o en dejar que Erdogán se haga con el petróleo que roba ISIS a cambio de que sea el gendarme de la Unión parapetando e impidiendo que cientos de miles de refugiados puedan llegar al continente. Como tampoco tiene que ver con dejar que el Sátrapa marroquí campe a sus anchas y masacre al pueblo saharaui también a condición de que impida que los del sur lleguen en masa a Ceuta y Melilla. Y por último, que la Unión de los pueblos europeos no tiene tampoco nada que ver con que los mismos jetas que trabajaron para Goldman Sachs, arruinando la economía de Grecia y de toda la UE, sean los que hayan diseñado este genocidio social para salvaguardar a quiénes jugaban a la ruleta rusa de la especulación y acabaron pegándonos el tiro de gracia a los demás.

La pobreza crea fascismo. Porque siempre va acompañada de ignorancia. Y aquí se ha jugado a demonizar la política, a crear ignorantes sociales y cívicos, insistiendo en que la política le viene grande al pueblo y haciendo que éste la denueste y huya de ella como de la peste. Y no se han dado cuenta que detrás de la política profesional están ellos, los políticos profesionales, que mientras recetan austeridad, recortes, salarios de miseria e indemnizaciones irrisorias, campan a sus anchas en yates de lujo, con salarios multimillonarios, indemnizaciones indecentes y vida lujuriosa. ¿Qué pensaban, que los zotes no se iban a dar cuenta? ¿Qué se iban a seguir dejando engañar por las evidencias? ¿Qué no se iban a echar en los brazos de quiénes arengan contra los inmigrantes como culpables de todos sus males? ¿No se daban cuenta que los necios, precisamente por no ser muy instruidos, iban a “comprar” a la primera un discurso que les asegura que echando a los de fuera ellos tendrán más trabajo y mejor vida? (igual que compraron su discurso austericida) ¿No se daban cuenta que iban a comprar el discurso que les asegura que acabarán con todas las prebendas de los que les han engañado? No pueden ser tan estúpidos. Porque es verdad que la avaricia ciega, pero no me creo que alguien que vive de engañar a los demás, no fuera consciente de que, con sus actuaciones y sus medidas, esto iba a suceder.

Van pasando los tiempos y las sospechas se tornan evidencias.

Sobrecostes, privatizaciones y opacidad: conclusiones de la Auditoría de la gestión de Gallardón y Botella. Así titulaba Público un extenso reportaje sobre la Auditoría de la Deuda llevada a cabo por el Ayuntamiento que gobierna Ahora Madrid.

En KAOSENLARED podíamos leer el día 21 de Marzo que «El sobrino de Fraga admite la existencia de la caja B del PP: “No era una caja de Bárcenas, era una caja de PP”».

Y también Público nos contaba el día 23 que «El payaso de las fiestas de Ana Mato confirma que le pagó la Gürtel».

Cada vez estoy más convencido de que somos marionetas en manos de una “mafia” que vive a nuestra  costa. Una trama que ha ido modificando sus actuaciones y nombres a lo largo de la historia pero que es siempre la misma o al menos se comporta igual.  Los señores de la edad media que explotaban a siervos y lacayos. La nobleza de la edad moderna que seguía explotando súbditos o partícipes de enfiteusis,  los primeros empresarios de la revolución industrial que masacraban a los obreros con condiciones leoninas, horarios interminables y labores exhaustas.
Ahora, además, estamos ante una nueva etapa en la que estos explotadores han dejado de lado cualquiera atisbo de humanidad porque ya no les trae a cuenta el trabajo de otras personas para enriquecerse y por tanto, salvo que las condiciones laborales les sean muy ventajosas (como por ejemplo producir en el tercer mundo dónde no hay regulación y pueden emplear mujeres y niños a precio de limosna, para vender en el primer mundo, o trasladar esas condiciones a Europa y evitar gastos de desplazamiento) no les interesan las condiciones de vida de los demás humanos. Porque mayoritariamente viven de la especulación. Para más escarnio, se han dado cuenta  que es mucho más rentable vivir de lo que siempre hemos considerado servicios públicos. Servicios sin los que la gente ya no puede sobrevivir y que han conseguido que los estados se los traspasen, casi regalados, o mejor, que se los financie en condiciones inmejorables, como pasa con la sanidad y la educación en España o la basura de Madrid.
Estamos en un mundo de hijoputismo supremo en el que estos mangantes de tres al cuarto se han confabulado para quedarse con aquellos servicios indispensables para la vida actual: el agua, la electricidad, la sanidad, la educación,… Servicios que ejercen con prácticas monopolísticas (a pesar de la UE) de facto y con precios abusivos que pagamos directamente o a través de los impuestos.
Vivimos en la inopia más absoluta. Dejamos que procaces personajes que acaban cobrando indecentes salarios por no hacer nada, en empresas a las que han beneficiado mientras ejecutaban poder, nos den lecciones de moral. Dejamos que Ministros sin escrúpulos firmen acuerdos abusivos como el de la A7, el Castor, TP Ferro o las Autopistas radiales de Madrid, que nos cuestan miles de millones de euros y no pedimos ni una sola responsabilidad. Dejamos que nos roben a manos llenas: Gürtel, Palma Arena, ERES, Brugal, Acuamed, Faycan, Naseiro, Noos,… y seguimos narcotizados, intentándonos reír de estas escorias, a través del whatsapp, cuando quiénes se ríen de todos nosotros, son ellos. Seguimos votando estúpidamente y sin conciencia ni reflexión. Seguimos mirando y jugando con el ovillo de lana (Catalunya, Euskadi, ETA, Venezuela,…) como gatos estúpidos.
Y sobre todo, seguimos creyendo que el miedo, armarse hasta los dientes y provocar guerras e injusticias es el mejor de los métodos para garantizar la paz. Obviamos los 200 muertos en Mosul asesinados por USA, y los soslayamos,  creyendo que los cinco asesinados en el Puente de Buckingham producen un dolor insoportable, clamando revancha, ignorando que la venganza solo trae más violencia y más muertos.

Veía el sábado o el domingo, en uno de esos refritos que nos echan de comer en la TV para pudrir nuestro cerebro, a un español afincado en China que decía asombrado que allí los taxis son propiedad de compañías que hacen trabajar a los conductores, decenas de horas en condiciones salariales desastrosas. Y a otro que afirmaba que los chinos tienen pequeñas libertades como ir a centros comerciales o al McDonald y que no se dan cuenta que no hay libertad de opinión o pensamiento. Que con esas pequeñas libertades están contentos y siguen votando a los mismos.
¡En China, porque eso en España no pasa…!

El individualismo, la ignorancia y la estupidez al poder.

Nota: Mórdian (http://warhammer40k.wikia.com/wiki/Mordian)

Al pan, pan y al vino,… terrorismo

De Verbena

La noche era suave. Demasiado calor aunque fuera agosto. En Burgos no suelen acontecer muchas noches en las que se pueda salir de verbena vestido sólo con una camiseta. Esta era una de ellas. La orquesta tocaba una pachanga en la que querían imitar a la famosa salsa “Pedro Navajas” en versión Orquesta Platería. Una melodía que, en aquellos días, sonaba a todas horas en la radio. Los asistentes apenas lograban intuir la canción pero no importaba. En las fiestas de los pueblos lo que menos importa siempre es la música. En el fondo de la era, alejados de la galera en la que los músicos destrozaban la canción, un grupo de jóvenes bailaba en corro. Dos chicos que acompañaban a cuatro mujeres. Los mamporreros de las guitarras eléctricas, un bajo, un Casio que imitaba los sonidos de los instrumentos de viento, y una batería,  finiquitaron la pieza.
La cantante del grupo musical, pregonaba a los asistentes que ahora tocarían la ranchera, “Me Gustas Mucho”. Canción dedicada a los jóvenes, que se concentraban debajo del remolque jaleando al conjunto musical que se había convertido en habitual en sus fiestas patronales de los últimos años de uno de esos pueblos cercanos al de la verbena. Al sonar los acordes, los dos chicos del grupo invitaron a dos de las chicas bailar. Ivón y Sandra quedaron desemparejadas para ese baile y estaban ya dispuestas a bailar juntas, cuando un muchacho escuálido, guapetón, repeinado, desgarbado y sobre todo, con alguna copa de más, se dirigió a Ivón:
–    ¡Hola guaaapaa..! Vente pacá que vamosss a faaailar tu y yooo…
Ivón y Sandra no le hicieron caso y siguieron al compás del “me gustas mucho, tu…, tururururu…”
–    Oyeeee, guaaapaaa, qetestoy habllaaando….
Las chicas seguían a su ritmo pasodoblero. El desgarbado agarró bruscamente del brazo a Ivón y tiró de ella. La joven le propinó dos patadas en la espinilla y el desgarbado beodo le soltó un guantazo. Los dos muchachos que bailaban a su lado, soltaron a sus parejas y saltaron al unísono contra el escuálido pasado de alcohol. Uno de ellos lo agarró de la camiseta y le soltó un puñetazo en la boca. El borracho, trastabilló un poco y se alejó un par de metros. Se agachó, echó la mano al tobillo y sacó un revólver pequeño. Se acercó al joven de los mamporros y le puso la pistola en la sien.
–    ¡Gue, lisstooo… Ahora gueee… Te voy a meetterr dooos tirosss en sssien, hijjooo de pputa.
Volvió a trastabillar, y el otro joven aprovecho para agarrarle la mano en la que llevaba el arma y quitársela.
Con el jaleo y los gritos de las jóvenes, se había acercado otro muchacho también flaco aunque en mejor estado, con las manos en alto y hacia adelante, pidiendo sosiego. Los jóvenes y un pequeño tumulto que se había formado, chillaban y llamaban hijo de puta al achispado pistolero. El muchacho sereno, les pidió perdón en nombre de su amigo. Les contó que era la primera vez en cuatro meses que salían de fiesta y que venían del País Vasco. Los amenazados, le recriminaban una y otra vez que hubiera sacado una pistola y que no entendían que tenía que ver lo del País Vasco. Al fin el muchacho sereno, confesó que eran Guardias Civiles. Los otros dos chicos seguían sin entender por qué llevaba una pistola yendo de fiesta y más si no sabía beber. El Guardia Civil, pidió excusas de nuevo y les pidió por favor que no les denunciasen.
El borracho y su amigo se fueron de la verbena y los otros muchachos, tras el susto, continuaron en el festejo.

******

Hace muchos días veía, incrédulo, a través de la red, el vídeo en el que un activista antituarino era detenido en el albero de la plaza de toros de Valdemorillo y una vez fuera del coso, supuestamente, un Guardia Civil le llamaba hijo de puta y le amenazaba con abrirle la cabeza si no le decía lo que él quería oír, a pesar de que el detenido juraba hasta por su hija que estaba sólo.
Esta situación me hizo plantearme si la reversión que estamos padeciendo también implica a las Fuerzas de Seguridad del Estado. Porque, a mí, esto me retrotrae, no ya a los primeros años de la democracia, dónde sucedió el incidente cuyo relato introduce este artículo, si no a los últimos estertores de los años 60 en los que, siendo niño, un orondo y sudoroso cabo de la Benemérita pasaba el tiempo jugando (él) a ponerme las esposas prietas, muy prietas, mientras reía a boca llena con mis lágrimas. Cuanto más sufrimiento, más risas.
Un síntoma claro de falta de libertad es la brutalidad policial. En las dictaduras las policías tienen patente de corso. No hay forma de que un ciudadano pueda reclamar equidad ante una injusticia policial, una paliza o una detención alegal. Y por supuesto, en una dictadura, un policía hace y deshace a gusto en cualquier situación.
Antes de que esta coyuntura crítica de estafa y regresión de libertades y derechos sociales llegara, había jurisprudencia suficiente que indicaba que la presunción de veracidad de la policía (Nacional, Guardia Civil, local, etc.) tiene un límite. Ese límite está en la presunción de inocencia del acusado y sobre todo en que, en muchas de esas sentencias, se establece que la presunción de veracidad sólo es válida cuando las Fuerzas del Orden actúan como terceros y no están implicadas en el procedimiento.
Pero en esto llegó el PP y sus ansias de coartar cualquier libertad reivindicativa. Y prohibió los escraches e intentó coartar manifestaciones y protestas. Y como se mostraban algunas conductas indecentes e intolerables de policías en el ejercicio de sus funciones, prohibieron grabar a los agentes y publicar sus actuaciones en la red.
Y aquí viene la pregunta que lleva rondándome la cabeza desde hace días ¿Es lícito, es moralmente aceptable que un tipo se emborrache, acabe teniendo una trifulca con otro ciudadano y que este responda con violencia y que se le aplique la ley antiterrorista porque el tipo que se ha emborrachado es Guardia Civil?
Como digo, el incidente descrito en la introducción, del que fui testigo a principio de los años ochenta en las fiestas de un pueblo cercano al mío, se solucionó con una retirada a casa del beodo y sobre todo de la petición insistente del otro benemérito de que no fueran denunciados por los chavales que habían reaccionado de forma violenta ante una acoso machista e indecente sufrido por una compañera. El Guardia Civil que no había bebido, insistió mucho en que no les denunciaran y además tenía plena conciencia de que su compañero había sido imprudente al llevar consigo una pistola, primero porque pensaba beber y segundo porque ya conocía el carácter pendenciero y chulesco del mismo.
¿Qué ha cambiado desde entonces para que ahora, por unos hechos presuntamente parecidos, a los chicos de Alsasua se les acuse de terrorismo?
Lo que ha cambiado es un gobierno al que no le gusta la libertad y una sociedad que se ha acomodado en la injusticia social y en la individualidad y que cree que mirando al suelo ante unas nubes negras, muy negras, se va a librar del chaparrón.

Yonquis de la bazofia

Una partida de Pádel

Cansado, sudoroso y estresado, Juan Carlos se seca el sudor con la toalla que lleva en el cuello. El Pádel debería servirle como relajante. Pero a Juan Carlos, no le gusta perder ni a los chinos, cuando se juegan la segunda ronda de cervezas en el bar. La primera, la paga quién ha perdido el partido. Ahora, toca ducha y aguantar al fantasma de Garrigues, que para una vez que gana y además gracias a Oriol, que ha sustituido a su compañero Guzmán que tiene una ciática de caballo, estará el resto de la tarde restregándole por la cara el resultado.

A Juan Carlos no le gusta Oriol. Es catalán. Y no es que tenga nada contra los catalanes, según dice, ni tampoco conoce a nadie más que sea de allí. Y no es que Oriol sea un mal tipo, prepotente, ruin, trepa o mala persona, no. Más bien es un tipo encantador, servicial, un poco malhumorado pero amable, cariñoso y extrovertido. Deseoso de ayudar en cuanto se lo piden. Pero a Juan Carlos no le gusta. Porque es catalán.

Juan Carlos, Borja, Garrigues, Guzmán y Oriol, son compañeros de trabajo. En realidad no son nada más porque, salvo el edificio en el que trabajan, tienen poco más en común. Borja es el Jefe inmediato de Juan Carlos, y éste empezó a jugar con él por peloteo, para intentar que no le jodiera la vida. Borja es un niño de papá al que todo se lo han dado hecho, incluso el puesto en la empresa. Y además de no saber, o precisamente por eso, es un mal jefe: déspota, desconfiado, que no delega, nada comprensivo, de los que se cree que por estar reunido diez horas a la semana con sus subordinados, reuniones en las que mayoritariamente habla él y de casi todo, menos de trabajo, ya ha cumplido con su cometido. No permite que ninguno de sus trabajadores asista a consulta médica con sus hijos pequeños o que asistan al colegio a reuniones con los maestros y nadie puede irse a casa antes de las siete de la tarde. Eso sí, esas reglas no valen para él que llega todos los días dos horas después que los demás, se va a comer a casa a las dos y vuelve a las seis, y disfruta del tiempo que le viene en gana para “sus cosas”.

Garrigues es un sufridor nato. Es el tipo que les cuenta su vida a los demás sin que nadie le pregunte. El que siempre que vas a tomar café, ya está en la máquina o si vas al baño te lo encuentras siempre allí. Nadie de sus compañeros sabe exactamente a qué se dedica en la empresa, pero está muy bien considerado por sus Jefes. Sobre todo porque nunca crea conflictos y avisa de los de los demás.

Guzmán es tipo al que, si un día no viene al trabajo, te das cuenta dos días después, cuando tienes que pedirle un informe.

Oriol, es un tipo extrovertido al que todo el mundo recurre cuando hay un problema que los demás no saben arreglar, porque nunca le niega nada a nadie. Está afiliado a la CGT y es también a quién los demás recurren cuando necesitan aclarar disputas laborales con la empresa. En esos momentos a nadie le importa que sea catalán y anarquista.

Todos juegan al Pádel. Algunos como Oriol porque no sabe decir que no. Otros como Juan Carlos por necesidad de desestresarse, aunque si pierde, como hoy, se carga aún más. Garrigues porque necesita estar en todas partes como dios y enterarse de todo. Guzmán por gusto. Simplemente porque disfruta. Y Borja, porque si no fuera con los de la empresa, no le aguantarían en ningún otro grupo.

Si exceptuamos a Oriol y a Guzmán, ninguno de ellos lee, a no ser que aceptemos como lectura los titulares del Marca o del As. Ninguno de ellos está al día en redes sociales aunque todos tienen perfil de Facebook en el que los amigos agregados son los hermanos, cuñadas, vecinos y conocidos. Sólo lo utilizan para colgar fotos de sus vacaciones y chascarrillos y chistes que sacan del Whatsapps. Oriol es un twitero activo. Los demás han oído hablar de Twitter pero no saben bien como funciona e Instagram o Snapchap son nombres que les suenan a aperitivos de Matutano. Borja tiene perfil en Linkedin que rellena con decenas de cursos que realiza en el trabajo cuando no está reunido. (Desde cocina creativa hasta el impacto de la mosca del vinagre en la fruta). Oriol es productor mediante crowdfunding de CTxT o Carne Cruda. Los demás creen que Diario16 o Público son periódicos en papel del pasado. Todos salvo Oriol, tienen TV de pago por el Fútbol, pero no saben lo que es Netflix o HBO. Por supuesto el telediario que más les gusta es el de Telecinco seguido del de Antena3, aunque Borja se cree informado principalmente por Telemadrid y la 1 de TVE.

Después de la ducha, han llegado al bar El Segoviano, dónde dos hermanas cercanas a la jubilación sirven patatas fritas y sardinas de lata junto con la cerveza. A Oriol no le hace mucha gracia el bar, porque tiene colgada una enorme bandera española con el águila de los Reyes Católicos y es frecuentada con asiduidad por políticos locales del PP.

Fíjate, que cabrones los estibadores. Con lo que ganan, les ofrecen la jubilación a los cincuenta y pasan. ¡Lo que nos va a costar la multa de Europa por su culpa!
Y qué me dices de los Podemitas, ¿eh? Con los problemas que hay y se dedican a la chorrada esa de llevar al Congreso una ley para impedir que les corten el rabo a los perros. ¡Y a quitarle la misa a los abuelos por la tele!

Oriol, da las buenas noches, se disculpa y se va.

Y, a este, ¿Qué le pasa? Pregunta Borja

Nada, que es catalán y comunista, dice Garrigues.

 

Yonquis de la bazofia

Si hay algo que me da repelús es el pasotismo, la desinformación y esa mezcla pastosa de sucesos y opiniones sesgadas que nos dan de comer como información en la tele y en la mayor parte de la prensa escrita. Me recuerda mucho a la bazofia que le echaba mi madre a los cerdos cuando yo era pequeño. Los pobres animales, que comían de todo, acudían como posesos a la duerna donde se había mezclado el agua, la harina, el salvado, los trozos de remolacha, las cáscaras de las patatas y hasta los fideos de las sopas si habían sobrado. Y ellos acudían desesperados como si les ofrecieran caviar.

Hace algunos años, cuando aún no desgobernaba el indeseable tramposo que acabó purgando de la cadena pública a todos aquellos periodistas que osaban comunicar lo que les daba la gana, Toni Garrido, en sus “Asuntos Propios” tenía una pequeña charla semanal con la periodista de la casa, Ana Pastor. En una de esas tardes, había huelga de conductores de metro y esta periodista dejó caer que ir en metro es un derecho y además contrapuesto al derecho de huelga.

Ahora, con la misa y la proposición de Podemos, está ocurriendo algo parecido. Hasta el “resistente” Fernando Berlín, hablaba el otro día en su programa “La Cafetera” del servicio público que supone la retransmisión de la misa.

Parece que, en este totum revolutum de la desinformación, lo que se pretende es reducir al absurdo todo para obtener un pasotismo general. El derecho a ir en metro, en autobús, en burro o en avión, no existe. No puede ser un derecho algo que no afecta a todos por igual. Existen los servicios públicos que son un derecho. Pero entre poder ir al trabajo a precio razonable y el derecho de huelga de los trabajadores hay un gran abismo. La misa, ni siquiera es un servicio público puesto que España es un país aconfesional según, la tan manida Constitución. Además, se da la paradoja de que la TDT cubre el 99% del territorio español y 13TV, la cadena de los obispos, también da la misa y por tanto, aquellos que necesiten reconfortar su espíritu con ella, pueden hacerlo a través de este canal sin necesidad de que sea la TV pública la que gaste el dinero de los contribuyentes en algo que debiera ser personal e intimo.

A buen seguro que a alguno de mis lectores les pareceré monótono, repetitivo y pesado. Pero la manipulación informativa es de tal calibre que afecta directamente a nuestras vidas e influye en la decisión de los que creen que la TV es palabra de dios. Y esas malas decisiones, después, nos afectan a todos.

¿Cuántas personas saben que los estibadores NO son funcionarios y que ya trabajan para empresas privadas? ¿Cuántos saben que, en realidad, lo que se pretende es que las ETT se hagan cargo de los trabajos portuarios precarizando un trabajo que necesita mucha especialización y una atención y condiciones físicas y mentales a pleno rendimiento? ¿Cuántos se han creído eso de que allí sólo entran a trabajar familiares? ¿Cuántos saben que la supuesta multa “de Europa”, no es nada más que una posibilidad y que ya los alemanes lograron que no se cumpliera la amenaza?

¿Cuántos de los españolitos que ven la tele, saben que el Supremo acaba de mandar al cubo de la basura el artículo 28.2 de la Constitución y el derecho de huelga al sentenciar que es legal subcontratar para eludir una huelga?

En este país existe un apagón informativo que nos vuelve ciegos, sordos y estúpidos. El pensamiento único está convirtiendo esta sociedad en un mundo de zombis dónde no hace falta estar muerto para no sentir, ni padecer, ni tampoco que el pastor utilice perros para llevar el rebaño al corral, porque los borregos se dirigen solos hacia el precipicio.

Que una persona que vive del momio, del papel cuché dónde, sobre todo, se pagan infidelidades, engaños, amoríos y vida disoluta, acabe recogiendo firmas en Change.org para que no quiten la misa en la tele pública o que otro individuo solicite a través del mismo portal que se repita el partido de fútbol entre el Barcelona y el PSG y que acudan a firmar más de 263.000 personas, lo dice todo de este país de gañanes y catetos en el que el fútbol provoca puñetazos y guerras familiares llevando al extremo lo superfluo, y lo que nos impide vivir en paz y cómodamente (derechos, desmantelamiento de los servicios públicos, ensañamiento laboral, solidaridad, igualdad social …) es considerado política y propio de inadaptados, intransigentes, antisistema y ahora, populistas. Ahora además están con el encargo de insistir en que el fascismo ya no es fascismo, sino populismo. Por aquello de la asociación de ideas.

Menos mal que yo no ruedo películas, sino ya me veo en una campaña de whatsapp pidiendo que nadie acuda a ver mi producción como le ha pasado a la actriz Miren Gaztañaga y sus “catetos” del programa de la ETB que el 99% ni ha visto ni sabe de qué va.

Aquí, tratándose de vascos y catalanes ya hay bazofia suficiente para alimentar a toda una serie de indocumentados que creen que un país que les deja morir de hambre, que les lleva a la pobreza y que les deja sin derechos, hay que defenderlo a muerte. Porque los catalanes, de toda la vida de dios han sido ruines, tacaños, huraños e insolidarios y , como dice El Reno Renardo en “Todo Seta” , “Los vascos son Eta, que llevan metralleta y se cagan en dios jugando al mus”.

Para el resto, Venezuela está en Cibeles.

Palabra de dios y evangelio de San Florentino.

Iam tempus est agi res

Pasión y muerte

Escondido en la cueva que forman las piernas de su padre, John permanece atento al paso de aquel extraño pasacalles. El miedo le atenaza. Sin embargo, toda aquella comitiva le llama la atención. Las gáleas romanas con sus crestas rojas, la música estridente que sale de las cornetas, el paso firme, estruendoso y acompasado de las cáligas. La lanzas en posición firme, el brillo bajo el sol de las loricas relucientes. Detrás, las túnicas blancas con sus capuchones puntiagudos que le traen a la memoria el verano anterior, allí en su Luisiana natal, cuando los hombres malos prendieron fuego a una cruz frente a la casa de sus abuelos maternos y mataron a los perros. Les siguen otras túnicas azules, también con capuchones puntiagudos que caminan despacio y acompasados con su infinidad de velas que tiemblan cada vez que el aire respira. Ahora, aparece ante sus ojos, un señor moreno, con una especie de corona con pinchos incrustada en la cabellera, el torso desnudo y ensangrentado, al que le sigue otro hombre que lleva una correa, igual que la del perro pero en la cabeza, como la diadema que usa su madre para salir a hacer running. El hombre tiene expresión seria y hosca, su cara está llena de cicatrices de lo que debió ser una Viruela infantil y va vestido con una falda de tiras de cuero marrón y un jubón también marrón. Lleva en la mano un látigo con el que azota al de la corona de pinchos.

Las primeras lágrimas empiezan a correr por las mejillas de John que ha cambiado su semblante. Ha pasado del ojiplático al terror absoluto. Llora desconsoladamente. Su padre le aúpa en brazos e intenta tranquilizarlo. Pero John no se calma. Él es un niño hispano y negro que vive en Luisiana y sabe lo que es sufrir la maldad. Su padre intenta hacerle comprender que lo que está viendo sólo es parte de una función de teatro. Algo que aquí en España llaman procesión y que conmemora la pasión y muerte de Jesucristo.

Pero John no puede entenderlo. ¡Es todo tan real! Los soldados romanos, los azotes, la sangre que corre por la espalda del señor con la guirnalda de pinchos. Las señoras, con sus peinetas y sus vestimentas de un negro que acongoja y que lloran lágrimas de verdad…

El padre de John le comenta a su madre que ya han visto bastante. Su hijo está tan desconsolado que deben irse. Pero antes de girarse mirando hacia la comparsa suelta un “wild unaware”. El hombre del traje gris adyacente le replica

– What did you say?

–  Nothing -responde el padre de John, que no se esperaba que le entendieran.

El hombre del traje gris, sombrero de ala ancha y pañuelo al cuello, vocifera para que todo el mundo le escuche:

– Aquí el yankee, que dice que somos unos ignorantes salvajes.

La gente empieza a mirar a la familia de John. Su padre intenta explicarse en castellano, pero nadie le escucha.

– Yo no quería…

Pero la turba está sorda… Se acercan más y más hasta que una patada le llega a la espinilla de Mr. Velázquez y como si hubiera sido la señal, la chusma, empieza a vociferar “mamarracho de mierda”, “americano cabrón, asesino”,… La familia de John echa a correr. No les siguen pero están asustados, muy asustados.

 

Martín Velázquez, descendiente directo del pintor español que se autorretratara en Las Meninas,  al que su abuelo, que salió de España en 1939, le contaba miles de historias de España, había recibido como premio en un programa televisivo, visitar un país que sentía suyo y hacer así real un sueño de toda su vida.  Por la mañana, salen de España. El premio del viaje contemplaba dos semanas más pero no pueden seguir aquí. España ha dejado de ser una idea romántica para convertirse en una bofetada.

*****

«Iam tempus est agi res»

La amebiasis es una enfermedad que no puede verse a simple vista y que está provocada por un grupo de amebas parasitarias que viven en el intestino grueso y tienen la capacidad de invadir y lesionar capas internas de la mucosa intestinal produciendo úlcera o perforación. Además están provistas de un poderoso grupo de enzimas que les permite abrirse paso entre los tejidos, lo que les permite llegar a otros órganos, como hígado, pulmón y cerebro. Si no se trata a tiempo o no se diagnostica, puede acabar con la muerte del enfermo sobre todo en sociedades poco desarrolladas.

Decía el otro día Inés Moreno, aquí en Diario 16 , que los conservadores (que por cierto, sólo quieren conservar aquello que les produce beneficio, que les da votos o que impone sus creencias ante las de los demás) son gentes que tienen un concepto “particular” e hipócrita de la libertad y que sólo les interesa cuando alguien quiere impedir sus actividades o pone en duda sus creencias.

En cualquier sociedad poco educada en libertad, llena de prejuicios religiosos y exabruptos nacionalistas, en la que uno cree que sus razones son mejores que las de los demás y que sólo existe el derecho de hacer lo que a uno le venga en gana sin considerar que al vecino pueda molestarle (“que se joda” suele ser la salida), es muy probable que se acabe sucumbiendo ante los parásitos irrecíprocos, como cuando un niño o un perro que adquiere amebiasis, si no se establece el diagnóstico correcto, acaba sucumbiendo ante los parásitos.

En esta involución hacia la edad media en la que los comisionados descuideros se parecen mucho más a Torquemada que a Erasmus de Róterdam, tenemos un serio problema de intolerancia cuyo fin parece que es, como todo lo que hace esta gente, la de perpetuarse en esta cleptocracia y sobre todo impedir la oclocracia.

Aquí cuando comunicas que vas a convocar cualquier acto reivindicativo en la calle (pasacalles, concentración, manifestación, etc), sobre todo si es en un barrio y si el convocante no es parte de la burocracia cleptócrata, lo primero que te dicen es que debes ir por la acera y te prohíben cortar arterias o calles principales y te modifican el recorrido a conveniencia, procurando que los ciudadanos no te vean en nombre de las “posibles molestias”. En cambio, cualquier parroquia de medio pelo y diez feligreses, tiene permiso casi automático para montar una procesión, una rogativa o cualquier otro acto que debería ser privado o al menos tratado con la misma displicencia que las “otras” solicitudes “civiles”.

Cualquier fascista homófobo puede mostrar lemas de intolerancia, puede herir, y no sólo sensibilidades, a las personas a las que ponen en su punto de mira. Pero si a alguien se le ocurre coger un megáfono e ir por la calle informando que hay algunos curas pederastas o se te ocurre montar un escrache a la puerta de la casa de uno de esos ladrones que se dedican a cobrar comisiones por la concesión de obra pública, no recorrerás ni cien metros antes de acabar detenido.
Si los fascistas de Hazteoir o los sectarios del Yunque se ponen en la puerta de un Instituto a repartir panfletos sobre la “anormalidad” de la homosexualidad o la “maravillosa” vida al servicio de dios y los peligros de un infierno en el que acabarás masacrado, no pasa absolutamente nada. Si alguien se pone a repartir octavillas sobre Mahoma y los principios del Islam o sobre la inexistencia de dios y el camelo de las religiones, en tres minutos la policía le ha desalojado y acaba detenido.

El artículo 525 del Código penal (Ley 10/1995), sobre los delitos contra  los sentimientos religiosos, es una aberración en cualquier sistema de libertad y sociedad no confesional que se precie. ¿Cómo puede ser delito pensar distinto a la mayoría, rebatir públicamente cuestiones religiosas o ideológicas o hacer una representación (parodia o no) de una procesión religiosa o de una tradición cristiana? Si los Monty Python hubieran hecho La Vida de Brian en España, ahora estarían detenidos y encarcelados. Con  Martin Scorsese más de lo mismo. ¿Por qué siempre hay intransigentes dispuestos a llevar al juzgado una actuación de carnaval, una parodia de una procesión o una protesta en una sala de la Universidad? Y lo que es peor, ¿por qué siempre hay jueces dispuestos a admitir la demanda?
¿Por qué yo no puedo sentirme ofendido ante la insistencia de la profesora de religión que se empeña en “cristianizar” a mi hijo aunque no haya elegido esa asignatura? ¿Por qué no puedo sentirme ofendido cuando el cura de mi parroquia es denunciado por abusos sexuales? ¿Por qué yo no puedo contarle al mundo, cada hora un par de minutos,  mediante un bafle de 20.000W que me gusta el Heavy y el cura de la Alameda de Osuna pude poner una grabación de campanas todas las horas para llamar a misa?

Esta doble vara, esta moral excluyente con el que no sigue la tradición y excesivamente permisiva con los adeptos, aunque sean violentos y amedranten a los demás, no sería posible sin las leyes confeccionadas por los cleptócratas y sin la connivencia de una judicatura poco severa con la violencia de género, con los ataques a la libertad de las personas que no piensan como ellos, pero extremadamente austeros con los artistas o tuiteros que ponen en evidencia el sistema.

Durante la celebración de la JMJ en Agosto de 2011, celebramos una manifestación laica. Muchos sufrimos el tapón realizado en Sol por los cachorros católicos, cuya concentración ni estaba autorizada, ni solicitada a delegación del gobierno. Muchos estuvimos asustados ante la idea de quedar atrapados y resultar heridos o muertos en una estampida. Y asistimos incrédulos a la actuación de las fuerzas ¿del orden? que miraban de forma pasiva el tapón las JMJ y sin embargo, ante nuestras protestas, acabó cargando contra la manifestación legal. Y eso que aún no desgobernaban los herederos del golpe del 36 y los que actúan con la misma mezquindad y represión que el general eunuco fascista.

Indecente es que, quién se dedica a sembrar odio, tiene patente de corso para amedrentar, se le conceden espacios y terrenos públicos para adoctrinar y mano ancha a la hora de actuar, exija libertad de expresión e intente convencernos de que lo que ellos llaman el lobby gay, nos está intimidando. Porque es de un hijoputismo tan indecente que está claro que su objetivo es propagar animadversión. Y que les odiemos para tener la excusa perfecta para actuar como lo hacían en el 35.

España está contaminada de amebas y parásitos y lo peor es que la sociedad no conoce el diagnóstico. Lo peor es que nos creemos libres y en democracia.

«Iam tempus est agi res» que decía Virgilio en la Eneida.

¡Ni Una Menos!

Por la ventana, solo se divisa la autopista que se pierde tras un puente. A su derecha, campos de cereal verdean en un paisaje monótono. Hoy Alina no hará la comida, ni saldrá a la compra, ni tampoco planchará, ni hará las camas. No podrá emprender ningún viaje porque no tiene pasaporte. Tampoco saldrá de paseo, ni irá al cine, ni a bailar. Ni llamar por teléfono, navegar por internet o poner un WhatsApp. Hoy, como ayer y como mañana, Alina no podrá salir de la construcción junto a la carretera. Tampoco sabría dónde ir perdida en mitad de la llanura castellana. Lo que si hará, en cambio, es tomarse unas copas, aunque no por gusto. Eso y que la jodan varios gañanes mientras reprime las arcadas. Hoy Alina, como ayer y como mañana, no podrá parar, porque de su trabajo obligado, vive quién retiene su pasaporte.

*****

Hoy el colectivo #Niunamenos ha convocado un paro mundial de mujeres contra la violencia machista.
“Queremos parar en las casas, las calles, las escuelas, universidades, fabricas, tiendas, empresas, es decir, queremos parar en todos aquellos lugares donde nos encontremos para visibilizar que sin nosotras no se mueve el mundo. Parar y alzar la voz contra las violencias que de manera cotidiana se producen contra nosotras, parar para ver que somos muchas y juntas somos fuertes”.
En España, llevamos 18 mujeres brutalmente asesinadas por hombres en tan sólo los 66 días transcurridos de este año (más de 1 mujer cada 4  días). El día de la mujer se celebra en recuerdo de las 129 mujeres quemadas vivas el 8 de marzo de 1908 en una fábrica Textil de Nueva York dónde las trabajadoras, que se habían declarado en huelga, tuvieron que encerrarse ante la negativa del dueño de la fábrica a aceptar dicha huelga. El asqueroso le prendió fuego a la fábrica con ellas dentro.
Ahora que tenemos que volver a instruir a nuestros hijos sobre la igualdad, ahora que vuelven actuaciones machistas que creíamos superadas, ahora que el gobierno de este país omite la necesaria regulación y ayuda contra los feminicidos, se hace indispensable que los hombres estemos más que nunca, al lado de las mujeres. Ahora que la brecha salarial es ya de un 27%, que los mal llamados mercados (explotadores sin escrúpulos) se aprovechan de los débiles, incrementando esa explotación sobre las mujeres sólo por el hecho de ser mujer, ahora que ellas siguen trabajando dentro y fuera de casa, que son el sustento de las familias en precariedad, que siguen cuidando de sus mayores y de los nuestros, se hace necesario nuestro apoyo total.
Aunque no sea nada más que porque una mujer te trajo al mundo e hizo de ti lo que eres, respétala, comparte sus preocupaciones y vuestras labores, haz de vuestros hijos, tus hijos y de vuestro hogar tu hogar. Respeta, apoya, comparte, vive y sobre todo dejala vivir. Ningún ser humano es propiedad de otro. Haz de tu mujer, tu compañera, de su vida, tu vida y de sus cosas, tus cosas.
Decía Pío Baroja que el nacionalismo se cura viajando. Y el machismo, poniéndote en su lugar.
SOLIDARIZATE.
#8M #Niunamenos #8MYoParo
Yo también soy mujer.

Jaque Mate

¡Libertad!

Acababa de salir por una enorme puerta hacia la luz. Llevaba horas encerrado en un chiscón oscuro. Pensó que la luz le daría libertad. Pero la luz llegó y encontró un enorme círculo lleno de humanos que jaleaban como posesos. En el centro, un tipo que también irradiaba luminosidad le estaba esperando. Tal vez él fuera la clave de su libertad. Corrió hacia él, pensando que si jugaba acabarían dejándolo en paz. Pero el tipo brillante, le echó encima un trapo ensangrentado. ¿Qué significaba aquello? Tras varios paseos entorno al trapo, apareció otro humano montado a caballo. Pensó que era parte del juego y arremetió contra el caballo. Un fuerte dolor le recorrió la columna vertebral. Dejó al caballero y se centró de nuevo en el tipo del trapo rojo que irradiaba luz. Al menos éste no le estaba hiriendo. Entonces observó a otro tipo, algo más oscuro que le retaba desde el centro. Él sólo quería que todo acabase, salir corriendo de allí y volver a sus pastos. A los árboles y la hierba. A descansar, a trotar, a comer, a saltar,…, a ser libre. Pensó que tampoco éste le haría daño y se fue hacia él. El tipo le esquivó y le dejó dos dolorosos aguijones clavados en sus cervicales. Luego dos más de otro tipo y otras dos de otro. Angustiado y extasiado, intentó una vez más seguir lo que él entendía como el pasaporte hacia su libertad. Pero al final, el tipo del traje que reflejaba la luz, le acabó clavando una espada en su interior.

Antes de morir, el toro pensó que todo había sido una trampa. Que no había libertad en la luz y que, quizá hubiese sido mejor haberse tumbado al salir al ruedo. ¡No sabía cuánta razón había en aquellos pensamientos!

 

*****

 

LA TRAMPA

Asistimos asombrados al tratamiento informativo que este fin de semana le han dado los grupos de incomunicación, adoctrinamiento y esparcimiento del espíritu nacional al paripé montado por los del partido de los cuñados salvapatrias y los encausados por corrupción. Asisto indignado y cabreado por la elevación del paripé a los altares del pacto de estado. Asisto indignado y cabreado a la propaganda que alimenta a la idiocia. A ese pueblo que se fija en la muleta para encontrar la libertad sin darse cuenta que le siguen desangrando en cada pase.

Desde el día siguiente del 26J llevo preconizando la celebración de nuevas elecciones porque de lo que se trata es de aburrir al personal para que se abstenga y así los encausados por corrupción puedan seguir destruyendo lo que en la Constitución se recoge como estado social y de derecho. Todos sabemos que los que votan a los corruptos nunca se abstienen. Y da igual que las elecciones sean el día de navidad o la noche de Nochebuena, porque si hay elecciones, allí estarán los de siempre acompañándolos para hacer lo que hay que hacer.

Pero en toda esta estrategia, hay algo que empieza a olerme muy mal. Sinceramente creo que hemos caído en la trampa. Hagamos lo que hagamos esteremos legalizando la situación y creo que es eso en realidad lo que están buscando. Si el PSOE acaba claudicando y el indecente Don Tancredo sigue siendo presidente, mal porque la famosa gran coalición será un hecho y lograrán su objetivo. Pero si el PSOE no acaba cediendo (que yo creo que es lo que va a pasar) también estaremos en una vuelta atrás. Ciudadanos habrá conseguido su objetivo de sacrificarse como formación (sus dirigentes acabarán colocados en cualquier otro sitio) el bipartidismo que fomenta el liberalismo, la involución y la vuelta a los cánones del feudalismo habrán triunfado y lo que es mejor para ellos, el arma del cambio, PODEMOS o cualquiera de sus formas autonómicas, habrán sido desactivadas. El peligro habrá pasado y todo seguirá igual (empeorando para la gran mayoría y mejorando para la casta). Eso sí, nos dirán que se ha entendido el mensaje, que saben lo que el pueblo quiere y que obrarán en consecuencia, pero todo irá a peor. La Sanidad y la educación, acabarán destrozadas, los funcionarios dejarán de existir, con lo que el escaso control actual de la administración se habrá desarmado y los salarios que permiten vivir, las pensiones y los derechos sociales pasarán a los libros de historia (quizá ni siquiera).

Tanto si hay acuerdo de gobierno, como si hay terceras elecciones, habremos caído en la trampa. Aquel caldo de cultivo del cambio, las protestas en la calle, el 15M, las Marchas de la Dignidad, Rodea el Congreso y todo el cabreo generalizado del pueblo que pedía un cambio a voces, habrá sido desarmado y convenientemente reconducido hacia el interés de quién maneja los hilos: la abstención, el silencio y el convencimiento de que la política es un rollo, que todos son iguales y que no merece la pena seguir luchando.

Jaque Mate.

Amores que matan.

Hoy, de madrugada, en Madrid, una mujer ha muerto por interceder en la pelea de un machista con su pareja. La ha pegado una cuchillada en el pecho. El machismo es una lacra y no debemos consentirlo.

Hace unos meses escribí esto para una revista del Instituto de mi hijo. Espero sirva de ayuda a nuestros jóvenes que han vuelto a un camino que debiera estar cerrado.

Junto a la pared, frente a la puerta de salida, Jonatan espera, de pie. La zapatilla del pie izquierdo, parece sujetar la tapia. En la mano derecha, entre los dedos, un cigarrillo consume el tiempo que queda para el timbre. No hace frío aunque ya estamos en noviembre y su pelo cortado al dos, acentúa los rasgos de una cara que bien podría ser de un dios romano. Bíceps desarrollados pegan su camiseta a su pecho y sus grandes brazos, y sus bermudas de chándal, largas (lo que su madre llamaría pantalones pesqueros), dejan entrever la robustez de sus piernas y unas zapatillas de un naranja fosforito que cuestan el sueldo de su madre en uno de sus tres trabajos como limpiadora.

No es que Jonatan haya salido antes de clase. Hoy, ni siquiera se ha acercado al Instituto salvo ahora, que está esperando a que el fin de las clases, deje paso entre los cientos de alumnos a su chica: Rebeca. Jonatan está matriculado en segundo de Bachiller, al que lleva anclado los últimos tres cursos. Hasta primero, fue un estudiante mediocre pero suficiente. Alguien que se esfuerza lo mínimo para ir pasando de curso sin problemas. Nunca había repetido. Pero descubrió que pasaba el tiempo más rápido en casa jugando en la red al Minecraft o al Roquet League que escuchando el tostón de la Martirio que les da lengua y literatura o del Cuqui que les da matemáticas. Total, está siempre sólo en casa desde las siete de la mañana y nadie notifica a sus padres si asiste o no a clase. Algunos días, la diversión está en el aula y queda con los colegas para ir a tocarle los huevos a la de Historia, que se toma el alboroto como una afrenta personal, y muchos días acaba llorando entre las risas de sus más siniestros pupilos.

El Cuqui está explicando en la pizarra la resolución de un determinante por la regla de Sarrus. Rebeca, sin embargo, está mirando el reloj. Su pensamiento está en otro mundo. Revive con cierta melancolía el día, hace ya casi dos años, cuando Jonatan, el chico más guapo y en mejor forma de la clase, el chico por el que suspiraban todas sus amigas, se fijó en ella y le pidió salir. Resultó que la belleza no lo es todo y que todo el romanticismo, todos los detalles, toda la ternura mostrada antes, se esfumó como el olor del perfume comprado en el mercadillo. Pronto se dio cuenta de que Jonatan no era un romántico y que tenía un concepto de las mujeres un pelín viejuno (aunque no sólo él. En clase parece que algunos más de los chicos más guais, opinan que las mujeres les quitan el trabajo a los hombres y que, si tienen que decidir, mejor son ellas las que se deben quedar en casa al cuidado de los niños). Al principio no le dio importancia. No era más que algo que ella creía superado pero que, al parecer, la sociedad no. Más tarde descubrió que a Jonatan le enfadaba mucho que ella saliera con sus amigas un sábado o un domingo si él no estaba en la ciudad. Sin embargo, en verano, cuando ella se fue con sus padres un mes al apartamento que tienen en Bellreguart, su amiga Cristina le contó que había visto varios días a Jonatan en Kapital , aunque él le aseguró cuando se vieron después de quince días de haber vuelto de la playa, que había estado recluido como un monje. También hay algunos desplantes y broncas que siempre acaban con un Jonatan arrepentido y suplicando perdón, porque la falda de Rebeca es demasiado corta o el escote demasiado grande. Ella no puede salir con sus amigas, aunque él, que no tiene hora de llegar a casa, se líe con los suyos hasta las dos o las tres de la mañana.

El Cuqui sigue con sus determinantes en la pizarra. Ahora está demostrando que un determinante vale cero si tiene dos filas o columnas, iguales. Rebeca mira el reloj con aprensión. Quedan poco más de cinco minutos de clase y sabe que Jonatan la estará esperando. Se siente culpable porque no hace las cosas como es debido y su novio se enfada con ella cada día más y por cosas mucho más estúpidas. Se enfada si lleva los labios pintados a clase, si le ve que ella habla y se ríe con algún compañero, si le dice que tiene que estudiar para un examen o si le pregunta porqué no ha ido hoy a clase. A veces, el enfado llega al extremo que, si están en alguna terraza con los amigos de él (ella hace meses que no tiene amigas porque Jonatan no las soporta) y se le ocurre hablar, el disimulando y sin que nadie se entere, la pellizca fuertemente en un brazo o en el lateral de la tripa, provocándole moretones. Incluso un par de veces la ha llegado a quemar la mano con el cigarrillo, por debajo de la mesa, para que se calle. Rebeca cree que ella es la culpable porque el siempre le dice que la quiere mucho y que lo siente. Incluso acaba llorando para que le perdone porque el amor que siente por ella es tan fuerte que si algún día le dejara, se mataría (aunque repite y repite que, antes, acabará con ella).

Suena el timbre y todos recogen en un pispás. Rebeca lo hace con parsimonia, como si no quisiera salir. El Cuqui le dice, que si se puede esperar unos segundos y ella lo hace pacientemente mirando hacia todos sus compañeros que salen de clase. Don Tristán, el Cuqui, le pregunta qué le sucede que últimamente la nota como ausente y desatenta. En los últimos exámenes ha tenido fallos poco habituales en una estudiante de su nivel. Ella, mira al suelo, y en un hilo de voz le dice que no le pasa nada. El Cuqui la sujeta de uno de los brazos cuando Rebeca intenta salir, y ella, aúlla de dolor. El Cuqui, se fija en dos heridas redondas que tiene en la palma de la mano, casi en la muñeca, parecen quemaduras de cigarrillo. Por entre la manga del jersey asoma un moretón casi negro. Don Tristán cree que la maltratan en casa y acude inmediatamente a hablar con el Director. Pero, al cruzar el patio, oye voces fuera, junto a la tapia del Instituto. Ve que Jonatan le está echando una bronca monumental a Rebeca y lo entiende todo.

El maltrato, no es amor. Si te sientes atada y frustrada en una relación, pide ayuda. Nadie que te ama te hará llorar y mucho menos te pondrá la mano encima.