Ordago a Chica

PREJUICIOS

El día había salido feo. Un txirimiri traslucía el horizonte. Hoy no se veían los valles lejanos, ni las montañas aún más lejanas, ni siquiera el final del camino entre las hayas que conducía, ladera abajo, a la pista forestal.
Quizá no era un buen día para abandonar la casa e ir en busca de otros seres humanos. Quizá debiera esperar a que el tiempo mejorase, pero Aniano, había trazado un plan y no quería retrasarlo. Un día más en sus veinticinco años, cumplidos el día anterior, no iba a suponer gran cosa, se dijo. Aunque uno tras otro, llevaba posponiendo la decisión tomada en el instante que encontró a sus padres como dos pajaritos, sentados en la mesa camilla, con las cabezas reposadas contra el hule, en un profundo sueño del que jamás despertaron. El monóxido de carbono, se los había llevado.
Aniano había nacido allí, en la montaña. Entre grandes hayas y robustos robles. Sus padres se apartaron del mundo, tomando una vida eremita, en el momento que Matilde, la madre de Aniano, se había quedado embarazada. El mundo es un lugar peligroso, se dijeron y la sociedad ampara la maldad. En su barrio, San Blas, por aquel entonces, peregrinaban centenares de cadáveres vivientes que, como hormigas, seguían en fila india, uno tras otro, a veces en grupos de dos o tres, no más, desde la boca del metro, hasta la calle de la Porcelana, dónde encontraban el veneno que les devolvía a la vida y les llevaba a la muerte.
Aniano padre y Matilde, no querían que su hijo creciera entre jeringuillas, zombis, heroína y desesperación. Y no se les ocurrió otra cosa que mudarse a una antigua casa de pastores, en la comarca del Ukerdi navarro. Allí lejos del mundo, vivieron de la caza, las cabras y las truchas de los ríos, calentándose como toda la vida a base de leña y sin contacto con el mundo exterior. A veces, raramente, se acercaban montañeros o cazadores. Entonces Aniano hijo, corría a esconderse dentro de la casa, si se encontraba cerca, o entre los matorrales si era imposible llegar a un lugar seguro sin ser visto. Sus padres, le habían inculcado, desde pequeño, que  la gente es peligrosa y que, si se le ocurría hablar con extraños, estos darían parte a las autoridades y sus padres acabarían en la cárcel y él en un orfanato.
Aniano sabía leer y escribir. Se lo había enseñado su madre. También dominaba las matemáticas y la astronomía. Sabía de animales y de plantas. Conocía los alrededores de su casa como la palma de la mano y era capaz de predecir el tiempo en los días siguientes, con aceptable garantía de acierto. Nunca había visto un periódico. No sabía lo que era la televisión ni la radio, aunque sí podía imaginar el mundo exterior a base de lecturas de Julio Verne, Emilio Salgari, Stevenson, Dickens, Mark Twain, Delibes o Pío Baroja. Aunque su favorita era Emilia Pardo Bazán y sus cuentos que había releído en multitud de ocasiones. Tenía también varios libros de matemáticas y un par sobre estrellas, planetas y la configuración del cielo. Así pasaba su tiempo libre.
A pesar de lo que leía en las novelas, o tal vez por ello, Aniano tenía claro que salir de su mundo era peligroso. El mundo exterior, según había leído en muchas de sus novelas, estaba basado en la avaricia, la maldad, la mentira, la injusticia y, según sus padres, eso llevaba irremediablemente a la droga. Estaba convencido de que si se le ocurría alguna vez salir de allí, acabarían robándole (aunque él no poseía bienes, ni dinero) y tirado en una esquina con una jeringuilla clavada, (aunque para eso también debería tener con qué pagarla). Su concepto del mundo exterior, le tenía retenido en las mil hectáreas que recorría semanalmente en busca de comida. Él se consideraba libre porque podía salir de la casa y entrar cuando quisiera y, salvo las escasas ocasiones en las que divisaba extraños, elegir camino en una u otra dirección.
Todo había cambiado con la muerte de sus padres. Allí se encontraba muy solo y le dio por pensar. ¿Y si el mundo no fuera como se lo habían pintado? Las novelas eran antiguas, quizá  el mundo ya no fuese de esa manera. Así que decidió, que debería ir a descubrir que es lo que había más allá de los valles.
Y lo descubrió.

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Órdago a chica

«La prueba de una inteligencia de primera clase reside en la capacidad de retener en la mente dos ideas opuestas al mismo tiempo sin que se pierda por ello, capacidad de funcionamiento. Uno debiera, por ejemplo, ser capaz de ver que las cosas son irremediables y sin embargo, estar decido a cambiarlas». (Francis Scott Key Fizgerald en la Quiebra. Mi ciudad perdida.)

Lo que a algunos nos parece sencillo y evidente, a otros, ya sea por estupidez, por desconocimiento o, peor, por mala fe, les parece complicado y extravagante. Lo que a algunos nos parece moralmente reprobable y nos enciende y nos lleva a tomar determinaciones, a veces compulsivas y que sabemos que no llegarán a buen puerto, a otros les parece liviano y sin importancia y lo que es peor, explicable y aceptable dentro de su moralidad en la que las cosas son buenas o malas, blancas o negras dependiendo de dónde vengan y de la conveniencia a sus intereses particulares.
Escuchaba el otro día en una radio (no se cuál porque cuando estoy en Valdorros escucho lo que puedo y no lo que quiero) a un tipo explicar que la corrupción no es tan mala como parece porque de ella, salen obras públicas y trabajo. Además decía que es normal que los políticos (supongo que se refería a los del Vertido Popular) sean corruptos porque por ellos, por sus manos, pasan infinidad de concesiones y contratos. Millonarias obras públicas que tienen que gestionar con un sueldo de miseria (y apostillaba que 60.000 € es lo es) y que claro, comparan cuando se van a cenar con esos grandes empresarios que cobran 300.000 euros al año y ven que ellos, con todo el dinero que mueven, no pueden  tener ese nivel de vida y que, por tanto, es comprensible que piensen que, con todo lo que dan a ganar a los demás, ellos también ganen. Se olvidaba el tipejo este de la radio, que las obras públicas no son de los políticos del Vertido Popular, sino de todos los ciudadanos y que el dinero sale de nuestros impuestos y por tanto es nuestro (la pólvora nunca la paga el rey, sino sus súbditos). Además justificaba la corrupción desmintiendo que las comisiones, los sobres, los cohechos y las mordidas influyan en el precio final de una obra pública. Ya no pude escuchar más la argumentación. Tuve que cambiar de emisora porque estaba a punto de vomitar encima.
Pero esto me lleva a pensar que existen dos tipos de personas. Los que creemos que la corrupción es una epidemia a erradicar. Las que pensamos que la corrupción provoca serias mermas a los servicios públicos y en los derechos de los ciudadanos y los que, para justificar lo injustificable, ya que todo lo que hacen los suyos está bien, se inventan alegatos y dobles raseros y un todo vale que justifique cualquier cosa. Incluso aunque vaya contra sus principios religiosos. Todo vale si con ello, pueden seguir con sus latrocinios, mamandurrias y su cleptocracia.
Deberíamos recordar a este tipo de personajillos indecentes que mientras en Madrid, nos robaban a manos llenas, estos cagabandurrias amigos de lo ajeno,  dejaron sin becas de libros a los niños más pobres. También sin becas de comedor. Impidieron que miles de chavales aptos para el estudio, tuvieran un futuro prometedor. Que mientras concertaban con colegios privados, de los que luego revertían comisiones y donaciones, y a los que, además,  cedían terrenos destinados a colegios públicos para edificar centros privados , querían cobrarles 3 euros/día a los chavales de primaria por CALENTAR el tupper en un microondas. Que el ratio de alumnos por clase en primaria pasó de 20 a 25 alumnos, en secundaria de 30 a 35 y en Bachiller de 35 a 40 alumnos. Que además han hecho del Bachiller una educación no obligatoria a la que no prestan ninguna ayuda (si el  centro es público) y desantienden, de tal forma que no puedes elegir rama porque no todos los institutos se prestan todas las opciones, ni hay plazas para todos, con la consiguiente merma educativa y el inconveniente para quién no puede pagarse un centro privado.
Que mientras pagaban 21 millones de euros por la Sociedad de aguas Emissao en Brasil, empresa que apenas valía 3 millones, la lista de espera para operar aumentaba en un 128%
Podría seguir dando datos obscenos que han supuesto mermas importantes en nuestras vidas, como la rebaja del salario medio, el aumento del paro, el fin del trabajo estable, el aumento imperdonable de la pobreza, el exterminio de derechos laborales y sociales, de los subsidios de desempleo y de las ayudas para personas necesitadas, mientras ellos llenaban sus cuentas en paraísos fiscales.
Y daría igual. Porque cuando estos energúmenos, practicantes del hijoputismo más fascistoide, estaban en la oposición, atendiendo a su doble moral, obligaron al Ministro de Justicia a dimitir por asistir a una cacería con el Juez Garzón, que por aquel entonces instruía un sumario contra la corrupción de miembros del Vertido Popular. Luego ya se encargaron de expulsar también al Juez, que a la vista de los hechos, los casos y las investigaciones, estaba en el camino correcto. Ahora, sin embargo, el Ministro de Justicia, además de afinar fiscales, remite SMSs dando ánimo a los corruptos. Y no pasa nada. Y los vertimedios, que entonces hicieron de aquello un problema nacional que iba a acabar con el estado, ahora pasan de puntillas y sin hacer ruido.
Aquí todo da igual. Somos cuatro quijotes luchando contra enormes gigantes que se empeñan en decirnos que son molinos. Gigantes que controlan la prensa a base de subvenciones públicas y publicidad institucional. Gigantes que ponen y quitan jueces y fiscales ascendiendo a capricho. Jueces y fiscales que sufren extraños asaltos en sus domicilios cuando no se atienen a las pautas marcadas y llevan casos que pueden comprometerles.
Vivimos en un país de indolentes zoquetes. O peor, de hooligans que se comportan en política como lo hacen en los campos de fútbol: insinuando, utilizando la violencia, envenenando al contrario con comentaros ofensivos y cerrándose en banda si razonar. Y da igual si el Ministro del Interior en un lapsus mental reconoce la corrupción. Da igual porque es de los suyos.
Tenemos la batalla perdida. Porque, a falta de jueces independientes que apliquen el artículo 10 apartado a) de la Ley de Partidos y disuelvan esa asociación criminal ( la AN dixit), no importa si la Moción de Censura es oportuna y necesaria para desalojar del gobierno a estos indeseables. Los medios de incomunicación, adoctrinamiento y difusión del pensamiento único, han hecho mella y hasta los votantes de Podemos creen sus mentiras. Entre las meteduras de pata por intentar asistir a un medio hostil como PRISA, y la desvergüenza de PSOE y Ciudadanos que no sólo han hecho que Rajoy siga desgobernando y consintiendo, sino que, ahora se niegan a destronarlo. El trolismo periodístico lo tiene muy fácil cuando quién debiera estar en la oposición es simple comparsa y cómplice de la corrupción.
El Vertido Popular tiene más de TREINTA casos de corrupción en los juzgados y más de 900 de sus dirigentes y afiliados encausados por delitos de corrupción, cohecho, tráfico de influencias, sobrecostes, mordidas, etc. Ni la Cosa Nostra italiana llegó a tanto. Pero eso da igual. Porque aquí lo importante es Venezuela, el Madrid y Nadal.
Tenemos que tirarnos de este tren, aunque esté en marcha. Solo así tendremos una posibilidad. Porque va directo a estrellarse. Eso sí, antes, los jefes del tren, desengancharán el vagón de cola dónde seguirán disfrutando del espectáculo.
Iam tempus est agi res.
Salud, república y más escuelas.

@zcelemin

La Cloaca

Rateros

Noche oscura. Los parvos cercos amarillentos de las farolas apenas difuminan una lánguida calle, el diluido contorno de coches aparcados a ambos lados de la acera, lóbregas siluetas de edificios en estado de descomposición y el desamparado patio de la iglesia de Nuestra Señora de Fátima. El Cani, el Richi, el Chino y el Zumos andan sigilosos entre los coches, tocando con suavidad las manillas de los picaportes por si algún chorralaire se ha dejado el buga abierto. No tienen esa suerte y optan por pegarle un viaje al triángulo de la ventanilla trasera de un Simca 1200. Una vez dentro, desmontan un precioso radiocasete Pioner que el Cani instalará en el coche de su Viejo.
No es que el Cani, no pueda permitirse comprar uno nuevo. Todo lo contrario. Su padre acaba de regalarle ochenta y cinco mil pesetas apostadas por el exceso en los cálculos de la recolección de remolacha. Pero según le ha dicho el Richi en clase de electrónica, pillar uno es pan comido y si les acompaña a dar el palo, se lo regalan.
El Cani, antes de decidirse, le ha contado la situación a su compañero de cuarto. Éste ha mostrado mucha preocupación y le ha dicho que si se enrola en la cuadrilla de maleantes que lidera el Richi, acabará como ellos. Pero el Cani dice que no, que sólo será por esta vez y que después, ya no irá más con ellos.

El padre de Luis Carlos (el Cani) ha visto instalado el radiocasete en el coche, pero no le ha preguntado nada a su hijo sobre el mismo. Quizá porque ha pensado que se lo ha regalado con parte de las 85.000 pesetas  de la apuesta de la cosecha o porque, ni en la pesadilla más cruel, se le pasaría por la cabeza que su hijo, educado desde los ocho años en el seminario, pudiera siquiera pensar en participar en un robo.
Pero el Cani no es Luis Carlos. Al menos cuando no está en el pueblo. Allí en el colegio en Gamonal, ha tenido la peregrina idea de juntarse con lo mejorcito de cada casa. El Richi, un chuleta de botines puntiagudos, pantalones estrechos y flequillo a lo James Dean, ídolo entre las quinceañeras del barrio, al que sus padres le consienten todo para que no vuelva a ser detenido por robar. Él se lo agradece solicitando objetos caros, muy caros (como una guitarra eléctrica y un bajo). Obsequios que a sus progenitores les cuesta sangre, sudor y muchas lágrimas adquirir.
El Richi a su vez es íntimo del Chino. Un fornido adolescente al que sus padres no hacen ningún caso, porque se pasan el día entre el trabajo, el  bar y las peleas. El Chino paga su frustración con los más débiles. Con ellos, va también el Zumos, un perspicaz angelito de gafas redondas y escasas carnes, maestro de la electrónica y de los trabajos finos. El Zumos es quién se encarga de sacar los radiocasetes de los coches pulcramente y de hacerlos el puente cuando necesitan transporte urgente. Va con ellos, porque es la única forma de librarse de los palos del Chino. La primera vez que los vio, junto al patio de la iglesia de Fátima, le pararon en la calle y el Richi le preguntó por qué había mirado a su novia. El pobre Zumos dijo que no, que él no la había mirado. Entonces el Chino le agarró del cuello del jersey y le dijo “¿Qué pasa que no te gusta la novia de mi amigo?” y el pobre Zumos, dijo que si, que era muy guapa. Y claro, le tocó cobrar porque según ellos, les había confirmado que sí, que la había mirado.

La Guardia Civil ha aparcado el coche en la misma puerta de la casa de Luis Carlos. Su padre, Ángel, sorprendido porque se han dirigido directamente a la puerta de casa, desde la nave de enfrente, donde está engrasando el tractor, les pregunta que es lo que quieren. Vienen en busca de Luis Carlos. Su padre les dice que el chico estudia en Burgos y que no está en casa. Los guardias le piden la dirección de la capital. El padre pregunta cuál es el problema y el picoleto le dice que su hijo es un peligroso delincuente. Ángel no da crédito. Debe de haber un error. Su hijo estudia electricidad del automóvil en un colegio de Gamonal y no puede ser. El guardia, le relata que la noche anterior ha habido un asalto al recito de las piscinas de Burgos. Han causado desperfectos por valor de un cuarto de millón de pesetas y se han llevado cinco mil de la caja del bar. Los daños han sido de tal calibre que despertaron a los vecinos quiénes llamaron a la policía. Los asaltantes habían escapado. Todos menos uno. Un tal Diego que Ángel no sabe quién es pero que el benemérito dice que es amigo de Luis Carlos y que ha “cantado” como un ruiseñor. No sólo le ha contado a la policía quiénes le acompañaban en el destrozo de El Plantío, sino otra quincena más de robos en bares y tiendas de Gamonal y unos noventa robos de radiocasetes de coches.

En la habitación de la pensión, El Cani que desconoce que el Zumos ha sido detenido, vuelve con el Diario de Burgos en la mano. En primera página, una foto de las piscinas destrozadas. Le enseña orgulloso el periódico a su compañero. Este no da crédito. Le dice: “Ya te dije que acabarías como ellos”.
Ruido, bullicio, voces, gritos,… la puerta de la habitación se abre de un golpazo.

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La Cloaca

Hoy me he levantado con un malestar general. No me duele nada. Pero noto un rechazo, un cabreo general dentro de mí que no sé muy bien a qué achacar. Dice mi amigo Ernesto que es consecuencia del exceso de información (o de estar todo el día pegado a ella) y de la situación actual de esta España que flota, como un iceberg, en una gran fosa de mierda. Y es muy posible. Son tantos los casos de corrupción, tantas las preguntas sin respuesta y tanta la hijoputez de esa asociación de malhechores que no encuentro paz dentro de mi ser, de por si combatiente y en permanente estado de agitación y cabreo.

stoy cabreado con los delincuentes que nos acusaban de vivir por encima de nuestras posibilidades mientras nos roban por encima de nuestra inteligencia y entendimiento. Pero lo estoy mucho más con el pueblo. Ese pueblo atolondrado, narcotizado por los medios de incomunicación, adoctrinamiento y sumisión al que sólo le preocupan nimiedades. Como cuando en el balcón de un ayuntamiento ondean dos, tres o ningún trapo. O la preocupación por la entelequia de la nación. Por si unos se van o no, mientras nos han despojado sin que hayamos levantado ni un sólo dedo, de la mejor sanidad del mundo y de una educación que ha pasado de ser universal y pública, al negocio de unos pocos que pagamos todos. Cabreado por la estupidez de los que opinan que los problemas de su comunidad, nacionalidad o pueblo, vienen de fuera y que se arreglarán con la sola declaración de independencia, sin darse cuenta que allí y aquí, aquí y allí, los que roban, los que nos han dejado en la miseria social, económica y laboral son los mismos perros con el mismo modelo de collar y hasta del mismo color.

Estoy cabreado sí. Y harto. Harto del Castor, del TP Ferro (del que el 99% de los analfabetos sociales, españoles de buena fe,  no ha oído ni hablar), de la desaladora de Escombreras, de las radiales,… Problemas reales minimizados o infravalorados porque la pólvora del rey no es de nadie (en realidad es de todos, pero parece no importar) o porque afectan al presidente del club de “jurgol” con más adeptos de este país. Harto de que la idiocia salga a la calle a recibir a un equipo campeón del mundo mientras están muy ocupados para asistir a la defensa de los servicios públicos, de los derechos de los trabajadores o a de la denuncia de la situación generalizada de latrocinio.

Estoy cabreado, sí. La situación ha llegado a un punto en el que, hay tantas preguntas sin contestar, y es tan surrealista, que todo se ha convertido en posible. Ya no podemos creer en nada o casi nada. La casa real con sus escándalos, con sus compi yoguis detenidos por ser parte de la mafia que nos ha estado robando a manos llenas. La Audiencia Nacional que además de ser cómplice de la regresión en la libertad de opinión, ahora, según contaba el domingo Elisa Beni en el diario.es, tienen una Señora X que informa a los presuntos delincuentes de las investigaciones en curso. La desconfianza es buena si no llega a la paranoia. Y en este asqueroso país, hemos llegado a tal extremo que ya no nos podemos fiar ni de nuestra sombra. Durante años hemos venido soportando los casos de robo, extorsión, tráfico de influencias, comisiones, desamparo, negocios sucios y paraísos fiscales, mientras nos aseguraban que eran casos aislados, aunque, día a día, parece confirmarse que es una forma de actuar de una banda organizada para ello. Casos que utilizan el presupuesto de nuestros impuestos en lugar de para que las administraciones funcionen, estén al servicio del ciudadano o para que sirvan para centralizar servicios y facilitarnos las cosas, para que unos pocos llenen sus cuentas en paraísos fiscales.
En las elecciones del 26J nos preguntábamos por qué TODAS las encuestas, tanto anteriores a los comicios como a pie de urna, habían errado tan estrepitosamente. Y entonces surge la duda sobre Indra y la aglutinación informática de los resultados electorales. Y salen listos, listillos, periodistas, juntaletras, izquierdistas, centristas, manipuladores, desinformadores al servicio de los que expolian, políticos de puertas giratorias y de garita, vecinos impávidos y cuñaos a reñirnos por pensar en el fraude electoral. Y resulta que, cuando tiran de la manta, es el propio Juez del caso Lezo el que ve sospechas de financiación ilegal de las campañas del Vertido Popular por parte de esta empresa encargada de la aglutinación de los resultados electorales.

Si ya no podemos creer ni siquiera en un sistema electoral limpio, ¿que nos queda? ¿Si además de la nada democrática circunscripción electoral provincial, si además de una ley de recuento poco democrática como la ley D’Hont, hay serias dudas sobre que la limpieza de la aglutinación de los votos, en qué vamos a creer?
Me comentaba el otro día una amiga sus sospechas de que todo esto que ha pasado en la última semana en Madrid con el Canal de Isabel II y los dirigentes del Vertido Popular, es en realidad una especie de “ajuste de cuentas” y un intento de hacer borrón y cuenta nueva. Como una víbora que cambia de piel, pero sigue siendo serpiente. Y no va mal encaminada. Si, Rajoy tiene que declarar y Esperanza Aguirre y la rubia Cifuentes, ¿Y? ¿Alguien ha visto preocupado a estos chisgarabís? Y lo que es peor, ¿alguien ha visto preocupado a cualquiera de sus esbirros y Trolls de la prensa?

Estoy cabreado, desilusionado y con desazón. Vivimos en un país de zoquetes. Un país que cree en los curanderos, en la homeopatía, en videntes y echadores de cartas y como no en charlatanes, ladrones y ladinos. Un país que ensalza a analfabetos funcionales que mueven un balón.

Estoy hasta el moño de Nadales, del Madrid, de los Alonsos de turno, de los Márquez, de los Bertines Osbornes, de los Pablos Motos y sobre todo de los Cuñaos que ahora abundan como las setas en un otoño suave y húmedo.

La Espantá

Juegos peligrosos

Sentados en corro, charlaban amigablemente. La noche, cerrada, sin luna que difuminara el entorno, mostraba cientos de insignificantes puntos de luz en el horizonte. Los adolescentes descubrían los primeros devaneos de amor a bese de roces conscientes, de rechazos inesperados y hasta de besos furtivos. Eran muy jóvenes para acudir a las verbenas populares de los pueblos aledaños y demasiado mayores como para seguir jugando a “tres navíos en el mar”. Últimamente, pasaban horas sentados en corro hablando. Del futuro, del pasado, de nimiedades, de sus historias…
La noche era templada. Una noche de verano. De esas en las que el Cierzo se ha ido de vacaciones y el calor del mediodía templa la medianoche. El relente del río que cruza de norte a sur la era en la que los chavales hablan, se pega suavemente y hace necesario llevar jersey puesto. No hay ni fuego, ni luz que les ilumine. De eso se trata.
Licerio, un cenceño y miedoso muchacho lleno de prejuicios al que, desde niño, su madre ha protegido en exceso, inculcándole miedo casi por cualquier cosa, da la murga a sus compañeros con lo peligroso de estar tan apartados del núcleo urbano, en completa oscuridad y tan cerca del río dónde la frondosidad facilita el encubrimiento de malhechores.
Los demás se ríen mientras disimuladamente, le tiran piedrecitas a la cara o le rozan suavemente una de sus manos.
Licerio siempre es así, precavido en exceso. No pedalea con ellos a los pueblos cercanos por el miedo a un accidente. No sale de noche a ver las estrellas porque todo está muy oscuro. No juega con los demás al tiro a la diana, con un arco hecho de mimbraza y las flechas de las varillas de un paraguas, porque puede acabar lesionado. No quiere chicas cerca porque su madre le ha dicho que sólo con el roce pueden quedarse preñadas,… Licerio es un muermo y habitualmente evitable.
Pero esa noche, está allí y ya empieza a cansar al resto del grupo con sus manías y miedos.
Anda Licerio protestando por una china que le había dado en la oreja, cuando Oscar a su lado, recrimina a Constancio que pare ya, ¡que le había dado a él! Constancio, niega haber tirado nada. Cristina también se queja y censura que ha dejado de tener gracia lo de las piedrecitas. En ese momento, una suela raída y sucia de zapatilla, aterriza en el centro del corro. Todos, chicos y chicas se miran entre si y se ponen de pie. No saben quién es el gracioso. Licerio, cuenta entonces que por la mañana había oído en la radio que un loco se había escapado del manicomio de la capital. Todos se ponen en pie un tanto nerviosos. Los chopos jóvenes que crecen en la ribera, comienzan a moverse, como si el Cierzo meciera sus ramas. Pero sólo afecta a tres árboles. El pánico brota en los adolescentes que salen a la carrera. Paulino, un chavalote fuerte de espaldas anchas, queda rezagado mientras recoge un viejo trozo de una reja de arado, que acaba disparando contra los álamos del río.
En carrera constante, todos llegan  a casa de Anabel, la primera del pueblo, dónde se refugian. Allí, muertos de miedo, aguantan un par de horas. Las mismas que tarda el padre de la chica, despertado por el ruido, en perder la paciencia y acabar echándolos a la calle. Cada uno llega a su cama sin mayor problema.
Paulino, ve que la cama de su hermano está intacta. Es raro que no haya llegado ya de la verbena de La Rival. Muerto de miedo, se mete en su cama y escrutando los sonidos de cada viga de la casa, de cada machón, de cada adobe, se queda dormido.
Le despierta un llanto en el piso de abajo. El sol pica ya en la mañana. Es su madre. Su hermano ha aparecido desangrando en la orilla del río. Alguien le ha cortado la yugular con una vieja reja de arado.

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“Espantá”

Despertábamos el sábado con alarma en los medios de incomunicación, difusión y adoctrinamiento en el pensamiento único, porque al parecer, se habían producido “graves disturbios” en la “Madrugá” sevillana. Luego resultó que los disturbios sólo fueron, en realidad, algunas carreras producidas por el pánico de gente que ve como otra gente corre. Gente que grita porque otra gente grita. Miedo que se extiende como la pólvora que arde porque esos mismos medios de incomunicación se pasan el día inyectando canguis al personal.
El domingo, no era la Madrugá, ni una procesión, sino el metro de Nueva York. Dieciséis personas heridas por una estampida por un rumor de un tiroteo. A este paso, a los terroristas, no les va a hacer falta nada. Ni bombas, ni fusiles, ni camiones,… Un paquete de petardos y echar a correr en un lugar tumultuoso, será suficiente para provocar muertos y heridos.
Nos están inoculando odio y miedo por vena todos los días. Cualquier hecho violento se relaciona con el terrorismo islámico. Se silencian, o lo que es peor, se banalizan actuaciones de guerra que provocan miles de muertos, entre ellos niños, mientras se pompifica y da credibilidad absoluta a supuestos ataques con armas químicas

Se da por verdad absoluta que las bombas de los “amigos” sólo afectan a los malos, como si Trump hubiera avisado en Afganistán para que los muertos sólo fueran de ISIS.
Se busca un enemigo único con el que poder desviar la atención y al que cargarle todos los males. Ahora Venezuela ya no sólo es el saco de boxeo de España, sino que la derecha francesa también la usa para meter miedo a los franceses y que no acabe ganando Mélenchón <!– (http://www.publico.es/internacional/remontada-melenchon-levanta-alarmas-derecha.html). A pesar de que el riesgo de entregar el poder a la fascista Le Pen es más que evidente.
Miedo, miedo, miedo. Nos pasamos el día temiendo. Atenazados por mentiras y medias verdades. Siempre miedo concentrado en el distinto. Miedo a Venezuela. Miedo a los musulmanes. A los inmigrantes. Miedo a perder un tren de vida que no podemos siquiera ver desde el andén. Miedo a una pobreza que nos invade y nos rodea y que no asumimos porque seguimos creyendo que toda España se ha ido de vacaciones en Semana Santa. Miedo a una violencia que mamamos desde que nacemos. Miedo al odio que nos inculcan desde esos medios que mienten constantemente y que encima se ponen exquisitos y nos advierten de los peligros del anonimato de internet. ¡Cómo si mentir constantemente sobre lo que sucede, sobre esa falsa recuperación económica, sobre esos patriotas de hojalata que se empeñan en darnos lecciones mientras evaden impuestos o roban nuestro dinero a mansalva o sobre los peligros nucleares de Corea del Norte (como si lo de TRUMP fuera agua bendita), no fuera mucho más peligroso!
Están creando un monstruo difícil de combatir. Y más en este país con tanto ardor guerrero, tanto fervor tradicional y tanto meapilas intransigente. Ciertamente es una inconsciencia delictiva montar una “espantá” en medio de una procesión tan masiva como en Sevilla. Pero no estamos exentos de accidentes que puedan producirse porque alguien tenga que salir corriendo ante una llamada de teléfono que le comunica una desgracia personal. O la explosión accidental de un petardo, de media docena de globos o de una bolsa de celofán. Que la gente tenga los nervios a flor de piel no es debido a una broma de mal gusto sino al regodeo y las advertencias fatalistas de unos medios de incomunicación que igual magnifican sucesos graves, pero no extrapolables que ignoran o justifican cientos de muertes porque los afectados están muy lejos o no son culturalmente de los nuestros. Dividir al mundo en bandos. Distinguir entre buenos y malos, no por sus actos, sino por su cercanía política o social, es un disparate que puede traer consecuencias graves.
Como ya dije en otra ocasión, no se trata de matar al mensajero porque éste no lo es si toma parte y es una de las formas de conseguir adeptos, de adoctrinar en el pensamiento único y de difundir una estrategia que va en contra de la igualdad de las personas y de la justicia social.
El miedo es una bomba de relojería de venta ambulante. El miedo atenaza y constriñe, por eso es tan peligroso cuando hay una válvula de escape. Y no siempre van a encontrar a cuatro pardillos a los que echarles la culpa de provocar una “espantá”.

Golpe en diferido

Destierro

En el hogar, la lumbre acaricia la pequeña caldera que cuelga de una enhollinada cadena. A la derecha, sobre una estrecha trébede, un puchero humea y desprende un ominoso olor a berza cocida. Junto a las ascuas más intensas, en una orza de mediano tamaño, la manteca recuece y se va convirtiendo en chicharrones. La gran campana negruzca que ocupa todo el techo de la cocina, un pequeño banco de adobe junto al hogar, coronado por dos machones y una mujer de escasa estatura y orondas carnes que trajina con los cacharros, ocupan toda la estancia.
Ella es Mercedes. Una gorgoja señora de armas tomar y vida difícil a la que los niños del pueblo hostigan como forma de entretenimiento cuando baja a la fuente a por agua, los mayores ignoran y el alcalde y el secretario aborrecen porque es la única que les echa en cara su desvergüenza. Es una persona acomplejada y solitaria, aunque no lerda como la mayoría de los vecinos creen, ni loca como le llaman los chiquillos, cuando la agobian con los calderos de agua. Su pobre marido murió coceado por una mula cuando pastoreaba. Pero no fue un accidente, o más bien lo fue, pero provocado y a conciencia. Lo que los letrados llamarían un homicidio doloso. La mula no soportaba al perro del alcalde y el can no aguantaba a la mula. Así que cuando se encontraban, el perro enseñaba rabioso sus colmillos y ladraba como si se fuera a acabar el mundo y la mula respondía soltando coces a diestro y siniestro. Una tarde de primavera, cuando Antonino, el pastor y esposo de Mercedes, cuidaba de las mulas y las cabras en la orilla del río, junto al terraplén de la vía que corta el valle en dos, el alcalde se acercó sigiloso con su perro al lado, atado y con un capuchón para que no viera y no ladrara, por uno de los ojos del túnel que atravesaban el terraplén y fueron construidos para que discurriera el agua del río. Esperó paciente a que Antonino estuviera colocado detrás de la mula y cuando eso ocurrió, azuzó al perro quién se fue directo hacia la acémila. Ésta, soltó varias coces al aire y fue en la cuarta cuando dio de lleno en la cabeza del pobre pastor que cayó fulminado. Y todo porque el hombre, había oído por casualidad una conversación en la que el alcalde y secretario confesaban el desvío de fondos de las obras de la concentración parcelaria y el tejemaneje con el que habían conseguido que las tierras del alcalde se adensaran principalmente en la vega del río y en la zona más productiva del secano.
Desaparecido el pastor, la misión era ahora hacer que Mercedes se esfumase. Aunque otro accidente, sería muy sospechoso.
Y sabían cómo lograrlo. Porque la pobre perdía la paciencia con los chavales que la puteaban vilmente cuando bajaba a la fuente a por agua, y subía hacia su casa, sudando y cargada con dos cubos repletos que ocupaban más que ella y al doblar la última esquina, se encontraba de lleno con una horda de vándalos rabiosos, una prole de chiguitos gritones con los puños llenos de tierra sucia, que iban depositando en los cubos mientras seguían corriendo calle abajo. Había tardes, en que tenía que tirar el agua y fregar los cubos hasta cuatro veces. Incluso algún que otro día, tuvo que esperar a que fuera noche cerrada para volver a la fuente. En más de una ocasión salió a buscarlos con un cuchillo de gran tamaño en mano, más que con la intención de hacer daño a nadie, con la de asustarlos y que en unos días la dejaran en paz.
Cuando bajaba al ayuntamiento a quejarse, el alcalde se reía y le decía que eran cosas de críos. Entonces ella explotaba, perdía la compostura, y a gritos y con la comisura de la boca llena de una espuma blanca, le echaba en cara el desvío de fondos y las trampas en la concentración de las tierras.
Una tarde de esas en la que los chicos del pueblo la escogían como entretenimiento, el alcalde tenía el carro y los bueyes uncidos así que, a la segunda vez que Mercedes subía con el agua, al traspasar la plaza, el alcalde colocó el carro atravesado, taponando la calle. Los chavales, una vez depositada la tierra en los cubos de agua limpia y fresca, se encontraron con que no podían continuar la huida. Mercedes se percató de que estaban atrapados entre ella y el carro, los acorraló y logró coger del brazo al pobre Tinín, lo llevó hasta uno de los cubos y metió su cabeza debajo del agua un buen rato, con tan mala fortuna que el pobre, cuando lo sacó, tenía los labios azules y no respiraba. Tras varios golpes en la espalda, puesto boca abajo, Tinín volvió a la vida. Pero el alcalde la acusó de intentar matar al chiquillo y Mercedes acabó con una condena de destierro, sin casa y sin futuro.

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Golpe en diferido

Una iniciativa de la Asociación de Vecinos AFAO de Madrid, para CONCIENCIAR a los niños que la mejor estrategia de limpieza es aquella que consigue que no se ensucien las calles, ha sido utilizada por el partido de la financiación ilegal, los sobrecostes y la deuda de Madrid, como acusación a Carmena y su consistorio de utilizar a los vecinos de la Alameda de Osuna, para hacer, lo que debería hacer el Ayuntamiento. (Ellos que dejaron los contratos de limpieza bajo mínimos y los blindaron para que no fuera posible la remunicipalización y que, tenían los distritos de Madrid que no fueran el centro, abandonados, llenos de maleza, suciedad y como una auténtica cuadra).
Claro que, como vengo denunciando, todas estas campañas de desinformación y hostigamiento, no serían posibles sin la estimable colaboración de Trolls que se autodenominan periodistas o sin panfletos partidistas que, a pesar de vivir de las subvenciones del Gobierno, se autoploclaman prensa libre.
Decía el otro día la Condesa Consorte que aparca en la Gran Vía y huye de la policía, que es una vergüenza que el Ayuntamiento se esté forrando a base de una política confiscatoria por el impuesto de Plusvalías (les duele la intensa y rápida reducción de la escandalosa deuda que dejaron en el Ayuntamiento de Madrid ) Y claro, los medios de desinformación y adoctrinamiento al servicio de esta trama de indeseables, repetían una y otra vez lo dicho por la condesa huidiza, sin contrastar si lo que dice tiene o no fundamento. El impuesto de Plusvalía es un impuesto que regula la Comunidad de Madrid (desgobernada por el PP), por tanto, poco tiene que decir el Ayuntamiento de Madrid al respecto. El “catastrazo” al que aludía la que descubrió la Gürtel, (pero tuvo que ser Ana Garrido Ramos la que pagó con la pérdida de su trabajo y su forma de vida), tuvo lugar en 2011 y por tanto es obra y gracia del abyecto Gallardón, por si no lo recuerda la señora, alcalde del Partido Popular. Y en Madrid, como consecuencia de ese “catastrazo” impuesto por el PPartido imputado por corrupción, hemos pasado de tener unos inmuebles catastralmente muy por debajo de su valor de mercado, a pagar IBI por encima de lo que realmente valen.
Pero esta guerra mediática de desinformación, esta rastrera forma de hacer política basada en la calumnia, la mentira y el desprestigio, es a nivel nacional. En Galicia, la Valedora do Pobo denuncia que ha recibido unas 11.000 quejas, sobre 13.000, de los vecinos sobre indigentes en el Concello de Santiago. Bien, resulta que no eran 11.000 sino 1+1+0+0+0 (Play minuto 5:40) Es decir DOS. Dos sobre 13.000. Y monta un espectáculo de rueda de prensa sobre ello. Y la prensa servil que vive de la publicidad del partido imputado por financiación ilegal, lo publica y no desmiente.
Están empezando a ponerse nerviosos. Como cuando la gente les increpaba por la calle en los conocidos escraches y acabaron convirtiéndolos en delito. No les gusta que llamemos a las cosas por su nombre. No les gusta que en el Congreso de los Diputados que debe ser la voz del pueblo puesto que dicen que nos representan, se deje de lado la hipocresía y algunos diputados llamen a la corrupción, corrupción, a los indecentes, indecentes y al latrocinio, robo. No les gusta que cuenten las traiciones, las mentiras y las cortinas de humo o se pongan camisetas denunciando que el agua es un bien público. Ya amenazan con cercenar también la libertad de expresión dentro del Hemiciclo.
Como lo están haciendo en la calle a base de sentencias ignominiosas como la de Casandra en la que, por ejemplo se dice que el terrorismo de ETA aún existe. O que se la condena por reírse de una víctima del terrorismo, cuando Carrero Blanco no tiene esa condición legal y los asesinos fueron indultados en la ley de punto final del 77. Están haciendo creer que es cosa de la ley y que los jueces no tienen nada que ver. Y es una falsa verdad. Los artículos 573 y en especial el 578 del Código Penal, están redactados de forma tan genérica que dependen de la interpretación del fiscal y del juez. Y al parecer y observando las penas impuestas en las sentencias de Casandra, César Strawberry o Valtonyc, sus señorías son más proclives a la intención de amedrentar del Rancio que redactó esos artículos, que al de la libertad de expresión establecido en la tan manida Constitución.
Las sentencias han ido incrementado el despropósito. Por eso creo que son un aviso a navegantes. El nerviosismo de los que manejan esta pseudodemocracia del humo y del engaño va en aumento. No controlan las redes y se les escapa de las manos la información veraz. Empiezan a no controlar a los disidentes. Los gobiernos de las confluencias reducen déficit y deuda, invierten más en lo social , quieren revertir la privatización de los servicios públicos como el Hospital de Alzira y empiezan a demostrar que lo que han llamado crisis, en realidad ha sido una gran estafa. Que los escandalosos incrementos de gasto y la deuda no tienen nada que ver con los servicios públicos como lo demuestra que la EMT de Madrid haya pasado de perdidas constantes a 11 millones de beneficio en 2016 sino con comisiones, sobrecostes y desvíos de los servicios hacia lo que denominan gestión privada. Como decía el sábado Alberto Vila (@reseneka) aquí en @Diario16.La farsa ha quedado al descubierto y aquello de que no hay alternativas posibles se demuestra falso.

La última vez que esto sucedió (que se demostró que la justicia social es posible), pistoleros asesinaban impunemente a la gente por las calles y, maleantes sin escrúpulos empezaron a quemar iglesias. Se creó un clima de caos que acabó con un golpe de estado, una guerra de tres años y ochenta años de privación de libertades y engaño.
Sólo espero que este tipo de actuaciones y sentencias no tengan la misma finalidad que entonces. Esperando el fin del impasse en el que el pueblo acaba exaltado y actuando de forma que los de la Trama, crean tener, de nuevo, la excusa perfecta para volver al 17 de julio del 36.

Camino Mórdian

Cuatreros

–    Estoy harto. ¡Haaartoooo!
–   ¡Chssssss,… que te van a oír!
–    ¡Que me oigan! Ya está bien. ¿Nos están robando a manos llenas y encima no podemos decir nada?
–    ¿Tienes pruebas de que son ellos? No, ¿Verdad? Pues entonces cállate porque si te oyen, encima tendremos problemas.

En Valdorros, la situación estaba empezando a ser crítica. Desaparecían ovejas recién paridas con sus corderitos, cerdos que herbajaban en la dehesa, gallinas que escarbaban libres por las eras, vacas que pastaban en las glaucas praderas junto al páramo y hasta tomates de las huertas, melocotones, peras, … Incluso le habían robado el burro al tío Constancio. ¡Que hay que ser muy burro para robar a un pobre inválido que tiene al onagro como única forma de ir al campo! Todo apostaba al marqués y a sus caporales. Venancio, antiguo trabajador del marquesado, había visto ovejas con la marca verde de su cuñado dentro de la finca propiedad del marqués. Y también cómo la mujer de uno de los caporales llevaba huevos marrones. ¡Y sólo las gallinas del tío Guindilla ponían huevos pardos! Además, en al menos tres ocasiones, al verse descubiertos, los compinches del marqués habían devuelto cuatro vacas y un par de mulos, asegurando que habían saltado la empalizada de la finca y que se habían introducido allí solitos. Pero era la palabra de unos pobres grullos contra la de un boato noble. Así que, ante la denuncia de Venancio en el cuartelillo, la Guardia Civil aseveraba que había revisado la propiedad y que no habían encontrado ningún animal que no tuviera la marca, a fuego, de la collera y la garia, símbolos del marquesado de los Monroy. ¡Pero era imposible que dos guardias civiles hubiesen revisado las 200 hectáreas de la finca! Era muy fácil cambiar los animales de sitio mientras inspeccionaban. Así que, a Venancio, la denuncia le había costado una demanda por falsedad y cuatrocientos duros de indemnización por calumnias. Ahora, nadie se atrevía siquiera a insinuar que el puñetero marqués era un ladrón.

Claro que no todos los aldeaniegos creían a Venancio. ¿Cómo iba el marqués a robar? ¡Por dios, que era el marqués! Estos vecinos creían más la versión de los mayorales del noble, quienes aseguraban que, en un pequeño núcleo de gitanos que se dedicaban a la hojalata y la quincalla y que acampaban en un reducido islote de apenas dos celemines formado en un antiguo meandro del río, estaban los responsables de los robos. Pero, los gitanos tenían un diminuto bote con el que accedían a la isla y todo alrededor eran alfalfales y campos de remolacha, ¿Cómo iban a llevar las ovejas, los corderos, las vacas y el burro del tío Constancio a la isla? Y si no estaban allí, cosa evidente a simple vista ya que sólo contaban con la compañía de un par de galgos, ¿dónde podían guardar tantos animales?
Siempre es más fácil echarle la culpa al distinto sobre todo si es pobre, tiene mala reputación, es débil y no hay peligro de que se revuelva, así que la animadversión de estos coterráneos del saqueador hacia los hojalateros fue en aumento. Primero les apedrearon desde la orilla del río por la noche. Después, hundieron el bote para que no pudieran salir del islote. Pero en el farallón no había comida y necesitaban de la rocalla y la hojalata para subsistir. Así que construyeron una balsa con tres tablas y unos cubos de chapa que, cerrados herméticamente hacían de flotadores, y, para evitar la corriente, la asieron a una soga que habían atado, en uno de sus extremos, a una de las pocas chopas que crecían en la ribera y en el otro al único árbol que había en el islote, un enorme castaño.
Los robos seguían produciéndose y a pesar de que era del todo imposible que en la balsa pudiera entrar una vaca, los zafios aldeanos seguían insistiendo en la culpabilidad de los mercachifles. La Guardia Civil no sólo no intentaba poner paz, sino que registraba una y otra vez las chabolas de los hojalateros, aunque allí nunca había ningún animal.
Una noche, los galgos comenzaron a ladrar insistentemente. Los gitanos, acostumbrados al jaleo de los últimos tiempos en la orilla del río, no le dieron mayor importancia. De pronto, las toses comenzaron. Primero en los niños pequeños y luego en los adultos. Algunos, los menos, lograron salir de las chabolas mientras veían como el fuego calcinaba todas sus pertenencias y acababa con la vida de sus compañeros.

Habían pasado ocho meses desde la muerte de los barateros. Ya no había gitanos en noventa kilómetros a la redonda. Pero al volver el pastor con las ovejas, el tío Nochebuena echó en falta tres de sus ovejas recién paridas y sus corderos.

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Camino Mordian

Con motivo del 60 cumpleaños de la UE, el sábado 25, La Vanguardia entrevistaba a Frans Timmermans, primer vicepresidente UE, quién aseguraba que la gente, cuando mira a la UE, ve más peligro que protección. Y aunque, a lo largo  de la entrevista se declara optimista y cree que la UE tiene futuro, se le olvidó que el Brexit, el ascenso de los fascistas como Le Pen (Francia), Heimat (Austria), Kaczynski (Polonia), Nuttall (Reino Unido) o Meuthen (Alemania) tienen mucho que ver con las políticas de austericidio y que la creación de grandes bolsas de pobreza en todos los países de Europa se debe a este sistema fascista, insolidario y servil que es el liberalismo y la globalización de los mercados (aunque no de los derechos laborales). Se le olvidó que la Europa de las personas nada tiene que ver con esta Europa mercantilista en la que para salvar a los ricos (Bancos alemanes) se ha destrozado a la población, griega sobre todo, pero también española o portuguesa. Que la Europa social nada tiene que ver con construir muros en Hungría, o vallas llenas de concertinas en Melilla, o en dejar que Erdogán se haga con el petróleo que roba ISIS a cambio de que sea el gendarme de la Unión parapetando e impidiendo que cientos de miles de refugiados puedan llegar al continente. Como tampoco tiene que ver con dejar que el Sátrapa marroquí campe a sus anchas y masacre al pueblo saharaui también a condición de que impida que los del sur lleguen en masa a Ceuta y Melilla. Y por último, que la Unión de los pueblos europeos no tiene tampoco nada que ver con que los mismos jetas que trabajaron para Goldman Sachs, arruinando la economía de Grecia y de toda la UE, sean los que hayan diseñado este genocidio social para salvaguardar a quiénes jugaban a la ruleta rusa de la especulación y acabaron pegándonos el tiro de gracia a los demás.

La pobreza crea fascismo. Porque siempre va acompañada de ignorancia. Y aquí se ha jugado a demonizar la política, a crear ignorantes sociales y cívicos, insistiendo en que la política le viene grande al pueblo y haciendo que éste la denueste y huya de ella como de la peste. Y no se han dado cuenta que detrás de la política profesional están ellos, los políticos profesionales, que mientras recetan austeridad, recortes, salarios de miseria e indemnizaciones irrisorias, campan a sus anchas en yates de lujo, con salarios multimillonarios, indemnizaciones indecentes y vida lujuriosa. ¿Qué pensaban, que los zotes no se iban a dar cuenta? ¿Qué se iban a seguir dejando engañar por las evidencias? ¿Qué no se iban a echar en los brazos de quiénes arengan contra los inmigrantes como culpables de todos sus males? ¿No se daban cuenta que los necios, precisamente por no ser muy instruidos, iban a “comprar” a la primera un discurso que les asegura que echando a los de fuera ellos tendrán más trabajo y mejor vida? (igual que compraron su discurso austericida) ¿No se daban cuenta que iban a comprar el discurso que les asegura que acabarán con todas las prebendas de los que les han engañado? No pueden ser tan estúpidos. Porque es verdad que la avaricia ciega, pero no me creo que alguien que vive de engañar a los demás, no fuera consciente de que, con sus actuaciones y sus medidas, esto iba a suceder.

Van pasando los tiempos y las sospechas se tornan evidencias.

Sobrecostes, privatizaciones y opacidad: conclusiones de la Auditoría de la gestión de Gallardón y Botella. Así titulaba Público un extenso reportaje sobre la Auditoría de la Deuda llevada a cabo por el Ayuntamiento que gobierna Ahora Madrid.

En KAOSENLARED podíamos leer el día 21 de Marzo que «El sobrino de Fraga admite la existencia de la caja B del PP: “No era una caja de Bárcenas, era una caja de PP”».

Y también Público nos contaba el día 23 que «El payaso de las fiestas de Ana Mato confirma que le pagó la Gürtel».

Cada vez estoy más convencido de que somos marionetas en manos de una “mafia” que vive a nuestra  costa. Una trama que ha ido modificando sus actuaciones y nombres a lo largo de la historia pero que es siempre la misma o al menos se comporta igual.  Los señores de la edad media que explotaban a siervos y lacayos. La nobleza de la edad moderna que seguía explotando súbditos o partícipes de enfiteusis,  los primeros empresarios de la revolución industrial que masacraban a los obreros con condiciones leoninas, horarios interminables y labores exhaustas.
Ahora, además, estamos ante una nueva etapa en la que estos explotadores han dejado de lado cualquiera atisbo de humanidad porque ya no les trae a cuenta el trabajo de otras personas para enriquecerse y por tanto, salvo que las condiciones laborales les sean muy ventajosas (como por ejemplo producir en el tercer mundo dónde no hay regulación y pueden emplear mujeres y niños a precio de limosna, para vender en el primer mundo, o trasladar esas condiciones a Europa y evitar gastos de desplazamiento) no les interesan las condiciones de vida de los demás humanos. Porque mayoritariamente viven de la especulación. Para más escarnio, se han dado cuenta  que es mucho más rentable vivir de lo que siempre hemos considerado servicios públicos. Servicios sin los que la gente ya no puede sobrevivir y que han conseguido que los estados se los traspasen, casi regalados, o mejor, que se los financie en condiciones inmejorables, como pasa con la sanidad y la educación en España o la basura de Madrid.
Estamos en un mundo de hijoputismo supremo en el que estos mangantes de tres al cuarto se han confabulado para quedarse con aquellos servicios indispensables para la vida actual: el agua, la electricidad, la sanidad, la educación,… Servicios que ejercen con prácticas monopolísticas (a pesar de la UE) de facto y con precios abusivos que pagamos directamente o a través de los impuestos.
Vivimos en la inopia más absoluta. Dejamos que procaces personajes que acaban cobrando indecentes salarios por no hacer nada, en empresas a las que han beneficiado mientras ejecutaban poder, nos den lecciones de moral. Dejamos que Ministros sin escrúpulos firmen acuerdos abusivos como el de la A7, el Castor, TP Ferro o las Autopistas radiales de Madrid, que nos cuestan miles de millones de euros y no pedimos ni una sola responsabilidad. Dejamos que nos roben a manos llenas: Gürtel, Palma Arena, ERES, Brugal, Acuamed, Faycan, Naseiro, Noos,… y seguimos narcotizados, intentándonos reír de estas escorias, a través del whatsapp, cuando quiénes se ríen de todos nosotros, son ellos. Seguimos votando estúpidamente y sin conciencia ni reflexión. Seguimos mirando y jugando con el ovillo de lana (Catalunya, Euskadi, ETA, Venezuela,…) como gatos estúpidos.
Y sobre todo, seguimos creyendo que el miedo, armarse hasta los dientes y provocar guerras e injusticias es el mejor de los métodos para garantizar la paz. Obviamos los 200 muertos en Mosul asesinados por USA, y los soslayamos,  creyendo que los cinco asesinados en el Puente de Buckingham producen un dolor insoportable, clamando revancha, ignorando que la venganza solo trae más violencia y más muertos.

Veía el sábado o el domingo, en uno de esos refritos que nos echan de comer en la TV para pudrir nuestro cerebro, a un español afincado en China que decía asombrado que allí los taxis son propiedad de compañías que hacen trabajar a los conductores, decenas de horas en condiciones salariales desastrosas. Y a otro que afirmaba que los chinos tienen pequeñas libertades como ir a centros comerciales o al McDonald y que no se dan cuenta que no hay libertad de opinión o pensamiento. Que con esas pequeñas libertades están contentos y siguen votando a los mismos.
¡En China, porque eso en España no pasa…!

El individualismo, la ignorancia y la estupidez al poder.

Nota: Mórdian (http://warhammer40k.wikia.com/wiki/Mordian)

Al pan, pan y al vino,… terrorismo

De Verbena

La noche era suave. Demasiado calor aunque fuera agosto. En Burgos no suelen acontecer muchas noches en las que se pueda salir de verbena vestido sólo con una camiseta. Esta era una de ellas. La orquesta tocaba una pachanga en la que querían imitar a la famosa salsa “Pedro Navajas” en versión Orquesta Platería. Una melodía que, en aquellos días, sonaba a todas horas en la radio. Los asistentes apenas lograban intuir la canción pero no importaba. En las fiestas de los pueblos lo que menos importa siempre es la música. En el fondo de la era, alejados de la galera en la que los músicos destrozaban la canción, un grupo de jóvenes bailaba en corro. Dos chicos que acompañaban a cuatro mujeres. Los mamporreros de las guitarras eléctricas, un bajo, un Casio que imitaba los sonidos de los instrumentos de viento, y una batería,  finiquitaron la pieza.
La cantante del grupo musical, pregonaba a los asistentes que ahora tocarían la ranchera, “Me Gustas Mucho”. Canción dedicada a los jóvenes, que se concentraban debajo del remolque jaleando al conjunto musical que se había convertido en habitual en sus fiestas patronales de los últimos años de uno de esos pueblos cercanos al de la verbena. Al sonar los acordes, los dos chicos del grupo invitaron a dos de las chicas bailar. Ivón y Sandra quedaron desemparejadas para ese baile y estaban ya dispuestas a bailar juntas, cuando un muchacho escuálido, guapetón, repeinado, desgarbado y sobre todo, con alguna copa de más, se dirigió a Ivón:
–    ¡Hola guaaapaa..! Vente pacá que vamosss a faaailar tu y yooo…
Ivón y Sandra no le hicieron caso y siguieron al compás del “me gustas mucho, tu…, tururururu…”
–    Oyeeee, guaaapaaa, qetestoy habllaaando….
Las chicas seguían a su ritmo pasodoblero. El desgarbado agarró bruscamente del brazo a Ivón y tiró de ella. La joven le propinó dos patadas en la espinilla y el desgarbado beodo le soltó un guantazo. Los dos muchachos que bailaban a su lado, soltaron a sus parejas y saltaron al unísono contra el escuálido pasado de alcohol. Uno de ellos lo agarró de la camiseta y le soltó un puñetazo en la boca. El borracho, trastabilló un poco y se alejó un par de metros. Se agachó, echó la mano al tobillo y sacó un revólver pequeño. Se acercó al joven de los mamporros y le puso la pistola en la sien.
–    ¡Gue, lisstooo… Ahora gueee… Te voy a meetterr dooos tirosss en sssien, hijjooo de pputa.
Volvió a trastabillar, y el otro joven aprovecho para agarrarle la mano en la que llevaba el arma y quitársela.
Con el jaleo y los gritos de las jóvenes, se había acercado otro muchacho también flaco aunque en mejor estado, con las manos en alto y hacia adelante, pidiendo sosiego. Los jóvenes y un pequeño tumulto que se había formado, chillaban y llamaban hijo de puta al achispado pistolero. El muchacho sereno, les pidió perdón en nombre de su amigo. Les contó que era la primera vez en cuatro meses que salían de fiesta y que venían del País Vasco. Los amenazados, le recriminaban una y otra vez que hubiera sacado una pistola y que no entendían que tenía que ver lo del País Vasco. Al fin el muchacho sereno, confesó que eran Guardias Civiles. Los otros dos chicos seguían sin entender por qué llevaba una pistola yendo de fiesta y más si no sabía beber. El Guardia Civil, pidió excusas de nuevo y les pidió por favor que no les denunciasen.
El borracho y su amigo se fueron de la verbena y los otros muchachos, tras el susto, continuaron en el festejo.

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Hace muchos días veía, incrédulo, a través de la red, el vídeo en el que un activista antituarino era detenido en el albero de la plaza de toros de Valdemorillo y una vez fuera del coso, supuestamente, un Guardia Civil le llamaba hijo de puta y le amenazaba con abrirle la cabeza si no le decía lo que él quería oír, a pesar de que el detenido juraba hasta por su hija que estaba sólo.
Esta situación me hizo plantearme si la reversión que estamos padeciendo también implica a las Fuerzas de Seguridad del Estado. Porque, a mí, esto me retrotrae, no ya a los primeros años de la democracia, dónde sucedió el incidente cuyo relato introduce este artículo, si no a los últimos estertores de los años 60 en los que, siendo niño, un orondo y sudoroso cabo de la Benemérita pasaba el tiempo jugando (él) a ponerme las esposas prietas, muy prietas, mientras reía a boca llena con mis lágrimas. Cuanto más sufrimiento, más risas.
Un síntoma claro de falta de libertad es la brutalidad policial. En las dictaduras las policías tienen patente de corso. No hay forma de que un ciudadano pueda reclamar equidad ante una injusticia policial, una paliza o una detención alegal. Y por supuesto, en una dictadura, un policía hace y deshace a gusto en cualquier situación.
Antes de que esta coyuntura crítica de estafa y regresión de libertades y derechos sociales llegara, había jurisprudencia suficiente que indicaba que la presunción de veracidad de la policía (Nacional, Guardia Civil, local, etc.) tiene un límite. Ese límite está en la presunción de inocencia del acusado y sobre todo en que, en muchas de esas sentencias, se establece que la presunción de veracidad sólo es válida cuando las Fuerzas del Orden actúan como terceros y no están implicadas en el procedimiento.
Pero en esto llegó el PP y sus ansias de coartar cualquier libertad reivindicativa. Y prohibió los escraches e intentó coartar manifestaciones y protestas. Y como se mostraban algunas conductas indecentes e intolerables de policías en el ejercicio de sus funciones, prohibieron grabar a los agentes y publicar sus actuaciones en la red.
Y aquí viene la pregunta que lleva rondándome la cabeza desde hace días ¿Es lícito, es moralmente aceptable que un tipo se emborrache, acabe teniendo una trifulca con otro ciudadano y que este responda con violencia y que se le aplique la ley antiterrorista porque el tipo que se ha emborrachado es Guardia Civil?
Como digo, el incidente descrito en la introducción, del que fui testigo a principio de los años ochenta en las fiestas de un pueblo cercano al mío, se solucionó con una retirada a casa del beodo y sobre todo de la petición insistente del otro benemérito de que no fueran denunciados por los chavales que habían reaccionado de forma violenta ante una acoso machista e indecente sufrido por una compañera. El Guardia Civil que no había bebido, insistió mucho en que no les denunciaran y además tenía plena conciencia de que su compañero había sido imprudente al llevar consigo una pistola, primero porque pensaba beber y segundo porque ya conocía el carácter pendenciero y chulesco del mismo.
¿Qué ha cambiado desde entonces para que ahora, por unos hechos presuntamente parecidos, a los chicos de Alsasua se les acuse de terrorismo?
Lo que ha cambiado es un gobierno al que no le gusta la libertad y una sociedad que se ha acomodado en la injusticia social y en la individualidad y que cree que mirando al suelo ante unas nubes negras, muy negras, se va a librar del chaparrón.

Yonquis de la bazofia

Una partida de Pádel

Cansado, sudoroso y estresado, Juan Carlos se seca el sudor con la toalla que lleva en el cuello. El Pádel debería servirle como relajante. Pero a Juan Carlos, no le gusta perder ni a los chinos, cuando se juegan la segunda ronda de cervezas en el bar. La primera, la paga quién ha perdido el partido. Ahora, toca ducha y aguantar al fantasma de Garrigues, que para una vez que gana y además gracias a Oriol, que ha sustituido a su compañero Guzmán que tiene una ciática de caballo, estará el resto de la tarde restregándole por la cara el resultado.

A Juan Carlos no le gusta Oriol. Es catalán. Y no es que tenga nada contra los catalanes, según dice, ni tampoco conoce a nadie más que sea de allí. Y no es que Oriol sea un mal tipo, prepotente, ruin, trepa o mala persona, no. Más bien es un tipo encantador, servicial, un poco malhumorado pero amable, cariñoso y extrovertido. Deseoso de ayudar en cuanto se lo piden. Pero a Juan Carlos no le gusta. Porque es catalán.

Juan Carlos, Borja, Garrigues, Guzmán y Oriol, son compañeros de trabajo. En realidad no son nada más porque, salvo el edificio en el que trabajan, tienen poco más en común. Borja es el Jefe inmediato de Juan Carlos, y éste empezó a jugar con él por peloteo, para intentar que no le jodiera la vida. Borja es un niño de papá al que todo se lo han dado hecho, incluso el puesto en la empresa. Y además de no saber, o precisamente por eso, es un mal jefe: déspota, desconfiado, que no delega, nada comprensivo, de los que se cree que por estar reunido diez horas a la semana con sus subordinados, reuniones en las que mayoritariamente habla él y de casi todo, menos de trabajo, ya ha cumplido con su cometido. No permite que ninguno de sus trabajadores asista a consulta médica con sus hijos pequeños o que asistan al colegio a reuniones con los maestros y nadie puede irse a casa antes de las siete de la tarde. Eso sí, esas reglas no valen para él que llega todos los días dos horas después que los demás, se va a comer a casa a las dos y vuelve a las seis, y disfruta del tiempo que le viene en gana para “sus cosas”.

Garrigues es un sufridor nato. Es el tipo que les cuenta su vida a los demás sin que nadie le pregunte. El que siempre que vas a tomar café, ya está en la máquina o si vas al baño te lo encuentras siempre allí. Nadie de sus compañeros sabe exactamente a qué se dedica en la empresa, pero está muy bien considerado por sus Jefes. Sobre todo porque nunca crea conflictos y avisa de los de los demás.

Guzmán es tipo al que, si un día no viene al trabajo, te das cuenta dos días después, cuando tienes que pedirle un informe.

Oriol, es un tipo extrovertido al que todo el mundo recurre cuando hay un problema que los demás no saben arreglar, porque nunca le niega nada a nadie. Está afiliado a la CGT y es también a quién los demás recurren cuando necesitan aclarar disputas laborales con la empresa. En esos momentos a nadie le importa que sea catalán y anarquista.

Todos juegan al Pádel. Algunos como Oriol porque no sabe decir que no. Otros como Juan Carlos por necesidad de desestresarse, aunque si pierde, como hoy, se carga aún más. Garrigues porque necesita estar en todas partes como dios y enterarse de todo. Guzmán por gusto. Simplemente porque disfruta. Y Borja, porque si no fuera con los de la empresa, no le aguantarían en ningún otro grupo.

Si exceptuamos a Oriol y a Guzmán, ninguno de ellos lee, a no ser que aceptemos como lectura los titulares del Marca o del As. Ninguno de ellos está al día en redes sociales aunque todos tienen perfil de Facebook en el que los amigos agregados son los hermanos, cuñadas, vecinos y conocidos. Sólo lo utilizan para colgar fotos de sus vacaciones y chascarrillos y chistes que sacan del Whatsapps. Oriol es un twitero activo. Los demás han oído hablar de Twitter pero no saben bien como funciona e Instagram o Snapchap son nombres que les suenan a aperitivos de Matutano. Borja tiene perfil en Linkedin que rellena con decenas de cursos que realiza en el trabajo cuando no está reunido. (Desde cocina creativa hasta el impacto de la mosca del vinagre en la fruta). Oriol es productor mediante crowdfunding de CTxT o Carne Cruda. Los demás creen que Diario16 o Público son periódicos en papel del pasado. Todos salvo Oriol, tienen TV de pago por el Fútbol, pero no saben lo que es Netflix o HBO. Por supuesto el telediario que más les gusta es el de Telecinco seguido del de Antena3, aunque Borja se cree informado principalmente por Telemadrid y la 1 de TVE.

Después de la ducha, han llegado al bar El Segoviano, dónde dos hermanas cercanas a la jubilación sirven patatas fritas y sardinas de lata junto con la cerveza. A Oriol no le hace mucha gracia el bar, porque tiene colgada una enorme bandera española con el águila de los Reyes Católicos y es frecuentada con asiduidad por políticos locales del PP.

Fíjate, que cabrones los estibadores. Con lo que ganan, les ofrecen la jubilación a los cincuenta y pasan. ¡Lo que nos va a costar la multa de Europa por su culpa!
Y qué me dices de los Podemitas, ¿eh? Con los problemas que hay y se dedican a la chorrada esa de llevar al Congreso una ley para impedir que les corten el rabo a los perros. ¡Y a quitarle la misa a los abuelos por la tele!

Oriol, da las buenas noches, se disculpa y se va.

Y, a este, ¿Qué le pasa? Pregunta Borja

Nada, que es catalán y comunista, dice Garrigues.

 

Yonquis de la bazofia

Si hay algo que me da repelús es el pasotismo, la desinformación y esa mezcla pastosa de sucesos y opiniones sesgadas que nos dan de comer como información en la tele y en la mayor parte de la prensa escrita. Me recuerda mucho a la bazofia que le echaba mi madre a los cerdos cuando yo era pequeño. Los pobres animales, que comían de todo, acudían como posesos a la duerna donde se había mezclado el agua, la harina, el salvado, los trozos de remolacha, las cáscaras de las patatas y hasta los fideos de las sopas si habían sobrado. Y ellos acudían desesperados como si les ofrecieran caviar.

Hace algunos años, cuando aún no desgobernaba el indeseable tramposo que acabó purgando de la cadena pública a todos aquellos periodistas que osaban comunicar lo que les daba la gana, Toni Garrido, en sus “Asuntos Propios” tenía una pequeña charla semanal con la periodista de la casa, Ana Pastor. En una de esas tardes, había huelga de conductores de metro y esta periodista dejó caer que ir en metro es un derecho y además contrapuesto al derecho de huelga.

Ahora, con la misa y la proposición de Podemos, está ocurriendo algo parecido. Hasta el “resistente” Fernando Berlín, hablaba el otro día en su programa “La Cafetera” del servicio público que supone la retransmisión de la misa.

Parece que, en este totum revolutum de la desinformación, lo que se pretende es reducir al absurdo todo para obtener un pasotismo general. El derecho a ir en metro, en autobús, en burro o en avión, no existe. No puede ser un derecho algo que no afecta a todos por igual. Existen los servicios públicos que son un derecho. Pero entre poder ir al trabajo a precio razonable y el derecho de huelga de los trabajadores hay un gran abismo. La misa, ni siquiera es un servicio público puesto que España es un país aconfesional según, la tan manida Constitución. Además, se da la paradoja de que la TDT cubre el 99% del territorio español y 13TV, la cadena de los obispos, también da la misa y por tanto, aquellos que necesiten reconfortar su espíritu con ella, pueden hacerlo a través de este canal sin necesidad de que sea la TV pública la que gaste el dinero de los contribuyentes en algo que debiera ser personal e intimo.

A buen seguro que a alguno de mis lectores les pareceré monótono, repetitivo y pesado. Pero la manipulación informativa es de tal calibre que afecta directamente a nuestras vidas e influye en la decisión de los que creen que la TV es palabra de dios. Y esas malas decisiones, después, nos afectan a todos.

¿Cuántas personas saben que los estibadores NO son funcionarios y que ya trabajan para empresas privadas? ¿Cuántos saben que, en realidad, lo que se pretende es que las ETT se hagan cargo de los trabajos portuarios precarizando un trabajo que necesita mucha especialización y una atención y condiciones físicas y mentales a pleno rendimiento? ¿Cuántos se han creído eso de que allí sólo entran a trabajar familiares? ¿Cuántos saben que la supuesta multa “de Europa”, no es nada más que una posibilidad y que ya los alemanes lograron que no se cumpliera la amenaza?

¿Cuántos de los españolitos que ven la tele, saben que el Supremo acaba de mandar al cubo de la basura el artículo 28.2 de la Constitución y el derecho de huelga al sentenciar que es legal subcontratar para eludir una huelga?

En este país existe un apagón informativo que nos vuelve ciegos, sordos y estúpidos. El pensamiento único está convirtiendo esta sociedad en un mundo de zombis dónde no hace falta estar muerto para no sentir, ni padecer, ni tampoco que el pastor utilice perros para llevar el rebaño al corral, porque los borregos se dirigen solos hacia el precipicio.

Que una persona que vive del momio, del papel cuché dónde, sobre todo, se pagan infidelidades, engaños, amoríos y vida disoluta, acabe recogiendo firmas en Change.org para que no quiten la misa en la tele pública o que otro individuo solicite a través del mismo portal que se repita el partido de fútbol entre el Barcelona y el PSG y que acudan a firmar más de 263.000 personas, lo dice todo de este país de gañanes y catetos en el que el fútbol provoca puñetazos y guerras familiares llevando al extremo lo superfluo, y lo que nos impide vivir en paz y cómodamente (derechos, desmantelamiento de los servicios públicos, ensañamiento laboral, solidaridad, igualdad social …) es considerado política y propio de inadaptados, intransigentes, antisistema y ahora, populistas. Ahora además están con el encargo de insistir en que el fascismo ya no es fascismo, sino populismo. Por aquello de la asociación de ideas.

Menos mal que yo no ruedo películas, sino ya me veo en una campaña de whatsapp pidiendo que nadie acuda a ver mi producción como le ha pasado a la actriz Miren Gaztañaga y sus “catetos” del programa de la ETB que el 99% ni ha visto ni sabe de qué va.

Aquí, tratándose de vascos y catalanes ya hay bazofia suficiente para alimentar a toda una serie de indocumentados que creen que un país que les deja morir de hambre, que les lleva a la pobreza y que les deja sin derechos, hay que defenderlo a muerte. Porque los catalanes, de toda la vida de dios han sido ruines, tacaños, huraños e insolidarios y , como dice El Reno Renardo en “Todo Seta” , “Los vascos son Eta, que llevan metralleta y se cagan en dios jugando al mus”.

Para el resto, Venezuela está en Cibeles.

Palabra de dios y evangelio de San Florentino.