Catecismo LATRON

Confianza

Fermín estaba calentando la gloria. Fuera, el Cierzo del mes de mayo, enfriaba las ideas y congestionaba los músculos. Alguna gota, bastante fría, se colaba entre los flácidos rayos del difuminado sol de la primavera castellana. La chisquera chisporroteaba dentro del cañón de la Gloria. La paja le había cedido el turno a una dura champa de raíz de encina. El postigo superior de la puerta de la calle, abierto, dejaba entrar la claridad y el frio.
Fermín oyó el sonido de la aldaba y giró la cabeza mientras de rodillas, en el suelo del portal, atizaba la lumbre.
– Que se te ofrece Segismundo – le dijo Fermín a quien llamaba a la puerta.
– Verá Señor Fermín, usted sabe que somos muchos de familia, que la situación es precaria en casa y que mis hijos tienen hambre. Si me pudiera adelantar unas fanegas de trigo para ir al molino y hacer pan,…
– Ea! Ea! No se hable más. No tienes que explicarme nada. Aguarda un segundo que acabo de echar estos dos troncos de encina al fuego y vamos a la troje.
Segismundo era un tipo peculiar. No era muy querido en el pueblo. No se juntaba con los demás en el corro anterior a la misa ni frecuentaba la cantina. Tenía cinco hijos y poca tierra de labor. De ahí que no quisiera gastar los pocos cuartos que sacaba en vino. Era una persona poco habladora y no le gustaba que le vinieran con chismes. Decía: “yo a lo mío y tu deberías hacer lo mismo”. No participaba en disputas parcelarias, y tomaba siempre partido por aquello que consideraba justo, aunque a quién se lo dijera, no le gustara. Por lo demás era un tipo normal. Usaba boina como los demás. Traje de pana en invierno y pantalón de algodón, chaleco corto y jubón de lino en verano. Y siempre estaba dispuesto a echar una mano a quién se lo pidiera, incluso dejando sus quehaceres para más adelante.
No era la primera vez que Segismundo le pedía ayuda a Fermín. Aquella, la primera, Fermín no las había tenido todas consigo y temió que el grano prestado, no le fuera devuelto. Pero para su tranquilidad, no sólo le devolvió lo prestado, sino que se empeñó en acompañarle al monte a cortar leña. Fermín no quería, pero al final, tuvo que acceder. Segismundo taló y podó como si fuera para él. Así que, cada vez que Segismundo le pedía trigo, Fermín se lo daba con la mayor tranquilidad y pensando que daba igual si se lo devolvía o no, porque Segismundo era un hombre de palabra y de alguna forma pagaría lo prestado. Pero era el único.
A los vecinos, Segismundo, no les gustaba. Un tipo arisco que no entra en discusión y que no te dice lo que quieres oír, no suele agradar al personal.
Antes de ir a casa del señor Fermín a pedir crédito cereal, Segismundo había recorrido medio pueblo. Todos le habían dicho no tener suficiente grano en el silo y por tanto, imposible acceder al préstamo. Sólo uno, Saturio el más rico del pueblo y el que por tanto no podía poner la excusa de la inexistencia de reservas, había accedido al préstamo. Pero había salido mal parado. Segismundo, con el primer beldeo de la nueva cosecha, le había devuelto, en la propia era, las fanegas recibidas. Sin embargo, llegado el mes de octubre, Saturio se presentó en casa del pedigüeño a reclamarle la devolución de lo prestado. Cuando Segismundo le habló de la era y de la devolución, Saturio le sacó la libreta en la que tenía apuntado el préstamo diciéndole que allí figuraba como moroso. Y que si en su libreta figuraba como tal, algo a lo que él había accedido estampando su firma, es que no se lo había devuelto. El pobre Segismundo le imploró por sus hijos. Intentó que entrara en razón. Si le tenía que devolver de nuevo el cereal, pasarían hambre. Le pidió que hiciera memoria, que en agosto, en la era, se lo había devuelto y que el propio Saturio le dijo que no se preocupara, que cuando llegara a casa, rompería la hoja de la libreta. Pero Saturio no sólo no se ablandó sino que con voz tajante le cortó:
– Está bien. Si no puedes devolver el grano, puedes pagarme dándome la escritura de la huerta del diablo.
– Pero Don Saturio – le dijo Segismundo – si hago eso, mis hijos no podrán comer patatas, ni tendremos tomates en verano, ni cebollas para la matanza, ni ajos…
– Pues haberlo pensado antes – contestó Saturio.
Así pues, Segismundo entregó la huerta al rico estafador, para no tener que ir a la justicia. Finalizó más pobre y con la lección aprendida. Jamás volver a pedir al que más tiene.
Saturio, se pasaba el día llamando moroso a Segismundo y regañando a Fermín por prestar a quién no era de fiar.

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Catecismo latrón

Hace unos ocho meses, publiqué en este diario un artículo titulado “una persona normal”. Me equivocaba. No somos personas normales. Aquellos que luchamos contra el cinismo y la hijoputez, somos mejores seres humanos que todos esos que bailan al son que tocan los indecentes rufianes que trasiegan en el Partido Popular.
No somos personas normales, si entendemos como normalidad agachar la cabeza y pasar por alto las hijoputeces de algunos que, relacionados con cientos de casos de corrupción, con muertes por inasistencia o por negación de medicamentos, o por desidia, como en el caso de los asesinatos machistas, encima pretenden darnos lecciones de moralidad, de honradez, de civismo y de ciudadanía.
No somos personas normales y no vamos a aguantar lecciones de democracia, honradez y moralidad de un tipo que dejó Madrid en la quiebra, que regaló al menos 12,7 millones de euros públicos a las constructoras de la M-30. No vamos a aguantar lecciones de libertad y democracia del hijo de un franquista, del yerno de un fascista al que le cantan el Cara al Sol en su funeral, y de un tipo que defiende al angelito ultra responsable de la detención ilegal de un Ministro de Justica venezolano, de la muerte de decenas de personas y de la instigación y participación en un golpe de estado. Las cosas por su nombre. Leopoldo López no es un libertario de Venezuela ni un demócrata, sino un golpista ultra con decenas de muertos en su avaricia de poder. Su abogado no es un demócrata de prestigio. Es un tipo inmerso en la caverna del franquismo. Un tipo investigado por malversación de caudales públicos, prevaricación y falseamiento de cuentas. Es el responsable de que se pagaran un millón y medio de euros por el mantenimiento de una estación meteorológica que costaba setecientos euros.
No somos personas normales porque no aceptamos imposiciones ni lecciones de democracia, de unos presuntos maleantes investigados por más de 70 casos de corrupción con más de novecientos imputados. No aceptamos tener que homenajear obligatoriamente a quiénes nos dicen cuando, se han servido de Miguel Ángel Blanco para financiarse ilegalmente. No aceptamos que nos den lecciones de civismo y humanidad a quienes maquearon su sede de Bilbao con fondos de la lucha antiterrorista. No aceptamos que nos hablen de “sus muertos” cuando tienen la indecencia de, además de haber puesto todas las trabas posibles para la exhumación de Timoteo Mendieta (y de otros), fusilado por los ancestros de estos cavernícolas del choriceo, a quién hubo que sacar de una fosa común por mandato de una jueza argentina y con los fondos de un sindicato noruego de la electricidad, gestionados por la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, encima le pidan a su hija, que con siete años, vio como sacaban a su padre a la fuerza de su casa como castigo por ser el Secretario General de la UGT en Sacedón y que ha pasado toda su vida buscando el cadáver de su padre, 2057 € en concepto de impuestos, por trabajos que el Ayuntamiento de Guadalajara no sólo no ha realizado, sino que, además, ni siquiera han intervenido. No aceptamos lecciones de moralidad de quiénes tienen la desvergüenza de ordenar que el resto de cadáveres vuelvan a la misma fosa común de la misma cuneta.
Quienes tienen en su conciencia (si la tuvieran) las muertes de decenas de enfermos de hepatitis C a los que se les negó el tratamiento con Sovaldi porque era caro, quienes llevan a cuestas la muerte de decenas de mujeres a manos de machistas porque pasan olímpicamente de hacer políticas para el freno de esta lacra, quienes tienen en su haber 62 muertes por haber contratado un avión de mierda con un presupuesto de 177.000 € del que sólo utilizaron 37.000 (con la meritoria hijoputez de lo que hicieron con los otros 140.000), ¿nos van a dar lecciones y permiso para categorizar la importancia de los muertos? Siempre han manejado a su antojo y conveniencia el terrorismo. ¿Alguien del PP se acuerda de un señor que estuvo 532 días bajo una fresadora en Mondragón? ¿O es que como ya no pertenece al PP, ya no renta políticamente?
Los sinvergüenzas que desviaron a paraísos fiscales de 25,5 millones de Euros PÚBLICOS en el caso Lezo, que hicieron desaparecer 500 millones de euros PÚBLICOS en la Púnica y 863 millones de Euros PÚBLICOS en la Gürtel, no van a darnos lecciones de honradez ni carnets de ciudadanos de bien. Quienes le han provocado un agujero al estado de 75.000 millones de euros para tapar los desmanes que sus amiguetes provocaron, no nos van a dar lecciones de honestidad, de civismo ni de gestión.
Quienes se han financiado ilegalmente a través de los capos de la droga capos que provocaron miles de zombis andantes y de muertos en Galicia, no van a venir a indicarnos el camino del bien ni a darnos lecciones de ética y probidad.
Quién lleva la sirvengozonería por montera, quién mintió con las armas de destrucción masiva y al que un extesorero acusa de ser el organizador de la Caja B del PP puede dejar las cátedras sobre integridad, dignidad y decencia para intentar convencer a Belcebú.
Parafraseando a Facu Diaz, lo mejor que puede hacer el PP es entregar sus “actas” y disolverse.

La mafia, además de ser ilegal, no debería poder ejercer sin control. Quién cela y ampara a un ladrón, debería ser repudiado con indignación.
Salud, república y más escuelas.

Mal Menor, engaño para tontos

Kamikaze

De pie, como toda la tarde, Luis Carlos limpia la barra con un trapo que, si lo dejara estirado, es muy posible que se tuviera en pie. Acaba de rellenar las neveras, bajo el mostrador, para que mañana haya bebida fresca a primera hora. El bar, vacío, si no fuera por Ramiro, ese vecino pelma que toma Sol y Sombra en vasos de tubo (sin hielo, que lo agua) y que pasa más tiempo sentado en la esquina de la barra, junto a las tragaperras, dando conferencias magistrales a quién quiera escucharle, que en su casa. Luis Carlos espera a que apure el quinto vaso de Terry con Anís del Mono de la tarde-noche, para decirle que ya no hay más, y que se vaya a casa.
Le duelen los pies, está cansado, harto y de mala leche. Hace dos horas que debiera estar con la Jeny, pero allí sigue, al pie del cañón, aguantando teorías baratas y comentarios sin sentido de un tipo que habla con la tele y tiene en el estómago casi tres cuartos de litro de coñac y otro tanto de anís y ni siquiera se tambalea. Hoy, como ayer, y anteayer, y el viernes anterior o casi cualquier fin de semana de los últimos cuatro meses, Luis Carlos le regala a su jefe tres horitas de trabajo por la cara. Y lo que más le jode es que ni siquiera se lo agradece. Tiene un contrato de cuatro horas. Desde las cinco, hasta las nueve de la noche. Cuatrocientos treinta y seis euros de nómina, de los que apenas recibe los cuatrocientos limpios. Ningún día cierra a las nueve. Y los jueves, fines de semana y vísperas de festivo, le dan las doce bajando la persiana metálica. Ni un euro más a final de mes. Ni una palmada. Ni un sólo agradecimiento. Y ni siquiera le piden las cosas por favor. Le dicen, “hoy, hasta que se vaya el último, que hay mucha faena”.
La Jeny le dice que lo deje y se busque otra cosa. Pero es que la Jeny no tiene a su padre en paro, ni a su madre fregando escaleras de siete y media de la mañana a tres de la tarde por trescientos cincuenta euros limpios al mes, ni dos hermanos pequeños que aún van al instituto y que comen como limas. Y además, de los trabajos de camarero que ha tenido, cinco en los últimos cuatro años, este es dónde mejor le tratan. Al menos el jefe no está todo el día encima de él dándole el tostón. Aquí Román le deja hacer y no se mete, mientras los clientes estén servidos y no protesten.
Debería haberse ido con su hermana y su novio a Londres. Pero claro, ellos tienen estudios y medio dominan el Inglés. Él, sin embargo, dejó la escuela con dieciséis años para irse a trabajar de encofrador. No tenía ni idea. Pero en tres meses, estaba cobrando cuatro mil euros. Mala suerte que Zapatero fuera un bobo y dilapidara todo aquel chollo. En año y medio se le acabo el currelo. Luego dos en el paro, hasta que decidió coger el primer trabajo para servir cañas. No es que su hermana y su cuñado trabajen en la City de lo que han estudiado. Pero al menos en el McDonald’s de Londres, les respetan los turnos para que trabajen juntos y les pagan seiscientos euros a cada uno por media jornada de trabajo. Y el horario es el horario, no como aquí que sabes cuando entras pero no cuando sales.
Por fin, Ramiro ha dejado seco el vaso. No ha hecho falta que Luis Carlos le diga que no hay más. Se ha bajado del taburete, ha puesto esas dos columnas jónicas que tiene por piernas encima del terrazo,  y se ha echado a la calle. Ni una sola ese. Ni un solo tambaleo. ¡Joderrr, este tío es una puta esponja! – se dice Luis Carlos-
Ha acabado de recoger el último vaso y está limpiando el rincón del Sol y Sombra, cuando suena el teléfono. Es Román, su Jefe. Mañana hay elecciones, pero Luis Carlos tendrá que ir a votar antes de las cinco, o no irá. Le ha dicho su Jefe que por la tarde hay mucha faena y que no puede dejar el bar ni un minuto. Luis Carlos, se ha rebotado aún más de lo que ya estaba. Y aunque no pensaba ir a votar, (siempre ha pasado de esas memeces. ¡Todos son iguales!), mañana por la mañana, en plan rebeldía, acudirá a votar. Votaré por Partido Popular –piensa en voz alta-. Es el único al que le interesa España y les pone las pilas a esos asquerosos catalanes. Y si echan a los putos moros y a los panchitos de este país, acabará habiendo trabajo para todos y sueldos de verdad. ¡Cómo cuando era encofrador!

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Mal menor, engaño para tontos

Andaban la semana pasada los #Vertimedios, #Prensatrol o prensa del régimen, jurando en hebreo porque Mélenchon no quiso decirle a sus votantes que cedieran el voto al muy derechista Macron, frente a la muy, muy derechista Le Pen. Una fascista declarada, frente a un acólito del hijoputismo disfrazado de centrista.
Algún respetable de la prensa, como Rosa María Artal , decía en su artículo “Fascismo, no, nunca, bajo ninguna excusa” que cuanto mejor, peor,  no es ninguna regla lógica y que no debiéramos olvidar lo que el fascismo le hizo a Europa en la primera mitad del siglo XX. Y que, por tanto, era mejor votar a Macron como mal menor.
Lo que pasa es que estoy un poco harto de los males menores. Esto del «mal menor» se lo llevo oyendo a CCOO en mi empresa desde hace más de veinte años. Ese puñetero «mal menor» nos fue recortando derechos, convenio, tras convenio, hasta llegar a la situación actual en la que si me rompo una pierna y tengo que estar de baja dos semanas, me descuentan 240 euros de mi nómina o que si el médico de empresa, lo cree conveniente, tenga que volver a trabajar, independientemente de lo que diga el especialista o mi médico de familia.
Desde que la Tatcher y el mal actor y peor persona, Reagan, empezaron con esto del hijoputismo, que  han venido suavizando con el nombre de liberalismo, todo ha ido de mal en peor. Y elección, tras elección, hemos venido votando al «mal menor». Los datos hablan solos. En Francia en 1974, los fascistas tenían 190.921 votos. El domingo obtuvieron 11.000.000. En España, en 1979, la CD de Fraga tenía un 6,5% de los votos. En 2016, a la baja y tras la ruptura del bipartidismo, el 33%. Ese «mal menor» ha llevado al peligroso pocero de New York a la Casa Blanca y sacó al RU de la U.E.  Ese «mal menor» nos ha dejado sin fondos de pensiones, sin derechos laborales y sin defensa judicial de los mismos. Ha destruido el empleo estable para crear esclavos que trabajan por una cuarta parte del salario de lo que cobraban antes de aquello que llamaron crisis y que ha sido la mayor estafa de la humanidad. Han desviado los recursos públicos de la sanidad y la educación hacia empresas privadas, muchas de ellas creadas para la ocasión, con los que han llenado sus cuentas corrientes en Suiza o los han desviado a corporaciones Off-Shore en Panamá u otros paraísos fiscales. Son siempre el «mal menor». Y nos amenazan y atemorizan con el caos que traerá si cambiamos el modelo. Es como cuando un cura pederasta te amenaza con el infierno si no te dejas tocar.
El «mal menor»  nos ha traído siervos, como los de cocina que esta semana pasada fueron «trending topic» en las redes sociales porque un cocinero, de esos que ahora se llaman restauradores y tienen estrellas Michelin, y que te ponen una tortilla de patata en migajas en un molde de acero con dos gotas de aceite manchado con perejil y cuatro pétalos de flor, y te cobran 60 €,  haya hecho público que tiene un montón de chavales trabajando por la cara en su restaurante. Para intentar calmar los ánimos, ese gran pozo de sabiduría que, en un concurso de la tele, para dejar mal al concursante, atribuyó la ensalada César al gusto de un emperador romano (cuando hasta el más tonto sabe que la inventó un cocinero italiano afincado en Tijuana), argumentó que los chavales eran becarios y que estaban aprendiendo. (Un becario, no trabaja 12 horas. Un becario aprende, no hace el trabajo de un pinche y hay que pagarle según ley). En tromba salieron otros tantos cantamañanas de la lechuga rizada, a apoyar al explotador y hasta el mismo capo de los tratantes metidos a empresarios, quiso apoyar al cocinero lerdo argumentando que el trabajo fijo es viejuno, obsoleto y prescindible.
Como vemos, ya no se conforman con el despido libre. Ni con tener personas en régimen de caridad y servilismo. Ahora van a por la vuelta a la esclavitud. Dice el capo Rosell, que el trabajo fijo es cosa del siglo XIX. Y los tontos compran. Ahora vamos a descubrir que la esclavitud es la modernidad. Que trabajar de sol a sol por la comida, nunca ha sucedido y es el futuro. Y que el amo y el siervo son cosas de los cuentos.
Si seguimos con los «males menores», no tardaremos mucho trabajar por lo que quieran darnos. Sin condiciones laborales y sin seguro médico, como ya ha tramitado por ley el del pelo ralo en USA, que ha dejado sin cobertura sanitaria (lo que se ahorre, lo dedicará a saldar la rebaja de impuestos a los empresarios) a millones de personas sin recursos y a todos aquellos enfermos crónicos, ya que las aseguradoras podrán rechazarlos o cobrarles primas imposibles de pagar.
Los servicios públicos, la sanidad y la educación son como la pólvora del rey, que la plebe no les da importancia porque piensan que son gratis. Pero son nuestros y los pagamos nosotros. Los «males menores» no dan solución sino que vienen a llenar sus carteras y las de sus amigos y da igual si se es medio facha, facha completo o facha y medio, porque todos provocan muertes. Unos en alambradas y campos de concentración dónde gasean al inconveniente y otros a base de pobreza y de inhumanidad. Las ancianas que han muerto por  un incendio provocado por haberles cortado el suministro eléctrico, los pacientes de Hepatitis C, a los que no les llegó la medicina porque era cara, los enfermos que no llegan a la operación por unas listas de espera imposibles de aguantar con una enfermedad grave, o los 75 seres humanos del Yak-42, no han muerto en campos de concentración nazis, sino a consecuencia de las políticas de latrocinio aplicadas por los «males menores».
Sigamos así, ya les queda poco a los fascistas para ganar, de nuevo, elecciones (como en los años 30 del pasado siglo). Sigamos así y volveremos de nuevo a las cadenas y a la venta de seres humanos. Porque lo moderno, es no pagar a los trabajadores. Lo moderno es malvivir en infraviviendas y aguardar a que un golpe de suerte te convierta en explotador.  Lo moderno, es dejar que los zorros se coman las gallinas para evitar que lo hagan las comadrejas.

Ordago a Chica

PREJUICIOS

El día había salido feo. Un txirimiri traslucía el horizonte. Hoy no se veían los valles lejanos, ni las montañas aún más lejanas, ni siquiera el final del camino entre las hayas que conducía, ladera abajo, a la pista forestal.
Quizá no era un buen día para abandonar la casa e ir en busca de otros seres humanos. Quizá debiera esperar a que el tiempo mejorase, pero Aniano, había trazado un plan y no quería retrasarlo. Un día más en sus veinticinco años, cumplidos el día anterior, no iba a suponer gran cosa, se dijo. Aunque uno tras otro, llevaba posponiendo la decisión tomada en el instante que encontró a sus padres como dos pajaritos, sentados en la mesa camilla, con las cabezas reposadas contra el hule, en un profundo sueño del que jamás despertaron. El monóxido de carbono, se los había llevado.
Aniano había nacido allí, en la montaña. Entre grandes hayas y robustos robles. Sus padres se apartaron del mundo, tomando una vida eremita, en el momento que Matilde, la madre de Aniano, se había quedado embarazada. El mundo es un lugar peligroso, se dijeron y la sociedad ampara la maldad. En su barrio, San Blas, por aquel entonces, peregrinaban centenares de cadáveres vivientes que, como hormigas, seguían en fila india, uno tras otro, a veces en grupos de dos o tres, no más, desde la boca del metro, hasta la calle de la Porcelana, dónde encontraban el veneno que les devolvía a la vida y les llevaba a la muerte.
Aniano padre y Matilde, no querían que su hijo creciera entre jeringuillas, zombis, heroína y desesperación. Y no se les ocurrió otra cosa que mudarse a una antigua casa de pastores, en la comarca del Ukerdi navarro. Allí lejos del mundo, vivieron de la caza, las cabras y las truchas de los ríos, calentándose como toda la vida a base de leña y sin contacto con el mundo exterior. A veces, raramente, se acercaban montañeros o cazadores. Entonces Aniano hijo, corría a esconderse dentro de la casa, si se encontraba cerca, o entre los matorrales si era imposible llegar a un lugar seguro sin ser visto. Sus padres, le habían inculcado, desde pequeño, que  la gente es peligrosa y que, si se le ocurría hablar con extraños, estos darían parte a las autoridades y sus padres acabarían en la cárcel y él en un orfanato.
Aniano sabía leer y escribir. Se lo había enseñado su madre. También dominaba las matemáticas y la astronomía. Sabía de animales y de plantas. Conocía los alrededores de su casa como la palma de la mano y era capaz de predecir el tiempo en los días siguientes, con aceptable garantía de acierto. Nunca había visto un periódico. No sabía lo que era la televisión ni la radio, aunque sí podía imaginar el mundo exterior a base de lecturas de Julio Verne, Emilio Salgari, Stevenson, Dickens, Mark Twain, Delibes o Pío Baroja. Aunque su favorita era Emilia Pardo Bazán y sus cuentos que había releído en multitud de ocasiones. Tenía también varios libros de matemáticas y un par sobre estrellas, planetas y la configuración del cielo. Así pasaba su tiempo libre.
A pesar de lo que leía en las novelas, o tal vez por ello, Aniano tenía claro que salir de su mundo era peligroso. El mundo exterior, según había leído en muchas de sus novelas, estaba basado en la avaricia, la maldad, la mentira, la injusticia y, según sus padres, eso llevaba irremediablemente a la droga. Estaba convencido de que si se le ocurría alguna vez salir de allí, acabarían robándole (aunque él no poseía bienes, ni dinero) y tirado en una esquina con una jeringuilla clavada, (aunque para eso también debería tener con qué pagarla). Su concepto del mundo exterior, le tenía retenido en las mil hectáreas que recorría semanalmente en busca de comida. Él se consideraba libre porque podía salir de la casa y entrar cuando quisiera y, salvo las escasas ocasiones en las que divisaba extraños, elegir camino en una u otra dirección.
Todo había cambiado con la muerte de sus padres. Allí se encontraba muy solo y le dio por pensar. ¿Y si el mundo no fuera como se lo habían pintado? Las novelas eran antiguas, quizá  el mundo ya no fuese de esa manera. Así que decidió, que debería ir a descubrir que es lo que había más allá de los valles.
Y lo descubrió.

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Órdago a chica

«La prueba de una inteligencia de primera clase reside en la capacidad de retener en la mente dos ideas opuestas al mismo tiempo sin que se pierda por ello, capacidad de funcionamiento. Uno debiera, por ejemplo, ser capaz de ver que las cosas son irremediables y sin embargo, estar decido a cambiarlas». (Francis Scott Key Fizgerald en la Quiebra. Mi ciudad perdida.)

Lo que a algunos nos parece sencillo y evidente, a otros, ya sea por estupidez, por desconocimiento o, peor, por mala fe, les parece complicado y extravagante. Lo que a algunos nos parece moralmente reprobable y nos enciende y nos lleva a tomar determinaciones, a veces compulsivas y que sabemos que no llegarán a buen puerto, a otros les parece liviano y sin importancia y lo que es peor, explicable y aceptable dentro de su moralidad en la que las cosas son buenas o malas, blancas o negras dependiendo de dónde vengan y de la conveniencia a sus intereses particulares.
Escuchaba el otro día en una radio (no se cuál porque cuando estoy en Valdorros escucho lo que puedo y no lo que quiero) a un tipo explicar que la corrupción no es tan mala como parece porque de ella, salen obras públicas y trabajo. Además decía que es normal que los políticos (supongo que se refería a los del Vertido Popular) sean corruptos porque por ellos, por sus manos, pasan infinidad de concesiones y contratos. Millonarias obras públicas que tienen que gestionar con un sueldo de miseria (y apostillaba que 60.000 € es lo es) y que claro, comparan cuando se van a cenar con esos grandes empresarios que cobran 300.000 euros al año y ven que ellos, con todo el dinero que mueven, no pueden  tener ese nivel de vida y que, por tanto, es comprensible que piensen que, con todo lo que dan a ganar a los demás, ellos también ganen. Se olvidaba el tipejo este de la radio, que las obras públicas no son de los políticos del Vertido Popular, sino de todos los ciudadanos y que el dinero sale de nuestros impuestos y por tanto es nuestro (la pólvora nunca la paga el rey, sino sus súbditos). Además justificaba la corrupción desmintiendo que las comisiones, los sobres, los cohechos y las mordidas influyan en el precio final de una obra pública. Ya no pude escuchar más la argumentación. Tuve que cambiar de emisora porque estaba a punto de vomitar encima.
Pero esto me lleva a pensar que existen dos tipos de personas. Los que creemos que la corrupción es una epidemia a erradicar. Las que pensamos que la corrupción provoca serias mermas a los servicios públicos y en los derechos de los ciudadanos y los que, para justificar lo injustificable, ya que todo lo que hacen los suyos está bien, se inventan alegatos y dobles raseros y un todo vale que justifique cualquier cosa. Incluso aunque vaya contra sus principios religiosos. Todo vale si con ello, pueden seguir con sus latrocinios, mamandurrias y su cleptocracia.
Deberíamos recordar a este tipo de personajillos indecentes que mientras en Madrid, nos robaban a manos llenas, estos cagabandurrias amigos de lo ajeno,  dejaron sin becas de libros a los niños más pobres. También sin becas de comedor. Impidieron que miles de chavales aptos para el estudio, tuvieran un futuro prometedor. Que mientras concertaban con colegios privados, de los que luego revertían comisiones y donaciones, y a los que, además,  cedían terrenos destinados a colegios públicos para edificar centros privados , querían cobrarles 3 euros/día a los chavales de primaria por CALENTAR el tupper en un microondas. Que el ratio de alumnos por clase en primaria pasó de 20 a 25 alumnos, en secundaria de 30 a 35 y en Bachiller de 35 a 40 alumnos. Que además han hecho del Bachiller una educación no obligatoria a la que no prestan ninguna ayuda (si el  centro es público) y desantienden, de tal forma que no puedes elegir rama porque no todos los institutos se prestan todas las opciones, ni hay plazas para todos, con la consiguiente merma educativa y el inconveniente para quién no puede pagarse un centro privado.
Que mientras pagaban 21 millones de euros por la Sociedad de aguas Emissao en Brasil, empresa que apenas valía 3 millones, la lista de espera para operar aumentaba en un 128%
Podría seguir dando datos obscenos que han supuesto mermas importantes en nuestras vidas, como la rebaja del salario medio, el aumento del paro, el fin del trabajo estable, el aumento imperdonable de la pobreza, el exterminio de derechos laborales y sociales, de los subsidios de desempleo y de las ayudas para personas necesitadas, mientras ellos llenaban sus cuentas en paraísos fiscales.
Y daría igual. Porque cuando estos energúmenos, practicantes del hijoputismo más fascistoide, estaban en la oposición, atendiendo a su doble moral, obligaron al Ministro de Justicia a dimitir por asistir a una cacería con el Juez Garzón, que por aquel entonces instruía un sumario contra la corrupción de miembros del Vertido Popular. Luego ya se encargaron de expulsar también al Juez, que a la vista de los hechos, los casos y las investigaciones, estaba en el camino correcto. Ahora, sin embargo, el Ministro de Justicia, además de afinar fiscales, remite SMSs dando ánimo a los corruptos. Y no pasa nada. Y los vertimedios, que entonces hicieron de aquello un problema nacional que iba a acabar con el estado, ahora pasan de puntillas y sin hacer ruido.
Aquí todo da igual. Somos cuatro quijotes luchando contra enormes gigantes que se empeñan en decirnos que son molinos. Gigantes que controlan la prensa a base de subvenciones públicas y publicidad institucional. Gigantes que ponen y quitan jueces y fiscales ascendiendo a capricho. Jueces y fiscales que sufren extraños asaltos en sus domicilios cuando no se atienen a las pautas marcadas y llevan casos que pueden comprometerles.
Vivimos en un país de indolentes zoquetes. O peor, de hooligans que se comportan en política como lo hacen en los campos de fútbol: insinuando, utilizando la violencia, envenenando al contrario con comentaros ofensivos y cerrándose en banda si razonar. Y da igual si el Ministro del Interior en un lapsus mental reconoce la corrupción. Da igual porque es de los suyos.
Tenemos la batalla perdida. Porque, a falta de jueces independientes que apliquen el artículo 10 apartado a) de la Ley de Partidos y disuelvan esa asociación criminal ( la AN dixit), no importa si la Moción de Censura es oportuna y necesaria para desalojar del gobierno a estos indeseables. Los medios de incomunicación, adoctrinamiento y difusión del pensamiento único, han hecho mella y hasta los votantes de Podemos creen sus mentiras. Entre las meteduras de pata por intentar asistir a un medio hostil como PRISA, y la desvergüenza de PSOE y Ciudadanos que no sólo han hecho que Rajoy siga desgobernando y consintiendo, sino que, ahora se niegan a destronarlo. El trolismo periodístico lo tiene muy fácil cuando quién debiera estar en la oposición es simple comparsa y cómplice de la corrupción.
El Vertido Popular tiene más de TREINTA casos de corrupción en los juzgados y más de 900 de sus dirigentes y afiliados encausados por delitos de corrupción, cohecho, tráfico de influencias, sobrecostes, mordidas, etc. Ni la Cosa Nostra italiana llegó a tanto. Pero eso da igual. Porque aquí lo importante es Venezuela, el Madrid y Nadal.
Tenemos que tirarnos de este tren, aunque esté en marcha. Solo así tendremos una posibilidad. Porque va directo a estrellarse. Eso sí, antes, los jefes del tren, desengancharán el vagón de cola dónde seguirán disfrutando del espectáculo.
Iam tempus est agi res.
Salud, república y más escuelas.

@zcelemin

La Cloaca

Rateros

Noche oscura. Los parvos cercos amarillentos de las farolas apenas difuminan una lánguida calle, el diluido contorno de coches aparcados a ambos lados de la acera, lóbregas siluetas de edificios en estado de descomposición y el desamparado patio de la iglesia de Nuestra Señora de Fátima. El Cani, el Richi, el Chino y el Zumos andan sigilosos entre los coches, tocando con suavidad las manillas de los picaportes por si algún chorralaire se ha dejado el buga abierto. No tienen esa suerte y optan por pegarle un viaje al triángulo de la ventanilla trasera de un Simca 1200. Una vez dentro, desmontan un precioso radiocasete Pioner que el Cani instalará en el coche de su Viejo.
No es que el Cani, no pueda permitirse comprar uno nuevo. Todo lo contrario. Su padre acaba de regalarle ochenta y cinco mil pesetas apostadas por el exceso en los cálculos de la recolección de remolacha. Pero según le ha dicho el Richi en clase de electrónica, pillar uno es pan comido y si les acompaña a dar el palo, se lo regalan.
El Cani, antes de decidirse, le ha contado la situación a su compañero de cuarto. Éste ha mostrado mucha preocupación y le ha dicho que si se enrola en la cuadrilla de maleantes que lidera el Richi, acabará como ellos. Pero el Cani dice que no, que sólo será por esta vez y que después, ya no irá más con ellos.

El padre de Luis Carlos (el Cani) ha visto instalado el radiocasete en el coche, pero no le ha preguntado nada a su hijo sobre el mismo. Quizá porque ha pensado que se lo ha regalado con parte de las 85.000 pesetas  de la apuesta de la cosecha o porque, ni en la pesadilla más cruel, se le pasaría por la cabeza que su hijo, educado desde los ocho años en el seminario, pudiera siquiera pensar en participar en un robo.
Pero el Cani no es Luis Carlos. Al menos cuando no está en el pueblo. Allí en el colegio en Gamonal, ha tenido la peregrina idea de juntarse con lo mejorcito de cada casa. El Richi, un chuleta de botines puntiagudos, pantalones estrechos y flequillo a lo James Dean, ídolo entre las quinceañeras del barrio, al que sus padres le consienten todo para que no vuelva a ser detenido por robar. Él se lo agradece solicitando objetos caros, muy caros (como una guitarra eléctrica y un bajo). Obsequios que a sus progenitores les cuesta sangre, sudor y muchas lágrimas adquirir.
El Richi a su vez es íntimo del Chino. Un fornido adolescente al que sus padres no hacen ningún caso, porque se pasan el día entre el trabajo, el  bar y las peleas. El Chino paga su frustración con los más débiles. Con ellos, va también el Zumos, un perspicaz angelito de gafas redondas y escasas carnes, maestro de la electrónica y de los trabajos finos. El Zumos es quién se encarga de sacar los radiocasetes de los coches pulcramente y de hacerlos el puente cuando necesitan transporte urgente. Va con ellos, porque es la única forma de librarse de los palos del Chino. La primera vez que los vio, junto al patio de la iglesia de Fátima, le pararon en la calle y el Richi le preguntó por qué había mirado a su novia. El pobre Zumos dijo que no, que él no la había mirado. Entonces el Chino le agarró del cuello del jersey y le dijo “¿Qué pasa que no te gusta la novia de mi amigo?” y el pobre Zumos, dijo que si, que era muy guapa. Y claro, le tocó cobrar porque según ellos, les había confirmado que sí, que la había mirado.

La Guardia Civil ha aparcado el coche en la misma puerta de la casa de Luis Carlos. Su padre, Ángel, sorprendido porque se han dirigido directamente a la puerta de casa, desde la nave de enfrente, donde está engrasando el tractor, les pregunta que es lo que quieren. Vienen en busca de Luis Carlos. Su padre les dice que el chico estudia en Burgos y que no está en casa. Los guardias le piden la dirección de la capital. El padre pregunta cuál es el problema y el picoleto le dice que su hijo es un peligroso delincuente. Ángel no da crédito. Debe de haber un error. Su hijo estudia electricidad del automóvil en un colegio de Gamonal y no puede ser. El guardia, le relata que la noche anterior ha habido un asalto al recito de las piscinas de Burgos. Han causado desperfectos por valor de un cuarto de millón de pesetas y se han llevado cinco mil de la caja del bar. Los daños han sido de tal calibre que despertaron a los vecinos quiénes llamaron a la policía. Los asaltantes habían escapado. Todos menos uno. Un tal Diego que Ángel no sabe quién es pero que el benemérito dice que es amigo de Luis Carlos y que ha “cantado” como un ruiseñor. No sólo le ha contado a la policía quiénes le acompañaban en el destrozo de El Plantío, sino otra quincena más de robos en bares y tiendas de Gamonal y unos noventa robos de radiocasetes de coches.

En la habitación de la pensión, El Cani que desconoce que el Zumos ha sido detenido, vuelve con el Diario de Burgos en la mano. En primera página, una foto de las piscinas destrozadas. Le enseña orgulloso el periódico a su compañero. Este no da crédito. Le dice: “Ya te dije que acabarías como ellos”.
Ruido, bullicio, voces, gritos,… la puerta de la habitación se abre de un golpazo.

*****

La Cloaca

Hoy me he levantado con un malestar general. No me duele nada. Pero noto un rechazo, un cabreo general dentro de mí que no sé muy bien a qué achacar. Dice mi amigo Ernesto que es consecuencia del exceso de información (o de estar todo el día pegado a ella) y de la situación actual de esta España que flota, como un iceberg, en una gran fosa de mierda. Y es muy posible. Son tantos los casos de corrupción, tantas las preguntas sin respuesta y tanta la hijoputez de esa asociación de malhechores que no encuentro paz dentro de mi ser, de por si combatiente y en permanente estado de agitación y cabreo.

stoy cabreado con los delincuentes que nos acusaban de vivir por encima de nuestras posibilidades mientras nos roban por encima de nuestra inteligencia y entendimiento. Pero lo estoy mucho más con el pueblo. Ese pueblo atolondrado, narcotizado por los medios de incomunicación, adoctrinamiento y sumisión al que sólo le preocupan nimiedades. Como cuando en el balcón de un ayuntamiento ondean dos, tres o ningún trapo. O la preocupación por la entelequia de la nación. Por si unos se van o no, mientras nos han despojado sin que hayamos levantado ni un sólo dedo, de la mejor sanidad del mundo y de una educación que ha pasado de ser universal y pública, al negocio de unos pocos que pagamos todos. Cabreado por la estupidez de los que opinan que los problemas de su comunidad, nacionalidad o pueblo, vienen de fuera y que se arreglarán con la sola declaración de independencia, sin darse cuenta que allí y aquí, aquí y allí, los que roban, los que nos han dejado en la miseria social, económica y laboral son los mismos perros con el mismo modelo de collar y hasta del mismo color.

Estoy cabreado sí. Y harto. Harto del Castor, del TP Ferro (del que el 99% de los analfabetos sociales, españoles de buena fe,  no ha oído ni hablar), de la desaladora de Escombreras, de las radiales,… Problemas reales minimizados o infravalorados porque la pólvora del rey no es de nadie (en realidad es de todos, pero parece no importar) o porque afectan al presidente del club de “jurgol” con más adeptos de este país. Harto de que la idiocia salga a la calle a recibir a un equipo campeón del mundo mientras están muy ocupados para asistir a la defensa de los servicios públicos, de los derechos de los trabajadores o a de la denuncia de la situación generalizada de latrocinio.

Estoy cabreado, sí. La situación ha llegado a un punto en el que, hay tantas preguntas sin contestar, y es tan surrealista, que todo se ha convertido en posible. Ya no podemos creer en nada o casi nada. La casa real con sus escándalos, con sus compi yoguis detenidos por ser parte de la mafia que nos ha estado robando a manos llenas. La Audiencia Nacional que además de ser cómplice de la regresión en la libertad de opinión, ahora, según contaba el domingo Elisa Beni en el diario.es, tienen una Señora X que informa a los presuntos delincuentes de las investigaciones en curso. La desconfianza es buena si no llega a la paranoia. Y en este asqueroso país, hemos llegado a tal extremo que ya no nos podemos fiar ni de nuestra sombra. Durante años hemos venido soportando los casos de robo, extorsión, tráfico de influencias, comisiones, desamparo, negocios sucios y paraísos fiscales, mientras nos aseguraban que eran casos aislados, aunque, día a día, parece confirmarse que es una forma de actuar de una banda organizada para ello. Casos que utilizan el presupuesto de nuestros impuestos en lugar de para que las administraciones funcionen, estén al servicio del ciudadano o para que sirvan para centralizar servicios y facilitarnos las cosas, para que unos pocos llenen sus cuentas en paraísos fiscales.
En las elecciones del 26J nos preguntábamos por qué TODAS las encuestas, tanto anteriores a los comicios como a pie de urna, habían errado tan estrepitosamente. Y entonces surge la duda sobre Indra y la aglutinación informática de los resultados electorales. Y salen listos, listillos, periodistas, juntaletras, izquierdistas, centristas, manipuladores, desinformadores al servicio de los que expolian, políticos de puertas giratorias y de garita, vecinos impávidos y cuñaos a reñirnos por pensar en el fraude electoral. Y resulta que, cuando tiran de la manta, es el propio Juez del caso Lezo el que ve sospechas de financiación ilegal de las campañas del Vertido Popular por parte de esta empresa encargada de la aglutinación de los resultados electorales.

Si ya no podemos creer ni siquiera en un sistema electoral limpio, ¿que nos queda? ¿Si además de la nada democrática circunscripción electoral provincial, si además de una ley de recuento poco democrática como la ley D’Hont, hay serias dudas sobre que la limpieza de la aglutinación de los votos, en qué vamos a creer?
Me comentaba el otro día una amiga sus sospechas de que todo esto que ha pasado en la última semana en Madrid con el Canal de Isabel II y los dirigentes del Vertido Popular, es en realidad una especie de “ajuste de cuentas” y un intento de hacer borrón y cuenta nueva. Como una víbora que cambia de piel, pero sigue siendo serpiente. Y no va mal encaminada. Si, Rajoy tiene que declarar y Esperanza Aguirre y la rubia Cifuentes, ¿Y? ¿Alguien ha visto preocupado a estos chisgarabís? Y lo que es peor, ¿alguien ha visto preocupado a cualquiera de sus esbirros y Trolls de la prensa?

Estoy cabreado, desilusionado y con desazón. Vivimos en un país de zoquetes. Un país que cree en los curanderos, en la homeopatía, en videntes y echadores de cartas y como no en charlatanes, ladrones y ladinos. Un país que ensalza a analfabetos funcionales que mueven un balón.

Estoy hasta el moño de Nadales, del Madrid, de los Alonsos de turno, de los Márquez, de los Bertines Osbornes, de los Pablos Motos y sobre todo de los Cuñaos que ahora abundan como las setas en un otoño suave y húmedo.

Hidalgos

La Isla del Tesoro

Por la calle anda sin criterio ni destino. Pantalones de pana gorda beis, camisa de franela de tintes verdosos con rayas rojas y azules, zapatillas de paño marrones y una boina calada casi hasta los ojos, se mueven despacio en los treinta y cinco grados de un sol del mes de julio en Madrid, entre los cubos de basura y las papeleras. La mirada apagada como los ojos de un chicharro apostado en el mostrador de la pescadería unos cuantos días. No busca comida en los contenedores. Busca tesoros de los que esta sociedad de consumo se acaba deshaciendo como un cubito de hielo al sol del mediodía. El asa de una cazuela, el mango de una sartén, la lámpara desvencijada que ya no da luz, un periódico de hace dos meses, unos cuantos tirafondos sueltos, un alicate al que le falta uno de los brazos, unas láminas imitación de algunos cuadros de Goya manchadas por el aceite y la grasa, unas zapatillas de deporte llenas de agujeros y sin cordones, unas latas viejas de conserva que ya no conservan nada salvo el óxido de sus paredes interiores, una ajofaina de plástico con agujeros en la que algún vecino daba de beber a su perro, unas agujas de tejer colchones de lana, … cualquier chisme u objeto que pueda servir, dios sabe cuándo y para qué, es un tesoro para Tomás. Y precisamente por eso, los recoge, porque pueden servir para algo y por si acaso.

Pero Tomás no se da ni cuenta de que no vive en el campo dónde pueda almacenar todos esos tesoros en un gran descampado. Tomás vive en la calle Gaztambide, en pleno centro de Madrid. A cincuenta escasos metros de ese gran centro comercial de la Calle Princesa. Y tiene su piso lleno de tesoros. Y también de los animales que han encontrado cobijo entre ellos. Cucarachas, ratas, hormigas y moscas conviven con Tomás,… y sus tesoros. Y con sus vecinos también. Vecinos que hartos de malos olores y de insectos asquerosos han acabado llamando a la Policía. Éstos, a su vez han llamado a los servicios sociales del Ayuntamiento. Y éstos a los dos hijos de Tomás que no entienden nada, que hace años que no saben nada ni quieren saber de su padre. Que les importa un carajo qué le pasa a su padre y que como explicación de la imposibilidad de la Isla del Tesoro en la que Tomás malvive, sólo saben decirles a los asistentes sociales del ayuntamiento que su padre es Médico. O que lo fue, porque a sus ochenta y dos años y en su estado, hace años que no ejerce. Pero insisten: “¡Oiga Usted, que mi padre es médico!”

*****

¡España es un gran país y sus gentes son la leche! Eso al menos es lo que dicen todos aquellos que sienten por la patria, ese ardor guerrero que yo sólo siento por mi familia y ni siquiera por toda. España siempre ha estado llena de hidalgos muertos de hambre que vivían sin pegar un palo al agua sólo por el hecho de ser quién eran: hijos de grandes de España sin oficio ni beneficio y sobre todo sin herencia que tenían que buscarse la vida como espadachines, escuderos o salteadores de caminos. Ellos, vivían del apellido, de la historia de algún antepasado que había sabido ganarse los favores del rey. Eran sus antepasados y no ellos. Pero era más fácil vivir de la historia (del cuento que diría Calleja) que ponerse a trabajar. Eso era cosa de la plebe.

Curiosamente ayer, hablando con mi cuñado, un histórico del PSOE de toda la vida (su padre militó desde los años de la república) me acordé de los hidalgos y de vivir del pasado. Él, que ha votado a Podemos en diciembre y creo que ahora lo hará el próximo 26, tiene una gran pelea con sus hermanos porque ellos siguen hablando del PSOE de la clandestinidad. Siguen hablando del PSOE socialista, que lucha por la igualdad, contra las injusticias sociales y por la lucha de clases. Pero no les hables de que el PSOE fue el gran introductor de la escuela concertada en los años ochenta del pasado siglo, ni de la forma en la que entramos en la OTAN, ni de los GAL, ni de las puertas giratorias, ni de los ERES, ni de las eléctricas, ni de las tres reformas laborales y las dos de pensiones, ni de la desmantelación del tejido industrial de este país, ni de ni del artículo 135, ni del TTIP (que no saben ni lo que es). Porque su respuesta siempre es la misma: Venezuela. O su variante: Pablo Iglesias es un prepotente. Están convencidos de que fue Pablo Iglesias y Podemos quiénes no quisieron pactar con el PSOE, eso a pesar de reconocer que el partido de Falangito Rivera, (Cuñagramos como le llama un amigo mío), es un partido de extrema derecha y que es indecente e inexplicable que un partido socialista pacte con la extrema derecha.

Llevo diciendo un tiempo que en el PSOE ya no quedan militantes sino hooligans. Sólo un hooligan defiende a capa y espada su equipo u organización a sabiendas de que está defendiendo lo indefendible. Me repatea ver como en Twitter se machaca a personas como Jose Antonio Tapias, Eduardo Sotillos o Beatriz Talegón, y les acaban llamando traidores los propios hooligans del PSOE. Y sólo porque están llamando la atención sobre lo que no debe de ser un partido que se dice Socialista. En el caso de Tapias, es aun más grave porque sigue militando en ese partido.

Nunca me he sentido identificado al 100% con ninguna organización en las que he militado. Y cuando las cosas han llegado al punto de que la organización ya no me representa y va en contra de mis principios, he acabado abandonando. Así pasé del PCE y así abandoné CC.OO (esta por dos veces). Soy militante (si así se puede decir, porque no hay cuotas ni carnets) de PODEMOS. Pero no me gusta Pablo Iglesias. Eso no quiere decir que no le respete y que ahora mismo, esté en su proyecto. Porque creo que es más importante que en este país dónde hemos llegado a cosas tan graves como que un partido sea imputado por su financiación ilegal a base de mordidas, o que una empresa dirigida desde el Ministerio de Agricultura cuyo ministro es de ese mismo partido, llegara a planear echar ACIDO CLORHÍDRICO al Ebro para que FCC tuviera más beneficios, como digo, es más importante acabar con toda esta podredumbre que nos rodea que las diferencias personales. No nos podemos permitir más estar bajo el yugo de estos sinvergüenzas que han acabado con el trabajo, que nos han traído la miseria económica y la deuda, que han rebajado nuestros derechos hasta la irrisoriedad, que con nuestros impuestos han rescatado bancos mientras han dejado morir a enfermos de Hepatitis C por no comprar el medicamento que podía salvarles, que se han cepillado en cinco años las tres cuartas partes de la hucha de las pensiones, que han elevado la deuda a niveles no conocidos desde la pérdida de las colonias, que se han forrado y han forrado a sus amigos, que están implicados en cientos de casos de corrupción, que le dieron 3.000 millones a Florentino por el Castor y que han permitido que la luz subiera un 500% . Acabar con todo eso es mucho más importante que si Iglesias es un irreverente o un bocazas.

A no ser claro que a lo que juegue el PSOE sea a salvar los negocios de alguno de sus barones (oscuros negocios que de ser investigados podrían llevarles a la cárcel). A no ser que a lo que esté jugando el PSOE sea a salvaguardar las puertas giratorias, los desfalcos en formación y los sillones de aquellos que, de no estar en política ni tener puerta giratoria de la que comer, acabarían pidiendo en la calle.

Mamandurrias

De hormigas y cigarras

En el extenso páramo castellano, una vasta amelga teñía el horizonte de amarillo. Junto al trigo y la cebada, las hormigas iban y venían en su quehacer diario buscando las semillas con las que llenar sus bodegas dónde nacería el hongo que les daría comida en el invierno.

Apoltronadas en espigas y encinas, las cigarras cantaban y observaban el trabajo de las laboriosas hormigas. El trabajo es de pobres e inútiles decían mientras con sus patas se daban aire fresco produciendo una melodía que llenaba de hilo musical el extenso llano.

  • Ya veréis cuando llegue el invierno – les decían las hormigas – Entonces no cantaréis como ahora.

  • ¿El invierno? – preguntaban las cigarras. El invierno está muy lejos.

Las hormigas iban y venían sin ton ni son y muchas veces se perdían en el camino. Así que las cigarras hablaron con la hormiga reina y le propusieron que desde su privilegiada posición podrían ver dónde estaban las semillas y cuál era el camino más corto, por lo que podrían enseñar a las hormigas por dónde ir sin dar rodeos ni perder el tiempo. A cambio sólo pedían un lugar apartado del hormiguero y excavado por las hormigas, dónde las cigarras pasarían el invierno. La hormiga reina sopesó la propuesta y acepto el trato. No entendía muy bien porque debían dedicar medio mes a construir el refugio de las cigarras en un pequeño cerro del que nacía una gran carrasca en el que en verano calentaba tanto que dentro parecía el infierno y en invierno el cierzo azotaba sus bordes con gran intensidad, pero lo hicieron.

Acabado el refugio, las cigarras daban órdenes desde lo alto indicando a las hormigas dónde ir y por dónde venir sin que hubiera aglomeraciones ni estorbos.

Poco a poco, fueron limpiando de semillas los alrededores. Tanto, que ahora tardaban casi un día en ir a y otro día en volver. Las cigarras les propusieron a las hormigas encargadas de recoger las mieses que, para poder trabajar más eficazmente, era mejor que fueran dejándolas a la solana del cerro, junto al cobijo de las cigarras, que estaba a mitad de camino del hormiguero. Luego, una vez tuvieran el montón, podrían dedicar el resto del verano a transportarlas desde el almiar en el cerro al hormiguero. Y así lo hicieron. Mientras las hormigas iban a por los granos, las cigarras iban metiendo en su chiscón parte de lo que las hormigas dejaban en él.  Además, alguna de las cigarras se posaba en lo alto del montón y se llevaba a su madriguera todo lo que podía.

Las hormigas se extrañaban de que el montón no creciera tanto como esperaban pero no cayeron en la cuenta de que les estaban robando.

Llegado finales de agosto, lo recolectado no era ni la mitad de recogido otros veranos. Así que en lugar de llevar lo que tenían al hormiguero, decidieron seguir una quincena más recolectando mieses y semillas. En Septiembre, lo acercarían al hormiguero. Pero, las lluvias del otoño se adelantaron y llegaron antes de lo previsto. La humedad hizo florecer los hongos en el almiar y las hormigas estaban desesperadas con las bodegas casi vacías.

  • No os preocupéis, – les decían las cigarras – Nosotros tenemos las despensas que nos habéis construido llenas. Podemos prestaros tantas semillas como necesitéis.

  • ¿Y como es que tenéis las bodegas llenas, si no habéis trabajado?

  • Se llama negocio. Vosotros traías el grano a nuestro territorio y nosotros cogíamos lo que es nuestro.

  • Pero, eso no formaba parte de lo estipulado.

  • Ahora, si. – respondieron al unísono las cigarras –

*****

Mi mejor amigo, trabaja en una empresa pública. En los últimos cinco años ha disminuido la plantilla en casi diez mil trabajadores. Sin embargo, el gasto de personal ha aumentado. Esto sólo se entiende si observamos que mientras el personal de base ha caído considerablemente hasta el punto de comprometer la viabilidad de la empresa, el personal directivo, todos de la cuerda de quién gobierna y puestos a dedo, ha aumentado en un 500%.

Me comentaba hoy cabreado, que el viernes nombraron una nueva Jefa de Personal con nombre y apellidos rimbombantes. Su hija estaba en esta empresa de becaria y ha sido llegar su mamá y al día siguiente dejar la becaría para convertirse en personal fijo.

Cuando esta gentuza que nos desgobierna y todos sus secuaces, incluidos los del PSOE y Ciudadanos, están con la matraca de Venezuela, ETA, los comunistas, etc., en realidad están desviando la atención de los problemas que tenemos nosotros para que sigamos su juego y les votemos y así poder seguir viviendo de las mamandurrias y de nuestro trabajo y nuestros impuestos.

Si la gente fuera un pelín inteligente, lo que debería sopesar es que ofrecen todos estos charlatanes de tres al cuarto, qué es lo que han hecho durante los últimos cuarenta años y porqué siguen repitiendo año a año, elección tras elección, las mismas promesas que nunca cumplen.

Es mentira que esta gentuza sean buenos gestores. Es mentira que en la empresa privada ganarían más. Todo es una gran mentira. Como las cigarras del relato, lo único que hacen es gestionar para si mismos y para sus amigos. Y si están aquí es porque les renta y porque pueden hacer lo que hacen con todo tipo de impunidad. Si ganaran más en negocios privados, ¡aquí iban a estar! Entre otras cosas porque nunca han servido sino que, llevan sirviéndose, los últimos trescientos años.

Sólo hay que observar y tener memoria y vemos como la hija de Trillo, los hijos de Aguirre, la mujer de Aznar, la mujer de … (aquí tenéis muchos), se han colocado en puestos para los que no habían sido elegidos con sueldos superiores, no a la media sino a cualquier directivo de una empresa media.

Cuando recordamos que el hospital de Burgos costó tres veces lo presupuestado (y hay otros tantos con el mismo problema), que se pagan tres millones y medio por el mantenimiento de algo que vale 700 euros, que se pagan cuarenta millones por algo que vale tres, que se arruina el ayuntamiento de Madrid para hacer obras faraónicas que nadie sabe lo que en realidad cuestan, las obras del metro, las carreteras radiales que acabamos pagando todos, el Castor, el AVE a Tardienta, a Cuenca, a Albacete… Todo tiene el mismo denominador común: obras pagadas con dinero público. (Casualmente muchas de las empresas que hacían estas obras contribuyen generosamente con donativos a la causa).

No nos dejemos engañar. Quienes gobiernan ahora, quienes lo han hecho durante los últimos cuarenta años y los que dicen ser el relevo pero han estado con los PPSOE, esos, todos, viven de las mamandurrias y ni quieren que se les acabe, y lo que es peor, ni que se descubra el pastel y no haya celdas para todos.

Episodio Cinco. El bloqueo Judicial

La Cloaca

Desde el suelo sólo ve unas grandes orejas en una cabeza cuadrada detrás de unas gafas tornasol y unos zapatos cuarteados que parecen sujetar la mesa que hay entre ambos. Pío, con un ojo hinchado en el que apenas llega la luz, el otro morado, el labio superior partido y un gran hilo gordo y rojo desprendiéndose de las fosas nasales, está muerto de miedo. No sabe lo que va sucederle (¡qué más puede pasarle como no sea que le peguen un tiro allí mismo!).  Él es un estudiante modelo. Pero aún no sabe porque acabó afiliándose al Partido Comunista Reconstituido.  Es pobre y joven y le pueden las injusticias. Aparte de eso, no sabe nada del comunismo, ni mucho menos de lo que significa.

Su torturador, el Orejas,  es en parte una historia repetida. Él, en su juventud, fue afiliado a la JSU porque todos sus amigos lo eran. Fue detenido y torturado. Y, aunque Pio no lo sabe aún, acabó siendo confidente de la policía de España franquista y entregando a la dirección del Partido Comunista en Madrid, a la del Socorro Rojo Internacional y a las Trece Rosas Rojas a los ganadores del golpe de estado del 36. Ahora es el Jefe de la Brigada Político Social de la Policía franquista.

  • Levántate, mierda humana! –le dice el orejas después de quitarle las esposas que le asían a la pata metálica del escritorio.

Ahora, al levantarse, ve a un tipo godaco, de no mucha estatura, cara de mala hostia y gafas de sheriff de uno de esos pueblos perdidos de la américa profunda. Acojona, sólo con mirarlo.

  • vamos a ver, mierdecilla. –le dice el Orejas – Yo me como tres como tu todos los días antes de desayunar. Te espera otro ojo ciego, unas cuantas costillas rotas y si me sale de los cojones un tiro por la espalda cuando vayas a huir. A no ser claro que, un mierda como tú, me diga lo que quiero saber: el nombre y apellidos de todos tus camaradas de la universidad.
  • Yo…. Yo no se nada …. Se lo juro…. Yo….

Pero por la pernera  de los pantalones de Pío empieza a correr una gran mancha de humedad y el olor a mierda inunda toda la habitación.

  • Lo que yo digo, sois todos unos mierdas…

Entonces Pío, tras haber sido sacado de la habitación a rastras, cambiado de pantalones por unos militares y devuelto de nuevo a la clemencia de su torturador, comienza a cantar todos y cada uno de los nombres de sus compañeros y compañeras e incluso, sin preguntárselo, los de aquellos que conoce y alguna vez fueron a alguna de las reuniones clandestinas.

Pero el Orejas no suelta a Pío. Le mete en una celda del segundo sótano de la Puerta del Sol. Pío, continúa muerto de miedo y cree que le van a pegar un tiro. No sabe que lo que su torturador quiere es que pase unos días más acojonado mientras se le va el hinchazón de los ojos y empiezan a cicatrizar las heridas de los labios.

Diez días más tarde, Pío vuelve a la habitación del escritorio y las manchas de sangre (falsa) en el suelo. Sus ojos ya no tienen morado alrededor y sus labios guardan pequeñas señales irreconocibles de la paliza.

  • Tu eres Pío, ¿no? – pregunta el Orejas.
  • Si…, si,.. señor.
  • Verás Pío. Veamos si eres un tipo tan inteligente como dicen tus notas de universidad. Necesito que me hagas un favor. Bueno nos hacemos uno mutuamente. Tú me lo haces a mí, y yo después, te suelto y hago desaparecer tu ficha policial.

Pío no dice nada pero sus ojos que se han abierto como dos faros por la noche, lo dicen todo.

  • Verás. ¿sabes lo que es esto? –enseña unos papeles en la mano derecha- Son dos billetes para Roma. Uno a tu nombre y el otro a nombre de mi subordinado Antonio. Ambos tenéis que hacer un pequeño trabajito en Roma. Nada de importancia. Cosa de unos cuantos días. Si lo haces bien, como te he prometido, serás libre y tu ficha desaparecerá. Si intentas darnos portazo y escapar, acabarás en una caja de pino. Y si por el azar logras fugarte, extenderé entre tus compañeros del PCR la idea de que les has vendido y ellos mismos acabarán contigo.

En Roma, el 29 de abril de 1966, Monseñor Ussía Urriticoechea, desaparece en extrañas circunstancias. Al día siguiente, unos presuntos anarquistas autodenominados GARI y su comando “Grupo Primero de Mayo”, dicen tenerlo secuestrado y exigen la liberación de los presos políticos en España (así en general, sin nombres, número de ellos o afiliación política). El once de mayo, El Orejas y su compinche Antonio, rescatan sin tiros, detenciones, ni ruido a Monseñor de sus captores.

El pacto nunca se llevará a cabo. Pío acaba siendo confidente del Orejas y formando parte de los GRAPO, bajo cuyas siglas llevará a cabo otras misiones de promoción y ensalzamiento del Orejas como el presunto secuestro y liberación del Presidente del Consejo de Estado Oriol y del General Villaescusa, ambos liberados también sin tiros, sin ruido y con la detención de dos de sus captores.

Relato ficticio basado en “Las Tres Bodas de Manolita” de Almudena Grandes e “Historias de la transición: el fin del apagón, 1973-1981” de José Carlos Clemente.

 

*****

 

Un estado democrático actual depende básicamente de que sus tres poderes esenciales: el ejecutivo (Gobierno),  el Legislativo (Las Cortes o Parlamento) y el judicial (los tribunales), sean elegidos de forma democrática y todos sean independientes de los demás y controlados por la legalidad vigente que evidentemente debe emanar del pueblo soberano.

Sobre el papel, hay muchos estados democráticos. A pie de tierra, la democracia, en esta Tercera Guerra mundial dónde las balas son la restricción de derechos y las trincheras la red, frente a los medios de incomunicación, adoctrinamiento, manipulación y expansión del pensamiento que conviene a sus dueños (bancos y poderes económicos), la democracia se nos está yendo por el agujero del wáter.

La legalidad, que debe ser interpretada por los Tribunales, se retuerce a favor de los poderosos sin pudor y sin ningún cargo de conciencia. Cuando el poderoso se enfrenta a acusaciones de corrupción, estafa o abuso de poder, siempre acude a la presunción de inocencia y a la legalidad de los Tribunales. Cuando el escándalo es tan mayúsculo que ni siquiera los Tribunales pueden hacer vista gorda, siempre hay un tonto al que cargarle el mochuelo que a su vez dirá que ha sido víctima de la manipulación política de la judicatura.

Ya casi nadie se acuerda, porque los medios de incomunicación no quieren recordarlo, pero no hace ni seis años que el PP bloqueaba todos los nombramientos del Tribunal Constitucional y del Consejo General del Poder Judicial (a éstos los eligen las Cortes) porque los candidatos propuestos no eran de su “cuerda”. Sólo, cuando hace cuatro años y pico tuvieron mayoría absoluta, desbloquearon los nombramientos. Por supuesto que éstos fueron con gente de su confianza. ¡Si hasta el propio Presidente del Constitucional, ha sido (o es) militante del PP!

Si a esto le sumamos que la fiscalía es nombrada para uso y abuso del Gobierno de turno, nos encontramos con anomalías tan evidentes como que la Fiscalía del caso Noos, parece una abogada de la hermana del Rey y su marido el empalmado, que sea como sea, se intenta que Zapata (el concejal de AhoraMadrid) sea enjuiciado por un delito tan extremadamente grave como el del humor negro y desagradable, que a Rita Maestre (otra de PODEMOS) le caigan cuatro mil euros por una protesta en la capilla de la Universidad, que sin embargo el ataque con bengalas a la mezquita de la M-30 en Madrid quede impune (son cosas de chiquillos) o que a unos pobres cómicos les apliquen la ley antiterrorista por una función de títeres. Por no hablar de la impunidad de la corrupción de PP-PSOE-CIU en este país (Los Bárcenas, Barberá, Rato, Pujol, Cháves, Griñán,…)

Cuando la justicia no es igual para todos, no existe democracia. Cuando los ricos y mafiosos (como en Brasil) intentan linchar políticamente a Lula a través de tribunales parecidos a los de España, para que no pueda volver a presentarse a la Presidencia, tampoco hay democracia. Cuando los poderes económicos y propagandísticos ponen toda su maquinaria política, periodística y económica para que gane un tipo agobiado por los casos de enriquecimiento ilícito y corrupción como Macri en Argentina, cuando se saltan a la torera los tratados internacionales, la Convención de Ginebra y la Declaración de Derechos Humanos firmada en la ONU por los países que componen la UE, para deportar, encarcelar y denigrar a las personas que huyen del terror y la muerte de una guerra de la que somos cómplices y partícipes por la venta de armas, a cambio del pago por esos servicios a Turquía y Grecia, no hay democracia.

Cuando se inventa y fomenta el miedo a otros seres humanos por la religión que profesan, cuando se inventan y promocionan conflictos bélicos para la venta de armas, cuando se limitan derechos para una supuesta seguridad, que los hechos demuestran que no sirve para nada, salvo para limitar las libertades de los ciudadanos, no hay democracia.

Cuando un partido es imputado y reconocido por un sumario como creado para delinquir y sigue en el gobierno y sigue actuando, no hay democracia.

Cuando las leyes que debieran ser las galantes de la libertad de las personas, de sus derechos y de la justicia social, han sido retorcidas, cuando los Tribunales que debieran velar por el cumplimiento de la justicia y la tolerancia son ocupados por personajes cuya conciencia e interés político pesa infinitamente más que la justicia, no hay democracia.

Seguimos perdiendo esta guerra. Seguimos haciendo caso como borregos a esos medios de incomunicación llenos de periolistos que lo único que quieren es cobrar a fin de mes y conservar su estatus.

Mientras sigamos consumiendo medios tóxicos, seguiremos perdiendo la batalla. Y si al final perdemos la guerra, esto de ahora, parecerá el sueño del paraíso.